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Cómo era ser niño hace miles de años: el MAN recupera las huellas de la infancia antigua

Un pequeño zapato de cuero puede acercarnos a un niño del pasado mejor que una larga lista de reyes. El que conserva el Museo Arqueológico Nacional procede de Egipto y está fechado entre los siglos III y VII d. C. Su tamaño permite reconocer a quién estuvo destinado. Alguien tuvo que fabricarlo para un pie que todavía estaba creciendo.

Junto a ese calzado, un biberón, unos recipientes de barro y la figura de un bebé envuelto en una faja plantean preguntas muy concretas: cómo se cuidaba a los recién nacidos, cómo aprendían y con qué jugaban. Son algunas de las piezas de Volver a la infancia. Prehistoria y Antigüedad, la nueva Vitrina Cero del MAN, presentada el 19 de octubre y abierta al público desde el día 20 hasta el 17 de enero de 2027.

El recorrido reúne evidencias desde el Paleolítico hasta el mundo antiguo. Y empieza por una cuestión que cambia la manera de mirar una excavación: los niños también formaban parte de aquellas comunidades, aunque durante mucho tiempo la arqueología les haya prestado mucha menos atención que a sus adultos.

La infancia que cuesta encontrar en una excavación

La muestra parte de una idea importante: la infancia no ha significado lo mismo en todas las sociedades. Las edades a las que se empezaba a trabajar, se asumían responsabilidades o se entraba en la vida adulta variaban. Un niño de una comunidad prehistórica y otro de una ciudad romana no crecían dentro del mismo marco social, por mucho que ambos necesitaran alimento, cuidados y aprendizaje.

Para aproximarse a esas vidas, la investigación combina restos óseos, representaciones y objetos de uso cotidiano. Cada tipo de evidencia responde a preguntas distintas. El cuerpo conserva información sobre quien vivió; una imagen muestra cómo una sociedad representaba a los más pequeños; un utensilio puede acercarnos a una actividad de la vida diaria.

Entre las imágenes seleccionadas por el museo figura un Eros dormido procedente de Mérida, del siglo I d. C. El dios adopta la apariencia de un niño recostado. Es una representación religiosa, pero también permite observar cómo la escultura antigua reconocía y reproducía el cuerpo infantil: sus proporciones, su postura y el abandono del sueño.

Escultura de Eros dormido procedente de Mérida, del siglo I d. C., incluida en Volver a la infancia
Eros dormido, Mérida, siglo I d. C. MAN / Juan Torres Peinado.

El zapato egipcio que tuvo un dueño pequeño

Con el calzado infantil de cuero la relación es diferente. Ya no contemplamos la imagen ideal de una divinidad, sino un objeto destinado al uso. La cronología facilitada por el MAN, entre los siglos III y VII d. C., lo sitúa en un Egipto muy posterior al de las grandes pirámides, en el amplio tránsito entre la Antigüedad y el mundo medieval.

Es una de las piezas más expresivas del recorrido porque obliga a reducir la escala de la historia. Egipto también fue el lugar donde hubo que vestir y calzar a los niños. El zapato conserva una tarea cotidiana que rara vez ocupa espacio en los grandes relatos políticos, pero que pertenecía a la vida de sus habitantes.

Pequeño zapato infantil de cuero procedente de Egipto, fechado entre los siglos III y VII d. C.
Calzado infantil de cuero, Egipto, siglos III-VII d. C. MAN / Ariadna González Uribe.

Un biberón de Ibiza y un bebé ofrecido a los dioses

El segundo ámbito de la vitrina aborda el embarazo, el parto y la crianza. La nota del museo recuerda la dificultad de sobrevivir a los primeros años y reúne objetos relacionados con los cuidados y la protección. Entre ellos aparece un biberón púnico hallado en Ibiza, una pieza que nos lleva directamente al problema de alimentar a quienes todavía no podían hacerlo por sí mismos.

La alimentación infantil es, además, uno de los campos en los que los análisis arqueológicos están aportando información especialmente precisa. En 2019, un equipo encabezado por Julie Dunne publicó en Nature el estudio de tres pequeños recipientes procedentes de tumbas infantiles de Baviera. Los residuos conservaban señales de leche de rumiantes, una evidencia de su uso para alimentar a niños durante la Prehistoria. Son piezas distintas del ejemplar ibicenco, pero muestran hasta dónde puede llegar la investigación de un recipiente cotidiano.

Otra forma de protección aparece en el exvoto de un bebé enfajado procedente de los santuarios de Collado de los Jardines, en Santa Elena, Jaén, fechado en los siglos III-II a. C. La figura representa a la criatura envuelta, con el rostro visible. Su condición de ofrenda sitúa la imagen infantil dentro de las prácticas religiosas y permite estudiar la relación entre los cuidados y las peticiones dirigidas a las divinidades.

En la vitrina conviven así objetos para cuidar y representaciones para pedir protección. El biberón responde a una necesidad material; el exvoto introduce las creencias de la comunidad que lo depositó. Ambos pertenecen a la historia de la crianza, aunque hayan llegado hasta el museo por caminos muy diferentes.

Vista de la Vitrina Cero Volver a la infancia, con representaciones infantiles y objetos de cuidados, aprendizaje y juego
Piezas de «Volver a la infancia. Prehistoria y Antigüedad». MAN / Juan Torres Peinado.

Aprender a hacer una vasija también deja huellas

Un recipiente irregular puede contener una información que se pierde al mirar solo las grandes obras de los artesanos. El MAN expone pequeños vasos cerámicos prehistóricos interpretados como trabajos de aprendizaje. Su tamaño, sus asimetrías y la irregularidad de las formas permiten acercarse a unas manos que aún no dominaban la técnica.

El aprendizaje mediante la imitación de los adultos ocupa el tercer ámbito de la muestra. Observar cómo se prepara el barro o cómo se levanta la pared de un vaso y tratar de repetirlo implica adquirir conocimientos con el propio cuerpo. La torpeza de una primera pieza puede resultar tan reveladora para la arqueología como la perfección de una vasija terminada.

Esta mirada da valor a lo que antes podía parecer un objeto menor. Interesa el proceso de aprender un oficio o una tarea: los intentos, los modelos que se copiaban y la participación progresiva en las actividades de la comunidad. Es una manera de estudiar a los niños como personas que actuaban y aprendían, además de recibir cuidados.

Detalle de los vasos cerámicos y pequeños recipientes del ámbito de aprendizaje de la Vitrina Cero del MAN
Recipientes cerámicos del ámbito dedicado al aprendizaje. MAN / Juan Torres Peinado.

Tabas, canicas y muñecas: jugar en el mundo antiguo

El último ámbito reúne tabas, canicas, dados y muñecas. Sus formas resultan familiares, aunque sus reglas, sus usos y sus significados dependieran de cada contexto. El juego permite seguir una actividad que deja huellas materiales pequeñas y que, precisamente por eso, puede pasar inadvertida entre las estructuras de una casa o los objetos de un enterramiento.

La variedad de materiales amplía también las preguntas. En la Britania romana, por ejemplo, el pequeño ratón de cuero de Vindolanda, interpretado como un posible juguete, recuerda que los objetos infantiles podían fabricarse aprovechando recursos modestos. La identificación depende del contexto y del uso propuesto, no únicamente de que una pieza nos resulte simpática o diminuta.

Jugar era también una forma de aprender a vivir en sociedad. El MAN destaca que estos objetos podían transmitir los papeles diferenciados que se reservaban a niños y niñas. La familiaridad de una muñeca o una taba ayuda a acercarse a aquellas infancias; sus usos concretos permiten reconocer las diferencias con la nuestra.

Cuatro Nancy para mirar la ropa del pasado

La muestra incorpora un recurso deliberadamente contemporáneo: cuatro muñecas Nancy cedidas por Famosa. El Centro Superior de Diseño de Moda de Madrid las ha vestido a partir de datos arqueológicos, tomando como referencia el Paleolítico, el antiguo Egipto, el mundo ibérico y la Grecia clásica.

Estas muñecas actuales permiten reconocer diferencias en vestidos, adornos y maneras de presentar el cuerpo entre los períodos elegidos. Su presencia establece un contraste con los objetos antiguos: unas sirven hoy para explicar la historia; los otros son las evidencias a partir de las que se investiga.

Cuatro muñecas Nancy actuales vestidas con referencias al Paleolítico, Egipto, el mundo ibérico y la Grecia clásica
Nancy vestidas por el CSDMM con referencias arqueológicas. MAN / Juan Torres Peinado.

Dónde ver «Volver a la infancia»

Volver a la infancia. Prehistoria y Antigüedad está instalada al inicio de la exposición permanente del Museo Arqueológico Nacional, en Madrid, y podrá visitarse hasta el 17 de enero de 2027. El museo ha anunciado visitas guiadas, talleres y mesas redondas para acompañar el recorrido; su programación concreta se difundirá en la web y las redes del MAN.

La Vitrina Cero funciona desde 2017 como un espacio para presentar piezas y lecturas que amplían la colección permanente. Esta vez propone detenerse ante un zapato pequeño o una vasija de aprendiz. Al mirarlos, la ciudad antigua o el asentamiento prehistórico empiezan a tener habitantes que aún estaban aprendiendo a caminar, a fabricar cosas y a ocupar su lugar entre los demás.


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Redacción

Equipo de Redacción / Notas de Prensa / Agencias

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