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Cánovas del Castillo: biografía y legado político

La gran figura de la política española de la segunda mitad del siglo XIX

Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897) fue el principal arquitecto político de la Restauración borbónica. Historiador, diputado, ministro y presidente del Consejo de Ministros en distintos periodos, diseñó una monarquía constitucional que buscaba cerrar décadas de pronunciamientos, guerras civiles y cambios de régimen. Su obra quedó asociada a la Constitución de 1876, al Partido Conservador y a la alternancia con los liberales de Práxedes Mateo Sagasta.

La respuesta breve a quién fue Cánovas del Castillo es, por tanto, la de un estadista decisivo y controvertido: dio estabilidad institucional a la España del último tercio del siglo XIX, aunque el sistema terminó dependiendo del control electoral, las redes locales de poder y una participación política limitada. Su muerte violenta, el 8 de agosto de 1897, lo convirtió además en el símbolo de un régimen que llegaba sin su principal conductor a la crisis colonial de 1898.

Antonio Cánovas del Castillo retratado en 1872
Antonio Cánovas del Castillo en un grabado publicado en 1872. Fuente: La Ilustración Española y Americana.

¿Quién fue Antonio Cánovas del Castillo?

Nació en Málaga el 8 de febrero de 1828. Tras la muerte de su padre se trasladó a Madrid, trabajó en las oficinas del ferrocarril Madrid-Aranjuez y se licenció en Derecho en 1851. Su vocación intelectual avanzó al mismo tiempo que su carrera pública: escribió historia, cultivó la crítica literaria y perteneció a varias academias. La biografía conservada por el Congreso de los Diputados permite seguir una trayectoria parlamentaria que se prolongó durante más de cuarenta años.

En 1854 participó en la redacción del Manifiesto de Manzanares, texto político de la revolución iniciada con la Vicalvarada. Fue elegido diputado por Málaga, ocupó el Gobierno Civil de Cádiz y llegó a ser ministro de la Gobernación y de Ultramar durante el reinado de Isabel II. Aquella primera etapa explica una de sus convicciones: el Estado liberal solo sobreviviría si la Corona, las Cortes y los grandes partidos aceptaban unas reglas comunes.

https://www.youtube.com/watch?v=oX67gl9Szb0
Documental sobre la trayectoria política de Antonio Cánovas del Castillo. Fuente: El Reto Histórico.

De la revolución de 1868 al Manifiesto de Sandhurst

La revolución de septiembre de 1868 expulsó a Isabel II. Cánovas se convirtió entonces en el dirigente de la causa alfonsina: defendió la restauración de la dinastía en la persona del príncipe Alfonso, futuro Alfonso XII, pero quiso evitar que su regreso dependiera de otra sublevación militar. El Manifiesto de Sandhurst, fechado el 1 de diciembre de 1874 y firmado por el príncipe, presentó una monarquía constitucional, católica y conciliadora.

El plan civil fue adelantado por los hechos. El 29 de diciembre de 1874, el general Arsenio Martínez Campos proclamó a Alfonso XII en Sagunto. Cánovas asumió la presidencia del Ministerio-Regencia y condujo el tránsito hacia la nueva monarquía. Para comprender ese proceso conviene leer también nuestra explicación de la Restauración borbónica en España.

Caricatura del general Martínez Campos durante la Restauración
Caricatura del general Martínez Campos, cuyo pronunciamiento de 1874 aceleró la proclamación de Alfonso XII. Fuente: archivo de El Reto Histórico.

Cómo funcionó el sistema político de Cánovas

La Constitución de 1876 fue la pieza central. Su redacción flexible permitió que conservadores y liberales gobernaran bajo el mismo marco. La Corona conservaba atribuciones amplias, las Cortes se dividían en Congreso y Senado y la cuestión religiosa se resolvía mediante la confesionalidad católica del Estado con una tolerancia privada limitada. El texto permaneció vigente hasta el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923.

El llamado turno de partidos pretendía evitar que cada cambio de gobierno naciera de un cuartel. Conservadores y liberales se sucedían en el poder y aceptaban la legitimidad del adversario. Esa fue una innovación importante en una España acostumbrada a que la fuerza militar interrumpiera la política. Cánovas no gobernó solo: Sagasta fue rival, interlocutor y la otra gran figura del sistema.

La estabilidad tuvo un precio. Los cambios de gobierno se preparaban desde arriba y después se convocaban elecciones que las redes de gobernadores civiles, notables y caciques orientaban para obtener la mayoría prevista. El sistema integró a una parte importante de las élites, pero dejó fuera a republicanos, obreros organizados, nacionalismos emergentes y amplios sectores sociales. Esa contradicción ayuda a entender tanto la duración del régimen como su desgaste.

Apertura de las Cortes de 1878 durante la Restauración
Apertura de las Cortes de 1878 con Alfonso XII, representación del nuevo orden político de la Restauración. Fuente: La Ilustración Española y Americana.

Cánovas del Castillo y la política africana

Una faceta menos recordada fue su interés por África. En La segunda columna, Miguel Ángel Ferreiro recuerda que Cánovas publicó Apuntes para la historia de Marruecos en 1860 y participó en la Conferencia de Madrid de 1880. Allí se reguló la presencia extranjera en Marruecos en un momento de creciente competencia europea. No era una curiosidad marginal: el político malagueño vinculaba la seguridad de las plazas norteafricanas, la navegación y los intereses comerciales con la posición internacional de España.

El mismo contexto explica su apoyo a iniciativas africanistas y geográficas. En 1885, ya como presidente del Consejo de Ministros, ordenó sufragar los gastos ocasionados por las factorías que Emilio Bonelli había establecido en la costa del Sáhara. Esta dimensión permite leer a Cánovas más allá de Madrid y del turno de partidos, dentro de la relación histórica entre España y África que desarrolla el libro La segunda columna.

Alfonso XII en el Palacio Real durante la Restauración
Alfonso XII contempla una concentración desde el Palacio Real, imagen de la monarquía restaurada que sostuvo el proyecto de Cánovas. Fuente: La Ilustración Española y Americana.

Cuba, la abolición y la crisis colonial

La política ultramarina fue uno de los terrenos más difíciles de su gobierno. La ley de 1880 inició la abolición gradual de la esclavitud en Cuba mediante el patronato; la extinción completa llegó en 1886. Al mismo tiempo, los gabinetes de la Restauración intentaron conservar las provincias antillanas con reformas insuficientes y una respuesta militar creciente. Cuando comenzó la guerra cubana de 1895, Cánovas defendió mantener la soberanía española y respaldó una política de máxima presión.

Murió antes de contemplar el desenlace de 1898. El vínculo directo entre su muerte y la derrota posterior no puede presentarse como una certeza, aunque su desaparición eliminó al dirigente con mayor autoridad del Partido Conservador en el peor momento. La campaña naval y sus consecuencias se explican mejor al seguir la historia del almirante Cervera y sus hombres.

El atentado de Santa Águeda

El 8 de agosto de 1897 Cánovas descansaba en el balneario de Santa Águeda, en Mondragón, cuando el anarquista italiano Michele Angiolillo le disparó. Angiolillo afirmó que actuaba para vengar la represión y las torturas denunciadas tras el proceso de Montjuïc, abierto a raíz del atentado de la procesión del Corpus de Barcelona. Fue detenido en el lugar, juzgado por un consejo de guerra y ejecutado pocos días después.

Atentado contra Antonio Cánovas del Castillo en 1897
Representación del atentado de Santa Águeda en el que murió Antonio Cánovas del Castillo el 8 de agosto de 1897. Fuente: L’Illustrazione Italiana.

Las conexiones que el atacante buscó durante su viaje por Londres y París han alimentado hipótesis sobre apoyos anarquistas y contactos con independentistas cubanos. La documentación permite hablar de encuentros y ayuda económica, pero no convierte en probado un plan internacional único para decidir el futuro de la guerra. Separar los hechos de las conjeturas mejora el rigor de un episodio que durante décadas se relató con demasiada seguridad.

El legado de Cánovas del Castillo

Cánovas del Castillo dejó una herencia de doble filo. Su sistema proporcionó continuidad constitucional, redujo el protagonismo de los pronunciamientos y permitió alternancias pacíficas en el gobierno. También consolidó mecanismos electorales que deformaban la representación y dificultaban la entrada de nuevas fuerzas políticas. Las dos caras pertenecen al mismo proyecto y deben estudiarse juntas.

Por eso sigue siendo una figura imprescindible para comprender la España contemporánea. No fue únicamente el hombre que restauró a los Borbones o el presidente abatido en un balneario. Fue el autor de una arquitectura política capaz de sobrevivirle durante décadas, con una estabilidad real y unas limitaciones que el país terminó pagando.


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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, autor de "La Segunda Columna" (Ed.Edaf), director de este proyecto e Historiador del Arte (UNED). Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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