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Los marfiles españoles del año 1000 que salen del Louvre para regresar a San Millán

Será de manera temporal. Pero durante unos meses permitirán algo poco habitual en la historia del patrimonio disperso: contemplar una obra medieval prácticamente allí donde fue concebida.

Dos piezas de marfil realizadas hace aproximadamente mil años en San Millán de la Cogolla abandonarán temporalmente el Museo del Louvre para regresar al lugar del que proceden.

El anuncio se ha conocido este 2 de septiembre de 2026.

Los brazos conservados en París de la llamada cruz de San Millán serán cedidos para la exposición AutorIA, que abrirá este mes en el monasterio de Yuso. La operación permitirá contemplar en La Rioja unas piezas extraordinarias del arte medieval hispánico que desde comienzos del siglo XX forman parte de las colecciones del museo francés.

Pero lo que regresa no es una cruz completa. Son los restos de un objeto mucho mayor.

Tres fragmentos de una cruz desaparecida

Reconstrucción de la cruz procesional de San Millán con los marfiles del Louvre
Los dos brazos de marfil conservados en París, montados sobre una reconstrucción transparente de la cruz procesional de San Millán. Fuente: Musée du Louvre, OA 5944 y OA 5945; fotografía de Stéphane Maréchalle, GrandPalaisRmn.

De la antigua cruz vinculada a San Millán sobreviven actualmente tres grandes elementos de marfil.

Dos están en el Louvre: un brazo superior, inventariado como OA 5944, y otro inferior, OA 5945. Un tercer brazo relacionado con el conjunto se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

La historiadora del arte Minerva Sáenz Rodríguez incluye estas piezas entre las principales obras conservadas de la producción artística emilianense. Su estudio sobre el primer románico riojano recuerda precisamente que aquella cruz ha llegado hasta nosotros de forma fragmentaria y dispersa.

Las fichas del Louvre permiten precisar todavía más. El museo data los dos fragmentos entre 985 y 1000 y atribuye su talla, por criterios estilísticos, a un taller del monasterio de San Millán de la Cogolla. Su lugar de procedencia es igualmente el propio monasterio.

Estamos, por tanto, ante piezas realizadas en torno al cambio del primer milenio.

La datación tradicional las situó en el siglo X; Sáenz Rodríguez recuerda, sin embargo, que parte de la investigación ha propuesto llevarlas ya al XI y relacionarlas con el momento de las grandes arquetas emilianenses. La discusión cronológica no altera su carácter excepcional: pertenecen al umbral en el que San Millán se consolidó como uno de los grandes focos artísticos del norte peninsular.

Anverso del brazo superior de marfil de la cruz procesional de San Millán
Anverso del brazo superior de la cruz de San Millán, tallado en marfil hacia el año 1000 y conservado con el número OA 5944. Fuente: Musée du Louvre; fotografía de Stéphane Maréchalle, GrandPalaisRmn.

Una cruz recubierta de marfil, oro y vidrio

Los dos brazos parisinos tienen dimensiones excepcionales. El superior alcanza 37,6 centímetros de altura y unos 14 centímetros de anchura máxima. El inferior mide 36,5 por 13,9 centímetros. Ambos fueron tallados en marfil de elefante.

Su aspecto actual es además incompleto.

El Louvre señala que estuvieron originalmente enriquecidos mediante incrustaciones de oro y perlas de vidrio.

La cruz que podía contemplar un monje o un fiel alrededor del año 1000 habría sido, por tanto, mucho más rica visualmente que los fragmentos desnudos que hoy conocemos. El marfil constituía el soporte escultórico, pero formaba parte de un objeto litúrgico compuesto mediante diferentes materiales preciosos.

El extremo del brazo inferior conserva además elementos compatibles con su unión a un asta, lo que ayuda a explicar su identificación como cruz procesional.

Anverso del brazo inferior de marfil de la cruz procesional de San Millán
Anverso del brazo inferior OA 5945; su forma ensanchada y las perforaciones conservadas ayudan a comprender el montaje de la antigua cruz. Fuente: Musée du Louvre; fotografía de Stéphane Maréchalle, GrandPalaisRmn.

Animales reales y fantásticos sobre el marfil

La decoración constituye uno de los aspectos más llamativos.

Sobre ambas caras discurren amplias bandas vegetales entre las que aparecen animales reales y fantásticos: leones, ciervos, aves y grifos se disponen entre tallos y roleos.

El resultado pertenece a un mundo artístico en el que las fronteras estilísticas resultan bastante menos sencillas de lo que pueden sugerir etiquetas contemporáneas.

El Museo del Louvre señala expresamente que la obra utiliza motivos procedentes del arte islámico, comparables con determinadas producciones de marfil de al-Ándalus, dentro de un objeto inequívocamente cristiano. La institución utiliza para ello el término «mozárabe», aunque recuerda que la propia denominación es objeto de discusión historiográfica.

Minerva Sáenz Rodríguez sitúa igualmente estas piezas entre las escasas obras supervivientes de las etapas más tempranas del arte medieval riojano.

La cruz representa, por tanto, un lenguaje cristiano abierto a los repertorios ornamentales que circulaban entre diferentes ámbitos culturales de la península. La investigadora subraya además la continuidad de una tradición marfileña vinculada a Córdoba y Cuenca y plantea que artesanos de formación islámica pudieron seguir trabajando en San Millán al servicio de una finalidad litúrgica cristiana.

Reverso del brazo superior de marfil de la cruz procesional de San Millán
Reverso del brazo superior OA 5944, con aves, cuadrúpedos y tallos vegetales dispuestos alrededor del campo central. Fuente: Musée du Louvre; fotografía de Stéphane Maréchalle, GrandPalaisRmn.

San Millán antes del gran románico

La cronología obliga además a situarnos antes de muchas de las obras que hoy asociamos visualmente con San Millán.

Los brazos están datados entre 985 y 1000.

El monasterio de Suso había surgido siglos antes alrededor de la tradición eremítica de san Millán y se había convertido en un importante centro religioso y cultural. El actual conjunto conserva una compleja superposición de etapas constructivas, mientras que Yuso se desarrollaría posteriormente en el valle. Ambos monasterios forman parte del Patrimonio Mundial desde 1997.

Monasterio de Yuso en San Millán de la Cogolla donde se expondrán los marfiles
Monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla, sede de la exposición en la que volverán a mostrarse los marfiles. Fuente: Javi Guerra Hernando, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

En aquel ambiente existió una producción artística particularmente rica.

No solo se copiaban manuscritos. El monasterio estuvo vinculado también a objetos litúrgicos y posteriormente a algunas de las obras de eboraria más importantes del arte medieval peninsular.

La cruz pertenece a esa historia material.

Cómo llegaron dos brazos al Louvre

Las piezas conservadas en París aparecen ya desvinculadas de San Millán en la historia moderna de sus colecciones.

La documentación del Louvre indica que pasaron por la colección de Charles Maillet du Boulay y posteriormente por la de Félix Doistau.

Este último las donó al museo francés.

El Louvre aceptó formalmente la donación mediante resolución del 16 de junio de 1904.

Fotografía histórica del brazo inferior de la cruz procesional de San Millán
Fotografía histórica del brazo inferior de la cruz de San Millán, ya identificado con el número OA 5945 en las colecciones francesas. Fuente: Musée du Louvre, Département des Objets d’Art.

Desde entonces forman parte de las colecciones nacionales francesas.

Conviene por ello no describir el viaje anunciado ahora como una «devolución» jurídica. No se ha anunciado restitución alguna ni cambio de propiedad. Es un préstamo temporal para exposición.

El interés histórico está en que las piezas regresarán físicamente al lugar para el que fueron creadas alrededor de un milenio atrás.

El tercer brazo permanece en Madrid

La dispersión de la cruz no termina en París.

Otro fragmento se conserva en el Museo Arqueológico Nacional, donde tiene el número de inventario 63935. La propia bibliografía académica considera conjuntamente estos tres elementos al estudiar la antigua cruz de San Millán y el Louvre menciona expresamente la existencia del tercer brazo en Madrid.

Tercer brazo de marfil de la cruz procesional de San Millán conservado en Madrid
Tercer brazo de marfil atribuido a la cruz procesional de San Millán, conservado en el Museo Arqueológico Nacional con el inventario 63935. Fuente: Museo Arqueológico Nacional; fotografía de Miguel Hermoso Cuesta, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

Algunas informaciones publicadas este miércoles apuntan también a la participación de materiales procedentes del MAN en AutorIA. Habrá que esperar a la presentación definitiva del montaje para conocer exactamente qué piezas coincidirán y cómo serán mostradas.

Más de mil años después de su creación y más de un siglo después de ingresar en las colecciones francesas, los marfiles recorrerán el camino inverso.

Será de manera temporal. Pero durante unos meses permitirán algo poco habitual en la historia del patrimonio disperso: contemplar una obra medieval prácticamente allí donde fue concebida.

Reverso del brazo inferior de marfil de la cruz procesional de San Millán
Reverso del brazo inferior OA 5945, decorado con animales enlazados por roleos vegetales. Fuente: Musée du Louvre; fotografía de Stéphane Maréchalle, GrandPalaisRmn.

Fuentes y bibliografía

Fuente matriz: SÁENZ RODRÍGUEZ, Minerva, «El primer románico en La Rioja durante el esplendor del Reino de Nájera-Pamplona (1000-1076)», en García Sánchez III ‘el de Nájera’: un rey y un reino en la Europa del siglo XI, 2005, pp. 399-452. Consultar en Dialnet

Musée du Louvre, fichas OA 5944 y OA 5945, Croix de San Millán de la Cogolla: OA 5944 y OA 5945

EFE, «Los marfiles de la cruz procesional de San Millán se expondrán por primera vez en España», 2 de septiembre de 2026: Consultar noticia


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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, autor de "La Segunda Columna" (Ed.Edaf), director de este proyecto e Historiador del Arte (UNED). Entre África y Europa, como el Mediterráneo.
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