Durante diez días, romanos y cántabros han vuelto a ocupar Los Corrales de Buelna.
La XXIV edición de las Guerras Cántabras terminó este domingo con cerca de 1.500 participantes desfilando entre tribus y legiones, después de jornadas de campamentos, representaciones, combates, ceremonias y recreaciones de episodios vinculados a la conquista romana del norte peninsular.
La fiesta recuerda unas campañas desarrolladas hace algo más de dos mil años.
Pero el conocimiento histórico de aquellas guerras está cambiando.
Durante mucho tiempo dependimos casi exclusivamente de autores romanos que escribieron desde la perspectiva del vencedor. Hoy disponemos además de campamentos, armas, fosos, posiciones asediadas, materiales militares y paisajes enteros que permiten reconstruir cómo avanzaron las tropas de Roma.


El último gran frente de conquista en Hispania
A finales del siglo I a. C., Roma llevaba ya cerca de dos siglos interviniendo militarmente en la Península Ibérica.
La huella de aquella expansión puede seguirse también en ciudades como Asturica Augusta, un enclave que ayuda a entender cómo la conquista acabó articulándose en el noroeste.
La situación era muy diferente a la existente durante las guerras contra cartagineses, lusitanos o celtíberos.
Octavio Augusto había derrotado a sus principales rivales en las guerras civiles y estaba construyendo un nuevo sistema político alrededor de su autoridad.
Pero el norte peninsular seguía planteando problemas.
Los territorios habitados por pueblos cántabros y astures no estaban sometidos de la misma manera que las grandes áreas mediterráneas, el valle del Guadalquivir o buena parte de la Meseta.
Roma decidió intervenir a gran escala.
Las campañas que solemos agrupar bajo la expresión Guerras Astur-Cántabras se desarrollaron en el contexto de las operaciones iniciadas en la década del 20 a. C. y culminaron hacia el 19 a. C.
Esperanza Martín Hernández las define como uno de los últimos episodios de resistencia indígena frente a la expansión romana en la Península Ibérica.
No fueron una única batalla.
Ni siquiera una campaña continua y perfectamente conocida.
Fueron años de operaciones, ocupaciones, levantamientos, movimientos de tropas y adaptación militar a un territorio difícil.
Augusto estuvo personalmente en la guerra
La importancia concedida por Roma al conflicto queda reflejada en un hecho excepcional.
Augusto se desplazó personalmente a Hispania.
Las fuentes antiguas sitúan al emperador interviniendo en las campañas, aunque su estado de salud limitó su participación directa durante determinados momentos.
Su presencia tenía también una dimensión política.

Una victoria en el norte permitía presentar al nuevo régimen como capaz de concluir una conquista que Roma llevaba desarrollando desde hacía generaciones.
Pero la campaña no resultó sencilla.
El paisaje montañoso, la dispersión de los asentamientos y la dificultad para controlar determinados pasos obligaban a operar de una forma muy diferente a la utilizada en grandes batallas campales.
El estudio de Martín Hernández insiste precisamente en esa complejidad y en el papel desempeñado por el terreno y las formas de combate indígenas.
La arqueología ha encontrado el ejército sobre el terreno
Aquí se ha producido el cambio fundamental de las últimas décadas.
Hasta finales del siglo XX, buena parte de la reconstrucción de las Guerras Cántabras dependía de interpretar textos antiguos y tratar de identificar sobre el mapa los lugares mencionados en ellos.
La arqueología militar ha modificado ese panorama.
Desde los años noventa se han documentado numerosos campamentos romanos y escenarios relacionados con la conquista en Cantabria, Asturias, Palencia, Burgos y León.
Algunos son grandes recintos.
Otros parecen posiciones temporales destinadas a alojar tropas durante movimientos concretos.
Hay líneas de fortificación, fosos, puertas características de la castrametación romana y materiales directamente relacionados con el ejército.
Este avance permite estudiar movimientos militares sin depender exclusivamente del relato literario.
Asediar un castro
Uno de los escenarios que mejor permite comprender esta guerra es La Loma, en Santibáñez de la Peña, Palencia.
Eduardo Peralta Labrador ha estudiado el lugar como un escenario de asedio relacionado con las campañas romanas.
La importancia del yacimiento reside en la relación espacial entre una gran posición indígena y las estructuras militares romanas que la rodean.
Es exactamente la clase de evidencia que cambia nuestra imagen del conflicto.
No tenemos simplemente un castro destruido.
Tenemos un paisaje militar.

Una posición defendida.
Campamentos enemigos.

Líneas de aproximación.
Materiales relacionados con el combate.
El patrón aparece también en otros enclaves del territorio septentrional.
Las investigaciones recientes han documentado ataques, desalojos y posteriores ocupaciones romanas en diversos oppida y castros del área cántabra meridional.
La conquista no consistía únicamente en derrotar combatientes.
Había que controlar los centros desde los que se articulaba el territorio.

Miles de hombres necesitaban campamentos
El ejército romano tenía una ventaja fundamental: organización.
Una columna militar debía alimentarse, desplazarse y protegerse cada jornada.
Allí donde se detenía necesitaba un espacio defensivo.
De ahí la importancia de los campamentos temporales.
Su descubrimiento permite trazar posibles itinerarios de las tropas.
En determinadas áreas del norte se han identificado concentraciones de recintos que revelan una presencia militar mucho más intensa de lo que se suponía décadas atrás.
Algunos enclaves se relacionan con valles y corredores naturales.
Otros controlan pasos de montaña.
Eso demuestra que el territorio era parte de la estrategia.
Roma no conquistó el norte mediante una única batalla decisiva.
Tuvo que penetrar, asegurar rutas, aislar posiciones y mantener tropas desplegadas en espacios difíciles.
La guerra continuó después de la victoria
Incluso cuando una operación terminaba, el problema militar no desaparecía necesariamente.
La ocupación necesitaba guarniciones.

La investigación sobre el final de las guerras muestra que la presencia del ejército continuó mientras se reorganizaba el territorio.
Roma no buscaba únicamente que cesara la resistencia.
Buscaba incorporar esos espacios a una estructura administrativa, fiscal y económica mucho mayor.
Las consecuencias fueron profundas.
El ejército abrió caminos, estableció bases y favoreció nuevos ejes de comunicación.
Con el tiempo surgieron nuevas ciudades y centros administrativos.
El paisaje político del norte cambió.
Y los cántabros terminaron sirviendo en el ejército romano
Hay una paradoja especialmente interesante.
Una vez finalizada la conquista, hombres procedentes de aquellos mismos pueblos terminaron integrándose en las fuerzas auxiliares romanas.
Las fuentes epigráficas documentan unidades con denominaciones cántabras desplegadas lejos de Hispania.
Es uno de los mecanismos característicos del Imperio.
Roma combatía contra una población.
Después reclutaba a parte de esa misma población.
El servicio militar podía ofrecer remuneración, promoción social y, en determinados contextos y periodos, acceso a privilegios jurídicos.
Ese proceso dejó rastros documentales como los diplomas militares romanos, que muestran cómo el servicio podía culminar en el reconocimiento de derechos y ciudadanía.
La incorporación militar fue así también una herramienta de integración imperial.
La historia detrás de la recreación
La fiesta de Los Corrales de Buelna nació en 2001 y se ha convertido en una de las grandes recreaciones históricas españolas.
En 2019 obtuvo la declaración de Fiesta de Interés Turístico Internacional.
Durante la edición de 2026, el municipio volvió a levantar simbólicamente campamentos romanos y espacios cántabros, representar ceremonias, recrear combates y organizar actividades destinadas a acercar aquella época al público.

Evidentemente, una recreación no es una excavación arqueológica.
Ni los textos de una representación equivalen a una fuente histórica.
Pero el enorme interés que despierta cada año demuestra que aquellas campañas siguen formando parte del imaginario histórico del norte peninsular.
Y ahí es donde la investigación puede complementar el espectáculo.
Porque la arqueología permite diferenciar lo que sabemos de aquello que simplemente hemos repetido durante generaciones.
De la leyenda al campo de batalla
Durante mucho tiempo, las Guerras Cántabras estuvieron dominadas en la cultura popular por unos pocos nombres, relatos heroicos y episodios transmitidos por autores romanos.

Hoy tenemos algo diferente.
Fosos.
Campamentos.
Armas.
Castros atacados.
Vías de penetración.
Posiciones fortificadas.
Y un paisaje que todavía conserva las huellas de un ejército que avanzó por el norte de Hispania hace más de dos mil años.

Eso no elimina las incógnitas.
Las aumenta.
Pero también nos permite formular preguntas mejores.
Dónde avanzaron exactamente las columnas.
Cuántos hombres participaron en determinadas operaciones.
Qué posiciones fueron asediadas.
Qué territorios se ocuparon primero.
Cómo cambió la red de asentamientos después de la conquista.
El pasado domingo, 1.500 recreadores volvieron a desfilar como cántabros y romanos por Los Corrales de Buelna.
Debajo del espectáculo permanece una guerra histórica.
Y gracias a la arqueología, cada vez conocemos mejor dónde ocurrió.
Fuentes
Fuente matriz: MARTÍN HERNÁNDEZ, Esperanza, «Guerras Astur-Cántabras», Revista de Historia Militar, año 68, nº extraordinario 2, 2024, pp. 285-348. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=10029983
PERALTA LABRADOR, Eduardo José, «El asedio de La Loma (Santibáñez de la Peña, Palencia) y otros campamentos romanos del norte de Castilla», en Las guerras astur-cántabras: primer encuentro arqueológico, 2015, pp. 91-109.
SANTOS YANGUAS, Narciso Vicente, «El final de las guerras astur-cántabras y la desmilitarización del ejército romano en territorio de los astures», Espacio, Tiempo y Forma. Serie II, Historia Antigua, 17-18, 2004-2005, pp. 237-250.
Gobierno de Cantabria / Europa Press, «El desfile general de tribus y legiones pone fin a las Guerras Cántabras», 6 de septiembre de 2026.
Imágenes y atribuciones
- Campamento de recreación de las Guerras Cántabras — VIATOR IMPERI from HISPANIA, CC BY-SA 2.0.
- Réplica del Augusto de Prima Porta — Jl FilpoC, CC BY-SA 4.0.
- Yacimiento y estructuras de La Loma — Valdavia, CC0.
- Panel interpretativo del asedio de La Loma — Valdavia, CC0.
- Desfile ecuestre de la recreación — José Cavia, CC BY 3.0 ES.
- Imagen de portada: desfile de tribus y legiones — Nacho Romero, CC BY 3.0 ES.
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