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Mercenarios hoplitas, la clave del ejército del faraón

Hacia el siglo VII a.C. surge una nueva clase de guerrero mercenario: son los hoplitas griegos

Durante el Primer Periodo Intermedio, y a consecuencia de la inestabilidad, los distintos gobernadores crearon ejércitos privados, y comenzó una práctica que se hizo habitual: el empleo de fuerzas mercenarias extranjeras.

mercenarios egipcios

Egipto, un pueblo sometido

Alrededor de 1000 a.C. (por redondear) Egipto se convirtió en presa de sus pueblos vecinos, eran conscientes de las riquezas y debilidades del país del Nilo y muchos de sus soldados ya habían trabajado en la corte de los faraones como mercenarios.

Primero, los mercenarios libios usurparon el poder y fundaron la XXIIª dinastía (945 a 715 a.C). Fueron seguidos por los etíopes y finalmente llegaron los asirios.

Para los ciudadanos corrientes la vida no cambió mucho, tenían que seguir trabajando por la prosperidad de sus gobernantes, el estado y los sacerdotes. Hacia el año 1300 a.C. los egipcios comenzaron a rechazar cada vez más lar armas; por lo tanto, no es de extrañar que el faraón Psamético I (663-609), cuando quiso alzarse contra los asirios en el norte y contra los nubios al sur, tuviera que recurrir nuevamente a los mercenarios.

La leyenda de los hombres de bronce

Según la leyenda un oráculo había predicho que una tormenta llevaría ciertos guerreros muy poderosos para ayudarle a recuperar Egipto. Llegaron entonces al Delta piratas jónicos y carios, aunque con unos pocos cientos de hombres de fortuna no podría enfrentarse a los ejércitos enemigos.

Psamético I, por mediación de los lidios, logró que un nuevo grupo de soldaos de élite le ayudaran a llegar al poder: eran los mercenarios hoplitas griegos. Con su ayuda consiguió la independencia del Imperio asirio, restauró la prosperidad del país en su largo reinado de 54 años.

Desde aquello procuró las buenas relaciones con los gobernantes helenos, alentando a muchos colonos griegos a establecerse en Egipto y servir como mercenarios en su ejército. Decenas de miles de griegos fueron invitados a fundar sus propias colonias militares en el delta del Nilo. En las luchas de poder dentro de Egipto se convertirían en uno de los factores decisivos.

El mercenario hoplita en el mundo antiguo

Este nuevo tipo de mercenario tenía grandes diferencias con la mayoría de sus “competidores”: no eran nómadas “salvajes”, sino que provenían de estados culturalmente avanzados. Peleaban como soldados de infantería muy bien equipados, usaban una lanza de unos dos metros y pico de largo, casco, coraza y grebas (protecciones para las piernas) de bronce, ya que era más duro que el hierro que se usaba entonces; tecnología punta.

Los guerreros griegos luchaban como una falange. Avanzando protegidos tras sus escudos sin parar, hasta entrar en un frenesí a la carrera en los últimos cien metros. Nadie podría resistir ese impacto endurecido por el daño de sus lanzas.

Vaso Chigi (detalle)

El código de honor del mercenario griego

La cultura y el código de honor griego fue la base; el sentido de nación que luchaba junta como una fila cerrada hizo el resto. Aún así, esta su forma de luchar estaba pensada para civiles, para guerreros ocasionales.

Un hoplita necesita mucho menos entrenamiento que un arquero o un jinete. Tampoco necesitaba tanto coraje y determinación como un guerrero solitario, porque la falange, en conjunto, es la que toma todas las decisiones.

Otros compradores de mercenarios hoplitas

Los primeros compradores de mercenarios griegos fueron los lidios con su rey, Creso, figura legendaria debido a su riqueza. En Egipto prestaron servicios en todas las fortificaciones fronterizas: contra libios, árabes y etíopes, además de participar en diversas campañas.

Los últimos mercenarios griegos en Egipto

Durante el reinado de Psamético II (593-588) un poderoso ejército de mercenarios hoplitas fueron enviados a la lejana Kush, cuentan las crónicas que era una formación formidable. Sus bronces relucientes, sus escudos decorados y sus cascos emplumados… Pero desaparecieron en el desierto de Nubia, en algún lugar del África subsahariana.

Los helenos seguirían sirviendo a los egipcios hasta que un nuevo enemigo llegó por el este: los persas. Primero cayó Lidia, con lo que perdieron su cliente más importante, luego amenazaron toda la hélade y cuando Cambises se propuso conquistar Egipto —en el 525 a.C.—, con Psametico III como faraón, los mercenarios comenzaron a dudar si valía la pena su sacrificio. Los persas estaban arrasando el mundo conocido. El gran Polícrates de Samos —poseedor de una inmensa flota—, su comandante Fanes de Halicarnaso y el almirante de la flota del faraón (Udjahorresne de Sais) se pasaron al bando persa.

Psamético III ante Cambises II. Museo del Louvre.

Finalmente, en la decisiva batalla de Pelusio, los persas derrotaron a los egipcios. Egipto se convirtió en una provincia persa y los mercenarios griegos perdían a su último gran cliente, aunque a los hoplitas les quedaban muchas batallas por librar. Los persas no se detendrían en Egipto.

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