En la lista administrativa del Imperio romano tardío aparece una anomalía que obliga a mirar el mapa de otra manera: la Mauretania Tingitana, situada en el actual norte de Marruecos, figuraba dentro de la Diócesis de Hispania. Roma había agrupado bajo una misma autoridad administrativa provincias de la península Ibérica y una franja africana separada por el Estrecho. No fue un capricho cartográfico; revela la importancia estratégica de un mar que funcionaba como vía de comunicación.
La integración se vincula al ciclo de reformas de la Tetrarquía, entre finales del siglo III y comienzos del IV, pero conviene evitar la imagen de un único gesto burocrático que lo explica todo. La Lista de Verona, posterior a 312, ya sitúa la Tingitana junto a las provincias hispanas. África seguía siendo su geografía, su historia urbana y su horizonte social; su dependencia de Hispania era administrativa. Esa doble condición permite entender que el Estrecho podía acercar más de lo que separaba.

Del reino mauritano a la provincia fronteriza
La Tingitana no nació con Diocleciano. Tras la incorporación del antiguo reino mauritano, Claudio dividió en el año 44 el territorio en dos provincias: la Mauretania Tingitana y la Mauretania Caesariensis, separadas por el Muluya. El repliegue romano de la Antigüedad tardía redujo y transformó el espacio realmente controlado, sin borrar de un día para otro ciudades como Tingis, Lixus, Sala o Volubilis. Cada una siguió un ritmo propio; hablar de abandono total simplificaría una evolución desigual.
La lógica marítima ayuda a explicarlo. La segunda columna sitúa en un mismo circuito puertos como Gades, Baelo, Carteia, Cartago Nova y Malaca, en una orilla, y Lixus, Tingis, Septem y Rusadir, en la otra. Funcionarios, soldados, mercancías y noticias podían cruzar el Estrecho con mayor facilidad que recorrer largas rutas terrestres hacia otras provincias africanas. La adscripción a la Diócesis de Hispania respondía, por tanto, a una realidad de navegación, defensa y abastecimiento que era anterior a las reformas imperiales.

El expediente de un centurión en Tingis
Un episodio de 298 permite asomarse a ese acercamiento administrativo. Los Acta Marcelli, transmitidos por una tradición hagiográfica que exige cautela, sitúan en Tingis —la actual Tánger— el proceso y la muerte del centurión Marcelo. La noticia no autoriza a reconstruir por sí sola todos los mecanismos de gobierno, pero la historiografía la ha relacionado con la nueva articulación entre la Tingitana y la Diócesis de Hispania al final del reinado de Diocleciano.
Es una prueba sugerente, no una llave que abra todos los archivos. Las listas administrativas y la Notitia Dignitatum son más útiles para fijar la estructura, mientras que el caso de Marcelo recuerda su dimensión humana: en la otra orilla del Estrecho se tomaban decisiones militares y judiciales dentro de un marco imperial que también incluía a Hispania.

La provincia africana de la Diócesis de Hispania
La cuestión del número exige precisión. La Lista de Verona enumera cinco provincias peninsulares —Bética, Lusitania, Cartaginense, Gallaecia y Tarraconense— y añade la Mauretania Tingitana: son seis provincias. El «siete» que aparece en determinadas transmisiones de la lista es un problema textual, no una razón para llamar sin más a la Tingitana «séptima provincia». Más tarde la separación de Baleárica modificó el cómputo, de modo que conviene indicar siempre la fecha de la fuente antes de convertir una lista administrativa en una fórmula fija.
En la organización tardía, Mérida ocupó una posición central en el gobierno de la diócesis, aunque la gestión efectiva dependía de redes de puertos, caminos y mandos militares. La Tingitana no fue una prolongación automática de la Bética ni un apéndice sin voz: era una provincia africana con una frontera propia, vinculada administrativamente al conjunto hispano porque el Estrecho era también un corredor que debía protegerse.
La otra orilla de una historia compartida
Esta historia da un sentido preciso a la idea de «segunda columna» que desarrolla Miguel Ángel Ferreiro en La segunda columna: Lo que dejamos en África. El vínculo entre Hispania y la Tingitana no debe convertirse en un relato de posesión contemporánea; permite recuperar una continuidad mediterránea que los mapas modernos suelen ocultar. Puertos, guarniciones, tribunales y familias circularon en un espacio más unido de lo que parece.
La Mauretania Tingitana integrada en la Diócesis de Hispania fue una decisión administrativa, aunque también una declaración de geografía vivida. La costa africana no estaba al margen de la historia peninsular: formaba parte de sus rutas y de sus problemas de gobierno. Esa es la curiosidad histórica que vuelve relevante una nota burocrática escrita hace diecisiete siglos.

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