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Los Hombres de Clavos: Monumentos de Hierro en la Primera Guerra Mundial

El 6 de marzo de 1915, una multitud se congregó en Schwarzenbergplatz, Viena, para la inauguración de un nuevo monumento: una representación de madera de un caballero medieval, apodado “Wehrmann in Eisen” o “Guerrero de Hierro”. Poco después de la develación, el Archiduque Leopoldo Salvador de Austria procedió a martillar un par de clavos de hierro en el cuerpo del monumento. Otros dignatarios, como el embajador alemán Tschirschky-Bögendorff y el embajador turco Hüseyin Hilmi Pasha, se unieron al acto, clavando más clavos en la efigie. A medida que el espectáculo despertaba la curiosidad de los presentes, más clavos fueron martillados. Al final de la primera semana, se estimaba que unos 1.600 clavos habían sido clavados en el monumento de madera.

El Guerrero de Hierro y su Significado

El “Wehrmann in Eisen” fue el primer “Hombre de Clavos” o “Nagelobjekte” en alemán, y pronto se erigieron muchos más en todo el Imperio Austrohúngaro y el Imperio Alemán durante la Primera Guerra Mundial. Estos monumentos servían como un novedoso método de recaudación de fondos para el apoyo militar. Las personas debían hacer una donación antes de poder clavar un clavo en el Hombre de Clavos. El valor de la donación determinaba el tipo de clavo recibido, que podía ser de hierro, plata o incluso bañado en oro.

Los precios de cada clavo variaban según la ubicación; por ejemplo, en la Cruz de Hierro en Heidelberg, un clavo de hierro negro básico costaba 1 marco, mientras que un clavo en posiciones más prominentes, como dentro de la inscripción ‘1914’ o la ‘W’ de Kaiser Wilhelm, requería donaciones más altas de 5 a 20 marcos. De manera similar, en el ‘Siegfried de Hierro’ en Wiesbaden, el costo variaba desde 1 marco por un clavo de hierro hasta 300 marcos por uno dorado, con contribuciones adicionales alentadas.

Hombres de Clavos

Wehrmann in Eisen

Wehrmann in Eisen

Diversidad de Formas y Figuras

El Hombre de Clavos adoptaba diversas formas, desde la icónica cruz de hierro hasta escudos, abrigos de armas e incluso representaciones de animales, flores y barcos. Las figuras en forma humana a menudo retrataban caballeros con armadura, aunque ocasionalmente también se inmortalizaban soldados modernos o personalidades históricas y legendarias. Un ejemplo notable fue el colosal Hindenburg de Hierro, erigido en Berlín en 1915. Almirantes como Tirpitz y Rupprecht, Príncipe Heredero de Baviera, así como el General Otto von Emmich, fueron representados como Hombres de Clavos.

Hombres de Clavos

Orígenes Medievales

La tradición de clavar clavos de hierro en árboles vivos, cruces de madera e incluso rocas se remonta a la Europa medieval, similar a la práctica moderna de lanzar monedas en pozos de los deseos o fuentes. Se creía que clavar un clavo en un árbol, especialmente si uno estaba enfermo, podía transferir el dolor o las dolencias a la madera sana del árbol.

Sin embargo, esta costumbre se desvaneció alrededor de finales del siglo XIX, junto con muchos de los llamados “árboles de clavos”. Entre los pocos vestigios sobrevivientes de esta tradición se encuentra el renombrado Stock im Eisen, aún visible hoy en la esquina del Palais Equitable en Viena, preservado detrás de una vitrina.

 

Inspiración y Participación Comunitaria

El fenómeno de los Hombres de Clavos se inspiró directamente en la tradición del Stock im Eisen. Estas estatuas de clavos fueron creadas para facilitar un acto participativo comunitario, transformando una simple figura de madera en un monumento revestido de metal mediante el esfuerzo colectivo de las personas, mostrando abiertamente su apoyo y alentándose mutuamente a cubrir completamente la estatua con clavos. Los artículos de periódicos a menudo documentaban el conteo de clavos clavados en los monumentos locales, a veces incluso mencionando los nombres de las personas que habían hecho contribuciones monetarias.

Esta práctica no solo galvanizó un apoyo generalizado para el esfuerzo bélico, sino que también ejerció una presión sutil sobre los individuos para que sus nombres fueran inmortalizados en la prensa, simbolizando su dedicación a la causa. Además, los fondos recaudados a través de estos clavados tenían como objetivo reforzar la estructura social patriarcal, con las viudas y los huérfanos como los principales beneficiarios. Adicionalmente, los Hombres de Clavos sirvieron como conmovedores memoriales para los soldados caídos.

Wooden Hindenburg, Berlin
Wooden Hindenburg, Berlin

Wehrmann in Eisen

El Destino de los Hombres de Clavos

Después de la guerra, muchos de estos monumentos cayeron víctimas del cambiante panorama político, vistos como símbolos de la Monarquía desaparecida. Sin embargo, algunos perduraron, como el original Wehrmann. Después de languidecer en almacenamiento durante más de una década, la estatua fue desvelada una vez más en 1934. Se clavaron más clavos en ella, esta vez para recaudar fondos para el monumento a los muertos de guerra en el Äußeres Burgtor de Viena. Posteriormente, el Wehrmann encontró su hogar actual al otro lado de la calle del ayuntamiento, donde continúa en pie.

La Persistencia de una Tradición

La tradición de los Hombres de Clavos no solo sirvió como una herramienta de recaudación de fondos, sino también como un símbolo poderoso de unidad y sacrificio comunitario. El acto de clavar un clavo se convirtió en un ritual que unía a las personas en un propósito común, reflejando el espíritu de la época y la necesidad de demostrar apoyo tangible al esfuerzo bélico. Aunque muchos de estos monumentos han desaparecido o han sido olvidados, los que quedan son testigos de una práctica que, aunque nacida en tiempos de guerra, habla de la capacidad humana para encontrar formas de solidaridad y memoria colectiva.

Wehrmann in Eisen

Wehrmann in Eisen

Wehrmann in Eisen Wehrmann in Eisen

 

Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, autor de "La Segunda Columna" (Ed.Edaf), director de este proyecto e Historiador del Arte (UNED). Entre África y Europa, como el Mediterráneo.
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