El Palacio de los Hurtado de Mendoza de Almazán, uno de los grandes edificios históricos de la villa soriana, ha sufrido este 1 de septiembre de 2026 un grave derrumbe en su fachada posterior, orientada hacia el río Duero.
El colapso ha afectado a dos plantas y a buena parte de la galería gótica, ha dejado el interior del inmueble al descubierto y ha lanzado piedra, madera y otros materiales por la ladera hasta la ronda del Duero.
El desprendimiento se produjo a primera hora de la mañana, en torno a las 07:50. No se han comunicado daños personales, pero la Junta de Castilla y León ordenó cortar un tramo de unos 500 metros de la CL-116A ante el riesgo de nuevos desprendimientos. Técnicos de Movilidad y Patrimonio se desplazaron al lugar para evaluar la situación.

Estado de la galería tardogótica del Palacio de los Hurtado de Mendoza tras el derrumbe del 1 de septiembre de 2026. Fuente: imagen cedida a Cadena SER.
El daño afecta a un edificio declarado Bien de Interés Cultural en 1991 y construido en varias fases entre finales de la Edad Media y el siglo XVI. Pero el palacio no es solo una fachada monumental: las investigaciones arqueológicas realizadas en su interior han permitido conocer cómo se transformó y cómo vivían quienes lo habitaron.
La parte más antigua del palacio miraba hacia el Duero
La fábrica de los Hurtado de Mendoza no fue levantada de una sola vez. La zona más antigua corresponde al cuerpo septentrional, junto al desnivel que cae hacia el Duero, donde se conservaban las galerías de tradición tardogótica. Es precisamente ese sector posterior el que ha sufrido el colapso de este martes.
El Ayuntamiento de Almazán sitúa la construcción y renovación fundamental del conjunto entre los siglos XV y XVI. La documentación institucional recuerda además que los Reyes Católicos se alojaron en el palacio durante sus estancias en la villa y que el príncipe Juan residió también allí al organizarse su casa propia.

Fachada renacentista del Palacio de los Hurtado de Mendoza en la plaza Mayor de Almazán, antes del derrumbe de 2026. Fuente: Cadena SER.
Décadas después, el edificio cambió de escala. Un estudio arqueológico publicado en 2014 en BSAA Arqueología y recogido en Dialnet reconstruye una de sus principales fases de transformación.
Hacia 1565, Francisco Hurtado de Mendoza amplió la residencia señorial, que se levantaba sobre un palacio bajomedieval anterior, y desarrolló el cuerpo de fachada que mira hacia la plaza.
Los autores señalan que las obras parecen haber sido encargadas a Bartolomé Carlone, arquitecto de origen italiano relacionado con el castillo de San Leonardo y con trabajos en El Escorial. La sobriedad y el aire italianizante de la fachada renacentista se han relacionado precisamente con ese entorno arquitectónico.
En 1575 se colocaron además escudos de armas vinculados a las mercedes concedidas por Felipe II a Francisco Hurtado de Mendoza. Para entonces, el palacio había alcanzado en lo esencial la configuración que ha llegado hasta la época contemporánea.
Una obra de consolidación descubrió 199 piezas bajo el palacio
La investigación de 2014 es especialmente útil para entender por qué el edificio tiene un valor que va mucho más allá de su aspecto exterior. Durante unas obras de consolidación realizadas en invierno de 2013 en una estancia de la planta baja apareció una antigua letrina de planta cuadrada construida en ladrillo.
El depósito estaba sellado y no había sido alterado después de su colmatación. En su interior se recuperaron 199 piezas cerámicas, muchas de ellas completas o casi completas, fechadas entre los siglos XVI y XVII.

Conjunto de piezas de cerámica común recuperadas en la letrina del Palacio de los Hurtado de Mendoza: ollas, jarras y otros recipientes empleados en la cocina y el almacenamiento. Fuente: Cruz Sánchez et al., BSAA Arqueología, 2014.
En ma colección había recipientes de uso cotidiano y vajilla más cuidada, producciones procedentes de distintos focos peninsulares y algunas piezas de origen italiano y portugués. Para los investigadores, aquel conjunto permitía estudiar tanto la cocina y la mesa de una residencia nobiliaria como las redes comerciales que conectaban una villa del interior castellano con circuitos de abastecimiento mucho más amplios.

Santa Justa y Santa Rufina, obra de Hernando de Sturmio en la Catedral de Sevilla. Las santas sostienen recipientes de loza blanca y cerámica común, utilizados en el estudio como referencia para interpretar los usos de la vajilla. Fuente: Cruz Sánchez et al., BSAA Arqueología, 2014.
El hallazgo permitió observar algo difícil de reconstruir únicamente mediante inventarios: qué objetos se utilizaban realmente dentro del palacio y qué tipo de bienes podían adquirir sus propietarios. El poder adquisitivo de los Hurtado de Mendoza facilitó la llegada de productos procedentes de centros alejados, aunque buena parte del conjunto respondía también a los consumos habituales de la hidalguía castellana.

Selección de cerámicas vidriadas de distintas procedencias recuperadas en la letrina del palacio de Almazán. Fuente: Cruz Sánchez et al., BSAA Arqueología, 2014.
Los autores plantearon incluso que una parte importante de aquella vajilla pudo ser desechada en un periodo corto. Muchas piezas habían sido arrojadas enteras y el depósito se concentraba en un mismo estrato.
El deterioro del edificio llevaba tiempo en la documentación pública
El derrumbe de hoy no aparece en un vacío documental. En 2024 y 2025 el estado del Palacio de los Hurtado de Mendoza llegó a las Cortes de Castilla y León. Las iniciativas parlamentarias reclamaban actuaciones para garantizar su conservación y señalaban problemas estructurales en la fachada norte.
En febrero de 2025, la Comisión de Cultura, Turismo y Deporte aprobó por unanimidad una resolución que instaba a mantener el contacto con los propietarios, impulsar las actuaciones urgentes necesarias y estudiar otras medidas previstas en la legislación autonómica de patrimonio.

Parte del lateral del Palacio de los Hurtado de Mendoza tras el derrumbe que dejó al descubierto el interior del edificio. Fuente: Soria ¡YA!.
La preocupación continuó en 2026. Una pregunta parlamentaria publicada en junio mencionaba expresamente el estado de las cubiertas, el antepecho y la deformación del suelo de la galería tardogótica, y preguntaba qué actuaciones se habían acometido o requerido en la fachada noroeste.
Estos documentos permiten afirmar que el deterioro era conocido y que existía un debate institucional sobre su conservación. No permiten, por sí solos, atribuir responsabilidades técnicas o jurídicas por el derrumbe ocurrido este 1 de septiembre. Esa cuestión dependerá de los informes y actuaciones que se produzcan después del colapso.
Qué se ha perdido y qué queda por determinar
Las informaciones disponibles a media tarde coinciden en que el desprendimiento ha afectado a dos plantas de la zona posterior y a una parte muy importante de la galería gótica. Entre los elementos dañados se han señalado arcos, fustes, madera y partes del artesonado. Una parte de la estructura continúa en pie, pero el riesgo de nuevos desprendimientos ha obligado a mantener cortada la carretera situada al pie del inmueble.
La cuantificación exacta de la pérdida patrimonial tendrá que esperar a la evaluación técnica. También será necesario determinar qué elementos pueden recuperarse entre los escombros, qué zonas requieren estabilización inmediata y qué intervención será posible sobre lo que permanece en pie.
Lo que sí puede afirmarse ya es que el derrumbe afecta a uno de los edificios que mejor explicaban la transformación de Almazán entre el final de la Edad Media y el Renacimiento: una residencia levantada sobre estructuras anteriores, vinculada a una de las grandes familias nobiliarias castellanas, utilizada por la corte y remodelada en el siglo XVI con un lenguaje arquitectónico nuevo.
La arqueología había demostrado además que el palacio conservaba información bajo sus suelos. Las 199 piezas recuperadas en 2013 permitieron reconstruir parte de la vida doméstica y de los consumos de sus habitantes. Por eso la pérdida de hoy no es solo la de unos muros visibles desde el Duero: afecta a un edificio que funcionaba también como archivo material de varios siglos de historia.

Tres de las piezas más selectas halladas en la letrina del palacio: un plato de Liguria, un cuenco de Talavera y una tacita de Lisboa. Fuente: Cruz Sánchez et al., BSAA Arqueología, 2014.
Fuentes
Fuente matriz: CRUZ SÁNCHEZ, Pedro Javier; RUIZ DE MARCO, Agustín; TARANCÓN GÓMEZ, María Jesús; ARELLANO HERNÁNDEZ, Óscar Luis; LERÍN SANZ, Montserrat; BARRIO ONRUBIA, Raquel, «Contextos cerámicos de los siglos XVI y XVII en una villa del oriente castellano: la colección recuperada en la letrina del palacio de los Hurtado de Mendoza (Almazán, Soria)», BSAA Arqueología, 80, 2014, pp. 83-127.
Ayuntamiento de Almazán, «Palacio de los Hurtado de Mendoza».
Cortes de Castilla y León, PNL/001072 y PE/000142.
Europa Press, «Un derrumbe del Palacio de los Hurtado de Mendoza de Almazán corta la carretera entre Almazán y El Burgo», 1 de septiembre de 2026.
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