
Dos nombres permanecen en la memoria industrial de Tilburg: BeKa y AaBe. Parecen marcas nacidas para convivir entre chimeneas, telares y montones de lana. Detrás hubo una familia y una ruptura. Los hermanos Frits y Adolf —Dolf— van den Bergh trabajaron en el mismo negocio antes de convertirse en rivales. Sus diferencias terminaron por adquirir una forma que toda la ciudad podía reconocer: otra fábrica al otro lado del paisaje textil.
La historia se reconstruye en Uit één draad gesponnen, investigación de Frank de Jong publicada en 2026. El autor reúne cartas, diarios y documentación empresarial de los Van den Bergh. El conflicto familiar es una puerta de entrada a algo más amplio: el cambio de una industria, la autoridad de los fabricantes y las vidas de quienes dependían de un salario a pie de máquina.
BeKa: de las caballerizas al tejido de lana
El nombre BeKa condensaba los apellidos Van den Bergh y Krabbendam. Su fábrica ocupó desde 1859 parte de un antiguo cuartel de caballería. Allí donde habían estado los caballos se instaló la producción textil, una transformación muy concreta de la ciudad: un recinto militar pasó a formar parte de la economía de la lana.
Una vista del complejo fechada en 1904 permite comprender su escala: patios, edificios largos, naves con cubiertas dentadas y una chimenea que ordena la composición. El crecimiento industrial se había encajado en una estructura heredada. Las instalaciones no eran un escenario inmóvil; cada ampliación imponía nuevos recorridos al material y al trabajo.
La ruptura de 1929 se convierte en otra fábrica
Según la investigación de De Jong, las tensiones entre los hermanos desembocaron en la creación de AaBe en 1929, un nombre formado a partir de Adolf van den Bergh. La compra del negocio de los hermanos Van Spaendonck abrió ese nuevo camino. La competencia ya no se libraba solo en las reuniones familiares: se trasladaba a la capacidad de producir, conseguir pedidos y modernizar las instalaciones.
El edificio de AaBe ofrece una pista material sobre esa apuesta. El registro neerlandés de monumentos fecha su construcción en 1930, con ampliación en 1941, según el proyecto de Georges Forest. Grandes salas de una planta, cubiertas en diente de sierra y una calle interior organizaban el conjunto. La luz natural llegaba desde arriba; la distribución flexible permitía disponer máquinas y mover productos por el interior.

El interés patrimonial de esas naves reside también en la lógica del proceso industrial. La calle de fábrica conectaba las dependencias y facilitaba el transporte. Las fachadas incorporaban rasgos art déco, mientras la chimenea conservaba la presencia pública de la empresa. La arquitectura expresaba una ambición que podía medirse en circulación, iluminación y superficie disponible.
Las mantas y el poder del fabricante
AaBe alcanzó una amplia notoriedad con sus mantas de lana. La cronología patrimonial de Tilburg sitúa a la empresa entre los grandes empleadores del sector: unos 1.500 trabajadores a comienzos de los años cincuenta. También destaca su utilización de motores eléctricos, dentro del paso desde la transmisión movida por vapor a otras formas de accionar las máquinas.
La marca llegó hasta la calle mediante un diorama publicitario en Heuvelplein, con una escena de Laponia y un trineo que transportaba mantas. Los anuncios asociaban el producto con la protección frente al reumatismo: era una promesa comercial de la época. La fotografía del escaparate recuerda cómo una fábrica buscaba convertir un objeto doméstico en un nombre reconocible para todos.

El empleo incluía asimismo servicios médicos, comedores y actividades deportivas. La investigación publicada en Erfgoed Tilburg sitúa esas prestaciones dentro de una relación paternalista: la empresa ofrecía asistencia y oportunidades, y el fabricante conservaba una gran capacidad para decidir qué convenía a su personal. La historia de las mantas contiene también esa combinación de protección, dependencia y disciplina.
Lo que quedó cuando se apagaron las máquinas
Las naves de AaBe tuvieron una segunda vida como complejo comercial. La intervención de Rijnboutt, realizada entre 2013 y 2017, restauró fachadas, prolongó la calle interior y adaptó las cubiertas. La antigua sala de calderas se convirtió en un establecimiento de hostelería. Los recorridos de compradores ocupan ahora parte del espacio por el que circularon trabajadores y tejidos.

BeKa recibió otro destino: sus edificios conservados albergan el Archivo Regional de Tilburg. Y allí terminó reuniéndose una parte del pasado de ambas empresas. El archivo empresarial de BeKa había quedado en la fábrica de AaBe, donde fue recuperado en 2007 y 2009 en muy mal estado. Papeles deteriorados devolvieron una conexión que la rivalidad de los hermanos había intentado romper.

La restauración y digitalización se completó en 2012. Libros de tejedores, salarios, lana e hilatura quedaron disponibles para la investigación. Son documentos que permiten desplazar la mirada desde los propietarios hacia quienes trabajaron para ellos. Entre las dos marcas quedan edificios, fotografías y registros: materiales suficientes para seguir el hilo de una ciudad que aprendió a vivir de la lana y después tuvo que encontrar otros usos para sus fábricas.
Fuentes y bibliografía
- De Jong, Frank, Uit één draad gesponnen. De Tilburgse familie van textielfabrikanten Van den Bergh, Uitgeverij Ypelaer, 2026. Se ha consultado el fragmento publicado en Historiek, no la monografía completa.
- Erfgoed Tilburg, presentación de la investigación sobre los Van den Bergh, por Frank de Jong, 30 de septiembre de 2026.
- Rijksdienst voor het Cultureel Erfgoed, registro monumental del complejo AaBe, número 514156.
- Tijdmachine Tilburg, cronología de la industria textil: AaBe.
- Archivo Regional de Tilburg, recuperación, conservación y digitalización del archivo de BeKa, 7 de diciembre de 2012.
- Rijnboutt, memoria del proyecto de rehabilitación de AaBe.
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