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La extravagante Marquesa Luisa Casati

Una de las grandes celebridades de la Belle Époque

Su apariencia y personalidad cautivó a los distintos pintores y fotógrafos de la Belle Époque. Entre los que estaban el pintor Ignacio Zuloaga y el fotógrafo Adolf de Meyer, que inmortalizaron a la memorable Marquesa Casati.

Luisa Casati moda belle époque
Adolf de Meyer, detalle de Marquesa Casati, 1912.

El nacimiento de una mujer extravagante

Luisa Casati (1881-1957) nació en Milán en el seno de una familia acomodada. Su madre fue Lucía Bresi y su padre Alberto von Amann, un rico industrial del algodón. A la temprana edad de 15 años se quedó huérfana junto a su hermana, Francesca. En 1900 contrajo nupcias con el marqués de Casati Stampa Di Soncino. Sin embargo, su matrimonio no funcionó y se fueron distanciando hasta su separación en 1914. Posteriormente conoció diversas amistades próximas a las artes, como era Gabrielle D´ Annunzio.

El escritor y actor, Quentin Crisp, definió a Luisa Casati, de la siguiente manera:

La Marquesa no deseaba gustar, sino estimular. Conocía bien el mundo y lo despreciaba. Por esta razón regalaba a sus admiradores la imagen de lo que no había imaginado ser capaz: un ser inmune a las críticas y a las convenciones.

Rompiendo cánones de belleza e inspirando a artistas

Luisa Casati no coincidía con el ideal de belleza italiana del siglo XX. Su gran altura y sus facciones huesudas en vez de gustar, asustaban. La marquesa decidió extremar sus rasgos, se tiño el pelo de rojo, que sería inmortalizado en obras de Ignacio Zuloaga y Giovanni Boldini. Su objetivo era llamar la atención, además de romper con los cánones femeninos. La misma Luisa Casati, llegó a decir que quería ser una obra de arte viviente.

A través de diversos relatos de la época, sabemos que consiguió sorprender a Pablo Picasso en una fiesta. Luisa Casati generaba expectación y deseo, llego a convertirse en la mujer más excéntrica y radical de la Belle Époque.

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Giovanni Boldini, La Marquesa Casati, 1908, colección privada.

Musa y modelo

Según Isabel Porcel, la idea de mujer bella y joven. En preferencia, es un ideal estético sublimado por la visión y representación del artista. Esta cuestión se extiende más allá de la propia percepción masculina, o de cualquier género, cuando es la mujer quien por sí misma decide convertirse en “Obra de Arte” viviente o en mecenas. Así lo promulgaba y exhibía la propia Marquesa Casati que decidió militar en contradiscurso, como obra de arte viviente. Por ejemplo, en las primeras décadas del siglo XX fue retratada por Boldini, el citado Zuloaga, Van Donge, Augustus John o fotografiada por Man Ray.

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Man Ray, Marquesa Casati, 1922, Centre Georges Pompidou, París.

Figura indispensable en la Historia de la Moda del siglo XX

A finales del siglo XIX aparece el concepto de dandismo, el cual se declina en lo masculino. Sin embargo, el dandismo en femenino aparece con  la marquesa Casati. En su caso, se trata de mucho más que una plausible analogía con una forma de vida y con una relación entre arte, moda y vida. La marquesa coincide con el dandi, en la capacidad de estupor, excentricidad y rechazando cualquier forma de vulgaridad.

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Augustus Edwin John, La Marquesa Casati, 1919, Art Gallery of Ontario, Toronto.

Luisa Casati fue de las primeras que compró un Delphos (el vestido icónico diseñado por Mariano Fortuny). Además fue la clienta más importante de Paul Poiret, que no solo la vistió en tantas ocasiones, sino que diseñó un vestido de estola metálica en color plata.

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Paul Poiret, vestido fuente, 1920.

En París, Luisa Casati paseaba con un vestido de terciopelo negro de Madeleine Viollet. También, Léon Bakst, figurinista de los ballets rusos, creó para ella los vestidos de gran pompa y diferentes volúmenes. Estos distintos vestidos fueron diseñados en 1922 con el nombre de La reina de la noche.

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Paul-Cèsar Helleu, G. Boldini y L. Casati vistiendo
el vestido Indio-persa en el jardín del Palacio de Leoni,
fotografía de Mariano Fortuny,1913.

Inspiración perpetua

Los diferentes poetas, artistas y diseñadores sintieron inspiración al verla y quisieron captar su esencia. En 1960, Norman Norell apareció en la revista Life Magazine posando con sus modelos vestidas como la marquesa.

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Norman Norell, Colección Van Dongen, 1960, publicación en Life Magazine.

En consonancia con el exceso que le caracterizaba, no es de extrañar que Luisa Casati fuera una de las personas recurrentes en los que inspiró John Galliano para sus colecciones de Dior, como la primavera-verano 1998. Galliano no es el único, Tom Ford también sucumbió a su encanto en la colección primavera-verano 2004 que hizo para Yves Saint Laurent. Lo mismo sucedió con las propuestas de Giorgio Armani, Alexander McQueen o Chanel.

En la actualidad, el objetivo de la marquesa sigue cumpliendo sus expectativas de seguir siendo obra de arte viviente. Así como, se ha convertido en una leyenda viva en las mentes de los fotógrafos y diseñadores.

Fuentes

Lozano, J., “Marquesa Casati, un caso de idolatría” en Cuadernos de Información y Comunicación, vol. 20, 2015, pp. 119-127. 

Porcel, I., “Las mujeres de…: musas y modelos en las sombras en las artes” en Más igualdad, redes para la igualdad : Congreso Internacional de la Asociación Universitaria de Estudios de las Mujeres, 2012, pp. 493-505. 

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Sandra Antúnez López

Historiadora del Arte por la Universidad Complutense de Madrid. Sus principales líneas de investigación se centran en la Historia de la Moda y de los tejidos.

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