#NoticiasArqueología

El tesoro perdido de Dariyah: encuentran más de 100 joyas abasíes ocultas durante 1.100 años

Una vasija enterrada en el desierto revela el lujo de las rutas hacia La Meca

En el corazón de la península arábiga, allí donde el polvo parece guardar más memoria que silencio, los arqueólogos han encontrado una vasija con más de un centenar de piezas de oro, plata y piedras preciosas. El hallazgo procede del yacimiento de Dariyah, en la región saudí de Al-Qassim, y ha sido atribuido al periodo abasí, con una cronología vinculada a los restos de ocupación del siglo IX d.C. documentados en la misma zona.

El tesoro de Dariyah es una pequeña biografía material de una Arabia atravesada por caravanas, peregrinos, comerciantes y artesanos. Un lugar que fue punto de paso hacia La Meca, pero también una estación viva en las rutas que unían Basora con el Hiyaz. Saudipedia identifica Dariyah como una de las dos estaciones principales de la ruta Basora-La Meca en Al-Qassim, una vía de unos 1.200 kilómetros con veintisiete estaciones principales.

Estación de la ruta Basora-La Meca en Al-Qassim
Estación de la ruta Basora-La Meca en Al-Qassim

Una vasija sellada con oro, flores y piedras de colores

El conjunto apareció dentro de un recipiente cerámico. En su interior se hallaron piezas martilladas a mano, ornamentos florales, colgantes triangulares, cuentas, separadores de oro, láminas metálicas y fragmentos de cobre oxidado. Entre todos ellos destaca una gran pieza circular decorada con incrustaciones de colores, dispuestas en torno a un diseño central.

Las joyas parecen formar parte de un conjunto de adorno abasí casi unitario. Varias presentan motivos vegetales dentro de composiciones geométricas; otras conservan engastes preparados para piedras semipreciosas. La técnica remite a un trabajo refinado: láminas de oro batidas, decoración por presión e incrustación manual de piedras dentro de marcos metálicos.

Aquellas piezas no fueron fabricadas para manos pobres. Hablan de riqueza, de gusto por el color, de artesanos con dominio del metal precioso y de una clientela capaz de adquirir objetos de prestigio en un entorno de movilidad constante.

Conjunto completo del tesoro de Dariyah
Conjunto completo del tesoro de Dariyah

Dariyah, una estación entre la fe y el comercio

Dariyah —a veces transcrita como Darīyah o Ḍariyah— no debe confundirse con la famosa Diriyah de Riad, vinculada al origen del Estado saudí moderno. Este yacimiento se sitúa en Al-Qassim, en el trazado de antiguas rutas de peregrinación y comercio. Las fuentes saudíes lo describen como una localidad antigua, con raíces preislámicas y relevancia durante los periodos islámicos, cuando sirvió como cruce de caminos para viajeros y peregrinos.

La ruta de peregrinación de Basora a La Meca atravesaba el noreste de Arabia, pasaba por Wadi al-Batin, cruzaba zonas desérticas como Al-Dahna y entraba en Al-Qassim, región conocida por sus valles, aguas y puntos de abastecimiento. La propia Saudipedia señala que estas rutas no fueron utilizadas solo por peregrinos: también por viajeros y comerciantes que buscaban destino, mercado o protección en una red de estaciones.

Ese detalle cambia la lectura del hallazgo. El tesoro abasí de Dariyah pudo pertenecer a un peregrino adinerado, a un mercader, a una familia local o a alguien que enterró sus bienes ante una amenaza concreta y nunca regresó a recuperarlos. Por ahora, ninguna hipótesis puede cerrarse con seguridad.

Mapa académico de una ruta histórica del Hajj — MDPI/Sustainability
Mapa académico de una ruta histórica del Hajj — MDPI/Sustainability

El siglo IX: cuando el desierto también era una red

El califato abasí, fundado en el año 750, convirtió Bagdad y su área de influencia en uno de los grandes centros políticos, económicos y culturales del mundo medieval. En ese contexto, las rutas hacia La Meca no fueron caminos aislados, más bien arterias donde circulaban personas, noticias, objetos de lujo, monedas, tejidos, vidrio, cerámica y saberes técnicos.

Las excavaciones de esta campaña no han sacado a la luz únicamente joyas. También se documentaron cimentaciones de piedra, muros de adobe, habitaciones revocadas, hogares, cerámica, vidrio y herramientas metálicas. Estos elementos apuntan a una ocupación estable durante el siglo IX, no a un campamento efímero levantado para una noche de paso. Sin ese contexto, las joyas serían un tesoro precioso. Con él, se convierten en prueba de una comunidad: casas, fuego doméstico, recipientes, herramientas, intercambio y vida cotidiana en una estación estratégica de la Arabia abasí.

¿Por qué alguien enterró estas joyas?

Todo tesoro oculto encierra una pregunta incómoda: ¿qué ocurrió para que nadie volviera a buscarlo?

Excavación arqueológica en Dariyah — Imagen de archivo de SPA/Arab News
Excavación arqueológica en Dariyah — Imagen de archivo de SPA/Arab News

La respuesta puede estar en el miedo. En las rutas medievales, el viaje era una empresa arriesgada. Las caravanas dependían del agua, de los animales, de la seguridad local, de la estabilidad política y de la suerte. Un conjunto de joyas podía ocultarse durante una crisis, una enfermedad, un ataque o una espera prolongada. También pudo tratarse del depósito de un comerciante que guardó mercancía valiosa, o del ajuar de alguien asentado en Dariyah.

Los arqueólogos aún no han podido determinar quién fue su propietario. Artnet, citando el comunicado de la Comisión Saudí del Patrimonio, recoge precisamente esa cautela: el origen concreto del conjunto sigue siendo un misterio, aunque su riqueza confirma la importancia del enclave como espacio de intercambio y contacto cultural.

El tesoro de Dariyah confirma que las rutas interiores de Arabia durante la época abasí no fueron espacios vacíos entre grandes ciudades. Eran corredores activos, con estaciones capaces de sostener población, comercio y servicios para peregrinos. La Comisión Saudí del Patrimonio ha vinculado el hallazgo con la larga función de Dariyah como enclave situado en redes de peregrinación y comercio.

También permite estudiar la circulación de modelos artísticos. Los motivos florales, los marcos geométricos y el uso de piedras de colores encajan con un gusto cortesano y urbano que viajaba mucho más allá de los talleres de las grandes capitales. En una pieza pequeña, casi íntima, se percibe la amplitud de un mundo conectado.

Dinar abbasí, siglo VIII
Dinar abasí, siglo VIII


Descubre más desde El Reto Histórico

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Redacción

Equipo de Redacción / Notas de Prensa / Agencias
Botón volver arriba