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El manuscrito que estuvo «perdido» en la Biblioteca Nacional por un error de catálogo

El manuscrito debía estar en la Biblioteca Nacional de España.

Había referencias a él desde mediados del siglo XIX y una signatura aparentemente precisa para localizarlo.

Pero cuando el medievalista Francisco Bautista consultó el volumen al que conducían aquellas indicaciones encontró algo desconcertante: el códice reunía materiales relacionados con Portugal y no tenía ninguna relación con Jerónimo Zurita.

El documento que buscaba parecía haber desaparecido. No era una cuestión menor. Las antiguas descripciones hablaban de un «Cronicón de Zurita», con noticias de Aragón y Cataluña y anotaciones atribuidas al gran historiador del siglo XVI. Bautista estudiaba la tradición de los anales medievales de la península ibérica y aquel manuscrito podía conservar información relevante sobre uno de sus principales centros de producción: el monasterio de Santa María de Ripoll.

Jerónimo Zurita y el manuscrito perdido de Ripoll
Retrato de Jerónimo de Zurita, dibujo de José Maea realizado hacia 1792. Fuente: Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

A comienzos de 2014, una pista proporcionada por la responsable de la Sala Cervantes resolvió el misterio. El manuscrito nunca había desaparecido: lo que estaba equivocado era la signatura con la que se llevaba más de siglo y medio intentando encontrarlo.

Un error de catálogo nacido en 1858

El origen del equívoco puede reconstruirse con bastante precisión.

En 1858, Tomás Muñoz y Romero publicó su Diccionario bibliográfico-histórico de los antiguos reinos, provincias, ciudades, villas, iglesias y santuarios de España. Dentro de la entrada dedicada a Aragón incluyó la descripción de un manuscrito que denominó «Cronicón de Zurita».

Muñoz y Romero explicaba que el volumen conservaba un cronicón de Aragón y Cataluña, y que algunas de sus anotaciones parecían escritas por el propio Zurita. También facilitó una referencia para encontrarlo en la Biblioteca Nacional: Cc-99. Décadas después, Ricardo del Arco repitió aquella noticia en su Repertorio de manuscritos referentes a la historia de Aragón y añadió la equivalencia moderna correspondiente: el manuscrito 9249.

La referencia parecía concreta, pero conducía a un volumen sobre Portugal. Bautista comprobó que ni era el cronicón descrito por Muñoz y Romero ni guardaba relación alguna con el cronista aragonés. Durante un tiempo llegó a considerar que el documento se habría perdido en alguna de las vicisitudes sufridas por los fondos de la Biblioteca Nacional, una institución que conserva otros testimonios extraordinarios, como el Códice de Skylitzes.

Anales de la Corona de Aragón de Jerónimo Zurita
Portada de la edición de 1610 de los Anales de la Corona de Aragón de Jerónimo Zurita. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica, Biblioteca Nacional de España.

Cc-99 no era Cc-92

La diferencia parece insignificante: dos números intercambiados. El verdadero manuscrito conservaba la antigua signatura Cc-92, no Cc-99. Su referencia actual es BNE 18724/28. Bautista plantea que el problema pudo nacer de una simple errata introducida en 1858; el error pasó después a la bibliografía y tuvo una consecuencia extraordinaria: el testimonio quedó «prácticamente perdido» dentro de los propios fondos de la Biblioteca Nacional.

No estaba oculto en una colección privada, ni reapareció en una subasta, ni hubo que rescatarlo de un archivo remoto. Estaba donde debía estar. Lo que se había perdido era el camino bibliográfico que permitía llegar hasta él.

Cuando Bautista pudo estudiar BNE 18724/28, descubrió que el contenido justificaba plenamente la búsqueda y que el hallazgo no solo corregía un catálogo. También recuperaba una parte de la memoria escrita de Ripoll, uno de los grandes centros intelectuales de la Edad Media peninsular.

Monasterio de Ripoll y el manuscrito de Jerónimo Zurita
Fachada del monasterio de Santa María de Ripoll, uno de los principales centros medievales de conservación y producción histórica. Fuente: Monestir de Santa Maria de Ripoll.

Treinta y un folios de trabajo de Jerónimo Zurita

El manuscrito consta actualmente de 31 folios, además de dos hojas de guarda iniciales. Está escrito sobre papel, carece de encuadernación y se conserva protegido por carpetillas. Tampoco parece haber llegado completo. Una anotación relativamente moderna en el primer folio indica que, en algún momento, el conjunto al que pertenecía pudo alcanzar los 343 folios. Lo conservado sería una unidad separada de un manuscrito mucho mayor.

En las guardas aparecen anotaciones de Zurita. Los folios 1r-2v contienen unos Anales de Ripoll desde el año 707 hasta 1222, copiados por el propio historiador y acompañados por numerosas notas de su mano. A continuación figuran unos Anales de Barcelona hasta 1335, copiados por otra persona pero vinculados igualmente al trabajo de Zurita.

La mayor parte del resto corresponde a materiales preparatorios: una gran plantilla cronológica en la que el historiador dispuso años y fue incorporando noticias relativas a distintos territorios. No estamos ante una obra preparada para la imprenta. Estamos viendo la mesa de trabajo de un historiador del siglo XVI, con sus comprobaciones, dudas y correcciones. Es el mismo mundo material que permiten conocer otros ingenios de lectura medieval, como la rueda giratoria de pergamino utilizada por los copistas.

Los anales medievales que nadie conocía

Los dos primeros folios proporcionaron la mayor sorpresa.

Ripoll había sido uno de los principales centros de elaboración y conservación de memoria histórica de la Cataluña medieval. Allí se redactaron desde el siglo X diferentes series de anales: registros breves que consignaban por años muertes de condes, abades u obispos, batallas, conquistas, consagraciones y otros hechos considerados dignos de recuerdo.

Ya se conocían varias series vinculadas al monasterio. Los llamados Annales Rivipullenses I llegaban hasta 1191, pero el manuscrito que los conservaba fue destruido durante el incendio de 1835; su contenido solo puede estudiarse gracias a una edición anterior de Jaime Villanueva. Los Annales Rivipullenses II, por su parte, alcanzan 1302.

El texto copiado por Zurita era diferente. Terminaba en 1222 y no coincidía con ninguna de las series conocidas. Bautista pudo editar y estudiar por primera vez una pieza nueva de aquella tradición historiográfica, para la que propuso el nombre latino Annales Rivipullenses ad annum 1222.

Portada románica de Ripoll y los Anales de Jerónimo Zurita
Portada románica de Santa María de Ripoll, testimonio del poder cultural alcanzado por el cenobio medieval. Fuente: Museu Nacional d’Art de Catalunya.

De la entrada islámica en Hispania a Jaime I

Los anales comienzan con acontecimientos de principios del siglo VIII. Una de sus primeras noticias sitúa en 707 la entrada en Hispania de un rey de los sarracenos denominado «Senia»; otra entrada, correspondiente a 714 según el propio texto, vuelve a mencionar aquella irrupción. Aparecen después Carlomagno, la entrega de Gerona al rey franco, la entrada de Luis el Piadoso en Barcelona y las sucesivas consagraciones de Santa María de Ripoll.

También se registran las muertes de condes y personajes vinculados a la historia catalana. No todas las fechas son correctas ni todas las noticias son originales. Bautista advierte que el valor del documento no consiste en haber descubierto una crónica repleta de acontecimientos desconocidos. Su importancia reside en permitir comparar las ramas de la tradición analística y comprender cómo el monasterio copió, ordenó y transformó su propia memoria durante siglos.

La última entrada corresponde a 1222 y menciona la toma del castillo de Castellón de Farfaña por Jaime I. El manuscrito ofrece, además, algo que el original medieval probablemente no habría conservado: las notas de lectura de Jerónimo Zurita.

Relieves del monasterio de Ripoll y el manuscrito de Zurita
Detalle de los relieves narrativos de la portada de Santa María de Ripoll. Fotografía de Pepo Segura. Fuente: Generalitat de Catalunya.

Así trabajaba un historiador en el siglo XVI

Zurita no se limitó a copiar: leyó críticamente.

Al margen de las noticias medievales añadió observaciones, comparó nombres y fechas y recurrió a otras crónicas, documentos e inscripciones para comprobar lo que tenía delante. Cuando los anales mencionaban la muerte del conde Wifredo, por ejemplo, contrastó la fecha con la inscripción de su sepulcro. En otros pasajes anotó discrepancias con obras historiográficas que tenía a su alcance.

Ese comportamiento permite asomarse al método que sostuvo los Anales de la Corona de Aragón. Zurita había sido nombrado cronista del reino de Aragón y, en 1549, Carlos V emitió una cédula que facilitaba su acceso a escrituras y registros conservados tanto en archivos reales como particulares. Tras un viaje a Sicilia, permaneció durante 1553 y 1554 en Barcelona investigando en el Archivo Real y en otros archivos catalanes.

Bautista sitúa precisamente en esos años la copia de los Anales de Ripoll. Zurita debió de consultar el original directamente en el monasterio. La prueba aparece en su propia obra: al tratar los primeros siglos medievales recordó haber visto un antiguo anal «del monesterio de Ripol». Sus referencias coinciden con el texto identificado en la BNE y muestran por qué el oficio del historiador consiste también en reconstruir el origen y la transmisión de cada dato.

Claustro de Ripoll y los anales copiados por Jerónimo Zurita
Claustro de Santa María de Ripoll. El monasterio conservó durante siglos los anales que Zurita consultó en el siglo XVI. Fuente: Monestir de Santa Maria de Ripoll.

La copia que terminó sobreviviendo al original

Aquí aparece la paradoja final. Zurita copió aquellos anales en el siglo XVI porque los necesitaba para escribir su propia historia. El códice medieval que tuvo delante en Ripoll ya no está disponible. Su copia, en cambio, sobrevivió: pasó por diferentes manos y fondos hasta terminar en la Biblioteca Nacional, donde una referencia equivocada dificultó reconocerla y localizarla.

Cuando Bautista recuperó el documento para la investigación en 2014, no solo reapareció un material de trabajo de Jerónimo Zurita. También volvió a la luz, indirectamente, un texto histórico medieval que el cronista había leído y copiado unos 460 años antes.

Fuentes y bibliografía

BAUTISTA, Francisco: «Jerónimo Zurita y unos nuevos Anales de Ripoll hasta 1222: edición y estudio», e-Spania, 27, 2017. DOI: 10.4000/e-spania.26820.


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Redacción

Equipo de Redacción / Notas de Prensa / Agencias

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