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El Gran Museo Egipcio ya muestra el tesoro completo de Tutankamón

El Gran Museo Egipcio cambió la escala con la que se cuenta el pasado de Egipto.

Inaugurado el 1 de noviembre de 2025 y abierto al público pocos días después, el gran complejo de Guiza no es solo un edificio nuevo junto a las pirámides: es una forma distinta de ordenar miles de piezas, de hacer visible el trabajo de conservación y de reunir por primera vez el conjunto completo del ajuar funerario de Tutankamón en un mismo recorrido.

La llegada se ha pensado como una declaración. Antes de entrar en las galerías, el visitante se encuentra con la estatua colosal de Ramsés II, procedente de Mit Rahina, la antigua Menfis. Mide 11,35 metros y ocupa el Gran Vestíbulo como si el museo comenzara antes de las vitrinas. A su alrededor, la arquitectura no intenta imitar un templo antiguo: utiliza piedra, luz y grandes perspectivas para poner en relación el patrimonio faraónico con un museo construido en el siglo XXI.

Estatua de Ramsés II en el Gran Vestíbulo del Gran Museo Egipcio
La estatua colosal de Ramsés II en el Gran Vestíbulo del Gran Museo Egipcio. Fuente: Experience Egypt.

Doce galerías para recorrer tres grandes ideas

La organización oficial del museo se apoya en doce galerías principales articuladas en torno a tres ejes: sociedad, realeza y creencias. Es una decisión relevante porque evita presentar Egipto como una sucesión de tesoros aislados.

Los objetos se leen también como parte de una vida colectiva: herramientas, esculturas, inscripciones, piezas rituales y elementos domésticos permiten pasar de la figura del faraón a quienes trabajaron, comerciaron, enterraron a sus muertos y mantuvieron los templos.

Ese contexto es lo que da otra dimensión al oro de Tutankamón. El visitante encuentra la máscara funeraria convertida en icono y más de cinco mil objetos reunidos de forma íntegra para explicar una tumba, un entierro y una corte. Las camas doradas, los cofres, los carros, los objetos de juego y las piezas de uso ceremonial devuelven volumen a un ajuar que durante décadas se conoció de manera fragmentaria en distintos espacios del antiguo Museo Egipcio de El Cairo.

Tutankamón deja de ser solo una máscara

La fuerza de las galerías dedicadas a Tutankamón está en la acumulación, no en una única obra maestra. Ver los objetos juntos permite comprender la tumba KV62 como un proyecto cuidadosamente preparado para asegurar el tránsito del rey al más allá. Las piezas dialogan entre sí: una cama funeraria no es un adorno, un recipiente no es un simple vaso y un pequeño amuleto forma parte de una red de gestos religiosos y materiales que acompañaban al difunto.

También obliga a recordar que el hallazgo de Howard Carter en 1922 marcó el comienzo de una larga tarea de documentación, restauración y traslado. El museo convierte esa labor casi invisible en parte del relato público. Quien quiera volver a la figura de uno de los primeros grandes divulgadores del patrimonio egipcio puede leer sobre Sir John Gardner Wilkinson, pionero de la egiptología británica, una buena puerta de entrada a la historia de cómo Occidente aprendió a mirar el Nilo.

Reconstrucción pública de la segunda barca solar de Jufu en el Gran Museo Egipcio
Reconstrucción de la segunda barca solar de Jufu a la vista del público en el Gran Museo Egipcio. Fuente: State Information Service, Egypt.

Las barcas solares de Jufu y una reconstrucción a la vista

Otro de los grandes focos del Gran Museo Egipcio son las barcas solares de Jufu. La primera, descubierta desmontada junto a la Gran Pirámide, es una de las piezas más impresionantes de la carpintería faraónica. La segunda se encuentra en proceso de reconstrucción pública: en diciembre de 2025 se instaló su primera gran viga y el proyecto prevé ensamblar alrededor de 1.650 elementos. Conviene llamarla por lo que es ahora, una reconstrucción en marcha, no una nave ya terminada.

Mostrar ese proceso tiene un mérito especial. Explica que un museo exhibe el pasado y, al mismo tiempo, lo conserva, lo estudia y toma decisiones sobre cómo presentarlo. La madera de una embarcación de más de cuatro milenios exige un lenguaje de conservación distinto al de una estatua de piedra o una joya de oro. El visitante puede ver así el trabajo que normalmente sucede lejos de las salas.

Inauguración del Gran Museo Egipcio ante la estatua de Ramsés II
Delegaciones asistentes a la inauguración del Gran Museo Egipcio, ante la estatua de Ramsés II. Fuente: State Information Service, Egypt.

Las fuentes oficiales hablan de decenas de miles de piezas expuestas y la escala del conjunto explica por qué una visita apresurada apenas alcanza a rozar su contenido. El museo posee también una fachada dominada por el obelisco suspendido de Ramsés II y una gran escalinata que conduce a obras de distintos periodos. No se trata de reunirlo todo en una sola mirada: el reto es ofrecer relaciones comprensibles entre épocas que van de la prehistoria del valle del Nilo a los mundos griego y romano de Egipto.

La escala monumental no debe ocultar el trabajo que sostiene cada sala: conservación, documentación y contexto arqueológico. En las galerías de Tutankamón, reunir más de cinco mil objetos permite pasar del icono a la explicación de una tumba completa. Ése es el verdadero reto del Gran Museo Egipcio: hacer comprensible una colección inmensa sin reducirla a una sucesión de tesoros.


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Stravos H.A.

Historiador especializado en Historia Militar eslava.
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