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Santa Leocadia: la patrona de Toledo que regresó de Flandes entre arcos de El Greco

Un estudio reciente sobre el culto medieval de Leocadia advierte que el llamado Calendario de Córdoba, compuesto hacia 961, todavía situaba el cuerpo de la santa en Toledo.

El 26 de abril de 1587, Toledo aguardó frente a sus murallas la llegada de una mujer que llevaba muerta más de doce siglos.

No era una reina ni una conquistadora. Era una joven de la antigua Toletum que había desafiado al poder de Roma y terminado sus días en una cárcel excavada en la roca.

Felipe II, la emperatriz María de Austria, el futuro Felipe III y la infanta Isabel Clara Eugenia acudieron a recibir sus reliquias. Sonaron campanas, ardieron luminarias y se alzaron arcos triunfales diseñados por El Greco. Durante unas horas, la ciudad reunió en sus calles la persecución romana, la grandeza de la capital visigoda y el poder de la monarquía. Santa Leocadia regresaba a Toledo.

Pero ¿quién fue aquella mujer cuya memoria consiguió movilizar a la corte y a toda una ciudad más de doce siglos después de su muerte?

Entierro de santa Leocadia
Cecilio Pla y Gallardo
Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado

Santa Leocadia: la joven que desafió al poder de Roma

Leocadia nació en la Toletum de finales del siglo III, en una familia cristiana. Vivió en un tiempo en el que la religión también era una cuestión de obediencia política. En 303, Diocleciano ordenó destruir iglesias y Escrituras, prohibió las reuniones cristianas y exigió sacrificios públicos como prueba de fidelidad al Imperio.

El gobernador Daciano intentó que Leocadia abandonara su fe. Primero llegaron las promesas; después, las amenazas y los azotes. La joven se mantuvo firme. Su resistencia la condujo a una prisión toledana y convirtió su nombre en una memoria que sobrevivió al propio Imperio que quiso borrarla.

Santa Leocadia ante el pretor
Mariano Salvador Maella

Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado
Santa Leocadia ante el pretor
Mariano Salvador Maella
Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado

Dónde murió Santa Leocadia: la cárcel bajo el Alcázar

Santa Leocadia murió en prisión el 9 de diciembre del año 303, mientras rezaba. La memoria toledana situó aquella cárcel en la zona del actual Alcázar, donde durante siglos existió un templo dedicado a la santa para señalar el lugar de su cautiverio y de su muerte.

El calabozo era descrito como una cavidad baja, oscura y cerrada por una reja.

Allí se produjo el primero de los misterios asociados a Leocadia: según la tradición hagiográfica, durante su encarcelamiento Leocadia habría trazado con el dedo una cruz sobre una piedra de la pared de su prisión. El relato llega a decir que la roca quedó marcada «como si fuera cera blanda». Después habría besado aquella cruz y muerto mientras oraba.

La formulación está documentada al menos en un Flos sanctorum de 1516; Blas de Ortiz la recoge en 1549, Pedro de Alcocer en 1554 y Ambrosio de Morales en 1574. Este último ya habla de que en la supuesta cárcel se veneraba «una cruz pequeña» cavada en piedra que la tradición atribuía al dedo de Leocadia.

Los estudios arqueológicos sobre el conjunto señalan que los restos de la iglesia y de la cripta fueron deteriorándose gravemente durante las primeras décadas del siglo XX. Finalmente, el convento de Capuchinos y toda esa zona sufrieron una destrucción enorme durante el asedio del Alcázar de 1936.

Una historia reciente de las instalaciones de la Academia de Infantería es bastante explícita: la cripta quedó cubierta de escombros y «desapareció en su totalidad» durante la urbanización posterior a la Guerra Civil.

La pena es que no era solamente una leyenda toledana, existió físicamente en Toledo una piedra señalada como aquella de la cruz. La documentación de la Comisión de Monumentos del siglo XIX habla expresamente de una reproducción en yeso de «la piedra en que está grabada la cruz que la tradición supone hecha con el dedo por Santa Leocadia». Estaba vinculada a la capilla subterránea de la antigua iglesia de Santa Leocadia junto al Alcázar, construida precisamente sobre el lugar que la tradición identificaba con su cárcel.

¿Dónde está ese vaciado de yeso? Supuestamente en los alnacenes del MAN a buen recaudo desde 1907… según la infomración que tenemos, pero quién sabe.

El 22 de octubre de 1907, Rodrigo Amador de los Ríos consiguió para el Museo Arqueológico Nacional dos vaciados procedentes de la cripta de Santa Leocadia junto al Alcázar. El primero era exactamente la reproducción en yeso de la piedra donde aparecía la cruz atribuida por la tradición al dedo de la santa; el segundo reproducía un castillo heráldico de uno de los sarcófagos. Todo quedó registrado en el Archivo del MAN, expediente 1907/53.

La Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo considera precisamente la cruz y la palma sus dos grandes atributos: la palma por el martirio y la cruz por aquella marca de la prisión. Aparece así en la parroquia de Santa Leocadia, en la Catedral, en el Transparente de Narciso Tomé y en distintas representaciones vinculadas a la recepción de sus reliquias en 1587.

Santa Leocadia tallada por Felipe Vigarny en la catedral de Toledo
Santa Leocadia con la cruz y la palma, tallada por Felipe Vigarny entre 1539 y 1543 para la sillería del coro de la catedral de Toledo. Fuente: Catedral de Toledo; reproducción en la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

Pero… ¿Y la cripta? ¿Qué nos queda?

Cuando la Comisión Provincial de Monumentos consiguió volver a entrar en la cripta el 14 de febrero de 1845, encontró una estancia cuadrangular, un altar, una imagen de Santa Leocadia y varias inscripciones. Una de ellas explicaba lo que el visitante tenía delante:

Hic orat Leocadia, diris onusta catenis, digitoque signat hoc in lapide crucem.

Es decir, aproximadamente: «Aquí oró Leocadia, cargada de crueles cadenas, y con el dedo trazó esta cruz en la piedra»

Ahí estaba la cruz.

Inventario de los legajos de las
Comisiones Provinciales y de la Comisión Central
de Monumentos Histórico-Artísticos

No podemos saber, naturalmente, cuándo había sido realizada aquella incisión ni demostrar que procediera realmente de la Antigüedad tardía. Eso pertenece al territorio de la tradición. Pero la piedra sí existía. Era un objeto físico, conocido, venerado y asociado desde hacía tiempo al relato del encarcelamiento de la santa.

Y todavía podemos seguirle el rastro.

A comienzos del siglo XX, Rodrigo Amador de los Ríos volvió a estudiar aquella cripta. Momento en el cual realizó el vaciado en yeso que venimos comentando. Y, ya de paso, publicó La cueva de Santa Leocadia en Toledo” en el número del 22 de marzo de 1907, p. 167 de la revista de Archivos, Bibliotecas y Museos.

El mapa secreto de Santa Leocadia: casa, cárcel y sepultura

Toledo conservó la vida de la santa como un itinerario de tres lugares.

Su casa quedó vinculada a la actual iglesia de Santa Leocadia; la cárcel y el lugar de su muerte, a las inmediaciones del Alcázar; y su sepultura, a la Vega, en el entorno de la actual ermita del Cristo de la Vega. Tres espacios separados que componían un mismo mapa sagrado de la ciudad.

La parroquia actual aparece documentada desde mediados del siglo XII como «Santa Leocadia de dentro de Toledo», una precisión necesaria para distinguirla de sus otros santuarios. Su aspecto responde en buena medida a las reformas del siglo XVI, relacionadas con Juan Bautista Monegro, aunque conserva elementos mudéjares muy reconocibles.

El edificio tiene tres naves y tres ábsides, mientras que la torre constituye una de sus huellas mudéjares mejor conservadas. Junto al presbiterio existe además una pequeña cripta que la tradición identifica con una estancia subterránea de la casa de la santa. El templo fue declarado Bien de Interés Cultural en 1998.

Ábside y torre mudéjar de la iglesia de Santa Leocadia de Toledo
Ábside y torre de la iglesia de Santa Leocadia de Toledo. Fuente: Portal de Cultura de Castilla-La Mancha.
Interior de la iglesia de Santa Leocadia en Toledo
Interior de la iglesia de Santa Leocadia de Toledo, organizada en tres naves y tres ábsides. Fuente: Portal de Cultura de Castilla-La Mancha.

El misterio de la basílica perdida de Santa Leocadia

El lugar decisivo para comprender su importancia fue la basílica extramuros de Santa Leocadia de la Vega. Según recoge Miguel Ángel Ferreiro en La segunda columna, el rey Sisebuto inauguró aquel templo a finales de octubre de 618. La iglesia palatina se levantaba en la zona funeraria próxima al antiguo circo romano y custodiaba el lugar donde Toledo creía haber enterrado a su mártir.

Toledo llevaba pocas décadas consolidándose como centro de gobierno. Recaredo había abrazado el catolicismo en el III Concilio de Toledo de 589 y Gundemaro reforzó en 610 la primacía eclesiástica de la ciudad sobre la provincia Cartaginense. La basílica de la mártir local enlazaba la legitimidad cristiana de la nueva monarquía con una memoria que se remontaba a la persecución romana.

Santa Leocadia de la Vega acogió varios de los grandes concilios toledanos y recibió los enterramientos de figuras como los obispos Eugenio, Ildefonso y Julián. No era una iglesia periférica: fue uno de los escenarios donde la capital del regnum hispano-visigodo representaba su unidad religiosa y política. Esa historia forma parte del proceso más amplio que contamos en nuestra historia de Toledo, de Toletum a la ciudad imperial.

Después, el gran templo desapareció.

La tradición situó sus restos bajo el solar de la actual ermita del Cristo de la Vega, junto al antiguo circo romano. Bajo esa parte de la Vega permanece uno de los grandes misterios arqueológicos de Toledo: ¿qué queda realmente de la basílica palatina donde se reunieron concilios y fueron enterrados los grandes obispos de la ciudad?

La santa que salió de la tumba: el velo y el cuchillo de Recesvinto

La leyenda más poderosa de Santa Leocadia comienza ante su sepulcro.

Durante una ceremonia presidida por san Ildefonso y el rey Recesvinto, la tumba se abrió y la santa se levantó ante los presentes. Leocadia agradeció al obispo su defensa de la virginidad de María y apareció cubierta por un velo.

Ildefonso quiso conservar una prueba de aquel prodigio.

Recesvinto le entregó su cuchillo y el obispo cortó un fragmento del velo antes de que la aparición desapareciera. La escena reunió para siempre a los tres grandes protagonistas de la Toledo visigoda: la santa, el obispo y el rey.

Tras la leyenda permanece el eco de una solemne apertura del sepulcro o de una antigua traslación de las reliquias.

Aparición de Santa Leocadia a san Ildefonso en las Cantigas
Aparición de Santa Leocadia a san Ildefonso ante el rey Recesvinto, según una miniatura de las Cantigas de Santa María del siglo XIII. Fuente: Biblioteca del Monasterio de El Escorial; reproducción en la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

El cuerpo desaparecido que Toledo buscó por Europa

Tradicionalmente se decía que el cuerpo abandonó Toledo cuando la convivencia con el Emirato que ahora la controlaba se complicó. Sería por entonces (hacia el año 736) cuando las reliquias habrían sido llevadas al norte. Oviedo se convirtió entonces en uno de los grandes depósitos de reliquias de la antigua Hispania visigoda, y la tradición afirma que Alfonso II el Casto dispuso allí un espacio dedicado a Leocadia, la actual cripta bajo la Cámara Santa.

Pero aquí aparece el problema. Un estudio reciente sobre el culto medieval de Leocadia advierte que el llamado Calendario de Córdoba, compuesto hacia 961, todavía situaba el cuerpo de la santa en Toledo.

Además, las fuentes que relacionan expresamente a Leocadia con Oviedo son bastante posteriores, sobre todo del siglo XII. Por eso existe hoy una hipótesis historiográfica muy seria: que la presencia del cuerpo de Leocadia en Oviedo pudo ser una tradición construida retrospectivamente para reforzar el prestigio y la autonomía de la sede ovetense frente a Toledo.

El segundo viaje que narran las crónicas es cuando abandona Oviedo —de Asturias a Henao (hoy en Bélgica)— un periplo todavía más novelesco. La tradición fijada siglos después cuenta que un noble del Henao llegó a la Península, peregrinó a Santiago y combatió junto a los reyes hispanos.

Como recompensa habría recibido las reliquias de Leocadia y de san Sulpicio y las habría llevado a la abadía de Saint-Ghislain. Algunas versiones hablan de un conde de Hainaut; otras incluso lo identifican como Balduino.

Pero tampoco deberíamos escribir esto como un hecho indiscutible. Los propios Annales de l’abbaye de Saint-Ghislain recogen una versión según la cual el conde Rainier y el abad Simon habrían traído el cuerpo desde España en 986, y acto seguido reconocen algo fundamental: ningún documento antiguo del monasterio ni ningún historiador anterior a Molanus menciona ese supuesto viaje.

Lo que sí podemos documentar mejor es que en el siglo XII existían relaciones muy intensas entre Flandes/Henao y los grandes santuarios hispánicos —Oviedo y Compostela— y que en 1180 el obispo Roger de Cambrai realizó una elevación de reliquias entre las que figuraban las de Santa Leocadia. Saint-Ghislain pertenecía precisamente a aquella diócesis.

La memoria de su traslado los conduce primero a Oviedo y después a la abadía de Saint-Ghislain, en el condado de Henao. El cuerpo de la patrona había terminado a más de 1.500 kilómetros de la ciudad donde murió… pero la cronología es difusa, aunque es muy importante, especialmente por trazar la tradición cristiano mozárabe toledana, con ese culto a la Santa.

El caso es que en el siglo XVI estaban en el norte de Europa (al menos eso dijeron estos monjes belgas), y Felipe II decidió recuperar los restos de Santa Leocadia. Fueron necesarias negociaciones, cartas, permisos y un viaje que atravesó Europa. Cuando el arca llegó finalmente a Castilla, Toledo la recibió como algo más que una reliquia: regresaba una hija arrebatada a la ciudad durante siglos.

Felipe II y sus hijos en una medalla de 1587 vinculada a Santa Leocadia
Medalla de 1587 con Felipe II, Isabel Clara Eugenia y el príncipe Felipe, miembros de la familia real presentes en la entrada de las reliquias de Santa Leocadia. Fuente: Museo Nacional del Prado; reproducción en Archivo Español de Arte, CSIC.

El Greco y los arcos perdidos de Santa Leocadia

La mañana del 26 de abril de 1587, Toledo se preparó para una entrada digna de una victoria. Se repararon calles, se limpiaron las puertas y las fachadas quedaron cubiertas de brocados, tapices y pendones. Hubo músicas, danzas, máscaras, fuegos artificiales y centenares de cruces y cirios. La patrona avanzaría por una ciudad convertida en escenario.

Vista de Toledo de El Greco relacionada con Santa Leocadia
Vista y plano de Toledo, pintada por El Greco entre 1610 y 1614. La ciudad fue el gran escenario de la entrada de las reliquias de Santa Leocadia en 1587. Fuente: Museo del Greco; reproducción en Archivo Español de Arte, CSIC.

Una investigación publicada en 2026 por Cécile Vincent-Cassy ha documentado un contrato desconocido hasta ahora:

el 6 de noviembre de 1586, El Greco se comprometió con el Ayuntamiento de Toledo a realizar dos arcos triunfales para la entrada de las reliquias. El encargo ascendía a 1.400 ducados, con el coste de la madera descontado de esa suma.

Los arcos se alzaron en la calle Ancha y en la puerta del arrabal de la Herrería. Eran gigantes de madera, pintura y tela destinados a vivir un solo día. Mostraban episodios de la vida de Leocadia y exaltaban a Toledo y a Felipe II. Después de la ceremonia fueron desmontados y desaparecieron. De aquellas obras perdidas de El Greco solo quedan los documentos y el recuerdo de quienes caminaron bajo ellas.

La familia real acompañó las andas y la ciudad cerró simbólicamente un viaje de siglos. No era únicamente una procesión religiosa. Toledo proclamaba ante la corte que la muchacha muerta en una cárcel romana seguía siendo uno de los pilares de su identidad cristiana.

MARIANO SALVADOR MAELLA”Traslado de las reliquias de Santa Leocadia”

El relicario de plata y el Ochavo de la catedral

Las reliquias recibieron un arca de plata realizada por Francisco Merino en 1592, a partir de trazas atribuidas a Nicolás de Vergara el Mozo. Sus relieves narraban episodios de la vida de Santa Leocadia y el viaje de sus restos. La pieza convertía la historia de la patrona en una secuencia visible y comprensible para los fieles.

Arca de las reliquias de Santa Leocadia, realizada por Francisco Merino en 1592 a partir de trazas de Nicolás de Vergara el Mozo. Fuente: Catedral de Toledo

La llegada de los cuerpos de san Eugenio y Santa Leocadia impulsó la creación del gran relicario de la catedral. El proyecto del Ochavo comenzó a finales del siglo XVI y culminó en el XVII. El 19 de enero de 1673, entre incienso, cirios y cánticos, las reliquias fueron trasladadas solemnemente a la estancia octogonal.

El Ochavo permanece fuera del recorrido ordinario de las visitas.

Tras sus muros, envuelta por mármoles, bronces y penumbra, la catedral custodia el arca de la patrona.

El misterio iniciado en una cárcel romana termina allí: en una cámara secreta levantada para guardar la memoria sagrada de Toledo.

Capillas laterales de la iglesia de Santa Leocadia en Toledo
Capillas y retablos laterales de la iglesia de Santa Leocadia de Toledo. Fuente: Portal de Cultura de Castilla-La Mancha.

Dónde encontrar hoy a Santa Leocadia en Toledo

La huella de la santa puede seguirse en varios puntos.

La iglesia de Santa Leocadia conserva el recuerdo de su casa; la ermita del Cristo de la Vega mantiene la memoria del espacio funerario (siempre supuestamente) y de la basílica extramuros; la catedral custodia su tradición material e iconográfica; y la Puerta del Cambrón conserva también su vínculo con la patrona, que por si no lo sabéis fue conocida también como «Puerta de Santa Leocadia», porque hay una hornacina con la imagen de Santa Leocadia, situada bajo el escudo de Felipe II.

Para integrar estos lugares en una visita, puede consultarse nuestra guía sobre qué ver en Toledo, la ruta de Toledo en un día y el mapa turístico de Toledo.

La festividad de Santa Leocadia se celebra el 9 de diciembre. Desde 2004 es también patrona de la juventud de la archidiócesis.

La historia de Santa Leocadia comienza con una joven encerrada en la oscuridad y termina con reyes caminando tras sus restos bajo los arcos de El Greco. Entre ambos momentos quedan una cruz grabada en la roca, una basílica desaparecida, una tumba que se abrió ante un obispo y un cuerpo que recorrió Europa.

Planta arquitectónica de la iglesia de Santa Leocadia de Toledo
Planta de la iglesia de Santa Leocadia de Toledo, con sus tres naves y tres ábsides. Fuente: Portal de Cultura de Castilla-La Mancha.

Preguntas frecuentes sobre Santa Leocadia

¿Quién fue Santa Leocadia?

Fue una cristiana de la Toledo romana que, según la tradición, sufrió prisión y tormento durante la persecución de Diocleciano y murió hacia 303 o 304 sin renunciar a su fe.

¿Por qué es patrona de Toledo?

Su culto está ligado a la ciudad desde la Antigüedad tardía. La basílica visigoda de Santa Leocadia de la Vega, los concilios celebrados allí y el regreso de sus reliquias en 1587 consolidaron su papel como protectora de Toledo.

Portada de la iglesia de Santa Leocadia en Toledo
Portada lateral de la iglesia de Santa Leocadia de Toledo, parroquia documentada desde el siglo XII. Fuente: Portal de Cultura de Castilla-La Mancha.

¿Dónde están las reliquias de Santa Leocadia?

Las reliquias regresaron a Toledo desde Saint-Ghislain en 1587 y quedaron vinculadas a la catedral primada. Su arca de plata forma parte del conjunto relicario del Ochavo.

¿Qué hizo El Greco en la fiesta de Santa Leocadia?

El Ayuntamiento le encargó dos arcos triunfales efímeros para la entrada de las reliquias el 26 de abril de 1587. No se conservan, pero el contrato y las descripciones de la ceremonia permiten reconstruir su función.

Fuentes y bibliografía

  • FERREIRO, Miguel Ángel: La segunda columna.
  • LÓPEZ TORRIJOS, Rosa: «La iconografía de Santa Leocadia de Toledo», Anales Toledanos.
  • VINCENT-CASSY, Cécile: «El Greco en Toledo, una vez más. La translación de las reliquias de santa Leocadia», Archivo Español de Arte, 99 (393), 2026.
  • Archidiócesis de Toledo: «Santa Leocadia, virgen y mártir», Santoral diocesano.
  • Portal de Cultura de Castilla-La Mancha: ficha patrimonial de la iglesia de Santa Leocadia de Toledo.
  • Archivo Municipal de Toledo: documentación sobre los preparativos de la llegada de Santa Leocadia en 1587.
  • Catedral Primada de Toledo: información histórica del Ochavo y sus reliquias.


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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, autor de "La Segunda Columna" (Ed.Edaf), director de este proyecto e Historiador del Arte (UNED). Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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