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El papel del historiador

La relación historiador-lector en el siglo XXI

La Historia —y su función— ha evolucionado y se ha transformado con el paso del tiempo. Su uso ha pasado de político a social, incluso a veces a la inversa. Hoy, en plena era de la “super-información” el historiador debe adaptarse y el lector conocer su función y también su posición.

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Busto romano de Heródoto, considerado el primer historiador. Museo nazionale romano di Palazzo Massimo, S. IV a.C. Autor desconocido.

Antecedentes

Siglo XIX

Antes del siglo XIX, evidentemente, ya existían historiadores, pero para no hacer un recorrido desde Heródoto, se ha elegido el siglo XIX que supone un punto de referencia en el estudio histórico. El siglo XIX para el estudio histórico fue una época dorada, una explosión de conocimiento e investigación en todas las disciplinas científicas sociales: historia, arte, arqueología, etc. El foco se puso en la Edad Media y la Edad Antigua; sobre todo Egipto, como consecuencia de la invasión de Napoleón se empezó a desenterrar conocimiento de entre la arenas del desierto.

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Fotografia de la Piedra Rosetta expuesta en el Museo Británico. autor: Hans Hillewaert.

Se realizaron enormes descubrimientos como la Piedra Rosetta en 1799, que ayudó a descifrar los jeroglíficos. También los historiadores potenciaron los estudios de Historia nacional y local, investigando sus orígenes. La Historia pasó de ser crónicas y testimonios a dotarse de más características científicas usando sus métodos y remarcando las fuentes primarias la importancia que merecen.

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El “Llibre dels Feits” (libro de los hechos) es una crónica medieval del reinado de Jaime I de Aragón durante el siglo XIII. No se escribió con finalidades científicas sino para ensalzar su figura de forma póstuma.

En esta época dorada hay también mucha oscuridad, ya que, es en este período dónde se hace la historiografía del romanticismo, en otras palabras, Historia nacionalista. Se politiza hasta tal punto que da por válidas historias y leyendas de su territorio sin ninguna fuente que lo respalde. El nacionalismo lo inunda todo y lo emponzoña. Hasta finales del siglo XX no se va a poder enmendar muchas de sus falsedades que seguirán en la memoria de la población como ciertas.

Otra herencia adquirida del XIX es el positivismo. Estos positivistas son especialistas en listas, como la de reyes godos que, hasta hace relativamente poco se enseñaba en escuelas y universidades.

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Imagen de la famosa lista de los reyes godos que generaciones enteras han tenido que memorizar.

También la terminología historiográfica del XIX en España es de finales de esta época: trienio liberal, década ominosa, bienio progresista, etc. Esto era muy cómodo y práctico ya que no disponían de los medios actuales y necesitaban memorizar muchos datos. Solo se hacía historia de políticos, reyes, guerras… por lo tanto, cantidades de fechas y nombres inmensas. Evidentemente el positivismo es mucho más profundo, interesante y complejo, pero no es el objetivo de este artículo profundizar en él.

Siglo XX

Ya a finales del XIX —sobretodo después de la Segunda Guerra Mundial— los historiadores empezaron a considerar que la historia era algo más y que los ciudadanos también formaban parte de la misma. Aquí, nacen y se potencian movimientos como el historicismo y la sociología. El problema es que seguían teniendo muchos defectos heredados del XIX, como la búsqueda del origen de la nación medieval, algo que hoy en día ningún historiador afirmaría o buscaría.

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Así quedó la ciudad de Dresde en 1945, murieron 25.000 personas en dos días tras el bombardeo aliado. Deutsche Fotothek, autor: Richard Peter.

Tras el paso de dos guerras mundiales y traumas profundísimos en Europa, se generan cuatro corrientes diferentes  replanteándose el concepto de Historia. Todas ellas buscaron un método de historia transversal y sin fronteras. En Francia apareció la Escuela de los Annales recibiendo el nombre de una revista de historia. Esta escuela basaba sus estudios (principalmente en Francia) en datos y economía. Se plantean conceptos como la posición del historiador y la imparcialidad que, a pesar de lo que popularmente se cree, se llega a la siguiente conclusión: el historiador no debe ni puede ser imparcial. No de la manera que los lectores entienden la imparcialidad, sino desde un punto de vista interpretativo. Pero será necesario un artículo aparte para hablar de ello. De esta escuela salieron historiadores de la talla de Braudel, Febvre y Bloch. —Muchos de estos historiadores fueron los mismos fundadores de dichas escuelas.

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Marc Bloch uno de los fundadores de la Escuela de los Annales fue torturado y asesinado por la gestapo en 1944 por pertenecer a la resistencia francesa.

En Gran Bretaña surgió otra corriente historiográfica, la escuela marxista, la más influyente y relevante de Europa en su tiempo. Esta escuela, principalmente formada por autores con ideología marxistas, ponían el foco de la historia en las personas. De esta escuela surgió una de las revistas de historia más importantes de nuestra época: Past and Present. De aquí saldrán leyendas como E. P Thompson y Hobsbawm entre muchos otros, padres de la historia social.

Otra de las escuelas de historia nació en Estados Unidos bajo el nombre de Cliometría. Principalmente fueron los primeros en usar ordenadores para el estudio de la historia. Se dedicaron a compilar datos y temas cuantificables. A pesar de la importancia que se les puede otorgar actualmente,  se veían muy “limitados tecnologicamente” ya que los académicos usaban máquinas de escribir.

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Eric Hobsbawm, una figura clave en la historiografía del siglo XX. (fotografia: editorial planeta)

En Alemania aparece la escuela de Bielefeld. La historiografía alemana estuvo todo el siglo XX en segunda fila a causa de su rigidez, siempre centrada en la historia política. No será hasta los años ’80 que empezarán a romper su inmovilismo. Su fundador fue Hans-Ulrich Wehler, que murió en 2014.

En el caso de España no hay una corriente de pensamiento propia aunque sí que hay enormes referencias. Eso se debe a que, durante la creación de estas instituciones anteriores, España vivía aún bajo un régimen totalitario que no permitía escuelas de pensamiento paralelas. A pesar de eso, aparecieron autores que bebían de la escuela francesa como Jaume Vicens Vives, medievalista; Borja de Riquer, historia del XIX y XX; Ángel Viñas, guerracivilista; Josep Fontana, siglo XX; Miguel Artola Gallego, historia económica, Montserrat Roig, siglo XX. La lista es infinita. A pesar de eso, en la actualidad cada universidad española tiene su propia revista de investigación histórica y poco a poco va ocupando su lugar en la historiografía europea.

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Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona

Actualidad

Con esto llegamos al siglo XXI, junto a un nuevo milenio. En esta nueva era de información nos encontramos en una etapa de cambio generacional, siendo testigos de la muerte de los grandes historiadores que, desde mediados del XX han marcados los ritmos. Sin ir más lejos, Hobsbawm murió en el año 2012 a los 95 años.

En este artículo no se trata de decir lo que debemos hacer los historiadores, sino mostrar en qué situación nos encontramos y qué hemos heredado. Hemos sido testigos del boom de la micro-tecnología y la era de la información. Nuestros antecesores nos están dejando un legado heredado de los historiadores del siglo XIX. Nos encontramos ante una dicotomía enorme: ¿Deben los historiadores seguir siendo bancos de datos y fechas? ¿Queremos que sigan teniendo esta función? Hay historiadores que ya pensaron en eso hace décadas.

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Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid

Es inevitable acabar reteniendo enormes datos de información al especializarse en algún aspecto, pero no es esa la función principal que debe tener un historiador. El historiador debería ser capaz de interpretar la información que se puede extraer de dos ideas aparentemente inconexas, para encontrar nuevos puntos de vista que ayuden a entender mejor la sociedad en la que vivimos —Siempre que se apoye en fuentes —. Esa es la función del historiador.

El historiador E.H. Carr, en una obra fundamental para el estudio historiográfico, habla y teoriza sobre todo esto ya en el año 1961. En una de sus obras más relevantes ¿Qué es la historia? dice esto:

La Historia requiere la selección y el ordenamiento de los hechos referidos al pasado, a la luz de algún principio o norma de objetividad aceptado por el historiador, que necesariamente incluye elementos de interpretación. Sin esto, el pasado se disuelve en un informe montón de innumerables incidentes aislados e insignificantes, y no es en modo alguno posible escribir la historia. Por tanto, no se debe aceptar “la objetividad absoluta e intemporal” por ser una “abstracción irreal”.

Esto lo hemos visto en autores como Tony Judt, fallecido en 2010, en su obra más conocida, Postguerra. El objetivo de la historiografía del siglo XX era crear una historia que traspasase fronteras. Se hicieron enormes logros y sus discípulos siguen trabajando en ello.

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Edward Hallett Carr (1892-1982). Autor: desconocido

Otra de las tareas que no se acabó de cerrar en los años ’90, fue el saneamiento nacionalista de la historiografía heredada del siglo XIX e inicios del XX. Es decir, seguir generando debate científico entre los autores para llegar a relatos de consenso y de rigor. Y aún más importante, hacer llegar a la población esos consensos sin pecar de condescendencia con métodos divulgativos que no infantilicen al lector. La Historia se ha consolidado como ciencia y se debe defender como tal. En otras palabras, la Historia debe modernizarse y lo hará como lo ha hecho siempre.

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Ministerio de Educación en Madrid. Autor: Luis García

En los colegios se sigue enseñando el siglo XIX español con métodos y sistemas de listas del siglo XIX y XX, complicando enormemente su comprensión. Por eso es muy común encontrar dificultades que fácilmente podrían evitarse. Los conceptos se explican de manera retórica y anticuada. No se tiene que reescribir la historia, se tiene que interpretar y darle un enfoque adaptado a la realidad del siglo XXI. Los datos están en Internet, en los manuales, con escribirlos en algún “buscador” ya aparecen. Las nuevas generaciones están listas para aprender una historia digna del siglo XXI. ¿De qué sirve aprender de memoria toda la cadena de eventos  del siglo XIX si luego no se entiende la importancia de Cádiz o el trauma de la independencia de los territorios de ultramar americanos? Los historiadores no son los que saben de historia, son los que interpretan la historia.

Wikipedia pasó de ser la enemiga de los historiadores hasta llegar a ser su mayor aliada —en lo que a datos se refiere— cuando esta página web ganó rigor y prestigio. Aún quedan más de ocho décadas de siglo XXI y es tarea de los historiadores encargarnos de producir a nuestros herederos de profesión una Historia, junto a sus disciplinas, saneada, rigurosa y lista para que sea interpretada y adaptada a los nuevos tiempos.

Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Santiago de Compostela. Autor: Zarateman

Fuentes:

Aurell, J. La escritura de la memoria. De los positivismos a los posmodernismos. 2005

Burke, P. Formas de hacer historia. 1993

Carr, E. H. ¿Qué es la historia?. 2010

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Ignasi Vidal

Historiador contemporáneo. Especializándome en liberalismo y nacionalismo del siglo XIX. Siempre dispuesto a ser crítico y criticado para mejorar.

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