Los españoles y las enfermedades en la conquista de América

Los españoles se dieron cuenta al cabo de pocas décadas de que eran los transmisores de la viruela y otras enfermedades, pero desconocían por completo el mecanismo de transmisión de estas plagas. Simplemente sabían que la enfermedad de las viruelas había llegado con ellos y que había causado la devastación de la población de las Indias. El autor que mejor lo describe es Francisco López de Gómara (más apropiadamente Francisco López, de Gómara):

El cardenal y arçobispo de Toledo, fray Francisco Ximénez de Cisneros, que por muerte del Rey don Fernando y ausencia de su nieto don Carlos governava estos reynos,

embió a la Española por governadores a fray Luys de Figueroa, prior de La Mejorada, a fray Alonso de Santo Domingo, prior de San Juan de Ortega, y a Bernaldino de Mançanedo, frayle también hierónimo,

los quales tuvieron por asessor al licenciado Alonso Zuaço y tomaron cuenta a los oficiales del rey y residencia a los licenciados Marcelo de Villalobos, Juan Ortiz de Matienço y Lucas Vázquez de Aillón, juezes de apelaciones.

Estos frayles quitaron los indios a cortesanos y ausentes, porque sus criados los maltratavan, y reduxéronlos a pueblos para los dotrinar mejor, mas fueles dañoso venir a poblado con españoles, porque les dieron viruelas, mal a ellos nuevo y que mató infinitos.

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Códice Florentino
Mexicas enfermos de viruela. Ilustración del Códice Florentino.

Francisco López escribe en fechas muy tardías, pero eso no significa que hubiera sido el primero en detectar esto, la observación era más bien general, y se puede encontrar en otros autores como fray Toribio de Benavente, más conocido como Motolinía, uno de los autores más importantes de la época:

Hirió Dios y castigó esta tierra, y a los que en ella se hallaron, asi naturales como extranjeros, con diez plagas trabajosas.

La primera fué de viruelas, y comenzó de esta manera. Siendo Capitán y Gobernador Hernando Cortés, al tiempo que el capitán Pánfilo de Narváez desembarcó en esta tierra,

en uno de sus navíos vino un negro herido de viruelas, la cual enfermedad nunca en esta tierra se había visto, y a esta sazón estaba esta Nueva España en extremo muy llena de gente; y como las viruelas comenzaron a pegar a los Indios,

códice Trujillo Indio enfermo de viruela, en un dibujo del códice Trujillo del Perú, del siglo XVIII.
códice Trujillo
Indio enfermo de viruela, en un dibujo del códice Trujillo del Perú, del siglo XVIII.

fué entre ellos tan grande enfermedad y pestilencia en toda la tierra, que en las más provincias murió más de la mitad de la gente y en otros pocos menos

 

Esto no sólo es correcto para el contexto de la América continental, sino también para la América insular: el fraile Bartolomé de las Casas y otros mencionan el impacto devastador de la viruela en las poblaciones indígenas, y el hecho de que debió venir de España. Esto señala el fraile dominico sobre la plaga de 1518-19:

Acaeció más en esta isla por este tiempo del año diez y ocho y diez y nueve. Y fue que, por la voluntad o permisión de Dios, para sacar de tanto tormento y angustiosa vida que los pocos de indios que restaban padecían en toda* especie de trabajos, mayormente en las minas, y juntamente para castigo de los que los oprimían, porque sintiesen la falta que les hacían los indios, vino una plaga terrible que cuasi todos del todo perecieron, sin quedar sino muy poquitos con vida.

Ésta fue las viruelas que dieron en los tristes indios, que alguna persona truxo de Castilla.

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Gonzalo Fernández de Oviedo, gran cronista y agrio rival de Bartolomé de las Casas, coincide en lo devastadora que fue la plaga de ese año, que dejó las Antillas Mayores casi despobladas por completo.

Pero, así como se reducieron a pueblos, les sobrevinieron unas viruelas tan pestilenciales, que dejaron estas islas e las otras comarcanas, Sanct Joan, Jamaica e Cuba, asoladas de indios, o con tan pocos, que paresció un juicio grande del Cielo

Por otra parte, se percataron también de las enfermedades que iban en sentido contrario, como la sífilis y el parásito conocido como niguas (Tunga penetrans), que es una especie de piojo que se abre paso en la piel causando terribles picores. El número de muertos fue completamente asimétrico debido a la diferente naturaleza de las enfermedades: la sífilis es una ETS, mientras que la viruela se transmite por vía aérea.

La inmunidad desarrollada por el ser humano es algo curioso: la viruela fue terrible aunque sin un tremendo número de muertos entre los colonos españoles pero mató a los nativos como moscas; la sífilis aparentemente no causó tantos problemas a los indios mientras que los efectos en los españoles fueron devastadores. Este fenómeno hace notar también don fray Bartolomé:

Es cosa muy averiguada que todos los españoles incontinentes que en esta isla no tuvieron la virtud de la castidad fueron contaminados dellas, y de ciento no se escapaba quizá uno si no era cuando la otra parte nunca las había tenido.

Los indios, hombres o mujeres que las tenían, eran muy poco dellas afligidos y cuasi no más que si tuvieran viruelas; pero a los españoles les eran los dolores dellas grande y continuo tormento, mayormente todo el tiempo que las bubas fuera no salían.

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No dejaremos de mencionar, como nota final, que la sífilis cada cual se la ha atribuido a su vecino, como cuenta el cronista soriano usando informaciones sacadas del madrileño Fernández de Oviedo y otras fuentes:

Los de aquesta ysla Española son todos bubosos, y como los españoles dormían con las indias, hinchéronse luego de bubas, enfermedad pegajosíssima y que atormenta con rezios dolores.

Sintiéndose atormentar y no mejorando, se bolvieron muchos d’ellos a España por sanar y otros a negocios, los quales pegaron su encubierta dolencia a muchas mugeres cortesanas, y ellas a muchos hombres que passaron a Italia a la guerra de Nápoles en favor del Rey don Fernando el Segundo contra franceses y pegaron allá aquel su mal.

En fin, que se les pegó a los franceses; y como fue a un mesmo tiempo, pensaron ellos que se les pegó de italianos, y llamáronle mal neapolitano. Los otros llamáronle mal francés, creyendo avérselo pegado franceses. Empero también uvo quien lo llamó sarna española.

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