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El diploma militar romano que daba ciudadanía tras 25 años de servicio

En Wallsend, junto al extremo oriental del Muro de Adriano, cinco pequeñas láminas de bronce recuerdan que el ejército romano no era una masa anónima de soldados.

Cada una conserva una trayectoria: el lugar de origen de un soldado, la unidad en la que sirvió, los años entregados a Roma y la recompensa que podía recibir al licenciarse. La exposición Following the Eagle, en el fuerte romano de Segedunum, reúne estos documentos excepcionales hasta el 3 de octubre de 2026.

Se llaman diplomas militares romanos, aunque no se parecían a un título moderno. Eran copias oficiales de una decisión imperial, grabadas en dos placas unidas como un pequeño libro.

Para numerosos auxiliares, hombres que no poseían la ciudadanía al alistarse, aquel objeto certificaba el final honroso del servicio y abría la puerta a un cambio jurídico que afectaba también a su familia.

Diploma militar romano de Antonino Pío concedido a Dasmenus Azalus en 149 d. C.
Tablilla exterior del diploma militar romano concedido hacia 149 d. C. al infante auxiliar Dasmenus Azalus tras veinticinco años de servicio. Fuente: The Metropolitan Museum of Art, Rogers Fund, 1923.

Un libro de bronce para empezar otra vida

Un diploma solía componerse de dos tablillas perforadas y cerradas mediante un alambre y sellos. El texto exterior podía mostrarse; el interior, protegido, permitía comprobar que no se había alterado.

No era una recompensa, era más una garantía documental. Allí podían aparecer el nombre del emperador, la fecha, la provincia, la unidad y el veterano beneficiado. Por eso cada fragmento ayuda a reconstruir el movimiento de tropas y personas a una escala que las ruinas de un fuerte no siempre permiten alcanzar.

soldado legionario romano

Lo que sí se consideraba una recompensa, por las tropas auxilia, era la ciudadanía romana. Los auxiliares —infantería, caballería y unidades mixtas reclutadas fuera del cuerpo legionario— solían completar largos periodos de servicio, con frecuencia de veinticinco años.

Al recibir la honesta missio, la licencia honorable, podían obtener derechos civiles y el conubium, la posibilidad de que un matrimonio tuviera pleno reconocimiento jurídico romano en los términos previstos por cada concesión.

Inscripción del diploma militar romano de Dasmenus Azalus
Texto de la concesión promulgada bajo Antonino Pío: reconocía la ciudadanía romana y el derecho al matrimonio legal de los veteranos auxiliares licenciados. Fuente: The Metropolitan Museum of Art, Rogers Fund, 1923.

Un ejército formado en muchas provincias

La exposición de Segedunum insiste en una realidad que desmiente la imagen de un ejército compuesto exclusivamente por hombres de Italliae.

Roma reclutaba unidades en una provincia y las enviaba lejos de su lugar de origen. En la frontera de Britania podían servir arqueros procedentes de Siria; en Italia, un soldado nacido en los Balcanes; en el norte de África, contingentes vinculados a regiones del Danubio. El ejército era también una red de viajes forzosos, oportunidades y desarraigos.

Segedunum fue una de esas puertas del Imperio. El fuerte de Wallsend acogió durante largo tiempo a la cuarta cohorte de lingones, originaria de la Galia oriental. El museo recuerda además la carrera de Estacio Prisco, vinculado a esa unidad y destinado en dieciocho puestos repartidos por siete provincias. Los diplomas convierten esas trayectorias en algo concreto: nombres, destinos y vínculos familiares que devuelven densidad humana a la maquinaria imperial.

Nombres de testigos grabados en una tablilla del diploma militar romano
Cara con los nombres de los testigos que validaban la copia oficial del diploma mediante sus sellos. Fuente: The Metropolitan Museum of Art, Rogers Fund, 1923.

La ciudadanía no borraba el lugar de donde se venía

Recibir ciudadanía no suponía convertirse de repente en un romano indistinguible de todos los demás. Los diplomas registran precisamente la complejidad de esa integración: un veterano podía conservar un nombre, una procedencia y una memoria local, a la vez que accedía a una nueva condición legal.

Esa mezcla de pertenencias explica mejor el Imperio que la idea de una romanización uniforme. Roma creció porque fue capaz de organizar diferencias, premiar lealtades y convertir el servicio militar en una vía de movilidad social.

Mapa del Imperio romano y sus diócesis hacia el año 300
El Imperio romano dividido en diócesis hacia el año 300, tras las reformas de Diocleciano. Fuente: Wikimedia Commons.

Las placas de bronce también sirven para medir el alcance de esa política antes de que Caracalla ampliara decisivamente la ciudadanía en 212. El cambio no fue una abstracción jurídica: para un veterano y los suyos podía condicionar herencias, contratos, matrimonio y prestigio. De ahí que un documento aparentemente seco sea, en realidad, una historia comprimida de guerra, familia y futuro.

Reverso del diploma militar romano de Antonino Pío
Otra cara de las dos tablillas de bronce que componían el diploma de Dasmenus Azalus, fechada hacia 149 d. C. Fuente: The Metropolitan Museum of Art, Rogers Fund, 1923.

Documentación

  • North East Museums: Following the Eagle y nota de presentación de la exposición de Segedunum.
  • British Museum: diploma de Reburrus, oficial hispano de caballería licenciado en 103 d. C.
  • Metropolitan Museum of Art: diploma militar de Antonino Pío y explicación de la concesión de ciudadanía a auxiliares veteranos.


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