El buque oceanográfico Miguel Oliver trabajaba al sur de Formentera dentro de la campaña científica MEDITS cuando uno de sus lances recuperó algo completamente distinto de aquello que esperaba encontrar: ánforas romanas.

El lote está formado por aproximadamente 26 ánforas y otras 17 cajas de material cerámico fragmentado, extraídas de un yacimiento situado a unos 1.400 metros de profundidad. Muchas conservan sellos y marcas.
El Govern de les Illes Balears ha identificado provisionalmente el conjunto como bastante homogéneo desde el punto de vista tipológico. Las piezas corresponden al tipo Dressel 20, un gran recipiente cerámico vinculado fundamentalmente al transporte de aceite producido en la Bética.

Su forma es reconocible: cuerpo globular, paredes gruesas, dos asas y una robustez considerable, necesaria para transportar un producto pesado. La Dressel 20 era una pieza normalizada dentro de una cadena económica que unía olivares, alfarerías, comerciantes, transportistas y consumidores de todo el Imperio.
Detrás de cada recipiente había una organización productiva compleja. El aceite salía de los valles del Guadalquivir y del Genil, llegaba a puertos fluviales o marítimos y se incorporaba a circuitos de distribución que alcanzaban ciudades, mercados y campamentos situados a cientos o miles de kilómetros.
El arqueólogo Juan Moros Díaz ha estudiado precisamente esa estructura a partir de los sellos estampados sobre las ánforas. Su tesis doctoral, defendida en 2019 en la Universitat de Barcelona, analiza la epigrafía de los recipientes olearios hallados en centros de producción y se detiene especialmente en la zona productora de la Scalensia. Una Dressel 20 sin inscripción ya proporciona información arqueológica. Una Dressel 20 sellada proporciona mucha más. Los investigadores llevan décadas recopilando miles de marcas en centros productores, puertos, ciudades, campamentos militares y lugares de consumo del antiguo Imperio romano.

La comparación permite establecer relaciones entre unas piezas y otras. Moros estudia familias epigráficas, matrices y variantes de los sellos para comprender cómo se organizaron los talleres de la Bética. En algunos casos, la marca puede relacionarse con un centro productor conocido o con una familia de propietarios y gestores.
Eso significa que las ánforas de Formentera podrían permitir, una vez estudiadas, acercarnos a su punto de fabricación.
El aceite de Hispania recorrió medio Imperio
La importancia de las Dressel 20 excede con mucho el Mediterráneo occidental. Se han documentado en numerosos territorios del Imperio, desde Roma hasta las provincias septentrionales. La investigación arqueológica ha demostrado que el aceite bético circuló en cantidades enormes a través de las redes comerciales romanas.
Uno de los testimonios más espectaculares es el Monte Testaccio de Roma, formado en buena medida por restos de ánforas olearias que fueron desechadas después de vaciar su contenido.
Sus fragmentos, incluidos sus tituli picti y sellos, han permitido estudiar volúmenes, procedencias y ritmos de llegada del aceite.
Los recipientes aparecen también en instalaciones militares situadas muy lejos de Hispania. Roma y los campamentos del limes germano y británico fueron grandes consumidores de aceite bético. El hallazgo de Formentera se sitúa físicamente dentro de uno de esos espacios de circulación: el Mediterráneo occidental.

Las piezas fueron recuperadas accidentalmente durante un lance oceanográfico. Habrá que estudiar el lugar exacto, la dispersión de los materiales y las circunstancias del depósito antes de reconstruir el naufragio.
La presencia de numerosas ánforas de un mismo tipo resulta compatible con un cargamento. En arqueología subacuática, el contexto es tan importante como el objeto. La posición de cada ánfora, la dirección de las corrientes, la topografía del fondo y la posible dispersión de fragmentos pueden cambiar la interpretación del conjunto. Es la razón por la que la noticia no termina con la extracción: apenas acaba de comenzar la investigación.
El Miguel Oliver tampoco estaba realizando una prospección arqueológica. Participaba en MEDITS, un programa internacional de investigación oceanográfica y pesquera del Mediterráneo coordinado en España por el Instituto Español de Oceanografía y el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Fue durante uno de esos trabajos cuando apareció el material. Tras comprobarse que el descubrimiento se había producido en aguas de titularidad estatal, el Servicio de Patrimonio Subacuático del Ministerio de Cultura autorizó su traslado al MAEF.
La legislación española establece que los bienes arqueológicos recuperados casualmente deben depositarse con rapidez en el museo más próximo. Eso es exactamente lo que ocurrió: en menos de veinticuatro horas, las ánforas habían pasado de la cubierta del buque al almacén arqueológico.
La tripulación hizo además algo fundamental para su conservación: mantuvo las piezas permanentemente hidratadas mediante una manguera hasta su entrega.
Un objeto cerámico que ha permanecido durante siglos bajo el agua no puede tratarse como una vasija recién salida de una excavación terrestre. Los materiales arqueológicos submarinos contienen sales acumuladas durante su prolongada inmersión y pueden conservar depósitos en poros y superficies.
Un secado brusco puede favorecer cristalizaciones y tensiones capaces de deteriorar el objeto. Por eso, una vez en el MAEF, las ánforas comenzaron un proceso de desalación y estabilización pieza por pieza en depósitos de agua. La restauración no empieza pegando fragmentos: empieza evitando que el cambio de ambiente destruya aquello que el fondo del mar había conservado.
La misma lógica explica por qué cada objeto recuperado de un naufragio debe permanecer unido a su contexto, como ocurre con otros grandes hallazgos del Mediterráneo, entre ellos el pecio de Anticitera.
Ahora empieza la parte en la que esos objetos pueden volver a hablar. No lo harán con una sola respuesta; lo harán a través de una cadena de indicios: una forma, una pasta, una marca, una comparación y el lugar exacto donde cada fragmento fue encontrado.

Fuentes y bibliografía
Fuente matriz: MOROS DÍAZ, Juan, Análisis epigráfico de los sellos olearios béticos hallados en centros de producción. El caso de la zona productora de la Scalensia, tesis doctoral, Universitat de Barcelona, 2019. Dialnet: registro de la tesis. Texto completo: repositorio de la Universitat de Barcelona.
Govern de les Illes Balears, «El MAEF acoge más de una veintena de ánforas romanas recuperadas por un barco oceanográfico en un lance en el sur de Formentera», 5 de septiembre de 2026: nota institucional.
Instituto Español de Oceanografía-CSIC y Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, información institucional sobre el buque oceanográfico Miguel Oliver y la campaña MEDITS.
Wikimedia Commons, imágenes comparativas: Heinrich Dressel, Amphore type 20 (dominio público); PePeEfe, ánfora bética de Escombreras (CC BY-SA 3.0); CBA11, ánforas con epigrafía de Sanitja (CC0 1.0); Nicola, Testaccio (CC BY 2.0); Coniferous, costa de Formentera (CC BY 3.0); Contando Estrelas, buque Miguel Oliver (CC BY-SA 2.0); Portable Antiquities Scheme / The Trustees of the British Museum, asa sellada de Dressel 20 (CC BY-SA 4.0).
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