A tres millas de la costa siciliana y a cuarenta y seis metros de profundidad, un campo de ánforas conserva la silueta económica de un naufragio.
El pecio romano de Mazara del Vallo, fechado de forma preliminar entre los siglos II y I a. C., pertenece a la última etapa de la República romana. No ha aparecido como un barco intacto, más bien como una concentración de carga y elementos navales que todavía debe ser documentada en detalle.
La localización fue comunicada por el Ministerio de Cultura italiano y los Carabinieri para la Tutela del Patrimonio Cultural. Las imágenes muestran centenares de ánforas extendidas sobre el lecho marino, además de dos cepos de ancla de plomo y otra estructura del mismo metal. El yacimiento ofrece una oportunidad excepcional para estudiar la circulación de mercancías en el Mediterráneo tardo-republicano.
Centenares de ánforas, no una cifra cerrada
Algunas noticias han redondeado el cargamento hasta quinientas unidades, pero la cifra exacta deberá esperar al levantamiento arqueológico. En un fondo marino, una misma pieza puede quedar parcialmente cubierta o confundirse con fragmentos de otras; contar exige un modelo preciso de la dispersión y una identificación individual.
La mayoría de las ánforas visibles se ha identificado de forma preliminar como Dressel 1A, una forma producida en áreas de la Italia tirrénica y asociada con frecuencia al transporte de vino. Esa relación tipológica es importante, aunque no demuestra que cada recipiente conserve ese contenido ni permite fijar por sí sola el puerto de salida. El residuo interior, los sellos y las marcas de taller serán los que afinen la historia comercial.

Sicilia en el centro de las rutas republicanas
El extremo occidental de Sicilia se encuentra entre las rutas que enlazaban la península itálica, el norte de África, Cerdeña y las costas de Hispania. Sin conocer el derrotero del barco, el pecio confirma la intensidad del tráfico que atravesaba estas aguas en una época de expansión militar y económica romana.
Las Dressel 1 aparecen en numerosos yacimientos del Mediterráneo occidental y forman parte de un sistema de abastecimiento que dependía de puertos, intermediarios y cargamentos estandarizados.

Los anclajes que pueden explicar el último momento
Los cepos de ancla de plomo son otra pieza esencial.
Su posición puede ayudar a reconstruir si la embarcación intentó detenerse, si perdió los anclajes antes de hundirse o si éstos quedaron asociados al casco al depositarse en el fondo. Sin un plano completo no puede elegirse una de esas posibilidades. En arqueología naval, la orientación de un objeto vale tanto como el objeto mismo.
Otro aspecto importante es la profundidad, que a la vez que protege parte del yacimiento de los movimientos superficiales complica cada operación. Documentar a cuarenta y seis metros exige tiempos de trabajo limitados, coordinación de seguridad y técnicas fotogramétricas. La prioridad inicial es registrar antes de extraer. Un ánfora fuera de su posición puede conservar belleza; el conjunto intacto conserva además la secuencia del naufragio.

Qué deben estudiar las próximas campañas
El reparto de las ánforas sobre el fondo puede conservar la forma aproximada de la estiba y ayudar a estimar las dimensiones del carguero. Los restos de madera, si sobreviven bajo la arena, permitirían estudiar casco y técnicas de construcción. Los análisis de residuos, sellos y pastas cerámicas serán decisivos para comprobar qué contenían los recipientes y dónde se fabricaron.
También habrá que separar el naufragio de los objetos que pudieron llegar al mismo punto en otros momentos. Dos cepos de ancla y una tercera estructura de plomo son indicios navales importantes, pero cada pieza necesita documentarse dentro de su posición antes de reconstruir el último episodio del barco.
El pecio no permite todavía afirmar qué puerto dejó atrás, qué llevaba cada recipiente o cuál fue la causa del hundimiento. Sí revela una carga extensa y bien conservada en un punto estratégico de Sicilia. Sus próximas campañas podrán estudiar restos orgánicos, marcas, maderas y la relación entre las ánforas y los elementos de plomo.
El caso dialoga con otro barco romano localizado en la costa croata y con las ánforas béticas recuperadas a 1.400 metros frente a Formentera. En los tres casos, la carga permite reconstruir rutas y consumos sin confundir una primera identificación con la historia definitiva del barco. Cada naufragio es un archivo cerrado por accidente.
Fuentes y bibliografía
Ministero della Cultura de Italia, «Archeologia, relitto romano al largo di Mazara del Vallo», comunicado oficial del 8 de agosto de 2026.
TYERS, Paul, «Dressel 1 amphoras», Internet Archaeology, 1, recurso tipológico y cronológico.
UNESCO, Convención de 2001 sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático.
Descubre más desde El Reto Histórico
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


