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El mago que filmó el eclipse solar más antiguo conservado

Durante décadas fue una película buscada y, en la práctica, invisible. Apenas dura unos instantes: un disco negro avanza sobre el Sol, la luz desaparece y la corona se abre alrededor de la Luna como un resplandor fantasmal. No es una recreación moderna. Es la filmación de un eclipse solar más antigua que se conserva, tomada el 28 de mayo de 1900.

Su autor tampoco era un astrónomo profesional encerrado en un observatorio. Se llamaba Nevil Maskelyne, era ilusionista, cineasta pionero y miembro de la Royal Astronomical Society. Había pasado buena parte de su vida fabricando asombro sobre un escenario, pero aquel día quiso que la nueva cámara cinematográfica hiciera algo más que entretener: quería convertirla en un instrumento científico.

La película sobrevivió como un fragmento en los archivos de la Royal Astronomical Society. En 2019, el British Film Institute la digitalizó y restauró en 4K, fotograma a fotograma. El resultado devolvió a la pantalla un instante que llevaba más de un siglo atrapado en una tira de película.

Nevil Maskelyne mago cineasta y astrónomo
Nevil Maskelyne hacia 1903, pocos años después de filmar el eclipse solar que se conserva en el archivo de la Royal Astronomical Society. Fuente: autor desconocido / Wikimedia Commons. Dominio público.

Un mago en los comienzos del cine

Maskelyne pertenecía a una familia célebre en el ilusionismo británico. Junto a David Devant estuvo vinculado al Egyptian Hall de Piccadilly, un espacio londinense conocido como casa del misterio. Allí convivían autómatas, juegos mecánicos, ventriloquia, proyecciones y números destinados a borrar ante el público la frontera entre lo posible y lo imposible.

A finales del siglo XIX esa frontera acababa de recibir una herramienta formidable: el cinematógrafo. No es casual que varios pioneros del cine procedieran del mundo de la magia. Georges Méliès convirtió los cortes, sobreimpresiones y cambios de decorado en prodigios visuales; Maskelyne introdujo películas trucadas en sus espectáculos y se interesó por la mecánica de la nueva cámara.

Sin embargo, el eclipse exigía lo contrario de un truco. Había que registrar un fenómeno real, muy breve y extremadamente difícil de exponer. Maskelyne diseñó un adaptador telescópico para su cámara, a la que denominó animatograph. La máquina debía mirar directamente hacia el Sol sin perder la delicada corona que solo aparece durante la totalidad.

Programa de Maskelyne y Cooke en el Egyptian Hall
Programa de los espectáculos de Maskelyne y Cooke en el Egyptian Hall de Piccadilly, hacia 1877. Fuente: British Library, Evanion Collection / Wikimedia Commons. Licencia: CC0.

La primera película se perdió en un robo

El intento de 1900 fue en realidad el segundo. Para el eclipse de 1898, Maskelyne prestó su equipo a John Bacon y a su hija Gertrude Bacon, que viajaron a la India. La toma llegó a realizarse, pero la lata con la película fue robada durante el viaje de regreso y nunca apareció.

La precisión es importante porque la primera versión de la nota difundida en 2019 decía que el propio Maskelyne había viajado a la India. La Royal Astronomical Society corrigió posteriormente esa afirmación: fueron los Bacon quienes llevaron el animatograph. Aquella película perdida podría haber sido anterior a la de Carolina del Norte, pero no ha sobrevivido y desconocemos su destino.

El robo añade un extraño prólogo a esta historia. Antes de que la imagen del eclipse pudiera convertirse en documento científico o espectáculo, desapareció dentro de un recipiente de metal. Maskelyne tuvo que esperar dos años para intentarlo de nuevo.

28 de mayo de 1900: una cámara bajo la sombra de la Luna

La siguiente oportunidad llegó con el eclipse total del 28 de mayo de 1900. Maskelyne viajó a Carolina del Norte con una expedición de la British Astronomical Association. La franja de totalidad atravesaba el sur de Estados Unidos y ofrecía a observadores de numerosos países la posibilidad de estudiar la corona solar.

El equipo cinematográfico tuvo que adaptarse a condiciones que hoy resultan difíciles de imaginar. No existían sensores capaces de corregir la exposición ni pantallas para comprobar el resultado. Todo dependía del cálculo, del mecanismo de arrastre de la película, de la estabilidad del telescopio y de que las nubes no cubrieran el cielo durante los instantes decisivos.

Maskelyne consiguió filmarlo. La Luna ocultó el disco solar y la cámara registró la corona y el llamado «anillo de diamante», el destello que aparece cuando una mínima porción de luz queda visible en el borde del eclipse. Cada fotograma era irrepetible: no había una segunda toma posible.

Recorrido del eclipse solar del 28 de mayo de 1900 por Estados Unidos
Mapa histórico del recorrido de la totalidad del eclipse del 28 de mayo de 1900 por el sur de Estados Unidos. Fuente: Mabel Loomis Todd / Wikimedia Commons. Dominio público.

El mismo eclipse fue observado al otro lado del Atlántico. En España dejó fotografías de grupos reunidos en azoteas y calles para contemplar el fenómeno. Aquella expectación recuerda que un eclipse no era únicamente un acontecimiento para especialistas: detenía la vida cotidiana y convertía el cielo en un espectáculo público.

En El Reto Histórico ya hemos contado cómo la observación de estos fenómenos podía tener consecuencias dramáticas en otras épocas, como en la historia de los astrónomos imperiales chinos Hsi y Ho. En 1900, en cambio, la oscuridad diurna se enfrentaba a una tecnología nueva capaz de conservarla.

Observación del eclipse solar de 1900 en Madrid
Un grupo observa desde Madrid el eclipse solar del 28 de mayo de 1900, el mismo fenómeno que Maskelyne filmó al otro lado del Atlántico. Fuente: Antonio Portela Paradela / Wikimedia Commons. Dominio público.

Qué muestra realmente la película

La secuencia no ofrece el detalle de una filmación astronómica contemporánea. Su valor reside precisamente en la dificultad que logró vencer. Sobre el fondo oscuro aparece el Sol eclipsado, rodeado por una corona irregular y luminosa. El movimiento de la película permite seguir la transformación del fenómeno en el tiempo, algo que una fotografía aislada no podía proporcionar.

Maskelyne defendía que el cine podía servir al avance de la ciencia. La idea estaba en sintonía con una astronomía que adoptaba con rapidez la fotografía: la Royal Astronomical Society había creado ya en 1887 un comité fotográfico permanente y actuaba como centro de recepción y circulación de imágenes astronómicas.

La película de 1900 quedó en una zona fascinante. Era un registro científico, una novedad tecnológica y también una atracción capaz de llevar al público del teatro el acontecimiento natural más espectacular que podía imaginarse. El mago no falsificaba el prodigio: lo atrapaba.

Corona solar observada durante el eclipse de 1900
Representación fotográfica de la corona solar observada durante el eclipse de 1900, publicada a comienzos del siglo XX. Fuente: Popular Science Monthly / Wikimedia Commons. Dominio público.

Cómo reapareció una película que se creía perdida

El fragmento permanecía en la colección astrofotográfica de la Royal Astronomical Society. Los historiadores del cine conocían la existencia del trabajo de Maskelyne, pero durante años no pudieron localizar una copia visible. Su identificación permitió comprobar que era, además, la única película de Maskelyne conocida que ha sobrevivido.

Los especialistas del BFI National Archive escanearon el material y reconstruyeron su cadencia. Restaurar una película de esta edad no consiste solo en limpiar manchas: es necesario estabilizar la imagen, respetar el orden de los fotogramas y decidir a qué velocidad debe proyectarse para evitar que el movimiento quede falseado.

La recuperación fue anunciada el 30 de mayo de 2019. Por eso no debe presentarse como un descubrimiento de 2026. Su interés es más duradero: permite explicar cómo la ciencia y el cine se encontraron cuando ambos estaban aprendiendo todavía a mirar el mundo con una cámara.

Un eclipse entre la ciencia, el cine y la magia

La escena apenas necesita efectos. Un círculo negro, una corona blanca y el temblor propio de una película primitiva bastan para producir una sensación extraña: estamos viendo la misma sombra que recorrió el planeta hace 126 años.

Maskelyne demostró que una tecnología nacida en barracas, teatros y salones podía registrar un fenómeno demasiado fugaz para la memoria humana. Otros pioneros convertirían después la cámara en herramienta sistemática de investigación. El cine científico acabaría mostrando movimientos celulares, trayectorias, reacciones y procesos invisibles al ojo.

La película también pertenece a la historia cultural del cine. Desde los primeros experimentos hasta la llegada del largometraje sonoro en España, cada avance técnico cambió lo que podía conservarse y enseñarse.

Fuentes y bibliografía

Royal Astronomical Society: «First ever solar eclipse film brought back to life», 30 de mayo de 2019, con la corrección posterior relativa a la expedición de John y Gertrude Bacon.

British Film Institute: nota de la restauración del filme en 4K.

BFI Replay: ficha y reproducción de Solar Eclipse (1900).

Imágenes: fotograma de Nevil Maskelyne, retrato, programa del Egyptian Hall, mapa del eclipse, fotografía de Antonio Portela Paradela y corona solar, todos con sus fichas de procedencia y licencia registradas en la biblioteca multimedia.


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Redacción

Equipo de Redacción / Notas de Prensa / Agencias
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