En el norte de Arabia Saudí, donde hoy las dunas del Nefud parecen cerrar el horizonte, un pequeño montículo conserva la huella de un paisaje muy distinto. Hace unos 55.000 años, junto a un lago que ya no existe, varios grupos humanos tallaron herramientas de piedra. Un nuevo estudio propone que aquellos artesanos pudieron ser neandertales, mucho más al sur de lo que hasta hace poco se consideraba probable.
La noticia obliga a mirar de otro modo una región que durante mucho tiempo se imaginó como una barrera vacía entre África, el Levante y Asia. Arabia fue, en distintos periodos del Pleistoceno, una tierra de paso, refugio y encuentro. Sus desiertos se transformaban con los cambios climáticos: aparecían lagos, cursos de agua, praderas y animales que atraían a los grupos humanos. El yacimiento de Jebel Katefeh-1, conocido como JKF-1, se ha convertido ahora en una pieza importante de ese mapa cambiante.
Jebel Katefeh-1 se encuentra cerca de Jubbah, en el desierto de Nefud. Las excavaciones han documentado allí una capa con útiles del Paleolítico medio situada entre depósitos de arena y sedimentos lacustres. La secuencia no describe un desierto inmóvil: registra el paso de una fase árida a otra más húmeda, cuando el agua volvió a ocupar la cuenca y alteró por completo las posibilidades de vida en la zona.
Ese contexto es fundamental. Los grupos paleolíticos no habrían cruzado un paisaje idéntico al actual. En los periodos de mayor humedad, las cuencas del Nefud alojaban lagos y una vegetación capaz de sostener herbívoros. Para comunidades móviles de cazadores y recolectores, aquellos corredores verdes podían abrir rutas hacia el interior de la península.
Mapa de los yacimientos analizados en el estudio. Fuente: J. Blinkhorn y colaboradores; Quaternary Science Reviews (Elsevier), CC BY 4.0.
Las piedras que plantean una pregunta mayor
El equipo dirigido por James Blinkhorn y Huw Groucutt ha comparado las formas de las lascas Levallois recuperadas en Arabia con conjuntos procedentes del Levante y el nordeste de África. La técnica Levallois consiste en preparar cuidadosamente un núcleo de piedra para extraer una lasca con una forma prevista. No identifica por sí sola a una especie humana, pues distintas poblaciones pudieron utilizar procedimientos semejantes. Por eso el estudio no se limita a una etiqueta tipológica: emplea mediciones y modelos estadísticos para valorar qué historia poblacional explica mejor la variación de los útiles.
Los resultados apoyan con fuerza una atribución neandertal para los conjuntos árabes fechados en torno a los 55.000 años. La conclusión es relevante porque amplía hacia el sur el área en la que pudieron moverse estos grupos. Durante décadas, la imagen popular del neandertal estuvo ligada casi exclusivamente a la Europa fría. La arqueología ha ido corrigiendo esa idea: sabemos que también vivieron en el Próximo Oriente y llegaron hasta Siberia. Jebel Katefeh añade la posibilidad de una presencia aún más profunda en la península arábiga.
Una hipótesis sólida, no un fósil
Conviene mantener la prudencia. En Arabia no se han hallado todavía restos óseos ni ADN neandertal. La propuesta se apoya en la tecnología lítica, la cronología y la comparación con yacimientos donde la identidad de los grupos está mejor establecida. Es una inferencia arqueológica bien argumentada, aunque no equivale a encontrar un cráneo o un diente que cierre definitivamente el debate.
La cautela no resta interés al hallazgo; al contrario, muestra cómo trabaja la investigación. Las herramientas son documentos materiales. Su forma, la manera de obtenerlas, la selección de materias primas y su posición en el sedimento permiten reconstruir conductas y contactos en territorios donde los huesos se conservan mal. El calor extremo y las condiciones del desierto complican la supervivencia de restos orgánicos, de modo que la piedra se convierte aquí en una fuente decisiva.
Estratigrafía y dataciones del yacimiento JKF-1. Fuente: J. Blinkhorn y colaboradores; Quaternary Science Reviews (Elsevier), CC BY 4.0.
Arabia como corredor de poblaciones humanas
La península arábiga ocupa una posición estratégica entre África y Eurasia. Cuando el clima lo permitía, sus redes de ríos y lagos ofrecían vías de desplazamiento hacia el Levante, Mesopotamia y el golfo Pérsico. El paisaje no fue siempre una frontera: en determinados momentos fue un puente. Jebel Katefeh ayuda a entender que los movimientos de las poblaciones humanas dependieron tanto de las capacidades culturales como de los ciclos de lluvia, agua y fauna.
También obliga a formular una pregunta apasionante: ¿coincidieron en Arabia grupos de neandertales y Homo sapiens? El nuevo trabajo no demuestra ese encuentro, pero sitúa la posibilidad en un escenario más amplio. La relación entre ambas poblaciones fue compleja y dejó huella genética en muchas comunidades humanas actuales, como explicamos al abordar si convivieron los neandertales con los Homo sapiens.
El valor de un paisaje que cambia
La investigación de Jebel Katefeh no cambia solo un punto en el mapa de los neandertales. Cambia la manera de pensar el desierto. Bajo sus arenas persisten lagos antiguos, rutas de animales y campamentos breves que muestran una Arabia mucho más dinámica de lo que su aspecto actual permite imaginar. En esa escala profunda del tiempo, la historia humana está ligada a los pulsos del clima.
Quedan muchas preguntas abiertas: falta localizar más niveles bien fechados, recuperar nuevos conjuntos y, sobre todo, encontrar evidencias biológicas que permitan identificar a sus autores sin reservas. Mientras tanto, las herramientas de JKF-1 ofrecen una pista muy seria. Hace 55.000 años, cuando el Nefud volvía a recibir agua, los neandertales en Arabia pudieron haber seguido el mismo rastro de vida que condujo a otros grupos humanos hacia el interior de la península.