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El último viaje de Juan Sebastián Elcano

Su vuelta al mundo le había dado gran fama, se le consideraba como el piloto "más práctico y más emprendedor" de Castilla

Este artículo se ha escrito unos días después de que se cumpla el V Centenario del comienzo de la Primera Vuelta al Mundo. Una gesta trascendental para la Historia de la humanidad y en la que su principal protagonista, Juan Sebastián Elcano merece, junto a los otros miembros de la expedición, ser recordado; motivo principal de la elaboración de este artículo.

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Mapa de la ruta seguida por la expedición de Magallanes y Elcano (Wikimedia)

El después de la circunnavegación de la Tierra

Tras la llegada de la nao Victoria, remolcada al puerto Sevilla el 8 de septiembre 1522, los 18 supervivientes de la expedición bajaron a tierra y descalzos, acudieron con cirios en la mano a la iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, en Triana, para cumplir una promesa hecha mientras atravesaban el Océano Índico.

Elcano envió una carta al monarca Carlos I en la que le informaba sobre el regreso de la Victoria y comentaba sobre aquella hazaña:

Aquello que más debemos estimar y tener es que hemos descubierto y dado la vuelta a toda la redondeza del mundo, que yendo para el occidente hayamos regresado por el oriente. 

El monarca le pidio a Elcano que acudiese a Valladolid con una carta fechada el 13 de septiembre de 1522:

Vi vuestra carta que me escribisteis de Sanlúcar en que me hacéis saber vuestra llegada en salvamento, con la nao nombrada Victoria (…)  de que he holgado mucho, por vos haber traído nuestro Señor en salvamento y le doy por ello infinitas gracias; y porque yo me quiero informar de vos muy particularmente del viage que habéis hecho y de lo en él sucedido vos mando que vengáis.

Este llegó a la Corte junto con su piloto Francisco Albo y con Fernando de Bustamante. Llevaron los regalos de los reyes de las Islas Molucas y las muestras de la especiería.

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Carlos I de España y V de Alemania, por Tiziano (Pinacoteca Antigua de Múnich)

Carlos I le concedió a Elcano un escudo de armas y, después de quedar satisfecho por la declaración de Elcano y sus dos hombres sobre los sucesos acontecidos en la expedición, el 23 de enero de 1523 le hizo merced de una pensión vitalicia de quinientos ducados al año asentados en la Casa de contratación de la especiería establecido por aquel tiempo en La Coruña.

La fama de Elcano

El nombre de Juan Sebastián Elcano resonaba de boca en boca por todo el continente europeo. Literatos, nobles, militares y científicos estudiaban la trascendencia de aquel hallazgo para la Monarquía Hispánica y para el mundo. Los portugueses estaban alarmados temiendo que aquel nuevo camino descubierto fuese más corto y practicable, y por lo tanto la ruina de su riqueza, pues la vía que ellos seguían por Oriente, era larga y peligrosa, y hacía cara y difícil la contratación.

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Juan Sebastián Elcano (Ilustración perteneciente al libro Las glorias nacionales: grande historia universal de todos los reinos, provincias, islas y colonias de la Monarquía Española, desde los tiempos primitivos hasta el año de 1852)

Nuevas expediciones 

Carlos I recibía informes para que aprovechase el nuevo descubrimiento, manteniendo el comercio en la especiería mandando cada año nuevas expediciones. Se creó una comisión en 1524 para negociar y aclarar los límites de los territorios de españoles y portugueses, formada entre otros por Hernando Colón —hijo de Cristobal Colón— y Elcano, pero estas reuniones terminaron en fracaso. Esto aceleró los preparativos de una nueva expedición para hacerse con el control de la especiería.

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Retrato de Hernando Colón (Biblioteca Capitular Colombina)

La expedición de Loaysa

En La Coruña se preparó una potente Armada que estaba compuesta por siete navíos: la Santa María de la Victoria, la capitana, al mando de García Jofre de Loaysa, General; la Santi Spiritus, al mando de Elcano, piloto mayor y guía de la armada, segundo General; la Anunciada, al mando de Pedro de Vera, Contino de la Real casa; San Gabriel, al mando de Rodrigo de Acuña; la Santa María de Parral, mandada por Jorge Manrique de Nájera; la San Lesmes, por Francisco de Hoces; y el Santiago, un patache, por Santiago de Guevara. Una parte de esta flota tendría que quedarse en las Molucas para vigilar la zona y otra volver cargada de especias.

La tripulación constaba de unos 450 hombres provistos de buen armamento y con productos para comerciar. Muchos de ellos eran vascos, cántabros, gallegos, andaluces, flamencos… Entre los miembros de la expedición estaban dos hermanos de Elcano y un cuñado —capitán del patache Santiago. También se encontraba Andrés de Urdaneta, personaje que en el futuro completaría el Tornaviaje.

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Andrés de Urdaneta (Wikimedia)

Las órdenes de Carlos I era que esta armada no tocase tierra ni se sobrepasasen los límites del rey portugués, aunque las intenciones del monarca eran de hacerse con el control de la especiería.

Parte la flota desde La Coruña

En la mañana del 24 de julio de 1525 partió la armada del puerto de La Coruña. El 1 de agosto llegó a La Gomera, de donde partió el 14 de agosto. Loaysa reunió a los capitanes para decidir que la expedición iría directamente al Estrecho de Magallanes y se acordó que si alguna nao se separase del grupo, fuese a la bahía de Todos los Santos, donde esperaría al resto 20 días. En el caso de que no se encontrasen en ese punto, el segundo punto de reunión sería en el río Santa Cruz. En ambos puntos se pondría una cruz y en el pie de esta se enterraría una carta en la que indicase cual era su derrota.

Las cosas empezaron a ir mal cuando a las veinte leguas de distancia de las Islas Canarias, el 18 de agosto, a causa de una fuerte tormenta, la Santa María de la Victoria sufrió la rotura del palo mayor, y con grandes penalidades, los carpinteros enviados por Elcano la repararon. Posteriormente, la misma nao perdió el control y chocó contra la Santa María del Parral, destrozándole la popa y el palo de mesana.

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Itinerario de la expedición de Loaysa (Vascongados)

Las primeras disputas

Las primeras disputas entre los hombres comenzaron cuando el 5 de septiembre avistaron un buque portugués —pensaron que era francés, reino con el que se encontraba en guerra la Monarquía Hispánica—, y para evitar la dispersión de la flota, Loaysa ordenó que se cesase la persecución del buque avistado, pero la San Gabriel y el Santiago continuaron la caza. Cuando llegaron a la altura del buque, se dieron cuenta de que era portugués y, después de retenerlo, comenzó la disputa entre los mandos de la San Gabriel y el Santiago, que reclamaban su presa casi llegando a las armas. Finalmente se dejó marchar al navío portugués.

El 15 de octubre llegaron a la isla de San Mateo (hoy isla de Annobón), una isla abandonada por los portugueses a raíz de una rebelión de esclavos. Allí se pertrecharon de vituallas y comenzó un juicio al capitán de la San Gabriel, Rodrigo de Acuña, arrestándolo dos meses por el incidente del navío portugués. El mando de la San Gabriel cayó en Martín de Valencia.

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Localización de la isla de Annobón (Wikimedia)

La costa americana y la aproximación al estrecho

Cerca del estrecho de Magallanes, el 28 de diciembre, una tormenta provocó que se dispersasen la Santa María de la Victoria y la San Gabriel. Ante la ausencia del mando de Loaysa, Elcano toma el mando y decidió buscar a la Santa María de la Victoria, pero tras tres días de búsqueda infructuosa, desistió.

Los cinco navíos pusieron rumbo al estrecho con la esperanza de que las dos naves los hubiesen alcanzado antes. El 12 de enero de 1526 llegaron al río Santa Cruz y Elcano quiso esperar a las naves que faltaban, pero algunos mandos discrepaban sobre esta decisión, había algunos que querían continuar avanzando hacia el estrecho, como finalmente se llevó a cabo. Dejaron al Santiago en la zona de reunión por si aparecían las dos naves extraviadas.

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Mapa del Estrecho de Magallanes (Wikimedia)

En su avance hacia el estrecho cometieron un error que sorprendería a todos porque entre las tripulaciones de las naves había hombres —Elcano era uno de ellos— que ya habían cruzado el estrecho. Confundieron la boca del estrecho de Magallanes con la desembocadura del río Gallegos.

El 14 de enero llegaron al Cabo Vírgenes, donde sufrieron la fuerza de las tormentas y encalló allí la Santi Spiritus, la nao de Elcano, que terminaría destruida contra los acantilados. Cuando la tormenta amainó, una parte de los náufragos de la Santi Spiritus fueron rescatados por la Anunciada, la Santa María del Parral y la San Lesmes. Elcano subió a bordo de la Anunciada y mandó a tierra a Andrés de Urdaneta junto a cinco hombres a rescatar al resto de náufragos, que llevaban cuatro días sin comer más que raíces y algún marisco.

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Cabo de Hornos (Forbes)

La Santa María de la Victoria, la San Gabriel y el Santiago aparecieron el 24 de enero de 1526 entrando por el Cabo de las Vírgenes, con gran alegría para todos. La San Lesmes se vio arrastrada por las tormentas hacia el sur, rebasando la Tierra del Fuego, para felizmente unirse más tarde al grupo. Esta fue la primera embarcación europea que divisó lo que posteriormente e injustamente se llamaría Cabo de Hornos, ya que debería llamarse Cabo de Hoces, en honor al capitán de la San Lesmes, su descubridor.

El paso del Estrecho de Magallanes

Dentro del estrecho repararon a la Santa María de la Victoria que tenía graves daños y andaba escorada. También aprovecharon para reparar el resto de naves antes de salir hacia mar abierto.

Tras tres o cuatro días de estar bordeando sin poder entrar por el estrecho, el día 10 de febrero, el capitán de la Anunciada determinó ir hacia las Molucas por el Cabo de Buena Esperanza. Nunca más se supo de ella ni de la tripulación. La San Gabriel tampoco pudo entrar por el estrecho, esperó dos días más que la Anunciada y su capitán Rodrigo de Acuña decidió abandonar la expedición, llegando a la costa española el 28 de mayo.

Salida al Océano Pacífico

Por fin, y tras 48 días, el 26 de mayo, las cuatro naves que quedan de la expedición atravesaron el Estrecho de Magallanes, saliendo al Océano Pacífico —Mar del Sur, como lo bautizó en 1513 Vasco Núñez de Balboa. El 1 de junio, por fuertes tormentas—sin hacer honor al nombre que le otorgó Magallanes—, la flota se dispersó sin poder mantener la unidad.

El Santiago logró remontar hacia el norte del continente y logró llegar a los territorios de Nueva España. De la San Lesmes no se supo nada, sospechándose que cruzó el Pacífico al hallarse, dos siglos después, una gran cruz cerca de Tahití, que podía haber sido la tripulación de esta nave la que la colocó allí. La Santa María del Parral parece ser que atravesó el Pacífico, llegó a las Islas Célebes y allí se produjo un motín en el que asesinaron al capitán, al hermano de este y al tesorero. La nave embarrancó en una isla cercana a la de Cebú y los tripulantes sufrieron el ataque de los nativos, muriendo muchos y hechos prisioneros el resto.

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Moluccæ Insulæ Celeberrimæ. Mapa de las Molucas de Willem Janszoon Blaeu (1571-1638), que apareció por primera vez en 1630 en el Atlantis Appendix (Wikimedia)

Ya solo quedaba la nave capitana, la Santa María de la Victoria, que a bordo llevaba a unos 140 hombres, entre los cuales iban Loaysa, Elcano —este ya había pasado de la Anunciada a la capitana— y Urdaneta. Ante ella se encontraba la inmensidad del Océano.

El escorbuto

La Santa María de la Victoria seguía su rumbo a través del Pacífico a pesar de las tormentas que se iban presentando en la travesía. Entre la tripulación apareció el escorbuto, enfermedad que se presenta debido a la falta de la ingesta de alimentos frescos. Urdaneta describió esta enfermedad en su diario de a bordo:

Toda esa gente que falleció murió de crecerse las encías en tanta cantidad que no podían comer ninguna cosa. Yo vi sacar a un hombre tanto grosor de carne de las encías como un dedo y al otro día tenerlas crecidas como si no le hubiesen hecho nada.

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Última página del diario de Andres de Urdaneta (Wikimedia)

Las enfermedades contribuyeron a la muerte de muchos hombres, 40 murieron durante la travesía, incluyendo al jefe de la expedición, Loaysa, que falleció el 30 de julio, hundiéndose la moral de los tripulantes. Elcano fue nombrado su sucesor, y podría haber alentado la esperanza de la gente si hubiese estado en disposición de hacer algún servicio.

La muerte de Elcano

Elcano resolvió hacer su testamento el 26 de julio, sospechaba que sería su final, y así fue, el 4 de agosto falleció el hombre que había circunnavegado la Tierra.

Al día siguiente se le hicieron las exequias acostumbradas a los navegantes y su cuerpo fue arrojado al océano que él, junto a otros hombres, atravesó unos pocos años antes para culminar en una gesta épica.

Fuentes: 

Eustaquio Fernando Navarrete (1872). Historia de Juan Sebastian del Cano

Edward Rosset (2006). Navegantes. Narrativas Históricas

Archivo General de Indias

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Antonio José Pérez Sánchez

Empresario y exmilitar. Mi pasión es la Historia, ya desde pequeño mis primeras lecturas eran sobre personajes y acontecimientos históricos, y hoy sigo con esa sed infinita de conocimientos históricos. Amante de la Historia, del deporte y del Real Betis Balompié. Devorador insaciable de libros.

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