Durante unas horas, este sábado volverán a aparecer aviones de época sobre uno de los escenarios más duros de la Guerra Civil española. Villanueva del Pardillo celebra el 5 de septiembre la II Recreación de la Batalla de Brunete, una jornada de divulgación histórica que incluirá el vuelo de aeronaves pertenecientes a la colección de la Fundación Infante de Orleans, la exhibición de un blindado UNL, una pieza antitanque alemana Pak 36 y un camión de transporte de tropas.
No será únicamente una representación del combate. El programa incluye recreaciones de un Estado Mayor, un puesto de socorro, propaganda y prensa y, ya de noche, visitas guiadas a trincheras. La actividad forma parte de las VI Jornadas de la Comarca de la Batalla de Brunete.
El escenario no es casual. Villanueva del Pardillo estuvo dentro del enorme campo de batalla que, durante veinte días de julio de 1937, convirtió el oeste de Madrid en uno de los principales frentes de la guerra.
Por qué comenzó la batalla de Brunete
A comienzos de julio de 1937 la situación estratégica preocupaba seriamente al Gobierno de la República. Madrid había resistido los intentos de conquista iniciados el año anterior, pero las fuerzas sublevadas mantenían importantes posiciones alrededor de la capital y la campaña del norte amenazaba los territorios republicanos del Cantábrico. En ese frente septentrional, la guerra ya había dejado episodios navales como la batalla del cabo Machichaco y la caída de Bilbao había golpeado la moral republicana.
El mando republicano preparó entonces una gran ofensiva al oeste de Madrid. La idea consistía en romper el frente en profundidad, aliviar la presión sobre la capital y obligar a Franco a trasladar fuerzas desde otros escenarios. Brunete no era solamente una batalla por una población madrileña: la operación buscaba alterar el equilibrio estratégico de toda la guerra.

El estudio de José Manuel Martínez Bande, publicado en 1959 por la Revista de Historia Militar, permite reconstruir el planteamiento operacional con notable detalle. Según la documentación manejada por el autor, Vicente Rojo concibió una ruptura entre Villanueva del Pardillo y Navalagamella. Quijorna, Villanueva de la Cañada y Brunete figuraban entre los objetivos sucesivos, antes de alcanzar el Guadarrama en dirección a Boadilla y Villaviciosa de Odón.
El ataque comenzó el 6 de julio de 1937. La maniobra inicial debía aprovechar la noche, infiltrarse entre las posiciones defensivas y golpear por sorpresa al amanecer. La artillería no abriría una larga preparación previa que delatase el ataque; los carros avanzarían después contra los puntos fuertes. Las fuerzas republicanas penetraron en el dispositivo enemigo y ocuparon varias localidades del sector, entre ellas Brunete. Pero el avance perdió progresivamente impulso.
Villanueva del Pardillo estaba dentro del campo de batalla
La ofensiva se extendió por un espacio mucho mayor que el municipio que terminó dando nombre a la batalla. Quijorna, Villanueva de la Cañada, Villanueva del Pardillo, Villafranca del Castillo, Boadilla y otros puntos del oeste madrileño quedaron directamente involucrados en las operaciones. Por eso las actuales Jornadas de la Comarca de la Batalla de Brunete se desarrollan en diferentes municipios.
Martínez Bande sitúa en Villanueva del Pardillo al 8.º Batallón de San Quintín y dos piezas contracarro al iniciarse la ofensiva. Durante los días siguientes, el pueblo quedó dentro de un sector disputado por varias divisiones republicanas y por las unidades que acudieron a cerrar la brecha. La población no era un simple nombre en el mapa: sus caminos comunicaban la carretera de El Escorial a Navalcarnero con los ramales que alcanzaban la carretera de La Coruña.
El paisaje conserva todavía vestigios. Trincheras, posiciones fortificadas, observatorios y restos de obras de campaña permiten reconocer sobre el terreno un frente que no desapareció cuando terminaron los combates. La investigación doctoral de Ángela Crespo Fraguas ha estudiado precisamente las fortificaciones de campaña del teatro de operaciones del centro como cicatrices en el paisaje. Las visitas a trincheras incluidas en la recreación conectan la representación con los restos materiales de aquella guerra.
Los T-26: una de las armas más potentes de la ofensiva
La recreación mostrará un blindado UNL, y eso permite explicar uno de los elementos más interesantes de Brunete: la importancia que alcanzaron los medios mecanizados. El historiador Artemio Mortera calcula que el Ejército Popular concentró para la ofensiva una Brigada de Tanques que disponía de unos 130 carros T-26B soviéticos, además de alrededor de medio centenar de blindados.

Entre estos últimos figuraban vehículos construidos en España por la Unión Naval de Levante. El T-26 estaba considerablemente mejor armado que muchos de los carros utilizados por sus adversarios: su cañón de 45 milímetros le proporcionaba capacidad contra otros vehículos blindados y posiciones terrestres.
Pero los carros no combatían aislados. Necesitaban coordinación con infantería, artillería, comunicaciones y aviación. Brunete demostraría hasta qué punto disponer de numerosos vehículos no garantizaba por sí mismo romper y explotar un frente.
El cielo de Brunete
La aviación fue otro de los elementos fundamentales de la batalla. En julio de 1937 aquel cielo fue escenario de numerosos combates. La República disponía de cazas soviéticos Polikarpov I-15 e I-16, conocidos popularmente como «Chato» y «Mosca» —«Rata» en la terminología del otro bando—. Uno de aquellos pilotos republicanos fue José Falcó, cuya historia contamos en El Reto Histórico.

Frente a ellos actuaron aparatos españoles, italianos y alemanes. Brunete ocupa un lugar especial en la historia de la aviación porque durante aquellas operaciones comenzó a hacerse notar un avión que terminaría convertido en uno de los cazas más conocidos de la Segunda Guerra Mundial: el Messerschmitt Bf 109.
La Guerra Civil se había convertido en un escenario en el que varias potencias utilizaban material militar de última generación. Brunete fue uno de sus grandes laboratorios. La presencia de la Fundación Infante de Orleans en la recreación devuelve ahora al cielo un eco de aquella dimensión aérea, esta vez como patrimonio histórico conservado en vuelo.
El Pak 36 que podrá verse en la recreación
Entre las piezas anunciadas figura también un Pak 36, cañón antitanque alemán de 37 milímetros concebido para enfrentarse a vehículos blindados. Su presencia tiene sentido por el enorme protagonismo que alcanzaron los carros soviéticos durante las operaciones.
La lucha contracarro estaba convirtiéndose durante los años treinta en una necesidad fundamental para cualquier ejército europeo. Los carros aumentaban en número y, frente a ellos, aparecía una familia completa de armas diseñadas específicamente para detenerlos. Brunete permite observar ese cambio tecnológico pocos años antes de que la guerra mecanizada alcanzase una escala mucho mayor en Europa.
Cuando la ofensiva se detuvo
El éxito inicial republicano no pudo mantenerse. Las fuerzas de Franco trasladaron unidades al sector y comenzaron un contraataque. La batalla se convirtió progresivamente en una sucesión de ataques, contraataques, bombardeos de artillería y enfrentamientos aéreos bajo unas condiciones especialmente duras.
Era julio. El calor afectaba a hombres, animales y motores; el polvo dificultaba los desplazamientos y la observación. La necesidad de abastecer continuamente a decenas de miles de combatientes imponía además un enorme esfuerzo logístico.
Tras aproximadamente veinte días de operaciones, las tropas republicanas habían conservado parte del territorio conquistado, pero no habían logrado el gran resultado estratégico perseguido. La ofensiva sobre el frente norte no quedó detenida de manera permanente y ambos ejércitos sufrieron un desgaste extraordinario. Las cifras exactas de bajas varían según los autores; lo indiscutible es la escala: Brunete fue una de las grandes batallas de la Guerra Civil.
Gerda Taro: una cámara dentro de la batalla
La batalla dejó también uno de los episodios más conocidos de la historia del fotoperiodismo. Gerda Taro estuvo allí. Había trabajado junto a Endre Ernő Friedmann —Robert Capa—, pero para entonces desarrollaba plenamente su propia carrera como fotógrafa.
En Brunete realizó uno de sus reportajes más importantes. Fotografió soldados, vehículos, posiciones y los efectos de los combates. Las imágenes conservadas por el International Center of Photography permiten mirar aquella ofensiva desde pocos metros de distancia.

Taro no sobrevivió a la batalla. Durante la retirada republicana del 25 de julio resultó gravemente herida en un accidente relacionado con un carro de combate y falleció al día siguiente. Tenía 26 años. Su muerte convirtió Brunete en un nombre inseparable también de la historia de la fotografía de guerra.
Un campo de batalla que todavía puede recorrerse
Casi nueve décadas después, la historia de Brunete continúa sobre el terreno, no únicamente en los archivos. Las fortificaciones que sobreviven alrededor de los municipios del frente convierten la comarca en un enorme paisaje histórico. De ahí que la recreación tenga especial interés cuando abandona el espectáculo y entra en el territorio.
La organización ha preparado visitas a posiciones recreadas de Estado Mayor, socorro, propaganda y prensa, además de recorridos nocturnos por las trincheras. La recreación se celebrará el sábado 5 de septiembre en Villanueva del Pardillo y será de acceso libre. El horario general anunciado va de las 10:00 a las 23:00; la recreación principal comenzará a las 11:00 y las pasadas de los aviones están previstas en torno a las 11:30.
Las actividades se desarrollarán en la explanada situada junto al Camino Real, la avenida Juan Carlos I y la calle Alcorán. Durante unas horas habrá uniformes, aviones y blindados. Debajo de la representación permanecerá el auténtico protagonista: el mismo terreno donde en julio de 1937 dos ejércitos enfrentaron hombres, carros, artillería y aviación.
Fuentes
Fuente matriz: MARTÍNEZ BANDE, José Manuel, «Guerra de Liberación: batalla de Brunete (julio 1937)», Revista de Historia Militar, n.º 5, 1959, pp. 157-198. Se utiliza para la reconstrucción operacional atendiendo a su fecha de publicación, el contexto del Servicio Histórico Militar y su terminología historiográfica.
MORTERA PÉREZ, Artemio, «Reflexiones sobre los medios alemanes y soviéticos en Brunete», Desperta Ferro: Contemporánea, n.º 34, 2019, pp. 50-56.
CRESPO FRAGUAS, Ángela, La fortificación de campaña durante la Guerra Civil española en el teatro de operaciones del centro (1936-1939): cicatrices en el paisaje, Universidad de Castilla-La Mancha, 2022. Véase la presentación institucional de la investigación.
International Center of Photography, colección Gerda Taro.
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