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Julián Romero, el maestre de campo de los tercios que antes sirvió a Enrique VIII de Inglaterra

Toda una vida con la espada en la mano

Si Blas de Lezo fue el «mediohombre» del mar, Julián Romero fue otro «mediohombre», pero en tierra, en la fiel infantería. Esta es la historia de un hombre que dedicó toda su vida a la milicia y por el camino dejó algo más que la vida de sus enemigos

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Julián Romero (Wikimedia)

Decía mi jefe directo, el sargento primero de mi pelotón: «para ser un buen jefe en el ejército, tienes que haber empezado desde abajo y haber comido mucha mierda antes». Más de acuerdo no podía estar con él, porque sus años en el ejército —y el haber sido soldado—, le habían propiciado una gran experiencia y se había convertido en un jefe en el que se podía confiar, aprender de mucho de él y que entendía a sus subordinados.

Sus comienzos 

Algo así le pasaría a Julián Romero, que vino a este mundo en el año 1518 en Torrejoncillo de Huete (Cuenca). Nació para el uso de las armas y con 16 años entró en el ejército de mochilero y mozo de tambor. En el año 1534 sirvió al emperador Carlos V en Flandes, hasta 1543, cuando lo licenciaron porque llegó la paz. Como la vida militar era lo suyo y en ese momento, en 1545, el rey de Inglaterra, Enrique VIII, era todavía aliado del emperador, entró al servicio de este. El monarca inglés sabía lo valioso que era Julián Romero, así que le asignó el mando de un regimiento y el conquense le dio la victoria ante los escoceses en la batalla de Pinkie Cleugh en 1547 .

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Mapa de la batalla de Pinkie Cleugh (thesonsofscotland)

Su aventura inglesa

El militar español no estaba en Inglaterra como soldado de ventura, estaba contratado por el Rey con un regimiento de españoles. Enrique VIII lo nombró caballero, con vasallos bajo su bandera, por méritos de guerra. La relación entre Enrique VIII y la Iglesia Católica se deterioraba —ya que esta no le concedía el divorcio con Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena— entonces, Julián Romero, no quiso continuar al servicio de la casa Tudor, cuya escisión con la Iglesia de Roma cada vez resultaba más honda, así que «preparó las maletas» para irse de la isla y se marchó, él no servía a herejes.

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Julián Romero y su santo patrono (pintura de El Greco)

Más gloria en el campo de batalla

Se reincorporó a las tropas españolas, y en 1557, en la batalla de San Quintín, Felipe II lo hizo maestre de campo de infantería y más tarde, caballero de Santiago. Participando en la victoria española ante los franceses en Gravelinas en 1558.

Antes, en 1551 fue artífice de la victoria de Gemmingen, batalla en la que Julián Romero, Sancho de Londoño y sus hombres se vieron en apuros para vencer a los rebeldes holandeses, ya que el Duque de Alba les negó refuerzos, pero ellos resistieron hasta que el duque finalmente ejecutó su auténtico plan lanzando a todo el ejército, lo que se convirtió en una carnicería para los rebeldes al sufrir 7.000 bajas.

¿Punto negro en su hoja de servicios?

Tres años después de la batalla de Gemmingen, se encontraba defendiendo la ciudad de Dinant sitiada por las tropas francesas del condestable de Francia. Romero, salió a parlamentar con el condestable, que lo entretuvo mientras convencía a los ciudadanos para que le abriesen las puertas. Los franceses una vez dentro de la ciudad, presentaron a los españoles que defendían el castillo unos documentos amañados, con la capitulación de la ciudad y el castillo. Julián Romero había caído en una trampa. Fue hecho prisionero, pero como militar de renombre y de prestigio que era, lo trataron bien.

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Representación de Julián Romero en el asedio de Mons (Rijksmuseum)

Vuelta al campo de batalla

Una vez liberado, en 1565 mandaba una compañía del Tercio de Sicilia destacada en Siracusa cuando le dieron el mando del tercio que salió para Flandes con el Duque de Alba. Romero era tan bien visto entre los mandos militares, y a los ojos del duque, que creó para él el cargo de Sargento Mayor General del Ejército, que ni siquiera existía; equivaldría a nombrarlo algo así como su «Jefe de Estado Mayor».

En el cerco de Mons recibió un arcabuzazo en el brazo. El 11 de septiembre de 1572, participó en una encamisada —incursión nocturna— que dieron a las tropas de Guillermo de Orange. Más adelante perdió un ojo en el sitio de Haarlem.

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Mapa del sitio de Haarlem, 1572-1573 ( Rijksmuseum)

En Bruselas, 5 de marzo de 1576, murió Luis de Requesens, gobernador de los Países Bajos, y esta muerte llevó a la insurrección general en esos territorios. Romero se hizo fuerte y pudo acudir a socorrer a Sancho Dávila, que se encontraba sitiado en Amberes; este rescate devino en el saqueo de la ciudad. Conocedor de las necesidades de sus hombres y para que no se volviesen a repetir hechos como este, Romero aconsejó que se le diera a los soldados al menos parte de su paga y por otro lado acabarían la guerra enseguida. En 1576 don Juan de Austria propuso a su hermano Felipe II la invasión de Inglaterra, y nadie mejor que Julián Romero —que conocía la lengua y el país— para que estuviese implicado en la empresa, pero no salió adelante.

Vuelta a casa

Ya rondaba los sesenta años cuando Romero ya estaba cansado de tantas guerras y de no ver a su familia en nueve años, así que escribió a la Corte y pidió que se le concediese su vuelta a casa:

[…] ni promesas de Su Majestad ni otro inconveniente que la muerte no serán parte para […] irme a mi casa, porque tengo gran necesidad de hacerlo, cuando está en ello el remedio de mi alma y de mi mujer e hijos […] ha que sirvo Su Majestad cuarenta años la Navidad que viene, sin apartarme en todo este tiempo de la guerra y los cargos que me han enconmedando, y en ellos he perdido tres hermanos y un brazo y una pierna y un ojo y un oído y lo demás de mi persona tan fatigado de heridas que me resiento de ellas; y ahora últimamente un hijo, en quien yo tenía puestos los ojos. 

Todos estos trabajos juzque Vuestra Excelencia si eran causa de tenerme fatigado en mi persona y espíritu; y por otra parte de verme que ha nueve años que me casé pensando en poder descansar y después acá no he estado un año entero en mi casa…

 

No atendieron a su petición. El Edicto Perpetuo hizo que los tercios abandonaran Flandes en 1577, pero la paz acabó pronto y nueve meses después, don Juan de Austria, gobernador de los Países Bajos, los reclamó. Las tropas estaban en Lombardía y se pusieron en marcha hacia el norte, encabezadas por el maestre de campo Julián Romero. Cuando se encontraban cerca de la ciudad de Cremona, el maestre de campo que había combatido al servicio del varios reyes, cayó fulminado de su caballo, la muerte le había llegado con cincuenta y nueve años, faltándole una brazo, un ojo y una pierna. Era el año 1577.

Fuentes:

Fernando Martínez Laínez y José María Sánchez de Toca (2006). Los Tercios de España: La infantería legendaria

Geofrey Parker (1976) El ejército de Flandes y el Camino Español

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Antonio José Pérez Sánchez

Empresario y exmilitar. Mi pasión es la Historia, ya desde pequeño mis primeras lecturas eran sobre personajes y acontecimientos históricos, y hoy sigo con esa sed infinita de conocimientos históricos. Amante de la Historia, del deporte y del Real Betis Balompié. Devorador insaciable de libros.

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