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La Pobla d’Ifac vuelve a excavarse: buscan la muralla perdida de la ciudad medieval de Calp

La Pobla d’Ifac obliga a mirar de otro modo. Hay que subir por la ladera del Penyal d’Ifac y seguir el dibujo de los muros entre los pinos. Frente al Mediterráneo no existió un castillo aislado, sino una pequeña ciudad fortificada creada para reunir población, administrar un señorío y proteger un territorio de la Corona de Aragón.

Este septiembre, el MARQ ha iniciado su XXI campaña arqueológica en el yacimiento de Calp. La pregunta que lleva al equipo al extremo oriental de la Pobla es muy concreta: ¿por dónde continuaba el recinto amurallado una vez rebasado el ábside de la iglesia Beata Santa María de Ifach?

La formulación importa. Los arqueólogos no han descubierto todavía una nueva muralla. Han comenzado a buscarla. Pero esa búsqueda puede completar el plano de un recinto cuya vida fue breve —poco más de un siglo— y cuya historia sigue emergiendo por partes.

Vuelven las excavaciones a la Pobla d’Ifac

La campaña presentada por la Diputación de Alicante el 15 de septiembre se integra en el nuevo Plan General de Investigación de la Pobla d’Ifac para 2026-2029. Dirigida por el arqueólogo José Luis Menéndez, durará un mes y cuenta con un presupuesto de 25.000 euros.

El equipo terminará de delimitar los edificios XV y XVI, continuará el estudio del edificio XIV —interpretado en campañas anteriores como un cobertizo extramuros— y abrirá el sector oriental en busca de la línea defensiva más allá del ábside. El objetivo es completar el plano de una ciudad de la que ya conocemos puertas, torres, residencia señorial, iglesia y necrópolis, pero cuyo límite oriental sigue oculto bajo la ladera.

Una ciudad amurallada bajo el Peñón

La Pobla d’Ifac —también llamada Pobla de Ifach en parte de la documentación— se levantó sobre la vertiente del Peñón, no en su cima. Era una pobla nova: una ciudad nueva y planificada durante los siglos de conquista y reorganización del Reino de Valencia. Esa condición es esencial. El recinto no protegía solo la casa de un señor, sino un núcleo con calles, viviendas, almacenes, iglesia, cementerio y entradas reguladas.

Las investigaciones del MARQ describen un espacio de más de cuatro hectáreas protegido por una línea de muralla superior al kilómetro. La cifra de torres se ha afinado conforme avanza la excavación, pero la idea esencial permanece: Ifac fue una de las fundaciones fortificadas más ambiciosas del litoral valenciano bajomedieval. El gran tómbolo rocoso ofrecía una referencia visual excepcional sobre la costa y la ladera permitía defender accesos difíciles. La relación exacta con los posibles fondeaderos sigue estudiándose; basta saber que el Peñón proyectaba la ciudad sobre un punto de enorme visibilidad mediterránea.

Restos del recinto arqueológico y de un lienzo de muralla de la Pobla d’Ifac, Calp
Recinto arqueológico de la Pobla d’Ifac. Foto: Joanbanjo / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

Roger de Llúria y la fundación de Ifac

El proyecto tuvo una historia más larga que la fórmula «Roger de Llúria fundó Ifac» suele sugerir. Pedro III había ordenado en 1282 establecer una pobla en la ladera del Peñón, pero aquel primer plan parece no haberse materializado. La ciudad que hoy se excava corresponde a una segunda iniciativa vinculada a Roger de Llúria y autorizada por Jaime II a finales de 1297 o en 1298. Su casa convirtió el castrum de Calp en el centro de una concentración de colonos cristianos de Calp, Benissa y Teulada: una consecuencia local de la conquista valenciana de Jaime I, pero una fundación de nueva planta, no la continuación de un núcleo andalusí previo.

Roger murió en 1305, cuando la ciudad estaba todavía en obras. La historia de Ifac continuó con Saurina d’Entença y, después, con Margarita de Llúria i Entença. A ella se atribuye el impulso de la iglesia de Beata Santa María en la primera mitad del siglo XIV. Esa continuidad familiar explica por qué la Pobla terminó reuniendo defensa, administración, vida doméstica y representación religiosa en un mismo recinto.

Cómo eran las defensas de la Pobla

Una muralla medieval no era una pared colocada al borde de una ciudad. Era un sistema. En Ifac, los lienzos se adaptaban a la pendiente, las torres sobresalían para ampliar el campo de visión y cubrir los tramos de muro contiguos, y el camino de ronda permitía a los defensores desplazarse por el perímetro.

La fortificación tenía, por tanto, una doble función. Hacia fuera protegía el asentamiento y dificultaba un asalto directo; hacia dentro organizaba el tránsito de personas y mercancías. El control militar y el control fiscal se encontraban en el mismo punto: la puerta.

Las puertas que controlaban la ciudad

La Puerta del Norte era la entrada principal y el mecanismo defensivo más complejo conocido hasta ahora: reunía tres puertas consecutivas, una torre de guardia, un corredor cubierto, una cámara de seguridad y un espacio relacionado con la aduana. Entrar suponía atravesar varios filtros, bajo observación y sin posibilidad de avanzar en línea recta hacia el interior.

Junto a ese acceso se levantaba la domus domini, el edificio que la investigación identifica como residencia de la Casa de Llúria o de sus representantes. Su posición entre los primeros elementos de la Puerta del Norte no parece casual. La autoridad señorial estaba literalmente instalada en el umbral de la ciudad. El edificio combinaba usos domésticos y de representación; las investigaciones plantean asimismo funciones administrativas, de vigilancia y control del paso.

La Puerta del Oeste era un acceso de menor escala, a distinta cota y vinculado al área residencial. Su recorrido en recodo evitaba una irrupción frontal. Las campañas de 2022 y 2023 documentaron un tramo de muralla y la arcada de esta entrada: hallazgos anteriores que no deben confundirse con una reconstrucción ya ejecutada.

Torre campanario y restos de la iglesia Beata Santa María de Ifach, Calp
Torre campanario y restos de la iglesia de la Pobla d’Ifac. Foto: Joanbanjo / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

Las primeras casas aparecieron en 2025

Durante mucho tiempo, el plano de Ifac estuvo formado sobre todo por los grandes signos del poder: murallas, puertas, iglesia, necrópolis y residencia señorial. En la XX campaña de 2025 aparecieron dos edificios de gran tamaño interpretados como las primeras evidencias arqueológicas claras de viviendas de los habitantes de la Pobla en el siglo XIV. El hallazgo permite colocar en el plano a las familias, los oficios, el almacenaje y las relaciones de vecindad que hicieron funcionar aquella fundación.

Fuera del recinto, el edificio XIV completa ese cuadro. Se identificó como un cobertizo extramuros y su estudio continuará en 2026. No sabemos que desempeñara un único uso; precisamente por eso es valioso. Un espacio cubierto junto a la Puerta del Oeste puede revelar cómo se articulaban las tareas, la circulación y las necesidades económicas que desbordaban la muralla.

Qué buscan los arqueólogos en 2026

El nuevo sector de excavación se abre al este de la Pobla, más allá del ábside de la iglesia Beata Santa María. Allí se busca comprobar si el recinto amurallado continuaba y, en caso de hacerlo, cómo resolvía la pendiente y la relación entre la ciudad y el extremo oriental de la ladera.

Localizar esa continuación permitiría ajustar la extensión real del recinto, entender mejor la secuencia constructiva y saber qué partes de la ciudad quedaban dentro o fuera del muro. Por eso la noticia de septiembre es una excavación que comienza, no una muralla que ha aparecido. La respuesta llegará de los niveles, los cimientos y la relación entre cada estructura.

Restos de la iglesia medieval de Nuestra Señora de los Ángeles en la Pobla d’Ifac
Restos de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles de la Pobla d’Ifac. Foto: Joanbanjo / Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0.

Guerra y abandono de una ciudad que apenas vivió un siglo

La vida de la Pobla fue breve, pero no acabó de una sola vez. Una versión resumida de su historia fija en 1359 un ataque de la flota castellano-genovesa y una destrucción parcial en el contexto de la guerra entre Castilla y Aragón. La investigación arqueológica más reciente obliga a ampliar ese relato: el gran horizonte de destrucción estudiado en varios puntos del yacimiento se ha relacionado con un asedio castellano de 1365, en plena Guerra de los Dos Pedros.

Los documentos de aquel asedio mencionan siete engenys, máquinas de guerra desplegadas contra el castiello de Calp, denominación que entonces podía abarcar el territorio y la ciudad fortificada. Hay restos de incendio, derrumbe y defensa; entre ellos, el famoso grafito de un caballero hallado en la domus, que se ha vinculado con quienes defendieron el enclave.

Pero ni 1359 ni 1365 explican por sí solos el final. Después de los ataques hubo pérdida de población, deterioro de las estructuras y desplazamiento progresivo hacia Calp, Benissa y Teulada. La antigua Pobla dejó de ser el centro desde el que se organizaba el territorio; en torno al cambio de siglo, su función urbana se apagó. El abandono fue un proceso de décadas, no una ciudad arrasada y olvidada en una tarde.

Las defensas que todavía pueden permanecer bajo tierra

La muralla oriental no es una pieza aislada que falte a un puzle turístico. Puede ser la clave para comprender cómo acababa una ciudad que fue al mismo tiempo frontera, señorío, espacio de intercambio y hogar. La ladera del Penyal todavía guarda líneas que el ojo no alcanza a completar: esta campaña no promete una muralla ya encontrada, sino el rastro de una ciudad que aún está aprendiendo a mostrar sus límites.

Fuentes y bibliografía


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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, autor de "La Segunda Columna" (Ed.Edaf), director de este proyecto e Historiador del Arte (UNED). Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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