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Los últimos días de Otto von Bismarck

La muerte del "Canciller de Hierro" (30 de julio de 1898)

Los últimos meses de vida del famoso estadista alemán Otto von Bismarck fueron completamente opuestos a lo que había vivido anteriormente.

Bismarck, que se había convertido casi en una leyenda, había sido un modelo a seguir para los políticos de su época, pero pasó los últimos años de su vida aislado en su Palacio Friedrichsruh en una foto de 1884. Incluso se podría decir que murió prácticamente solo.

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Palacio Friedrichsruh en una foto de 1884

El kaiser Guillermo y Bismarck

Bismarck, que había estado al servicio de Guillermo I (1871-1888), luego de su heredero Federico III (1888) y finalmente de Guillermo II (desde 1888) fue “invitado” a dejar la política por este último monarca. Ambas personalidades habían chocado estando en diferentes visiones de la política del nuevo Imperio Alemán, lo que fue el principal motivo de la dimisión del canciller.

El emperador, además, envidiaba su popularidad y el hecho de que la nación lo adorara, incluso cuando no era ya una figura pública. En enero de 1894, hubo una especie de reconciliación simbólica entre ambos, pero realmente no cambió nada, incluso Guillermo II se volvió aún más arisco hacia él, al ver a las multitudes vitoreando a su ex canciller durante el acto.

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Otto von Bismarck (1815-1898) y el Kaiser Guillermo II (1859-1941) Emperador de Germany y Rey de Prusia (1888-1918). foto de Ken Welsh

Por otro lado, el mismo Bismarck, solía referirse a su emperador como “niño estúpido”. Evidentemente, la aversión se extendió a las familias de ambos. Y así, tras la muerte del “Canciller de Hierro”, El 2 de agosto de 1898, el odiado Hohenzollern vino a saludar y despedirse de uno de los artífices de la unificación alemana, la familia del fallecido hizo cerrar el ataúd. El emperador se vio ante un ataúd cerrado y Bismarck le “hizo un feo”  a Guillermo una última vez desde el más allá.

Bismarck en Friedrichsruh

Desde el momento en que se retiró de la vida pública, se mudó a una finca en Friedrichsruh. Sin embargo, no dejó de comentar la actualidad política y escribió sus memorias en un libro que se publicaría en tres volúmenes “Gedanken und Erinnerungen”.

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“Gedanken und Erinnerungen”

El último volumen se publicaría solo después de la muerte del emperador Guillermo II, ya que contenía reflexiones sobre las circunstancias que propiciaron la renuncia de Bismarck y su visión personal del gobernante. Sin embargo, el editor decidió publicar el último volumen en 1921, creyendo que, dado que el emperador había abdicado el 9 de noviembre de 1918 (poco antes de la derrota del imperio alemán en la Primera Guerra Mundial), el libro ya no le haría daño.

Las penas de Bismarck

Bismarck ahogó sus penas en comer y beber, algo de lo que ya había abusado a lo largo de su vida. También se quejaba de varias dolencias, como dolores crónicos de estómago, que aliviaba con el opio.

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Otto Fürst von Bismarck, primer canciller del Imperio Alemán de 1871 a 1890. (akg-images / Historical Eye / Keystone)

Cuando esposa murió en noviembre de 1894, el ex-canciller desapareció por completo de la vida pública y cortó todos los contactos sociales. Comenzó a caer en malos hábitos cada vez más. Algunos de los partes de su médico personal de aquel año fueron publicados en el libro que el historiador aleman Lothar Machtan le dedicó a Bismarck (“Bismarcks Tod und Deutschlands Tränen”):

Se ha distanciado un poco del café, pero consume más alcohol. Recientemente, por ejemplo, cuando se levanta a las 11 de la mañana y siente tristeza, se come 3 huevos con coñac, luego champán y una copa de grog. Todo esto antes del desayuno, que tiene lugar a las 12, y consiste en 10 cosas diferentes

La muerte de su compañera de vida, aquella que incluso le había perdonado sus romances con otras mujeres (como el que tuvo con Katharina Orloff) terminó por romper a Otto von Bismarck. Afligido, mental y físicamente agotado, el primer canciller de Alemania ya no tiene ganas de vivir. Ya en 1897, el médico descubrió que Bismarck, de 82 años, tenía el comienzo de un tipo de fascitis necrosante (no lo busquéis en google porque es bastante desagradable.Sin embargo, este diagnóstico no cambió su estilo de vida.

El secreto desvelado de la salud del Canciller de Hierro

Nadie en Alemania conocía el estado de salud real de Bismarck. Ni siquiera el Emperador estaba al tanto de este rápido deterioro de salud, aunque la prensa llevaba desde 1890 sacando noticias sobre su muerte, aunque siempre se desmentían.

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Otto von Bismarck con familiares y amigos en 1890. (Scherl / Süddeutsche Zeitung Photo / Keystone)

El caso es que, hacia junio de 1898, su condición no dejaba hueco a la esperanza, una de las más grandes personalidades del siglo XIX se desvanecía lentamente. Solo los familiares más cercanos tenían conocimiento de este hecho, y estaban atentos a que esta información no saliera de su círculo. Sin embargo, esto no fue del todo exitoso.

Dos fotógrafos, Max Priester y Willy Wilcke sobornaron a un guardia forestal de Friedrichsruh, un hombre llamado Louis Spörcke, contratado por el propio Bismarck. Este les informó sobre la salud de su “patrón”, con esta información querían hacerse ricos y famosos, pero necesitaban una fotografía ¿La consiguieron?

La muerte de Bismarck

El, más que historiador, erudito sobre la historia de Alemania de los últimos dos siglos Eberhard Kolb, en su estudio “Bismarck” describió los últimos momentos del personaje:

El 30 de julio de 1898, Bismarck no pudo levantarse ni a comer. Según su hijo Herbert, a las 6 de la tarde llegó el médico Rudolf Chrysander y le dio al paciente un huevo mezclado con coñac. Cuando le susurró a su pupilo qué era, cogió el vaso, y exclamó:

“¡Adelante!”

Estas fueron las últimas palabras que se escucharon de los labios de este gran político. A última hora de la noche, el moribundo abrió el ojo izquierdo. Según su hijo, no estaba nublado ni ausente, sino que parecía lejano. A las 10:57 p.m., después de una larga pausa, Bismarck exhaló su último aliento.

Su muerte puso fin así a su larga vida, pero su mito aún estaba por nacer. La familia aisló la propiedad de Friedrichsruh del mundo. El cuerpo del difunto se preparó adecuadamente para que se viera como en su apogeo.

Sin embargo, incluso a pesar de este procedimiento, pocas personas vieron el cadáver del “Canciller de Hierro”. La imagen que se le dio al público fue digna y elegante. Incluso se le encargó un dibujo a Emanuel Grosser, en el que Bismarck parece estar durmiendo plácidamente sobre sábanas limpias y sosteniendo un ramo de flores en la mano.

El ataúd con el cuerpo fue transportado al mausoleo familiar de Schneckenberg, el 16 de marzo de 1899. 6 meses después de su muerte, sus restos mortales descansaron junto a su amada Johanna.

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El dibujo de Emanuel Grosser

La fotografía de Bismarck en su lecho de muerte

Todo cumplió con los requisitos de una muerte digna de un gran hombre. Todo menos un pequeño detalle. El 2 de agosto apareció un anuncio en el diario:

Para la única imagen existente de Bismarck en su lecho de muerte, fotografías tomadas pocas horas después de su muerte, se buscan imágenes originales, un comprador o editor adecuado

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El famoso anuncio. “La oferta podrá presentarse en el Hotel de Rome de 10 a 13 h.”

¿Recordáis a los fotógrafos y el guarda? Pues resulta que el propio guarda, que sabía cual era la habitación del ex-canciller, aquella misma noche abrió la ventana donde yacía el difunto, a través de la cual Max Priester y Willy Wilcke se colaron en la habitación, con la suerte (para ellos) de que Bismarck acababa de morir pocas horas antes. Aunque el termino “paparazzi” no estaba acuñado, sin duda, el oficio ya se ejercía como vemos.

La imagen era muy comprometedora y no se ajustaba al mito del gran estadista. El cadáver yacía en un remolino de almohadas y edredones. La cabeza estaba ceñida con una banda sucia alrededor del cuello, que probablemente cubría heridas y tejido muerto. Un pañuelo enorme y colorido en la mano y un orinal junto a la cama. No había rastro de su antigua gloria que irradió durante su vida. Solo era un anciano enfermo que acababa de fallecer.

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Otto von Bismarck muerto en su cama el 31 de julio de 1898.

Este giro de los acontecimientos fue inaceptable para la familia von Bismarck. Por supuesto, se tomaron las medidas adecuadas de inmediato. La identidad de los posibles vendedores se estableció rápidamente, los negativos fueron confiscados el 4 de agosto, incluso antes de tener una orden judicial.

Al día siguiente, se registraron los apartamentos de los fotógrafos. Sin embargo, esto no fue suficiente para la familia del fallecido, quienes se propusieron el objetivo de acabar con ellos. Tras largos juicios, los acusados ​​fueron condenados a prisión, incluso el guarda:

Sporcke, perdió su puesto de guardabosques y cumplió 5 meses de cárcel; 8meses para Willy Wilcke junto con la pérdida de su título de fotógrafo de la corte y 5 meses para Max Priester. ¿Querían dinero y fama? Pues ganaron el rechazo y el desprecio de toda una sociedad. Max Priester no pudo soportar tal presión y murió con 45 años en un psiquiátrico, sobre Wilcke, que tenía una una pequeña tienda en Hamburgo solamente se sabe que tuvo que cerrarla y acabó en la ruina.

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Max Priester (izquierda). Willy Wilcke (derecha)

¿Por qué se conoce entonces la fotografía confiscada?

Los negativos, y por lo tanto la fotografía, pasó a ser propiedad de la familia, desapareciendo en la caja fuerte de los Bismarck.

Pero un asistente de fotografía llamado Otto Reich, ya había hecho una copia. Esa copia pasó al historiador del arte Lovis H. Lorenz, el cual entregó la fotografía al Instituto de Educación del Estado de Hamburgo, que guardó la imagen en su propia colección.

De aquella copia salió una publicación en 1952, en las páginas del Frankfurter Illustrierte, con el título “Una imagen cautivadora de la majestad de la muerte”.

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Frankfurter Illustnerte, 1952: la revista fue la primera en publicar la fotografía de Bismarck confiscada.

Lo que había sido un escándalo en 1898 apenas pudo crear un revuelo tras la Segunda Guerra Mundial. Paradójicamente, la imagen del canciller muerto ayudó a mantener su recuerdo, incluso acercar el legendario canciller a la gente. La fotografía demostró que Bismarck también había muerto de una manera normal, como cualquier otro hombre.

Monumento a Bismarck en Hamburgo
Monumento a Bismarck en Hamburgo (detalle)

Fuente
Machtan, Lothar. Bismarcks Tod und Deutschands Tränen: Reportage einer Tragödie (Edición alemana)Kolb, Eberhard. Bismarck. H Beck , 4 de marzo. 2014. (edición alemana)Holländer, Katarina. Wo Deutschland stirbt. Artículo para "Republik.ch" (2019).Historia de la fotografía / Diccionario de FotógrafosMachtan, Lothar. Kaisersturz: Vom Scheitern im Herzen der Macht 1918 (Edición alemana)

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