
Las ruinas del Fuerte de Santa Bárbara, frente a Gibraltar, van a recuperar por fin un recorrido seguro y una lectura histórica.
El Ayuntamiento de La Línea de la Concepción adjudicó el 2 de septiembre de 2026 sus obras de acondicionamiento por 818.935,54 euros. El proyecto prevé limpiar el foso, proteger el perímetro, habilitar una pasarela e instalar un centro de interpretación.
Bajo esas piedras permanece una de las paradojas más formidables de nuestra historia militar. España levantó allí una fortificación para contener la plaza británica de Gibraltar. En febrero de 1810, cuando Napoleón amenazaba el Campo de Gibraltar, fueron los propios británicos quienes la volaron con autorización española.
El enemigo del siglo anterior se había convertido en aliado y las defensas españolas podían servir al ejército francés.

Gibraltar después de 1704: ocupación y cesión no fueron lo mismo
Gibraltar fue ocupada en agosto de 1704 por una fuerza anglo-neerlandesa que actuaba en nombre del archiduque Carlos durante la Guerra de Sucesión española. Conviene separar aquel hecho militar de lo ocurrido nueve años más tarde: el artículo X del Tratado de Utrecht de 1713 formalizó la cesión de la ciudad, el castillo, el puerto y las defensas a la Corona británica.
La Monarquía española no renunció a recuperarla. Hubo intentos militares en 1704-1705 y en 1727, pero ninguno consiguió doblegar una plaza cuya geografía y fortificación favorecían al defensor. Aquella última campaña dejó una certeza: no bastaba con reunir tropas para un asedio. Era necesario disponer de un frente militar permanente que vigilara el istmo, protegiera el litoral y permitiera concentrar artillería y hombres frente al Peñón.
Gibraltar, además, no era una roca desnuda. Sus defensas acumulaban siglos de transformaciones. La muralla de Carlos V en Gibraltar, ampliada y adaptada por los británicos, recuerda que cada potencia heredó y reformó las obras de la anterior.

La creación de la Línea de Contravalación
El 2 de noviembre de 1730, Felipe V encargó al ingeniero Isidro Próspero Verboom la ejecución de una línea fortificada de mar a mar. El matiz es importante: el proyecto se apoyaba en los trabajos de su padre, Jorge Próspero de Verboom, pero la dirección concreta de la obra recayó en Isidro. La fortificación fue, por tanto, resultado de una planificación familiar e institucional desarrollada en varias fases, no de un único gesto constructor.
Jorge Próspero de Verboom era una de las grandes figuras de la ingeniería militar de Felipe V. Formado en Flandes, impulsó la creación del Real Cuerpo de Ingenieros en 1711 y aplicó en España una cultura técnica basada en el reconocimiento del terreno, el dibujo, la geometría y la organización sistemática de las defensas. Su proyecto para el istmo respondía a esa lógica: convertir un espacio abierto en una barrera armada capaz de controlar cualquier movimiento terrestre.

Las obras principales comenzaron en 1731. En el extremo occidental se levantó el Fuerte de San Felipe, orientado hacia la bahía de Algeciras; en el oriental, junto al Mediterráneo, el de Santa Bárbara. Ambos quedaban enlazados por una muralla de cal y piedra reforzada con cinco posiciones intermedias: San Carlos, San Fernando, San José, Santa Mariana y San Benito.
La función de aquella Línea de Contravalación de Gibraltar era doble. Miraba hacia el Peñón para impedir una salida británica y afirmar la presencia española en el istmo, pero también podía proteger el dispositivo frente a desembarcos y ataques por sus flancos marítimos. Los caminos, cuarteles, almacenes, parapetos y emplazamientos artilleros hacían de ella un sistema, no una sucesión de muros aislados.

Cómo era el Fuerte de Santa Bárbara
Santa Bárbara cerraba el extremo oriental de la línea. Su planta, semejante a una punta de flecha, respondía a las necesidades de la fortificación abaluartada: ofrecer fuego hacia el frente y los costados, proteger el acceso y resistir un ataque procedente del Peñón o del mar. La entrada se situaba en la gola y estaba defendida por un hornabeque.
En torno a un gran patio de armas se distribuían los alojamientos de tropa y oficiales, almacenes, capilla y polvorín. Una rampa y escaleras permitían alcanzar la plataforma de artillería. El estudio publicado por el Memorial de Artillería describe un foso seco de unos nueve metros de anchura y alrededor de 1,10 metros de profundidad, salvado en su tramo final por un puente levadizo.
No debe fijarse una cifra única de cañones para toda su existencia. La dotación cambió según las campañas, las reparaciones y la situación estratégica. Lo esencial era su posición: desde Santa Bárbara podía batirse el litoral mediterráneo y cooperar con el resto de la línea, mientras San Felipe cubría el lado de la bahía.

El Gran Asedio de Gibraltar
La Línea de Contravalación alcanzó su momento de mayor actividad durante el Gran Asedio de Gibraltar de 1779-1783. España, aliada con Francia en la guerra de independencia de las Trece Colonias, trató de recuperar la plaza por tierra y por mar. Tras la línea se concentraron tropas, artillería, campamentos y servicios; por delante avanzaron baterías y trincheras de ataque.
La contravalación funcionó como retaguardia fortificada y soporte del frente, pero no fue el único escenario de las operaciones. El bloqueo naval, los bombardeos y el gran ataque de las baterías flotantes de septiembre de 1782 formaron parte de una campaña mucho más amplia. El incendio y destrucción de aquellas baterías convirtió la jornada en uno de los episodios más dramáticos del asedio.
Gibraltar resistió y la paz de 1783 puso fin a la empresa. La línea continuó en servicio. Sus fuertes vigilaban el istmo y recordaban que, aunque los cañones hubieran callado, el problema estratégico seguía abierto.

1808: el enemigo se convirtió en aliado
La invasión napoleónica alteró por completo el equilibrio. Desde 1808, España y Gran Bretaña combatían contra Francia. Gibraltar pasó a ser una base aliada para abastecer y apoyar la resistencia del sur peninsular. Hombres que pocos años antes habrían apuntado sus piezas unos contra otros compartían ahora un adversario.
La alianza no borró las suspicacias. Las defensas españolas del Campo de Gibraltar podían caer en manos francesas y convertirse en una plataforma formidable contra el Peñón. En otros escenarios, oficiales como el almirante Valdés durante la Guerra de la Independencia vivieron también aquel cambio vertiginoso de lealtades y prioridades militares.
1810: quién ordenó y quién ejecutó las voladuras
Tras la derrota española de Ocaña y la entrada francesa en Andalucía, el riesgo dejó de ser remoto. El mayor general Colin Campbell, gobernador británico de Gibraltar, propuso inutilizar las fortificaciones españolas antes de que el ejército imperial pudiera ocuparlas. El 20 de enero de 1810, el general Castaños aceptó que se prepararan las minas, aunque la documentación revela cautelas, demoras y una autorización transmitida por cauces que no siempre dejaron una orden escrita inequívoca.
La investigación de Juan A. Patrón Sandoval permite reconstruir el reparto de responsabilidades. Campbell dio la orden operativa; el teniente coronel sir Charles Holloway organizó los trabajos; los oficiales Henry Evatt y George Judd Harding los supervisaron, y artificieros militares británicos colocaron las cargas. Tropas procedentes de Gibraltar cubrieron la operación. Las autoridades españolas habían consentido la demolición ante la urgencia francesa.
El 3 de febrero comenzaron los preparativos. El día 10 se derribaron tramos de muralla y cuerpos de guardia con ayuda de personal del arsenal, comerciantes y voluntarios de Gibraltar. Las cargas se introdujeron de forma que la ruina resultara difícil de reparar. La operación no consistía en conquistar una defensa aliada: pretendía negar al ejército napoleónico una posición desde la que atacar Gibraltar.
Las avanzadas francesas aparecieron en Algeciras entre el 13 y el 14 de febrero. Ese último día volaron los fuertes de San Felipe y Santa Bárbara. Las explosiones quebraron muros, desplazaron cimentaciones y abrieron las entrañas de los edificios. Un artificiero, John Barber, resultó gravemente herido. Las demoliciones se extendieron después a otras baterías costeras del entorno.
La paradoja quedó consumada: Gran Bretaña destruyó las fortificaciones levantadas por España frente a Gibraltar, con permiso español, para impedir que Francia las utilizara contra británicos y españoles. Reducir el episodio a una iniciativa unilateral británica oculta la gravedad del avance napoleónico; presentarlo como una simple demolición española borra quién planificó y ejecutó técnicamente las voladuras.

De fortificación arruinada al nacimiento de La Línea
Los fuertes no volvieron a recuperar su capacidad militar. A su alrededor creció durante el siglo XIX el núcleo que acabaría convirtiéndose en La Línea de la Concepción. La antigua barrera defensiva terminó dando nombre y memoria a una ciudad.
De San Felipe no queda hoy una planta visible comparable. Persisten restos menores de algunos elementos intermedios, mientras Santa Bárbara conserva la lectura arqueológica más completa del conjunto. Sus ruinas fueron desenterradas desde 1979 por voluntarios del Grupo SAM, dirigidos por el comandante Barceló, y la línea fue declarada Bien de Interés Cultural en 1985.
La recuperación del Fuerte de Santa Bárbara en 2026
La actuación adjudicada en septiembre de 2026 corresponde a Guamar S. A. y está financiada conjuntamente por el Ayuntamiento de La Línea de la Concepción y el Instituto para la Transición Justa. El presupuesto asciende a 818.935,54 euros.
El proyecto municipal habla de acondicionamiento y recuperación: cierre del perímetro, limpieza del foso, creación de un itinerario seguro y un centro de interpretación. No equivale a reconstruir idealmente el fuerte ni a levantar de nuevo las partes voladas. La prioridad anunciada es hacer comprensibles y visitables los restos conservados.

Fuentes y bibliografía
- Ayuntamiento de La Línea de la Concepción: adjudicación de las obras del Fuerte de Santa Bárbara, 2 de septiembre de 2026.
- HERRERO LÁZARO, Alejandro, «La Línea de Contravalación. Ingeniería y artillería al servicio de España», Memorial de Artillería, n.º 179/1, junio de 2023.
- PATRÓN SANDOVAL, Juan A., «La destrucción de las fortificaciones españolas en el entorno de Gibraltar durante la Guerra de la Independencia», Almoraima, 41, 2014.
- SÁEZ RODRÍGUEZ, Ángel J., Artillería y fortificaciones en el Estrecho de Gibraltar durante la Edad Moderna, Instituto de Estudios Campogibraltareños, 2001.
- Proyecto «La Línea de Contravalación», Fuerte de Santa Bárbara, Ayuntamiento de La Línea de la Concepción, 2019.
- PARES: registro de autoridad de Jorge Próspero de Verboom, Ministerio de Cultura.
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