El Capitán olvidado ante el Palacio de Oriente

A finales de 1911 aparecía en prensa la noticia de la inauguración de un monumento en los jardines de la Plaza de Oriente dedicado a un personaje muy poco conocido: El ayudante honorífico del rey Alfonso XIII, don Ángel Melgar Mata, oficial de Infantería, ascendido a título póstumo de capitán a comandante.

El monumento minutos después de su inauguración

Aquel día desfiló, al compás de su himno y ante la estatua, una compañía del propio Batallón de Cazadores Arapiles nº 9 en el que estaba destinado como capitán don Ángel Melgar.

El autor de la escultura fue Julio González-Pola y García, artista asturiano que se había criado en el seno de una familia de militares y que realizó bastantes obras entre finales del siglo XIX y principios del XX. Es el artífice de la estatua del Comandante Benítez en Málaga y de varios grupos escultóricos dedicados a militares españoles en tierras sudamericanas.

recorte del Diario Nuevo Mundo (28/12/1911) durante la inauguración del monumento

Su historia

El capitán de Infantería Ángel Melgar Mata, originario de un pueblo de la provincia de Toledo llamado El Romeral, estaba destinado en el Batallón Cazadores Arapiles nº 9 aquel fatídico 27 de julio de 1909, en el Barranco del Lobo.

Aquel día, tres compañías de Arapiles, al mando del Teniente Coronel Ortega fueron las encargadas de escoltar un convoy a la 2ª Caseta (a pocos kilómetros de Melilla, cerca de lo que hoy es Nador). Cumplida la misión, y al regreso de ella, quedaron dichas compañías como reserva de las fuerzas de protección de la zona del Gurugú (Campamento del Lavadero de mineral) desde donde se estaban observando movimientos enemigos.

Una orden mandó a las columnas penetrar en el Gurugú, ningún periódico ni testigos da nombres, al parecer se desconoce quién dio esa desdichada orden. Lo que sí se dice en los informes es que, desde el monte, no dejaban de hacer fuego una y otra vez contra las tropas; por lo que muy probablemente decidieron hacer la incursión para neutralizar el hostigamiento.

El general Marina con su Estado Mayor en el campamento del Lavadero dando órdenes al general Pintos, antes de salir éste al combate donde murió el 27 de julio
(Foto: todocoleccion)

Uno de los errores más graves fue el de meterse en un terreno que creían que conocían bien, pero que en realidad no, puesto que no había alzados topográficos en condiciones de la zona; además, aquellos disparos fueron un reclamo-trampa. La brigada, harta de recibir disparos desde la ladera, se desplegó en dos frentes: por la derecha, los batallones de Madrid, Barbastro y Figueras, al mando del general Pintos se dirigieron a las zonas bajas del Gurugú, mientras que el ala izquierda —Las Navas, Llerena y Arapiles, al mando del coronel Páez Jaramillo— comenzó la penetración por el Barranco del Lobo. Sería allí la emboscada, utilizando el enemigo todos los parapetos a ambos lados desfiladero.

El Barranco del Lobo

El batallón de Madrid, en vanguardia, avanzaba sin recibir apenas fuego; tras ellos Barbastro y Figueras como reserva. Las tropas avanzaban por compañías en fila de a cuatro. El general Pintos ordenó desplegarse en guerrillas. De repente comenzaron a aparecer enemigos y se produce la primera descarga.

El general, que debía ir al frente de los de Barbastro, observó que Madrid estaba siendo emboscada, para lo que envió refuerzos. En ese justo momento un certero disparo alcanzaba al general en la cabeza. El cuerpo del general fue retirado sin vida hacia el hospital de Melilla y se produjo la entrada en combate de la reserva para tratar de avanzar, pero el ala derecha ya no pudo continuar. Un infierno cayó sobre ellos.

El ala izquierda, con Las Navas en vanguardia seguidos por Llerena y Arapiles (en reserva), ya había penetrado en el Barranco del Infierno, justo antes del Lobo, recibiendo fuego que pudieron superar hasta llegar al Barranco del Lobo. Allí comenzaron a caer los oficiales, las descargas se multiplicaron y el nerviosismo de los nuestros les hacía malgastar la munición. Muchos se quedaron sin cartuchos, y aun no había venido lo peor, empezaron a sonar los balazos por la retaguardia, contra los de Arapiles. Estaban rodeados.

El teniente coronel Ortega, de Arapiles, ordenó ascender por la escarpada ladera. Pocas más órdenes daría, llovían balas, y fue el primero en caer de los suyos. Su segundo, el capitán Melgar, tomó el mando:

—¡Avanzad!

Muchos de vanguardia huían en desbandada, el teniente Joaquín Tourné logró contener a un grupo soldados que escapaba y organizó una carga a bayoneta. Cargaron y lograron llegar a una altura, aguantaron, pero enseguida el bravo teniente recibió varios impactos… Los que habían tomado la altura, al ver cómo caía el oficial, corrieron como pudieron para salvar su vida.

En la retaguardia, al frente de las tres compañías del batallón Cazadores de Arapiles nº 9, nuestro capitán, avanzando a paso ligero entre chumberas y un terreno poco favorable. Podían ver como sus compañeros de Las Navas y Llerena estaban siendo masacrados un poco más adelante. Ellos eran la reserva, su deber era cubrirlos. El paso ligero bien ordenado de los Cazadores de Arapiles rebasaba a muchos fugitivos, Melgar sabía mandar una formación y lo sabía poner en práctica.

Pero, de nuevo, un descarga de fusiles cayó sobre ellos alcanzando a Melgar en una pierna. El capitán cayó al suelo, pero se volvió a levantar. A sus soldados les dijo que no era nada, que había tropezado, y volvió a gritar:

 —¡De Frente!

Busto don Ángel Melgar (Foto: madrida360.es )

Y es que don Ángel Melgar había sido uno de los mejores instructores militares de su tiempo. Su compañía, por ser la mejor precisamente, había sido la elegida por el monarca para desfilar al frente de ella por las calles de Madrid. Siendo éste capitán felicitado personalmente y nombrado ayudante honorífico del Rey haciéndole entrega de los cordones de dicho cargo, con los que suele aparecer en sus representaciones. Los que somos militares, los que lo han sido y los que saben algo del ejército, sabemos cómo manda un buen oficial en instrucción, por eso no me cuesta oír sus voces de mando aun en la distancia del tiempo.

El capitán Melgar, con una herida en la pierna, continuaba a la cabeza de sus hombres. De repente, otra descarga contra los suyos. Varios cayeron, heridos la mayoría, los rifeños disparaban al bulto, habitualmente contra la vanguardia, sabían que ahí se colocaban nuestros oficiales siempre con el sable en alto. Otra descarga más. El capitán cae fulminado al suelo, un tiro en el cuello lo había tumbado y —dicho por testigos presenciales— agarró los cordones de Ayudante del Rey, se puso en pie de nuevo, señalando hacia las lomas, cogió aire y gritó con sus últimas energías:

—¡Vamos!

Busto don Ángel Melgar (Foto: madrida360.es )

Habían caído muchos ya, otros huían, había combates cuerpo a cuerpo… Nuestro capitán, en pie, paralizado ya por la sangre que estaba perdiendo, no podía creer lo que estaba pasando. La artillería no sonaba desde ningún fuerte para cubrirlos ¿Por qué? —Habitualmente las baterías como las del Hipódromo, en Melilla, disparaban granadas para proteger los convoyes— Quizás, no efectuaron fuego por hallarse rifeños y españoles enzarzados en combates cuerpo a cuerpo. Su preocupación era la retirada, pero no pudo organizar nada. Una bala mortal en el pecho sesgó su vida en cuestión de segundos.

Horas después, el general Marina, organizó el auxilio de los batallones, que aun costaría unas horas. Los restos del capitán Melgar fueron encontrados junto a los de sus compatriotas dos meses después del suceso, habían perdido entre 100 y 160 soldados (las fuentes oscilan las cifras). La operación, que pudo concluir en retirada se saldó además con 600 heridos. Fue sepultado en el Cementerio de la Purísima y más tarde trasladado al Panteón de Héroes de Melilla en donde se encuentra en la actualidad. Los restos de los compañeros caídos en el Barranco están en un osario ubicado en el Panteón de Margallo, también en Melilla.

Recorte de prensa (Diario El Día 14/12/1916)

D. Ángel Melgar y Mata se hizo acreedor a la cruz de segunda clase de la Real y Militar Orden de San Fernando por los méritos contraídos en el combate del 27 de julio de 1909.

Con esto queríamos contar un poco la historia de uno de aquellos grandes hombres que perdimos en absurdos combates en la zona del Rif. La historia del Barranco del Lobo es larga, con antecedentes y precedentes que cambiaron para siempre España.

Restos del Barranco del Lobo en el Panteón de Margallo (Melilla) (Foto: Retohistorico)

El Ayuntamiento de El Romeral también colocó una placa en su casa natal el día de Todos los Santos de 1909:

A la memoria del Capitán de Infantería Ángel Melgar y Mata, que nació en esta casa y murió gloriosamente por la Patria en los campos de Melilla. Costeada esta lápida por suscripción popular, fue descubierta el día 11 de Noviembre de 1909.

Y en la placa que presenta el monumento de la Plaza de Oriente se lee:

S. M. EL REY D. ALFONSO XIII

HONRO SU MEMORIA

CEDIENDO SITIO Y MARMOLES

PARA ESTE MONUMENTO

RECUERDO DE SUS COMPAÑEROS

DE PROMOCIÓN EN HOMENAJE

AL VALOR QUE ACREDITÓ Y

ESTIMULO PARA IMITAR

SU EJEMPLO

MCMXI

Busto don Ángel Melgar (Foto: madrida360.es )

Amigos, si alguna vez pasáis por cerca la calle Bailén en Madrid, pegados al Palacio, en dirección a la Calle Mayor no se os olvide hacer un “vista a la izquierda” a la altura de nuestro capitán. Él no necesita nada más.

Fotografías actuales del busto de Melgar y portada del artículo: en la web madrida360.es

Fuentes:

  • Barranco del Lobo. Cien años del desastre (2010) Antonio González Villena
  • Los primeros militares olímpicos españoles. (2016) José Miguel García García
  • Hemerotecas MCU
  • Testimonio de Bernabé Sánchez, soldado herido del regimiento Arapiles
  • http://www.madrida360.es/2017/08/02/el-capitan-angel-melgar/
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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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