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Diego García de Paredes: el «Sansón extremeño» que entró en el Quijote

En una venta de La Mancha aparece una maleta vieja, cerrada con una cadenilla. Dentro hay libros de caballerías y una historia del Gran Capitán que incluye la vida de Diego García de Paredes. El cura del Quijote quiere salvar este último del fuego porque cuenta hechos verdaderos. Para defenderlo, recuerda a un hombre que detenía una rueda de molino con un dedo y que, armado con un montante, había cerrado el paso a un ejército. La frontera entre la historia y lo imposible acaba de quedar peligrosamente estrecha.

Aquel hombre había existido. Nació en Trujillo, combatió en las guerras de Italia y murió en Bolonia en 1533. Lo llamaron el Sansón de Extremadura, y su fama creció entre crónicas, memorias y relatos que los escritores siguieron haciendo suyos.

Pero detrás del gigante hay una historia todavía más interesante: un soldado capaz de cambiar de señor, un narrador que se justificaba ante su hijo y unos papeles que permiten seguir el rastro del hombre cuando la leyenda empieza a levantarlo del suelo.

Grabado de Diego García de Paredes con gorro, armadura y espada apoyada en el hombro.
Retrato póstumo de Diego García de Paredes: grabado de Tomás López Enguídanos sobre dibujo de José Maea, 1791. La cartela fecha por error su muerte en 1530; murió en 1533. Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Diego García de Paredes antes de convertirse en Sansón

Diego había nacido en Trujillo, hacia 1468, en una ciudad de linajes, casas fuertes y rivalidades por la honra. Al otro lado de la mar, la península italiana ofrecía un escenario mucho más amplio para quien supiera manejar las armas: papas, reyes, duques y repúblicas necesitaban soldados, y los hombres de guerra circulaban entre sus servicios. García de Paredes hizo carrera en ese mundo de alianzas que podían durar menos que una campaña.

La Breve suma de su vida y hechos, transmitida bajo su nombre, lo presenta llegando a Roma con su hermano Álvaro y con tan poco dinero que ambos entran como alabarderos al servicio del papa Alejandro VI. El relato mezcla hambre, parentescos influyentes, apuestas y peleas. En una competición de lanzamiento de barra, una disputa por el honor desemboca en violencia: el narrador asegura que él y los suyos dejaron cinco muertos. La fuerza que acabaría adornando sus retratos aparece primero dentro de una vida bastante menos cómoda que un poema heroico.

Después lo encontramos en el entorno de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, en las campañas que enfrentaron a franceses y españoles por Nápoles. Ceriñola y el Garellano, en 1503, forman parte de su trayectoria militar. Era una época de cambios en la infantería y el armamento de los Reyes Católicos, en la que la destreza individual convivía con las armas de fuego, los trabajos de sitio y la acción coordinada de las tropas. Su leyenda conservó sobre todo al hombre del golpe formidable; su oficio exigía bastante más que tener buenos brazos.

Cefalonia: un hombre atrapado por la armadura

Una de las escenas más extrañas se sitúa en Cefalonia, en 1500, durante la expedición del Gran Capitán contra la fortaleza otomana de San Jorge. La crónica cuenta que los defensores empleaban unos garfios de hierro llamados lobos, sujetos a cuerdas, para atrapar a quienes se aproximaban al muro. Con uno de aquellos garfios atraparon a García de Paredes. Los hombres de arriba tiraron y el soldado acabó dentro de la fortaleza enemiga.

La imagen tiene algo de pesadilla: la protección del cuerpo convertida en una trampa. Según esa narración, Diego combatió con espada y rodela hasta que el hambre y el agotamiento lo vencieron; después fue rescatado y quedó libre. La versión de las cadenas rotas y los guardianes estrangulados pertenece a otra tradición sobre su cautiverio, mucho más desmesurada. El garfio, la coraza y el rescate bastan para entender por qué el episodio tenía tanto porvenir literario.

Murallas de piedra del castillo de San Jorge de Cefalonia, con árboles y cielo azul.
Murallas del castillo de San Jorge, en Cefalonia, escenario del asedio de 1500. Fotografía de ValadisLiak, 2018, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

El puente del Garellano y los quinientos franceses

El puente del Garellano terminó por convertirse en su escenario más célebre. Un paso estrecho ofrecía todo lo que necesitaba una buena historia de valor: el río impedía abrirse por los lados, los combatientes tenían que acercarse por un frente reducido y una retirada podía acabar en el agua. La crónica aprovecha esa geografía para contar una acción que, con los años, terminaría reducida a la imagen de un hombre frente a un ejército.

El relato conservado en las Crónicas del Gran Capitán tiene más movimientos. Diego cruza solo hacia los franceses, aparentando que va a parlamentar, y se abalanza sobre ellos. Sus hombres acuden en formación de cuña y la acción se convierte en un combate colectivo. Cuando los suyos se retiran, él permanece luchando y acaba retrocediendo también. Hay temeridad, auxilio de los compañeros y una salida difícil; el protagonista no actúa todo el tiempo aislado del resto.

Ahí aparece la cifra que tantas veces se convierte en un titular: más de quinientos franceses, entre muertos a espada y ahogados. Pero la crónica atribuye ese resultado a la acción de Diego con su gente. No afirma que sus brazos acabaran por sí solos con quinientos enemigos. Tampoco una cifra transmitida por una narración heroica equivale a un recuento independiente de bajas. La diferencia cambia la escena: junto al gigante vuelven a aparecer los soldados que la leyenda dejó fuera del encuadre.

En el capítulo XXXII de la primera parte del Quijote, la memoria de la hazaña ya cabe en unas líneas: un montante, la entrada de un puente y un ejército innumerable que no puede pasar. Cervantes pone el elogio en boca del cura, dentro de una conversación sobre libros verdaderos y libros inventados. La escena pertenece a una novela y su ironía importa: quien quiere defender la historia termina contando unas proezas que suenan a caballerías.

Un guerrero con espada de dos manos se enfrenta a una multitud en la entrada de un estrecho puente de piedra.
García de Paredes detiene a un ejército en un puente: interpretación de Gustave Doré, grabada por Héliodore Pisan para el Quijote de 1863. Una imagen de la leyenda, realizada tres siglos después del soldado. Dominio público.

Las memorias que no cuentan la hazaña más famosa

Hay una ausencia que merece detenerse a mirar. La defensa del puente del Garellano no figura en la Breve suma atribuida a García de Paredes. El texto sí reúne desafíos, emboscadas, heridas, huidas y ocasiones en las que su narrador se considera favorecido por Dios. Desde 1580 circuló impreso junto a la crónica del Gran Capitán, y esa vecindad facilitó que sus distintas historias acabaran formando una sola biografía en la memoria de los lectores.

Sus páginas no siguen una cronología limpia. Anticipan sucesos, confunden fechas y dejan fuera episodios que otros autores hicieron famosos. Antonio y Mario Sánchez Jiménez estudiaron esa transmisión y la relacionaron con las memorias de las que hablan los documentos familiares. Más tarde, Patricia López Diez y Carlos Pérez Hernando compararon el texto con el Carlo famoso, publicado en 1566, y defendieron la existencia de unas memorias originales modificadas en su transmisión. Hay razones para vincular el relato con el soldado, sin convertir cada frase del impreso en un autógrafo suyo.

El destinatario explica buena parte de su tono. El narrador deja la memoria a su hijo Sancho, para orientarlo cuando tenga que defender su persona y su honra. No prepara una historia general de las guerras de Italia: selecciona los lances que considera útiles para mostrar cómo se comporta un caballero. Por eso sus victorias aparecen una y otra vez acompañadas de una razón moral. Cada combate cuenta también como un argumento a favor de quien lo recuerda.

El héroe también tenía una sombra

La misma memoria conserva un episodio incómodo en una posada de Coria. Después de sufrir burlas y provocaciones, el narrador cuenta cómo golpeó con un banco a uno de los presentes y arrojó a varias personas al fuego. Una mujer murió. Cuando llegó la justicia, se resistió; la intervención de un obispo de su familia puso fin al tumulto. Son hechos contados por el propio relato que lo presenta como defensor de su honra, no una acusación introducida por un enemigo.

Este pasaje permite entender lo que un biógrafo posterior tenía entre manos. En 1621, Tomás Tamayo de Vargas publicó una vida de García de Paredes que debía hacer creíbles sus proezas y presentarlo como figura digna de admiración. Antonio Sánchez Jiménez ha estudiado cómo afrontó esos problemas de verosimilitud y decoro. La fama del Sansón creció también mediante esa selección: había que decidir qué se resaltaba, qué se justificaba y cómo se narraba una violencia que el personaje no siempre parecía considerar reprochable.

Frontispicio grabado con el título de la biografía de Diego García de Paredes entre armaduras, armas y escudos.
Frontispicio de Diego García de Paredes i relación breve de su tiempo, de Tomás Tamayo de Vargas, Madrid, Luis Sánchez, 1621. Grabado de Juan Schorquens. Dominio público.

La caída de Bolonia: un final con versiones distintas

La vida militar del Sansón no se había detenido en los triunfos de 1503. La Suma lo sitúa en Rávena, Vicenza y las campañas de Navarra; hacia el final lo lleva a Hungría, junto al emperador Carlos V, y de regreso a Italia. Sus servicios atravesaron reinados y alianzas. Cuando llegó a su última estancia en Bolonia, llevaba décadas viendo cómo los ejércitos se reunían, combatían y volvían a dispersarse.

García de Paredes murió en Bolonia el 15 de febrero de 1533. El final transmitido junto a la Breve suma tiene una ironía difícil de mejorar: después de tantos combates, una caída durante un juego junto a una pared habría acabado con él. Unos caballeros intentaban derribar con el pie una paja colocada en el muro; quiso probar y cayó. El detalle aparece en un añadido en tercera persona, después del cierre del texto, y no puede leerse como el testimonio del muerto sobre su propia muerte.

Otras versiones hablan de una caída de caballo. El impreso antiguo, en cambio, deja al Sansón participando en una prueba de agilidad, fuera del campo de batalla. Ese desenlace vuelve especialmente frágil al hombre sobre el que se habían acumulado tantos golpes imposibles. Bolonia puso fin a la vida del soldado; los lectores todavía iban a acompañarlo durante siglos.

Tres arcabuces y los libros de un gigante

Un documento permite acercarse a su última estancia con otra clase de precisión. El inventario notarial de sus bienes en Bolonia, transcrito por Miguel Muñoz de San Pedro, enumera tres arcabuces, una Biblia, libros de horas, cuadernos escritos de su mano, un libro de memorias y los Comentarios de César. Entre las pertenencias del guerrero había instrumentos para combatir, para rezar y para recordar.

Esos cuadernos dan un peso especial a la discusión sobre sus memorias. El inventario acredita que García de Paredes escribía y conservaba escritos; no resuelve por sí solo todos los cambios que pudo sufrir el texto después de su muerte. Pero devuelve al personaje una actividad que el estrépito de sus hazañas suele tapar. El hombre al que imaginamos empuñando un montante también tuvo razones para coger una pluma.

En la venta del Quijote, su nombre servía para discutir cuánto podía creerse de un libro. Los papeles de Bolonia dejan una imagen más silenciosa: unos cuadernos y un ejemplar de César entre los bienes de un soldado. La fuerza extraordinaria le dio fama; las palabras permitieron que, casi cinco siglos después, todavía podamos preguntar quién estuvo detrás de ella.

Fuentes y bibliografía

  • Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, primera parte, capítulo XXXII (1605). Edición de Diego Clemencín, texto en Duke University. Consultar fuente.
  • Crónicas del Gran Capitán, edición de Antonio Rodríguez Villa, Madrid, 1908. Pasajes de la Crónica general: Cefalonia, p. 66; puente del Garellano, pp. 213–214. Texto digital del ejemplar de Internet Archive. Consultar fuente.
  • Diego García de Paredes, Breve suma de su vida y hechos, edición de Enrique Suárez Figaredo, Lemir 21 (2017), pp. 31–44. Advertencia editorial, pp. 32–33; texto, pp. 38–44. Consultar fuente.
  • Antonio Sánchez Jiménez y Mario Sánchez Jiménez, «La Suma de las cosas que acontecieron a Diego García de Paredes y de lo que hizo: apuntes sobre su autoría», Revista de Estudios Extremeños 60/1 (2004), pp. 231–242. Consultar fuente.
  • Patricia López Diez y Carlos Pérez Hernando, «Un nuevo enfoque sobre la Breve Suma de la vida y hechos de Diego García de Paredes», en Vidas en papel. Escrituras biográficas en la Edad Moderna (2018), pp. 91–104. Consultar fuente.
  • Antonio Sánchez Jiménez, «El Sansón de Extremadura según Tamayo de Vargas», en Abigail Castellano López y Adrián J. Sáez (eds.), Vidas en armas. Biografías militares en la España del Siglo de Oro (2019), pp. 183–202. Consultar fuente.
  • Miguel Muñoz de San Pedro, «Documentación familiar de Diego García de Paredes», Revista de Estudios Extremeños 12 (1956), pp. 3–58. Inventario boloñés, pp. 34–38; relación de libros y arcabuces, p. 37. Consultar fuente.
  • Museo del Ejército, efeméride de Diego García de Paredes, 15 de febrero. Reseña moderna que conserva la versión de la caída de caballo, distinta del apéndice de la Breve suma. Consultar fuente.

Galería

Retratos póstumos, estampas, mapas, armas y lugares ayudan a recorrer la distancia entre el soldado y su leyenda. Los pies distinguen las obras antiguas, las recreaciones posteriores y las fotografías actuales.

Retrato grabado de García de Paredes en un marco ovalado con su nombre al pie.
Juan Schorquens, retrato póstumo de Diego García de Paredes para la obra de Tomás Tamayo de Vargas, 1621. Biblioteca Nacional de España; dominio público.
Portada impresa de 1582 de la Crónica del Gran Capitán, que anuncia la vida de Diego García de Paredes.
Portada de la Crónica del Gran Capitán, impresa en Sevilla por Andrea Pescioni en 1582. El propio título anuncia que incorpora la vida de Diego García de Paredes. Dominio público; facsímil reproducido por Enrique Suárez Figaredo en Lemir, 2017.
Retrato grabado de perfil de Gonzalo de Córdoba, con gorro y manto.
Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, en un grabado de Aliprando Caprioli, 1596–1600. Biblioteca comunale di Trento, CC0.
Mapa antiguo de Cefalonia con la isla de Ítaca y parte del golfo de Patras.
La isla de Cefalonia en un mapa de Vincenzo Coronelli, publicado en Venecia en 1688. Cartografía posterior a las campañas de Paredes. Dominio público.
Plano de la desembocadura del Garellano con Gaeta, Suio y los movimientos de franceses y españoles en 1503.
Plano explicativo de la batalla del Garellano de diciembre de 1503. Luis García (Zaqarbal), sobre cartografía de la Academia Militar de Estados Unidos, 2007. Dominio público, según la ficha de Commons.
El papa Alejandro VI arrodillado, con una capa dorada y las manos juntas, en un fresco de Pinturicchio.
Alejandro VI, detalle del fresco de la Resurrección de Pinturicchio, 1492–1495, en los Apartamentos Borgia del Vaticano. Imagen contemporánea del pontífice. Dominio público.
Carlos V de cuerpo entero, vestido de negro y oro, con la mano apoyada en un perro.
El emperador Carlos V con un perro, pintado por Tiziano en 1533. Museo Nacional del Prado. Un retrato contemporáneo del último año de vida de Paredes. Dominio público.
Vista a vuelo de pájaro de Bolonia, con sus murallas, torres y calles.
Bolonia en el grabado Bononia docet — Mater studiorum de Agostino Carracci, 1581. Universitätsbibliothek Salzburg, G 71 III. Dominio público.
Capilla mayor y retablo de la iglesia de Santa María la Mayor de Trujillo.
Interior de Santa María la Mayor de Trujillo, el templo que conserva el sepulcro de Diego García de Paredes. Fotografía de Jl FilpoC, 2017, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
Empuñadura, cruceta y parte de la hoja de una espada italiana de dos manos sobre fondo gris.
Detalle de una espada italiana de dos manos de los siglos XV–XVI. Acero y oro; Metropolitan Museum of Art, inventario 14.25.935, donación William H. Riggs. CC0. Sirve de contexto material al montante, sin atribución a Paredes.


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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, autor de "La Segunda Columna" (Ed.Edaf), director de este proyecto e Historiador del Arte (UNED). Entre África y Europa, como el Mediterráneo.
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