
El 10 de enero de 1936, Luis Escobar anotó en su diario: «El teatro me interesa, debo dedicarme al teatro». Tenía veintisiete años y buscaba una ocupación en la que volcar sus ideas. El catálogo de Una cita con Luis Escobar recupera esa declaración escrita mucho antes de que el cine lo convirtiera en el marqués de Leguineche.

La exposición del Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, comisariada por Alba Gómez García, permite seguir lo que vino después: los cargos en el teatro oficial, los ensayos, las empresas y las películas. Reúne cerca de 400 documentos y reproducciones del Fondo Luis Escobar, fechados entre 1890 y 2004. Puede visitarse gratuitamente en el complejo El Águila hasta el 21 de febrero de 2027.
Entre esos papeles aparece un creador con capacidad para renovar la escena española, pero también un hombre que se comprometió con el bando sublevado y ocupó puestos de responsabilidad cultural durante la dictadura. Su trayectoria atraviesa la propaganda, la censura y el negocio teatral. Cada etapa dejó documentos que permiten examinarla más allá del personaje cómico que terminó haciéndolo popular.
Un marqués educado para otro mundo
Luis Escobar Kirkpatrick nació en Madrid el 5 de septiembre de 1908, en una familia aristocrática vinculada al periodismo. Su padre, Alfredo Escobar y Ramírez, marqués de Valdeiglesias, dirigía La Época; su madre era Concepción Kirkpatrick. Recibió una educación privilegiada, aprendió francés e inglés y estudió Derecho. Los idiomas le servirían después para leer, traducir y adaptar un repertorio que encontraba dificultades para llegar a los escenarios españoles.
El título de marqués de las Marismas del Guadalquivir pertenecía a la rama materna, aunque su transmisión a Luis requiere una precisión. La orden de 15 de octubre de 1964, publicada en el BOE del día 23, dispuso que se expidiera la carta de sucesión a su favor por cesión de su hermano José Ignacio. La documentación evita confundir la procedencia familiar del marquesado con una herencia directa de su madre.
En su juventud frecuentó ambientes literarios y artísticos y siguió con interés las novedades europeas. En 1933 vio en Salzburgo el Fausto de Max Reinhardt. El catálogo sitúa aquella experiencia entre sus referencias formativas y recuerda su intento de organizar un Teatro Católico de Estudiantes, que no prosperó. De ese proyecto salió, en cambio, una colaboración duradera con Huberto Pérez de la Ossa.
Del requeté al teatro de propaganda
Durante la Guerra Civil, Escobar se incorporó al Tercio de requetés de Montejurra. Escribió crónicas para ABC y publicó en 1937 una carta contra Charlie Chaplin por su apoyo a la República. Son testimonios de un compromiso político que conviene tener presente al estudiar su posterior carrera en el teatro oficial.
Tras una hospitalización por agotamiento en 1937, su actividad fue orientándose hacia la escena. Dionisio Ridruejo, a quien conocía desde antes de la guerra, lo incorporó a la organización teatral del bando sublevado. Escobar asumió tareas de dirección y producción y participó en el Teatro Nacional de Falange Española Tradicionalista.
El repertorio clásico adquirió entonces una función propagandística. En el Corpus de 1938 se representó El hospital de los locos ante la catedral de Segovia; al año siguiente, La cena del rey Baltasar llevó a Calderón al Retiro madrileño. Las fotografías conservadas muestran un teatro al aire libre ligado a las ceremonias del nuevo poder. La elección de los espacios y de los textos formaba parte del espectáculo.
El María Guerrero: dirigir una compañía y construir un repertorio
Entre 1940 y 1952, Escobar estuvo al frente del Teatro Nacional María Guerrero junto con Pérez de la Ossa. El apoyo público les daba medios que muchas compañías privadas no tenían, dentro de unas instituciones de las que el régimen esperaba adhesión. En ese marco desarrollaron una actividad artística que abrió espacio a nuevos autores y formas de representación.
El catálogo permite concretarlo en montajes como Crimen y castigo, adaptación de la novela de Dostoyevski, en 1949; En la ardiente oscuridad, de Buero Vallejo, en 1950, o La dama boba, de Lope, en 1951. Los clásicos convivían con la dramaturgia contemporánea y los textos extranjeros. Traducir y adaptar era una parte del trabajo; la otra consistía en encontrar intérpretes y una puesta en escena para cada obra.
Escobar defendía organizar el reparto según las necesidades del espectáculo, en lugar de escoger siempre las obras para lucimiento de una figura. También concedía importancia al trabajo de pintores y escenógrafos. Su colaboración con Salvador Dalí produjo dos versiones de Don Juan Tenorio, en 1949 y 1950. Las propuestas surrealistas dividieron al público y a la crítica; la segunda encontró una recepción especialmente adversa. La renovación podía provocar rechazo incluso en un título familiar.
Los límites de la censura
La posición de Escobar le facilitó el acceso a los teatros públicos, pero su repertorio siguió sometido al control político y moral de la dictadura. La censura intervenía sobre los textos y las representaciones; en el teatro musical podía alcanzar también las canciones y los figurines. Una autorización para el libreto no garantizaba libertad para todo lo que ocurría sobre el escenario.
En 1947 participó en la creación de un Teatro de Cámara oficial con Cayetano Luca de Tena y Luis González Robles. Este circuito ofrecía posibilidades para ensayar y dar a conocer textos difíciles de sostener en una temporada comercial. Sus límites importan: las funciones se dirigían a públicos reducidos y también necesitaban autorización. Como explica Alba Gómez García en su estudio sobre la censura del teatro de cámara, esa categoría acabó sirviendo a la Administración para restringir la difusión de determinadas obras.
Escobar dejó la dirección del María Guerrero en 1952. El catálogo plantea distintas explicaciones para el cese, sin resolver sus motivos. Su etapa siguiente lo obligaría a afrontar de otra manera una dificultad que ya conocía: conseguir que una propuesta artística pudiera representarse y mantenerse en cartel.
La Celestina volvió a abrir el Teatro Eslava
El Eslava llevaba cerrado desde 1944 por el mal estado del local. Escobar participó en su compra en 1955 y, después de la reforma, lo reabrió el 9 de mayo de 1957 con La Celestina. Firmó la adaptación con Pérez de la Ossa y contó con música de Cristóbal Halffter. Los figurines, las fotografías y la documentación conservada permiten seguir aquel montaje más allá de las reseñas del estreno.
Como empresario, debía pagar la actividad del teatro y atraer espectadores. Escribió y dirigió Te espero en Eslava, estrenada en diciembre de 1957, y alternó la comedia musical con el teatro dramático. La fotografía de la cola ante el edificio, tomada por Donis, documenta la respuesta del público a ese espectáculo. El autor y el gestor trabajaban juntos, aunque sus prioridades no siempre coincidieran.
Durante los veintidós años en que administró el Eslava hubo un repertorio desigual, con éxitos comerciales y apuestas de riesgo. Yerma, de García Lorca, llegó en 1960; después figuraron Las salvajes en Puente San Gil, de José Martín Recuerda, y obras de Harold Pinter. La programación muestra cómo buscó ampliar lo representable mientras seguían vigentes las restricciones de la censura y las exigencias de la taquilla.
Don Giovanni en la Scala de Milán
En 1963, Escobar se encargó de la puesta en escena de Don Giovanni, de Mozart, en la Scala de Milán. La documentación del teatro italiano lo acredita en la temporada 1962-1963, con Hermann Scherchen como director musical. Su trabajo consistía en llevar la acción a escena y coordinarla con la representación operística.
El Archivo Regional conserva el cuaderno de dirección, una planta escenográfica y una secuencia dibujada de escenas de aquella producción. El catálogo los reproduce junto a un boceto del decorado. Estos documentos muestran una labor de preparación que se pierde cuando la historia del espectáculo se reduce a recordar quién apareció sobre las tablas.
El cine antes y después de Berlanga
Escobar ya había dirigido cine mucho antes de interpretar a Leguineche. Adaptó a Jacinto Benavente en La honradez de la cerradura (1950), con Francisco Rabal entre sus intérpretes, y escribió y dirigió La canción de la Malibrán (1951). Su actividad como autor incluyó también textos teatrales y espectáculos musicales, varios de ellos concebidos para el Eslava.
La escopeta nacional, estrenada en 1978, cambió la escala de su popularidad. En la película de Berlanga, con guion del director y Rafael Azcona, interpretó al cabeza de una familia empeñada en conservar sus privilegios. El origen social de Escobar aportaba familiaridad con el ambiente que la película caricaturizaba, pero el marqués de Leguineche era una creación interpretativa, no una biografía filmada.
Repitió el personaje en Patrimonio nacional (1981) y Nacional III (1982). El fondo conserva fotografías y materiales de esa etapa junto con los proyectos de décadas anteriores: un recorrido que permite recuperar al director detrás de la máscara del actor. Escobar murió en 1991, todavía en activo.
Treinta cuadernillos para leer una vida
Los treinta cuadernillos de diarios, fechados entre 1934 y 1991, enlazan las distintas etapas. Contienen impresiones sobre obras, personas, encuentros y su propio estado de ánimo. A su lado se conservan agendas y cuadernos de almuerzos que ayudan a comprobar fechas e identificar a quienes participaron en una reunión.
Un diario ofrece una cercanía difícil de encontrar en un programa de mano, pero recoge la perspectiva de quien lo escribe. Las valoraciones sobre un colega o las razones que da para una decisión requieren contraste. El fondo hace posible compararlas con cartas, contratos, libretos y fotografías. También permite observar qué asuntos anotó con detalle y cuáles apenas dejó registrados.
La documentación ingresó en el Archivo Regional en septiembre de 2019 mediante un depósito de su sobrina Elena Escobar. El tratamiento archivístico concluyó en diciembre de 2022. Conservar unidos los papeles personales y profesionales permite relacionar un montaje con sus preparativos, su recepción y la valoración que su responsable dejó escrita después.
Cómo visitar Una cita con Luis Escobar
La exposición permanece abierta del 16 de octubre de 2026 al 21 de febrero de 2027 en la sala Cristóbal Portillo del Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, en el complejo El Águila, calle Ramírez de Prado, 3, Madrid. La entrada es libre y gratuita.
El horario anunciado es de lunes a sábado, de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00; los domingos y festivos, de 10:00 a 14:00. Cierra el 25 de diciembre y los días 1 y 6 de enero. Las visitas guiadas tienen sus propias condiciones de inscripción y disponibilidad, que pueden consultarse en la ficha oficial. El catálogo puede descargarse gratuitamente.
El archivo conserva incluso figurines con muestras de tela sujetas al papel con alfileres. Junto a los diarios y a las fotografías, esos materiales devuelven al teatro una parte de su trabajo cotidiano: las decisiones necesarias para transformar un texto en una función que el público pudiera ver.

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