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Leer en el váter, una tradición secular

Felipe II tenía libros realmente interesantes en su retrete, entre ellos las obras de Maquiavelo

En el váter uno tiende a aburrirse, razón por la cual hay que tener algo con lo que mantener la mente entretenida, aunque sea leyendo las etiquetas del champú, cosa que una parte no pequeña de los lectores habrá hecho en más de una ocasión.

Hasta puede que alguien esté leyendo este artículo en el retrete. ¿Pero cuán atrás podemos encontrarnos con esta costumbre?

Es posible justificar documentalmente una afirmación así, pero requiere algunas explicaciones previas. La palabra retrete no tenía el mismo sentido que hoy en día, que se limita a la habitación donde está el inodoro. Esto nos dice Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana o española:

RETRETE: el aposento pequeño y recogido en la parte más secreta de la casa, y más apartada, y así se dixo de retro.

En este «retrete», o «cámara retirada», el rey Felipe II tenía un montón de cosas estrictamente personales, sólo a su disposición y a la de los mozos encargados de mantener todo en orden y bien provisto. En este retrete tenía también muchos libros, decenas de ellos, para su propio estudio o diversión. No olvidemos que su contabilidad muestra un gasto inusualmente alto en velas, ya que el rey estaba despierto leyendo, estudiando leyes, decretos y asuntos administrativos hasta muy entrada la noche, siempre supervisando y microgestionando cada cosa producida por los numerosos Consejos de la monarquía. Tenía algunos libros realmente interesantes en su retrete, entre ellos las obras de Maquiavelo, las de Pico della Mirandola, e incluso algunos libros de Johannes Reuchlin el cabalista.

felipe ii
(foto: depositphotos.com)

En esta cámara de retrete el rey también respondía a la llamada de la naturaleza, ya que la intimidad estaba absolutamente asegurada. Justificaré esta afirmación citando el Libro de la Cámara del Serenísimo Príncipe Don Juan, de Gonzalo Fernández de Oviedo, donde describe el retrete y el oficio del mozo del bacín, que es como decir «groom of the stool» de la terminología inglesa:

En el retrete estaua un baçin de plata, en quel Prinçipe se sentaua, para lo que no se puede escusar;

(pero como açesorio) este es offiçio particular del moço del baçin, pero con otro baçin e aquese tiene cargo dele lleuar e traer debaxo de su capuz,

quando conuiene, assi el baçin del rretrete, que llaman el oculto, como el público con que este viene a seruir. E en este offiçio adelante se dirá algo mas.

Aunque Gonzalo Fernández de Oviedo sirvió durante décadas antes del reinado de Felipe, la etiqueta de palacio en esta materia no era sustancialmente diferente. Seguían existiendo los mozos de cámara, un mozo del bacín, y el rey acudía a la llamada de la naturaleza en la parte más privada o retirada del palacio. Además, cuando Felipe era príncipe, se añadieron dos mozos más a la etiqueta de palacio en 1537.

Por supuesto, las fuentes no son abundantes en estas cuestiones escatológicas. Sin embargo, con los elementos que conocemos, podemos suponer con seguridad que el rey Felipe II sí leía mientras estaba en el retrete. Por supuesto, esto ocurre en la época de la imprenta, cuando los libros se podían conseguir fácilmente, e incluso eran baratos, por lo que no estaría de más tener algún material de lectura en la cámara del retrete.

Fuente
Biblioteca de Imágenes: Depositphotos.com

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