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Himmler en Toledo: la búsqueda nazi de reliquias entre la historia y la leyenda

El 21 de octubre de 1940, una comitiva de uniformes negros entró en Toledo por la Puerta de Bisagra. La ciudad había sido engalanada con banderas españolas y alemanas. Una centuria de Falange esperaba formada, sonó la música y Heinrich Himmler, jefe de las SS y de la policía del Tercer Reich, pasó revista antes de internarse en las calles de la antigua capital visigoda.

Pocas horas después caminaba entre las ruinas del Alcázar junto al general José Moscardó. Las fotografías han conservado la escena: arcos quebrados, escombros, oficiales alemanes y españoles y, en el centro, uno de los hombres más poderosos del régimen nazi escuchando la explicación del edificio convertido en mito.

Heinrich Himmler y su comitiva ante una formación junto a la entrada lateral del Ayuntamiento de Toledo en 1940
Himmler y su comitiva junto a la entrada lateral del Ayuntamiento de Toledo, 21 de octubre de 1940. Fotografía Rodríguez / Fondo Rodríguez, Archivo Histórico Provincial de Toledo.

Pero Toledo era mucho más que el Alcázar.

Era la ciudad de los reyes godos, de las coronas enterradas, de la cámara que nadie debía abrir, de la Cueva de Hércules y de la Mesa de Salomón. ¿Fue Himmler únicamente a contemplar monumentos y ruinas de guerra? ¿O había detrás de su recorrido una búsqueda distinta?

La respuesta obliga a caminar con cuidado. La presencia de Himmler en Toledo está sólidamente documentada por la prensa, los archivos y las fotografías. También está probado su interés por la arqueología visigoda y su relación con la Ahnenerbe, la organización de las SS que utilizó el estudio del pasado para sostener la ideología racial nacionalsocialista. Lo que no ha aparecido, al menos hasta ahora, es una orden, un diario o un informe que demuestre que aquel día buscó materialmente la Mesa de Salomón, el Arca de la Alianza o cualquier otra reliquia bajo las calles toledanas.

Entre ambos extremos —el viaje real y la búsqueda no demostrada— se abre una historia mucho más interesante que una leyenda repetida sin pruebas.

Representación artística de la visión del Santo Grial por los caballeros Galahad, Bors y Percival
The Attainment: The Vision of the Holy Grail, de Edward Burne-Jones, 1891-1894. Representación artística de la leyenda del Grial, sin relación documental con el itinerario toledano de Himmler. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

21 de octubre de 1940: Himmler entra en Toledo

Himmler había llegado a España el 19 de octubre. El viaje tuvo una evidente dimensión diplomática: el régimen de Franco se encontraba en pleno acercamiento a las potencias del Eje y faltaban apenas dos días para la entrevista de Hendaya entre Franco y Hitler. Al responsable de las SS le interesaba estrechar la cooperación entre los aparatos policiales alemán y español; a las autoridades franquistas les interesaba exhibir la amistad con una Alemania que parecía dominar Europa.

La versión pública, sin embargo, se envolvió en recepciones, homenajes y visitas culturales.

Después de Madrid y El Escorial llegó el turno de Toledo.

Las crónicas del 22 de octubre permiten seguir la jornada casi al detalle.

La comitiva salió de Madrid hacia las once, atravesó localidades, como Illescas, adornadas con banderas de España y del Reich y fue recibida por las autoridades antes de llegar a la capital. En la Puerta de Bisagra aguardaban las representaciones oficiales, una centuria de Falange con bandera y música y miembros de la Sección Femenina. La entrada de Himmler fue un acto propagandístico cuidadosamente preparado.

La puerta, la Catedral, Santo Tomé, el Alcázar y la Cueva de Hércules pueden situarse en nuestro mapa de Toledo con sus principales lugares históricos.

Las imágenes conservadas en el Fondo Rodríguez del Archivo Histórico Provincial de Toledo muestran después a la comitiva en la plaza del Ayuntamiento. La Catedral aparece al fondo mientras las autoridades, los militares y los oficiales de las SS cruzan uno de los escenarios más reconocibles de la ciudad.

Heinrich Himmler pasa revista a las tropas a su llegada a Madrid en octubre de 1940
Himmler pasa revista a las tropas en la Estación del Norte de Madrid, octubre de 1940. Autor desconocido / Bundesarchiv, Bild 183-2005-0601-501. CC BY-SA 3.0 DE.

La Catedral, Santo Tomé y el Alcázar

Las crónicas de la jornada sitúan a Himmler en la Catedral, en Santo Tomé ante El entierro del señor de Orgaz y, finalmente, en el Alcázar. Aquella selección reunía tres imágenes distintas de Toledo: la sede primada, una de las grandes obras del Greco y la ruina militar que el franquismo quería convertir en santuario tras su destrucción en el asedio de 1936.

En el Alcázar fue recibido por el general Moscardó, líder de la defensa del Alcázar. Fue él mismo quien explicó las efemérides de aquellos combates y mostró el recinto al visitante. En las fotografías pueden identificarse, además de Himmler y Moscardó, al oficial de las SS Karl Wolff y al arqueólogo español Julio Martínez Santa-Olalla.

Heinrich Himmler visita el Alcázar de Toledo acompañado por el general Moscardó en octubre de 1940

Himmler durante la visita al Alcázar de Toledo, acompañado por el general Moscardó, octubre de 1940. Autor desconocido / Bundesarchiv, Bild 183-2005-0601-500. Licencia CC BY-SA 3.0 DE.

Esa última presencia resulta fundamental. Santa-Olalla no era un acompañante casual. Hablaba alemán, ocupaba la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas y había sido incorporado al séquito por el Ministerio de Asuntos Exteriores. En Toledo pudo actuar como intérprete y, sobre todo, como especialista capaz de explicar el pasado visigodo de la ciudad a un visitante obsesionado con los pueblos germánicos.

La comitiva regresó a Madrid ese mismo día.

La documentación conocida reconstruye una visita intensa pero breve. No menciona una excavación, una entrada en la Cueva de Hércules ni una inspección de criptas o archivos secretos…

El arqueólogo que acompañaba a Himmler

Para comprender qué podía interesar a Himmler en Toledo hay que detenerse precisamente en Julio Martínez Santa-Olalla. Su trayectoria une la visita de 1940 con la colaboración arqueológica desarrollada después entre instituciones del primer franquismo y la Alemania nazi.

Heinrich Himmler con Julio Martínez Santa-Olalla y José Moscardó entre las ruinas del Alcázar de Toledo en 1940
Himmler recorre las ruinas del Alcázar de Toledo con el general José Moscardó. Entre ambos, en segunda fila y con la cabeza descubierta, aparece el arqueólogo Julio Martínez Santa-Olalla; a la derecha de la imagen completa camina Karl Wolff. 21 de octubre de 1940. Foto Vidal / Agencia EFE.

Santa-Olalla había enseñado en la Universidad de Bonn entre 1927 y 1931, conocía bien el ambiente académico alemán y se convirtió en una figura central de la arqueología española de posguerra. Falangista y germanófilo, entendía la arqueología como una disciplina estrechamente ligada a la construcción ideológica del nuevo Estado.

El historiador de la arqueología Francisco Gracia Alonso ha reconstruido sus relaciones con la Ahnenerbe mediante documentación del Archivo General del Ministerio de Asuntos Exteriores, el Archivo del Museo Arqueológico Nacional, el Museo de San Isidro y el Bundesarchiv. Su investigación demuestra que el contacto no fue una fantasía posterior: Santa-Olalla mantuvo relaciones personales y científicas con responsables de las SS, entre ellos Wolfram Sievers, Walther Wüst y Herbert Jankuhn.

La visita de Himmler reforzó ese vínculo. En diciembre de 1940, Santa-Olalla viajó a Alemania invitado por el propio Reichsführer para estudiar fórmulas de colaboración y conocer instituciones arqueológicas vinculadas al régimen nazi. Llegó a proyectarse en España un organismo falangista inspirado en la Ahnenerbe, aunque no terminó materializándose tal como había sido imaginado.

La Ahnenerbe no era una sociedad de aventureros

La cultura popular ha convertido a la Ahnenerbe en una especie de orden de buscadores de tesoros sobrenaturales. Esa imagen contiene un fragmento de verdad, pero puede ocultar lo esencial.

Creada en 1935 e incorporada al universo de las SS, la organización promovió expediciones, excavaciones, estudios lingüísticos, etnográficos y prehistóricos con un objetivo político: fabricar un pasado que confirmara la supuesta antigüedad y superioridad de una raza germánica. Hubo mitología, esoterismo y búsquedas extravagantes, pero también arqueología institucional, propaganda racial, apropiación cultural y crímenes.

Su director administrativo, Wolfram Sievers, terminó condenado en Núremberg por su participación en experimentos y proyectos criminales con seres humanos. La arqueología de la Ahnenerbe no puede separarse de la maquinaria política y represiva a la que pertenecía.

España ofrecía varios campos de interés. Antes de la guerra ya se habían estudiado pinturas rupestres peninsulares. Más adelante aparecieron proyectos relacionados con los antiguos habitantes de Canarias y con la fantasía de encontrar vestigios de creencias «arias» primitivas. Pero la colaboración más concreta con Santa-Olalla se centró en algo mucho menos cinematográfico y, a la vez, mucho más revelador: una necrópolis visigoda.

Castiltierra: la excursión que la lluvia impidió

El programa oficial de Himmler incluía para el 22 de octubre de 1940 una visita a las excavaciones de Castiltierra, en Segovia. El yacimiento contenía centenares de tumbas de época visigoda y ofrecía a los ideólogos nazis un material idóneo para sostener la conexión entre la Hispania visigoda y las migraciones germánicas.

Fíbulas visigodas de los siglos V y VI procedentes de la necrópolis de Castiltierra

Fíbulas visigodas de Castiltierra, de los siglos V-VI, hoy en el Germanisches Nationalmuseum de Núremberg. Fotografía: Völkerwanderer. CC0, vía Wikimedia Commons.

Santa-Olalla ordenó preparar el lugar con urgencia.

El catálogo del Museo Arqueológico Nacional explica que durante una breve campaña se dejaron decenas de sepulturas visibles para recibir a la delegación. Treinta trabajadores participaron durante tres días en aquella operación, financiada por José Finat, conde de Mayalde y director general de Seguridad.

Himmler nunca llegó. La lluvia intensa y lo apretado del itinerario obligaron a cancelar la excursión.

El episodio es importante porque enseña qué búsqueda arqueológica está realmente documentada.

No era una expedición a una cámara sobrenatural: era la utilización política de restos humanos y ajuares funerarios para construir una genealogía racial. En los años siguientes se enviaron objetos de Castiltierra a Alemania para su estudio y restauración. Parte de aquel conjunto sufrió después una historia compleja de dispersión, pérdida y retorno.

La realidad, en este punto, supera a la ficción de otro modo: mientras no existe prueba de que las SS extrajeran una reliquia de un subterráneo toledano, sí existe una huella documental de materiales arqueológicos españoles que viajaron hacia instituciones alemanas.

La Dama de Elche y el interés por los visigodos

Al día siguiente de su paso por Toledo, Himmler visitó el Museo del Prado y el Museo Arqueológico Nacional. Las actas del Patronato del MAN recogen su interés por la escultura ibérica y por las colecciones visigodas. Santa-Olalla le regaló un broche visigodo del siglo VI y el conde de Mayalde le entregó una reproducción de la Dama de Elche.

Este detalle ha generado otro equívoco. La Dama original seguía entonces en Francia y no regresó a España hasta 1941. Himmler no contempló en Madrid la escultura auténtica, sino una reproducción, como ya explicamos en nuestro artículo sobre Himmler y la Dama de Elche.

Himmler junto a Santaolaya visitando el Museo del Prado y el Museo Arqueológico

La secuencia Toledo-MAN-Castiltierra dibuja un interés coherente. Himmler no contemplaba el reino visigodo como un capítulo exclusivamente español, sino como una parte aprovechable de la gran narración germánica que las SS pretendían apropiarse. Toledo, antigua urbs regia, era el escenario perfecto para esa lectura.

¿Buscó Himmler la Mesa de Salomón en Toledo?

Esta es la pregunta que ha convertido la visita en un episodio de misterio. También es el punto en el que las fuentes obligan a distinguir con precisión.

Grabado de Maarten van Heemskerck que representa a Salomón durante la construcción del Templo de Jerusalén
Salomón dirige la construcción del Templo, grabado de Maarten van Heemskerck, 1554. La imagen evoca el ciclo legendario de la Mesa de Salomón, no el aspecto de un objeto histórico identificado. The Metropolitan Museum of Art, CC0, vía Wikimedia Commons.
Lo que está documentado Lo que puede interpretarse Lo que no está probado
Himmler estuvo en Toledo el 21 de octubre de 1940 y visitó la Catedral, Santo Tomé y el Alcázar. La condición de Toledo como capital visigoda encajaba con sus intereses ideológicos y arqueológicos. Que descendiera a la Cueva de Hércules o inspeccionara subterráneos.
Le acompañó Santa-Olalla, arqueólogo conectado después con la Ahnenerbe. Santa-Olalla pudo explicarle la importancia del reino visigodo y sus vestigios. Que existiera una orden para buscar la Mesa de Salomón, el Arca de la Alianza o el Grial en Toledo.
En el MAN mostró interés por objetos visigodos y recibió un broche de esa época. Las leyendas sagradas de Toledo pudieron resultarle sugerentes. Que las SS realizaran una excavación secreta en la ciudad durante aquella visita.

Hasta ahora no se ha localizado en los programas, crónicas periodísticas, actas museísticas o correspondencia estudiada un documento que atribuya a Himmler una búsqueda material de la Mesa… ni que preguntase por ella.

Tampoco las fotografías conocidas lo sitúan siquiera ante la Cueva de Hércules.

Entrada actual del espacio arqueológico de la Cueva de Hércules en Toledo
Entrada del espacio arqueológico conocido como Cueva de Hércules. Bajo este nombre se conservan estructuras hidráulicas romanas, sobre las que se superpuso la leyenda de la cámara prohibida del rey Rodrigo. Fotografía: Eunostos, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

Esto no demuestra que jamás oyera hablar de la leyenda. Toledo llevaba siglos contándola y su acompañante conocía la arqueología de la ciudad. Demuestra algo más limitado: no podemos convertir una posibilidad narrativa en un hecho histórico.

El gran estudio sobre el sistema hidráulico romano de Toledo publicado por Fernando Aranda Gutiérrez, Jesús Carrobles Santos y José Luis Isabel Sánchez dedica un extenso capítulo a la formación de la leyenda de la Cueva de Hércules. Los autores muestran cómo las narraciones fueron transformándose: primero aparece una casa cerrada; después un palacio maravilloso; finalmente, una cueva bajo la ciudad.

En una de las tradiciones más antiguas se hablaba de dos edificios. La Casa de los Reyes conservaba las coronas de los monarcas visigodos. Junto a ella existía otra casa clausurada con veinticuatro candados, uno por cada soberano que había respetado la prohibición de abrirla.

Rodrigo rompió la cadena. Dentro encontró figuras de guerreros árabes y una profecía: cuando la cámara fuese abierta, hombres con aquel aspecto conquistarían el reino. La historia convertía la caída de 711 en el resultado de una transgresión, de una puerta que nunca debió forzarse.

En el Libro de los caminos y de los reinos, compuesto por Ibn Khordadbeh en el siglo IX, la Mesa de Salomón aparece junto a las coronas en la Casa de los Reyes. Otras versiones sustituyeron esos objetos por un arca que contenía los cuatro Evangelios. La tradición vinculada al llamado moro Rasis relacionó después el edificio con Hércules y lo revistió de una arquitectura imposible.

No existe, por tanto, una única Mesa ni una narración estable.

Según la fuente puede ser mesa, tabla, espejo o pieza del tesoro del Templo de Jerusalén. Su lugar de hallazgo también varía. La leyenda fue creciendo a medida que pasaba de cronistas árabes a la historiografía cristiana y de esta a la literatura moderna.

La Cueva de Hércules no era una cámara de tesoros

La conocida como Cueva de Hércules existe, pero su realidad arqueológica es distinta. Se encuentra bajo el callejón de San Ginés y forma parte de una gran estructura hidráulica romana. La investigación la ha interpretado como un depósito relacionado con el abastecimiento de agua de Toletum.

Estructura hidráulica romana conocida como Cueva de Hércules bajo Toledo

Interior de la Cueva de Hércules, la estructura hidráulica romana sobre la que crecieron las leyendas de la cámara sellada. Fotografía: Carlos Delgado. CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

La potencia de sus muros, su profundidad y la pérdida progresiva de la memoria sobre su función favorecieron la aparición de relatos. Cuando una infraestructura romana dejó de entenderse, la imaginación llenó el vacío con reyes, guardianes, candados y profecías.

Quien quiera recorrer hoy la otra ciudad que existe bajo Toledo puede continuar en nuestro reportaje sobre las cuevas y subterráneos de Toledo, donde reunimos baños, aljibes, galerías y espacios visitables.

En 1940 la Cueva ya era célebre como lugar legendario. Sin embargo, ni la crónica del recorrido de Himmler ni el material fotográfico consultado acreditan su presencia allí. La escena del Reichsführer descendiendo con una antorcha hacia la Mesa de Salomón pertenece, por ahora, a la novela y al cine.

Representación de sacerdotes transportando el Arca de la Alianza a través del Jordán
The Ark Passes Over the Jordan, de James Tissot, hacia 1896-1902. Imagen iconográfica del Arca de la Alianza; no documenta ninguna búsqueda nazi en Toledo. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Montserrat: el precedente que alimenta la sospecha

Dos días después de Toledo, Himmler visitó Montserrat.

Allí la relación con el Santo Grial tiene una base más firme, aunque también necesita matices. El interés nazi por vincular la montaña con el Montsalvat de la tradición del Grial aparece en la documentación cultural germano-española; en mayo de 1941, durante la inauguración del Instituto Alemán de Cultura en Madrid, Theodor Heinermann pronunció una conferencia dedicada precisamente al Grial y a las tradiciones de Montserrat.

Los recuerdos posteriores del monje Andreu Ripol, que acompañó a Himmler por el monasterio, añadieron las preguntas del visitante sobre documentos y lugares relacionados con la reliquia. Es un testimonio valioso, pero recogido mucho después de los hechos y distinto de una orden oficial conservada en un archivo.

Montserrat explica por qué la hipótesis toledana resulta tan seductora.

Si Himmler preguntó por el Grial en Cataluña, ¿por qué no iba a interesarse por la Mesa de Salomón en Toledo? La lógica psicológica es comprensible; la demostración histórica exige algo más. Hasta que aparezca un documento equivalente, ambos episodios no deben presentarse con el mismo grado de certeza.

Visita a Montserrat

Lo que los nazis buscaban realmente en el pasado español

La cuestión quizá esté mal planteada si reducimos «buscar» a excavar un tesoro. Himmler y su entorno buscaban objetos, sí, pero buscaban sobre todo un relato.

En la arqueología visigoda pretendían reconocer una expansión germánica capaz de conectar España con la historia racial imaginada por el nacionalsocialismo. En las culturas antiguas de Canarias exploraban supuestas supervivencias arias. En las pinturas rupestres rastreaban símbolos útiles para construir una prehistoria europea compatible con sus dogmas.

Toledo ofrecía una concentración extraordinaria de materiales narrativos: había sido capital del reino visigodo, conservaba el recuerdo de concilios y reyes, poseía un tesoro áureo descubierto en sus inmediaciones (Guarrazar) y mantenía leyendas sobre una cámara sellada que guardaba tesoros, Evangelios y objetos llegados de Jerusalén.

Puede que nadie necesitara señalar una reliquia concreta para que la ciudad resultara irresistible. El verdadero botín ideológico era poder presentar aquel pasado como una rama de la historia germánica.

Las leyendas urbanas que crecieron alrededor de la visita

La memoria popular ha convertido las horas que Himmler pasó en Toledo en una expedición secreta bajo la ciudad.

Según las versiones que circulan en libros de misterio, prensa y relatos locales, el jefe de las SS habría llegado siguiendo la pista de la Mesa de Salomón, del Arca de la Alianza, de una manifestación toledana del Santo Grial o de un tesoro visigodo escondido en galerías comunicadas con la Cueva de Hércules; las variantes más elaboradas aseguran incluso que Santa-Olalla le mostró mapas de subterráneos, que una cámara sellada fue abierta para la comitiva o que algún objeto terminó camino de Alemania.

Ninguna de esas escenas aparece en el programa oficial, en las crónicas de octubre de 1940, en la documentación conocida de la Ahnenerbe ni en el archivo de Martínez Santa-Olalla.

Himmler visitó la Catedral, Santo Tomé y las ruinas del Alcázar; Santa-Olalla lo acompañó e hizo de intérprete; ambos compartían un interés ideológico por la arqueología visigoda y por la construcción de un pasado germánico. La leyenda nació al fundir esos hechos con el viaje de Himmler a Montserrat y con un ciclo narrativo toledano mucho más antiguo: la casa cerrada por sucesivos reyes, la cámara que don Rodrigo se atrevió a abrir, la Mesa de Salomón y las galerías de la Cueva de Hércules…

Lo que sí es cierto es que Toledo terminó convirtiéndose en el escenario perfecto para imaginar cualquier cosa.

Vista y plano de Toledo de El Greco._Museo del Greco
Vista y plano de Toledo de El Greco._Museo del Greco

Fuentes y bibliografía

Fuente académica principal: GRACIA ALONSO, Francisco, «Relations between Spanish Archaeologists and Nazi Germany (1939–1945): A preliminary examination of the influence of Das Ahnenerbe in Spain», Bulletin of the History of Archaeology, 18(1), 2008, pp. 4-24. DOI: 10.5334/bha.18102.

ARANDA GUTIÉRREZ, Fernando; CARROBLES SANTOS, Jesús; ISABEL SÁNCHEZ, José Luis, El sistema hidráulico romano de abastecimiento a Toledo, Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, Diputación de Toledo, 1997. Ficha y texto en Dialnet.

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NICOLÁS COLLADO, Alberto Javier, La Ahnenerbe en España 1940-1945, Editorial EAS, 2021.

GRACIA ALONSO, Francisco, La arqueología durante el primer franquismo (1939-1956), Bellaterra, 2009.

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RIQUER, Jeneze, «La Mesa del rey Salomón», Centro Virtual Cervantes, 2011. Consultar artículo.

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GONZÁLEZ GONZÁLEZ, Alberto; VEGA HIDALGO, Carlos, «Toledo, destino turístico de guerra y posguerra. Transformaciones de una ciudad», en Miradas al pasado, miradas al presente. Nuevos horizontes de la historiografía contemporánea, actas del XVI Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea, 2024.

Archivo Histórico Provincial de Toledo, Fondo Rodríguez; Archivo del Museo Arqueológico Nacional, Libro 1 de actas del Patronato (1939-1944); Archivo del Museo de San Isidro, Fondo Martínez Santa-Olalla; Archivo General del Ministerio de Asuntos Exteriores, programa de la visita de Himmler a España.

ABC, 22 y 23 de octubre de 1940; El Alcázar, información sobre la visita a Toledo, octubre de 1940; Biblioteca Virtual de Prensa Histórica y Hemeroteca del Archivo Municipal de Toledo.

RUIZ MANTILLA, Jesús, «El álbum de Himmler en España», El País Semanal, 4 de noviembre de 2015. Consultar reportaje.

LONGERICH, Peter, Heinrich Himmler: A Life, Oxford University Press, 2012.


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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, autor de "La Segunda Columna" (Ed.Edaf), director de este proyecto e Historiador del Arte (UNED). Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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