
Dos pequeñas figuras femeninas dieron nombre a una cueva del sur de Italia. Talladas en hueso durante el Paleolítico, las Venus de Parabita hicieron célebre a la Grotta delle Veneri. Ahora un estudio geofísico plantea que el espacio conocido podría prolongarse por cavidades todavía sin explorar.
La investigación de Dora Francesca Barbolla, Chiara Torre, Lara De Giorgi y Giovanni Leucci, publicada en 2026, combina georradar y tomografía eléctrica. No ha abierto una nueva sala ni encontrado otras figuras. Ha detectado señales bajo tierra que permiten proponer dónde buscar y cómo hacerlo con mayor seguridad.
Una cueva que conserva una historia muy larga
La Grotta delle Veneri se encuentra en Parabita, en el Salento, la península que forma el extremo meridional de Apulia. Sus depósitos documentan una larga historia de presencia humana, con evidencias de neandertales y de ocupaciones posteriores de Homo sapiens. Las Venus pertenecen a esa etapa posterior, no a los habitantes neandertales.
El Museo Arqueológico Nacional de Taranto, donde se conservan las dos figuras originales, las fecha hacia 18.000 a. C. La mayor mide nueve centímetros y la menor, algo más de seis. La escala importa: lo que hoy vemos ampliado en una fotografía cabía en la mano de quien lo talló.

Las Venus no cuentan toda la historia
La figura mayor presenta una cabeza recorrida por líneas y los brazos recogidos bajo el vientre. Se han propuesto distintas lecturas para esos detalles: peinado, cobertura del rostro o máscara, entre otras. Su representación del cuerpo abre preguntas sobre la identidad y el uso de estos objetos, sin proporcionar una respuesta única.
Las figuras femeninas paleolíticas se conocen en distintos territorios europeos. Compararlas con piezas como la Venus de Willendorf ayuda a estudiar materiales, técnicas y circulación de ideas. La semejanza general, sin embargo, no convierte automáticamente a todas ellas en imágenes de una misma diosa.
La cueva conserva también otras manifestaciones, entre ellas piedras grabadas con motivos esquemáticos y lineales. Algunas de esas piezas, datadas en torno a hace 10.000 años en su presentación museística, recuerdan que el enclave contiene huellas de momentos diferentes. Las imágenes reproducidas aquí corresponden a hallazgos conocidos, no a la prospección de 2026.

Dos técnicas para mirar bajo el suelo
El georradar emite ondas electromagnéticas y registra sus reflexiones cuando encuentran cambios en el subsuelo. Esas señales pueden revelar límites entre materiales, fracturas o espacios vacíos. La interpretación depende de su geometría y de las condiciones del terreno.
La tomografía de resistividad eléctrica, conocida como ERT, observa cómo responde el terreno al paso de corriente. Un hueco, una masa de roca y un relleno húmedo pueden ofrecer respuestas distintas. En lugar de fotografiar una sala, la técnica produce un modelo de propiedades eléctricas que los investigadores deben interpretar.
El valor de combinarlas está en comprobar si dos observaciones independientes apuntan a la misma estructura. En Parabita, determinadas reflexiones intensas del georradar coinciden con zonas de elevada resistividad. El equipo considera que esa asociación es compatible con cavidades subterráneas posiblemente relacionadas con la cueva.

Qué significan las posibles prolongaciones
Los planos del estudio distinguen el trazado conocido de las extensiones propuestas a partir de las mediciones. No son equivalentes: unas partes pueden recorrerse y documentarse directamente; otras son interpretaciones de señales geofísicas que necesitan comprobación sobre el terreno.
La prospección tampoco pudo cubrir toda el área de manera uniforme. Árboles, construcciones y desniveles condicionaron la colocación de los equipos. Las fracturas y los depósitos que rellenan el subsuelo añaden complejidad. Estas limitaciones ayudan a entender por qué una anomalía no permite conocer todavía su contenido arqueológico.
La investigación antes de excavar
Si se confirman nuevos huecos, habrá que determinar si conectan con el espacio principal, cómo se formaron y si conservan depósitos de ocupación humana. Un vacío natural puede existir sin haber sido utilizado. La cronología de una cavidad no es la cronología de sus posibles ocupantes.
El estudio también señala zonas cuya configuración interesa para evaluar la estabilidad del terreno. La geofísica puede orientar futuras actuaciones y reducir intervenciones innecesarias en un yacimiento que conserva restos frágiles.
Las Venus siguen siendo la imagen más reconocible de Parabita, pero la nueva investigación desplaza la mirada hacia el espacio que las rodeaba. La cueva puede ser mayor de lo que permite ver su acceso actual. Saberlo con precisión será el primer paso para averiguar si quedan también páginas de su historia bajo el suelo.
Fuentes y bibliografía
- Barbolla, D. F.; Torre, C.; De Giorgi, L.; Leucci, G. (2026): New data about Grotta delle Veneri by GPR and ERT surveys, Digital Applications in Archaeology and Cultural Heritage, 42, e00560.
- MArTA, Museo Arqueológico Nacional de Taranto: Veneri di Parabita, ficha de las piezas originales.
- Wikimedia Commons: fotografía y documentación de las piedras grabadas.
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