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El mosaico romano dedicado a una gata y a un perro

En una villa romana de la antigua Adramytteion, en la costa egea de la actual Turquía, dos animales han salido de la tierra con algo parecido a un nombre propio. Un panel muestra una gata sentada; otro, un perro en movimiento. Junto a ellos aparecen inscripciones griegas: Zmaragdin, «Esmeralda», y Okyanos, «Océano».

El hallazgo forma parte de una residencia excavada en Ören, en la provincia de Balıkesir. La campaña de 2025 y comienzos de 2026 ha documentado una vivienda de grandes dimensiones, fechada provisionalmente entre finales del siglo II y el siglo III d. C., con varias salas organizadas alrededor de un patio central.

Quince paneles alrededor de un patio

El mosaico se extendía por una estancia de recepción y reunía quince paneles figurativos en una superficie aproximada de cinco metros por 3,6. Animales reales y fantásticos compartían espacio con escenas mitológicas, entre ellas representaciones relacionadas con Medusa y Pegaso.

La disposición no era un simple catálogo de criaturas. El mosaico articulaba un recorrido visual para quien entraba en la sala. La casa ofrecía a sus visitantes un repertorio de animales, dioses y símbolos de prestigio mientras mostraba la capacidad económica de su propietario.

La gata que se llamaba «Esmeralda»

gata Zümrüt con inscripción griega en el mosaico de Adramytteion
Panel de la gata identificada por la inscripción griega como Zümrüt o «Esmeralda». Fuente: H. M. Özgen / Adramytteion Research Archive, difundida por Arkeofili.

La inscripción del panel felino se lee como ΖΜΑΡΑΓΔΙΝ, una forma griega relacionada con smaragdos, la esmeralda. En turco se ha popularizado como Zümrüt; en castellano podemos traducir el sentido como «Esmeralda» sin borrar el nombre que la investigación ha dado a la gata.

Los mosaicos romanos representan gatos con frecuencia, pero identificar a uno mediante una inscripción es menos habitual. El gesto convierte una imagen doméstica en un retrato. No sabemos si Zümrüt perteneció al dueño de la casa, a un familiar o a un personaje simbólico, pero el nombre indica que la figura fue concebida para ser reconocida.

Okyanos, un perro con nombre de dios

perro Okyanos con inscripción griega en el mosaico romano
Panel del perro cuyo nombre aparece escrito en griego como Okyanos, «Océano». Fuente: H. M. Özgen / Adramytteion Research Archive, difundida por Arkeofili.

El segundo animal es un perro de cuerpo alargado y actitud dinámica. Junto a él aparece ΩΚΕΑΝΟΣ, Okyanos, el Océano de la mitología griega. El nombre podía ser una forma afectuosa de llamar al animal por su fuerza o su amplitud, aunque la alusión mitológica también encajaba con el repertorio de la sala.

La escena no permite reconstruir la raza del perro ni su función en la vida cotidiana. El artista trabajó con convenciones de movimiento y color. Lo que sí queda claro es que la casa quería presentar a sus animales como parte de una identidad doméstica que merecía ser recordada en piedra y teselas.

Una residencia para recibir y representar

paneles de animales y mitología en la villa romana de Adramytteion
Conjunto de paneles con animales y figuras mitológicas en la residencia romana de Adramytteion. Fuente: H. M. Özgen / Adramytteion Research Archive, difundida por Arkeofili.

La villa estaba formada por tres salas principales alrededor de un atrium, además de otras dependencias, conducciones y desagües. El espacio del mosaico parece corresponder a una estancia de recepción, una zona donde el propietario recibía a clientes y visitantes. Allí la decoración actuaba como un lenguaje social.

La elección de animales y seres mitológicos conectaba la vida privada con la cultura compartida del Mediterráneo romano. El visitante reconocía las historias de dioses y héroes, observaba la riqueza cromática y podía detenerse ante una rareza: una gata y un perro con nombres escritos en griego.

La ciudad antigua se encontraba en la costa del Egeo y participaba en redes marítimas que conectaban Asia Menor con las islas y el continente.

El griego de las inscripciones resulta coherente con el paisaje lingüístico de Asia Menor. Roma gobernaba el territorio, pero las lenguas, talleres y tradiciones locales seguían dando forma a la vida cotidiana. El mosaico es romano por su contexto político y arquitectónico; también es egeo por los materiales culturales con los que construye su mensaje.

La datación de finales del siglo II o del III d. C. es provisional y procede del contexto de la villa. La excavación deberá precisar la cronología de cada fase, la relación entre las salas y el programa completo del pavimento. Tampoco conocemos aún el nombre del propietario ni si los animales fueron observados en la casa o tomados de un repertorio artístico.

La pequeña historia que guardan unas teselas

Un mosaico de lujo suele hablar de poder, dinero y cultura. Este añade una escala distinta. La gata y el perro no son emperadores ni divinidades; son figuras reconocibles por quienes vivían en la casa. Sus nombres convierten un suelo de hace unos 1.800 años en una escena de afectos, memoria y orgullo doméstico.

Mientras la excavación siga avanzando, Adramytteion permitirá reconstruir una ciudad portuaria y sus redes. Pero la imagen que más fácilmente permanece es otra: una gata llamada Esmeralda y un perro llamado Océano esperando todavía a los visitantes de su villa.

El programa puede compararse con los grandes mosaicos domésticos de Astigi y con el pavimento de 105 metros cuadrados hallado en Pompeiopolis: tres conjuntos distintos que muestran cómo una casa expresaba riqueza, cultura y memoria mediante imágenes colocadas bajo los pies.


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Rosa María

Rosa María Gómez es periodista especializada en divulgación histórica, con un máster por la Universidad de Salamanca.

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