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La fuga fallida de Abd el-Krim de Melilla

La cuerda no alcanzaba el suelo. Según el relato de Luis Mascias, Mohamed ben Abd el-Krim quedó suspendido junto al muro de un fuerte de Melilla, mientras abajo aguardaban los hombres que iban a ayudarle a huir. Terminó por soltarse y se rompió una pierna. El periodista recuperó la escena en mayo de 1926, cuando aquel preso se había convertido en el adversario más conocido de España en el Rif.

Juan Pando fecha el intento de fuga el 23 de diciembre de 1915. La caída dejó al fugitivo herido y de nuevo bajo custodia; la fractura le causaría una cojera permanente. Por entonces, Abd el-Krim era un cadí que había trabajado para la administración española. Recuperó la libertad, volvió a colaborar y solo años después tomó el camino de la insurrección. Entre el muro y Annual hay bastante más historia de la que cabe en una noche.

El preso que conocía bien a quienes lo encerraron

En 1915, Abd el-Krim era cadí en Melilla, juez de derecho islámico. Su padre, notable de Beni Urriaguel, encabezaba en Axdir una red de apoyos con la que las autoridades españolas procuraban entenderse. En aquella relación había sueldos, intermediarios y proyectos compartidos, pero también un desacuerdo que iba ganando terreno: hasta dónde podía avanzar España (apoyando al sultán de Marruecos) por el Rif.

Fotografía antigua de Abd el-Krim entre autoridades civiles y militares en Melilla
Abd el-Krim con autoridades españolas en una imagen catalogada como octubre de 1919; la fotografía no corresponde a la fuga. Autoría: Unknown (probably the Melilla newspaper El Telegrama del Rif) October 1919.. Licencia: dominio público. Ficha original.

La Primera Guerra Mundial añadió sospechas. Según explica Juan Pando, las autoridades atribuían al padre y al hijo contactos y simpatías favorables a Alemania y al Imperio otomano. En agosto de 1915, el joven cadí había explicado al capitán Vicente Sist una posición bastante precisa: aceptaba la presencia española en determinadas áreas y defendía la independencia del Rif aún no ocupado. Esa distinción importaba mucho a una familia que buscaba conservar su influencia en el territorio.

Pando reconstruye la detención del 6 de septiembre como una medida dirigida inicialmente contra el padre. Cuando este evitó acudir al encuentro con los mandos españoles, el objetivo pasó al hijo. Dentro de la propia administración hubo diferencias: Aizpuru consideró su encarcelamiento un error y quiso liberarlo; Gómez Jordana ordenó mantenerlo preso. María Rosa de Madariaga sitúa el problema de fondo en las ideas del cadí sobre la oposición a la autoridad del sultán de Marruecos y a la ddefensa de la independencia rifeña. La acusación de simpatías progermánicas formaba parte de una disputa política más amplia.

La cuerda, el muro y dos relatos de la caída

Mascias contó la fuga en El Escándalo, el 20 de mayo de 1926, al recuperar unas líneas que, según explicaba, había publicado en La Vanguardia en julio de 1921. Decía haber tratado personalmente a Abd el-Krim y haber escuchado de sus labios el recuerdo del accidente. La distancia entre el suceso y su relato importa, como importa el tono de una crónica escrita desde la campaña española contra quien el periodista consideraba un antiguo amigo convertido en enemigo.

En esa narración, una puerta comunicaba la celda con una terraza. Abd el-Krim ató allí la cuerda y empezó a descender por el muro, pero había calculado mal su longitud. Sus ayudantes tampoco podían alcanzarlo desde abajo. Optó por soltarse. Mascias cifró la caída en nueve metros y escribió que, tras romperse una pierna, fue recogido y atendido con cuidado, aunque quedó cojo. Los hombres que lo esperaban huyeron por la oscuridad.

Pando reconstruye una escena distinta: el preso salió por un ventanuco con una cuerda de nudos, que se rompió a media altura, y cayó al foso. Describe una fractura abierta y pérdida de conocimiento; además, atribuye la cojera a una atención médica deficiente. La pierna rota y el fracaso de la fuga son el punto de encuentro de ambos relatos. La cuerda corta o rota, la salida por la terraza o el ventanuco y la calidad de los cuidados pertenecen a versiones que conviene mantener diferenciadas.

¿Rostrogordo o Cabrerizas Altas?

También cambia el nombre del fuerte. Mascias escribió Rostrogordo; Pando identifica la prisión como Cabrerizas Altas. Madariaga sitúa en este último los once meses de encierro, de septiembre de 1915 a agosto de 1916. La propia crónica de Mascias introduce un detalle llamativo: después de nombrar Rostrogordo, dice que los ayudantes se perdieron por «los campos negros de Cabrerizas Altas». Es una referencia al entorno, insuficiente para identificar por sí sola el muro del que descendió el preso.

Los dos nombres corresponden a fortificaciones distintas del cinturón exterior de Melilla. Una fotografía de Rostrogordo fechada en 1893, conservada en la Biblioteca Virtual de Defensa, y un grabado de Cabrerizas Altas de ese mismo año permiten comparar los edificios. La antigua serie postal de la campaña de Melilla de 1893-1894 también conservó la imagen y los nombres de aquellas posiciones. El paisaje de muros, accesos y obstáculos en el que se produjo el encierro llevaba décadas formándose.

Fotografía de 1893 del fuerte de Rostrogordo visto desde el exterior
Fuerte de Rostrogordo en 1893. Archivo General Militar de Madrid / Biblioteca Virtual de Defensa, CC BY 4.0.

El hombre que salió de prisión y volvió a colaborar

Abd el-Krim recuperó la libertad en agosto de 1916 y fue repuesto como cadí en mayo de 1917. Me parece una de las claves de esta historia: después del encierro y de la lesión aún había espacio para volver a colaborar. Pando describe nuevos contactos de la familia con Aizpuru y los preparativos de un desembarco pactado en 1918, finalmente suspendido. El futuro jefe de la resistencia rifeña a la ocupación marroquí seguía participando en negociaciones con los españoles.

Las lealtades en Beni Urriaguel se pagaban caras. La familia podía resultar sospechosa para las autoridades cuando defendía límites a la ocupación y, al mismo tiempo, recibir amenazas de quienes rechazaban la cooperación con España. Madariaga explica cómo las rivalidades entre los grupos de Axdir y las represalias contra los colaboradores fueron estrechando ese margen de maniobra. Negociar con Melilla también tenía consecuencias al otro lado de sus muros.

El alejamiento tomó forma a finales de 1918, cuando Abd el-Krim dejó Melilla y regresó a su kabila. Madariaga distingue esta etapa de la ruptura que sitúa a finales de febrero de 1920: entonces salió de Axdir con su tío para unirse a la harka que combatía a los españoles. Los combates de Abarrán y la derrota española de Annual llegarían en 1921. Entre la fuga y aquellas campañas mediaron años de acuerdos, amenazas, avances militares y decisiones de los propios rifeños.

En diciembre de 1915 había quedado un preso herido al pie de una fortificación. En 1921, aquel antiguo cadí encabezaba la resistencia contra el mismo poder con el que había reanudado el trato al salir de prisión. La cojera permaneció; las alianzas cambiaron. Seguir esos cambios permite entender cómo un colaborador de Melilla terminó dirigiendo la guerra del Rif.

Galería fotográfica

Los fuertes, el entorno y los protagonistas en imágenes de época y vistas actuales. Las fechas de los pies permiten seguir los cambios del paisaje.


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Fuente
Luis Mascias — El Escándalo, 20 de mayo de 1926, p. 7Juan Pando — Historia secreta de Annual (1999)María Rosa de Madariaga — El papel del Rif en el Protectorado

Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, autor de "La Segunda Columna" (Ed.Edaf), director de este proyecto e Historiador del Arte (UNED). Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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