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El crimen de los Guzmán, un siglo en la memoria de Vejer

Más de un siglo después, la gente todavía hablaba de lo ocurrido…

Una disputa entre nobles, dentro de los muros de Vejer de la Frontera.

Una desconocida historia de prisión, violencia y muerte protagonizada por dos miembros de una de las familias más poderosas de Andalucía. El episodio había pasado de una generación a otra y había dejado incluso versos que seguían circulando cuando los protagonistas llevaban décadas muertos.

En la década de 1530, varios testigos tuvieron que recordar aquellos acontecimientos ante la justicia.

Vejer de la Frontera y el castillo relacionado con Alfonso de Guzmán
Vista panorámica de Vejer de la Frontera, con el castillo dominando el caserío. Fuente: Diego Delso, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Sus declaraciones, conservadas dentro de un pleito por el señorío y estudiadas por el medievalista Juan Luis Carriazo Rubio, permiten reconstruir una historia que hasta ahora conocíamos de manera mucho más imperfecta: la prisión y muerte de Alfonso de Guzmán, señor de Lepe, Ayamonte y La Redondela, a manos de su propio sobrino, Juan de Guzmán, conde de Niebla y futuro primer duque de Medina Sidonia.

La documentación aporta además una sorpresa. Entre aquellos recuerdos sobrevivían restos de un ciclo de poesía tradicional hasta ahora desconocido. El crimen había terminado convertido en memoria colectiva transformado en coplillas, poemas y relatos de transmisión oral.

Castillo de Vejer sobre el casco histórico, escenario del crimen de Alfonso de Guzmán
El castillo de Vejer elevado sobre el casco histórico, escenario al que quedó asociada durante generaciones la muerte de Alfonso de Guzmán. Fuente: Tripkay.

Una guerra dentro de la casa de Guzmán

Alfonso y Juan: dos Guzmán ante la misma herencia

Alfonso de Guzmán era señor de Lepe, Ayamonte y La Redondela: un territorio con rentas, jurisdicción, puertos, salinas y la autoridad que daba mandar en la desembocadura del Guadiana. El conflicto con su sobrino afectaba, por tanto, a la materia misma de un señorío: quién cobraba, quién nombraba y quién podía hablar en nombre de aquellas villas. Bastante rentables…

Juan de Guzmán, había nacido en 1410, era por entonces el III conde de Niebla, representaba el empuje de la rama principal de la casa. Tenía treinta y cuatro años cuando decidió actuar contra su tío y apenas unos meses después recibiría el título de primer duque de Medina Sidonia. Entre ambos no había una diferencia abstracta de carácter: había dos formas de entender una misma herencia, la de quien defendía el señorío que había ejercido durante años y la de quien quería reintegrarlo en el patrimonio central de su linaje, que consideraba el principal de los “guzmanes”.

La caída de Alfonso fue rápida y amarga. Las declaraciones recogidas en el pleito sitúan su prendimiento en las aceñas de doña Urraca, junto al Guadaíra y cerca de Sevilla. Allí acudió confiado a un encuentro; las coplas populares que comentamos recordarían durante generaciones que salió «en cuerpo e descuidado».

Dos versiones distintas del apresamiento

Carriazo compara dos relatos que no deben mezclarse:

1. La versión de Barrantes Maldonado

Alfonso de Guzmán había recuperado la población de Lepe, pero no su castillo. Cuando supo que su sobrino avanzaba contra él, abandonó Lepe con poca gente para dirigirse a Ayamonte.

El conde habría desplegado doscientos jinetes en los caminos y pasos de salida. Los hombres de Alfonso se enfrentaron a ellos, fueron derrotados y su señor quedó prisionero. Después fue entregado al conde de Niebla y enviado bajo custodia a Vejer.

Castillo de Vejer de la Frontera donde perduró la memoria del crimen de los Guzmán
El castillo de Vejer de la Frontera, fortaleza asociada por los testimonios del siglo XVI a la prisión y muerte de Alfonso de Guzmán. Fuente: Diego Delso, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

2. La versión conservada por los testigos del pleito

Esta es mucho más novelesca y constituye una de las grandes aportaciones de la investigación.

Según los testimonios, el secretario Rodrigo de Torres habría convencido a Alfonso de que podía reconciliarse con su sobrino mediante el matrimonio de su hija Urraca con un hijo de Pedro de Ordiales, otro personaje del que también trascendió gracias a la tradición oral y escrita, era un caballero sevillano, hombre de confianza del conde Juan de Guzmán.

El encuentro se preparó en las aceñas de doña Urraca, junto al río Guadaíra y la dehesa de Tablada. Allí se habría ocultado un grupo de hombres a caballo reunido por Pedro Ordiales.

Cuando llegó Ordiales, Alfonso salió a recibirlo desarmado, desprevenido y sin protección. Entonces Ordiales lo agarró por el pecho y le comunicó que quedaba preso saliendo el resto de caballeros a reforzarlo cual emboscada. Alfonso preguntó en nombre de quién se le detenía y recibió una respuesta inquietante:

«Por el rey».

(Refiriéndose a Juan II de Castilla)

Juan II de Castilla, Francisco Prats y Velasco, 1848, Museo Nacional del Prado.
Juan II de Castilla, Francisco Prats y Velasco, 1848, Museo Nacional del Prado.

Después fue llevado a Vejer.

El testigo que transmitió el relato reconoció que no sabía si Ordiales había actuado realmente por orden del conde o por orden del rey. Debemos presentarlo como la versión conservada por la memoria judicial, no como una certeza absoluta.

Después empezó el viaje hacia su prisión.

Fortificación medieval de Puerta Cerrada en Vejer
Vista exterior de Puerta Cerrada y su lienzo almenado en Vejer de la Frontera. Fuente: Los Pueblos más Bonitos de España.

Otra testigo añadió un episodio extraordinario de su traslado. Afirmaba que el cortejo pasó por Hinojos y que Alfonso, temiendo ser envenenado, se negó a comer lo que le ofrecían sus captores. El abuelo de la testigo le habría proporcionado unas uvas y unas rosas blancas, que sí aceptó.

Carriazo considera posible que utilizaran una ruta deliberadamente indirecta: desde Sevilla hacia la costa de Doñana y, quizá, después por mar hasta Vejer, evitando los caminos habituales por Jerez y el tránsito más vigilado del Guadalquivir.

En la Castilla del siglo XV, la posesión de villas, fortalezas, derechos jurisdiccionales y rentas constituía la base material del poder nobiliario, lo de ser familia era incluso un detonante para luchar por posesiones, si uno consideraba que ciertas posesiones eran del “linaje principal”, como era el caso. Las disputas dentro de una misma familia podían convertirse, por tanto, en conflictos políticos y militares.

Vejer en 1624

Las localizaciones del pleito

La torre de don Alonso y la casa de Villalobos

La primera prisión no estuvo en el castillo que domina Vejer, como podría imaginarse hoy.

Los declarantes la situaban en una torre de la cerca urbana, junto al campanario de la parroquia del Divino Salvador y hacia el sector de Clarines, extramuros, donde más tarde se alzaría el convento de San Francisco. Aquella precisión convierte la fortaleza en un escenario reconocible: una torre de la villa, apartada de la residencia señorial, a la que los vecinos llamaban ya la torre de don Alonso, hoy desaparecida.

Esta construcción debió de levantarse en el tramo de muralla comprendido entre el entorno del Divino Salvador y la salida hacia Clarinas.

Campanario del Divino Salvador
Campanario del Divino Salvador

La historia no terminó allí. Los testimonios recuerdan que el prisionero pasó primero por la custodia del alcaide Juan de Cuevas y fue trasladado después a las casas de Hernán Rodríguez de Villalobos, frente a las casas de los duques de Medina Sidonia que probablemente se encontraba en el núcleo señorial del Vejer intramuros, probablemente alrededor del castillo y las actuales calles Castillo y Guzmán el Bueno.

Para cuando se tomaron las declaraciones en la década de 1530, aquellas casas ya estaban derribadas. Aun así, los vejeriegos seguían identificando el lugar y recordaban el nombre de Alhajuelas, que era el nombre del portero del cabildo encargado de servir y guardar al cautivo.Es en esa segunda cárcel donde la memoria popular situó los episodios más duros.

Torre y acceso del castillo de Vejer de la Frontera
Torre y acceso exterior del castillo de Vejer de la Frontera. Fuente: Fuerte Hoteles.

Los testigos hablaban de raciones reducidas, vino negado y un temor persistente al veneno. Una tradición recogida en el pleito cuenta que Alfonso pidió una cabeza de ajos y ceniza, convencido de que podrían servirle de remedio si intentaban darle una bebida envenenada. La escena, transmitida de forma oral por las familias de Vejer, devolvía al poderoso señor de Ayamonte una humanidad dolorosa: hambre, miedo y la necesidad de confiar en unos pocos vecinos.

La muerte dejó la huella que fijó definitivamente la leyenda.

Las declaraciones afirmaban que el cadáver fue abierto, conservado con sal dentro de un serón y mantenido durante días en una torre. Los líquidos del cadáver habrían salido por un caño y, según los testimonios de 1530, habían dejado en el muro de la torre una veta verdosa y ennegrecida que todavía se podía ver un siglo después.

No sabemos si aquella señal era realmente el rastro de la violencia descrita por las coplas, pero para Vejer era la prueba visible de que la torre de don Alonso seguía hablando… quizás por eso se derribó más tarde…

Muralla y torre medieval de Vejer de la Frontera
Lienzo de muralla y torre del recinto fortificado de Vejer de la Frontera. Fuente: Wikiloc.

La documentación del pleito de la década de 1530 no se limita a mencionar que Alfonso de Guzmán fue encarcelado y murió. Las declaraciones permiten relacionar la memoria de aquella violencia con espacios concretos de Vejer de la Frontera y con algunos de sus vecinos. Se cuenta que una señora de la villa recogió sus vísceras y la sangre que pudo, y consta su nombre: Juana García de Morales. Ella las entregó a otras personas y más tarde fueron enterradas dentro de «la iglesia de la villa». Lo más probable es que se refiriera al Divino Salvado

Las villas medievales no eran únicamente construcciones cívico militares. También eran lugares de ejercicio del poder señorial: residencias, centros administrativos, depósitos, cárceles y escenarios en los que podía hacerse visible la autoridad de quien controlaba un territorio.

Décadas después de la muerte de Alfonso, los testigos todavía relacionaban determinados espacios con lo sucedido allí. El castillo mismo había quedado marcado por la historia que se contaba sobre él. Pero esa distancia temporal es lo que hace especialmente valiosa la documentación. Permite estudiar no solo qué ocurrió, sino cómo fue recordado.

Un pleito que obligó a recordar un crimen

Los procesos judiciales son una de las fuentes más fértiles para reconstruir la vida social del pasado porque obligaban a declarar a personas que, en otras circunstancias, nunca habrían dejado un relato escrito.

Los testigos podían recordar nombres, parentescos, lugares, conversaciones, posesiones y acontecimientos transmitidos por personas mayores.

Durante el pleito de la década de 1530 afloraron recuerdos de la prisión y muerte de Alfonso. Había transcurrido aproximadamente un siglo desde los acontecimientos, de modo que la documentación no debe confundirse con una declaración presencial contemporánea al crimen.

Lo que ofrece es otra cosa: la persistencia de una memoria familiar y local suficientemente poderosa como para continuar apareciendo en declaraciones judiciales generaciones después.

Los versos que nadie conocía

Las coplas que Vejer se negó a olvidar

El hallazgo más extraordinario de la investigación es que el crimen no sobrevivió únicamente en testimonios judiciales. También vivió en versos. Los testigos recordaban haber oído y cantado unas coplas o endechas sobre la prisión de don Alfonso; una de las versiones conservadas comienza así:

Yo me hera don Alonso,
que no deviera nasçer.
Tomáronme las açeñas
e La Redondela tanbién.
Adiós, adiós, señores,
los hijosdalgo,
que me llevan a Bejel
a ser hermitaño.

Entorno fortificado del castillo de Vejer de la Frontera
Entorno inmediato del castillo y de las murallas de Vejer de la Frontera. Fuente: Apartamentos Conil.

Otra versión, mucho más extensa, nombra a quienes formaban parte de la escena de Vejer: Juan de Cuevas, Villalobos y Alhajuelas. La voz poética convierte la disputa por Lepe, Ayamonte y La Redondela en la derrota de un hombre al que ya le han arrebatado hasta la comida y el vino:

Yo, don Alonso de Lepe,
cuytado, ¿qué haré?
Tomóme el conde lo mío
e sobrello juró la fee.
Tomóme a Lepe, Ayamonte
e La Redondela tanbién.
[…]Entregáronme a Juan de Cuevas,
vn cavallero de bien,
y entregáronme a Villalobos
y Alhajuelas tanbién.
Danme vaca por carnero,
que no lo puedo comer,
y vinagre por vino,
que no lo puedo bever.

Fueron recogidos de personas que afirmaban haberlos oído cantar desde jóvenes, en Vejer y también en Sevilla. La villa transformó el cautiverio de un señor en un lamento colectivo. Mientras el duque consolidaba su poder, el pueblo conservaba otra versión de los hechos: la del tío vencido, llevado a Vejer y humillado.

La poesía tradicional cumplía una función fundamental en las sociedades medievales y modernas. Historias de guerras, amores, traiciones, muertes y conflictos familiares podían transformarse en composiciones que circulaban sin depender necesariamente de un texto escrito estable.

De un conflicto familiar al nacimiento de una gran casa ducal

La cronología resulta significativa. En 1444, Juan de Guzmán consolidó su posición sobre Ayamonte, Lepe y La Redondela. El 17 de febrero de 1445, Juan II le concedió el ducado de Medina Sidonia. A partir de entonces, el nuevo título se convirtió en la referencia principal de la casa.

Juan de Guzmán murió en 1468 después de haberse convertido en primer duque de Medina Sidonia. Su título sobrevivió durante siglos.

Las declaraciones de la década de 1530 no convierten automáticamente cada recuerdo transmitido durante generaciones en una descripción exacta de un acontecimiento ocurrido un siglo antes. Su extraordinario valor reside precisamente en permitir estudiar la construcción y supervivencia de aquella memoria.

Patio interior del castillo de Vejer relacionado con la memoria del crimen de Alfonso de Guzmán
Patio interior del castillo de Vejer de la Frontera. Fuente: La Razón.

Fuentes

CARRIAZO RUBIO, Juan Luis, «Prisión y muerte de Alfonso de Guzmán, señor de Lepe y Ayamonte: un crimen infame, una fortaleza marcada y un ciclo inédito de poesía tradicional», e-Spania, 50, 2025. DOI: 10.4000/13d1d.


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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, autor de "La Segunda Columna" (Ed.Edaf), director de este proyecto e Historiador del Arte (UNED). Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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