
Isaac Newton supo salir a tiempo de una inversión que empezaba a parecerle peligrosa. Vendió sus acciones de la Compañía de los Mares del Sur y obtuvo beneficios. Después siguió viendo cómo subían, volvió a comprar y quedó atrapado en el desplome de 1720. Su inteligencia y su experiencia administrando la moneda inglesa no lo protegieron de una de las grandes burbujas de la historia.
Ese episodio aparece en la conferencia con la que Ignacio de la Torre, economista jefe de Arcano Partners y doctor en Historia Medieval, propone llevar el conocimiento del pasado a las decisiones empresariales. La pronunció el 27 de octubre en la Fundación Ramón Areces, en un acto organizado junto al Premio de Historia Órdenes Españolas. El vídeo completo, publicado por Gestas de España, encabeza este artículo.
La pregunta que recorre la intervención es para qué sirve la historia cuando hay que decidir con información incompleta. De la Torre la aborda desde su trabajo en las finanzas y termina llevándola a la educación: qué ocurre si una herramienta nos proporciona respuestas cada vez más rápidas, pero dejamos de ejercitar la capacidad de examinarlas.
Un historiador ante una decisión empresarial
El punto de partida es Marc Bloch y la pregunta sobre la utilidad de la historia que abre su Apología para la historia o el oficio de historiador. De la Torre recupera a un investigador acostumbrado a interrogar testimonios y documentos para explicar una forma de trabajar que también necesita quien dirige una empresa: averiguar de dónde procede una información antes de utilizarla.
En una organización, esa costumbre obliga a escuchar a quien encuentra problemas en una propuesta. El conferenciante reclama un lugar para las personas que piden datos y examinan los riesgos, incluso cuando los demás ya están entusiasmados con una compra, una expansión o una tecnología. El desacuerdo puede descubrir un supuesto que el equipo estaba dando por demostrado.
Atenas y el coste de sentirse invencible
Para explicar el peligro del exceso de confianza, De la Torre recuerda la expedición ateniense a Sicilia durante la guerra del Peloponeso. La operación contra Siracusa terminó en una catástrofe militar. La presenta como una advertencia sobre la hybris, la desmesura de quien cree que sus éxitos anteriores garantizan también el siguiente.
Trasladada a una empresa, la comparación se refiere a las decisiones que buscan crecer por el prestigio de ser más grande. Una adquisición necesita una explicación económica que se sostenga; la ambición del dirigente y la admiración que provoca el proyecto pueden acabar ocupando el lugar del análisis. En la conferencia, el fracaso militar sirve para preguntar qué parte de una decisión responde al problema y qué parte al orgullo de quien decide.
Tutankamón: cómo se comprueba una historia convincente
La maldición de Tutankamón introduce otra cuestión. Después del hallazgo de su tumba en 1922, la muerte de lord Carnarvon alimentó un relato que fue incorporando nuevos fallecimientos. La proximidad de una muerte a una excavación parecía bastar para relacionarlas. Quedaban en segundo plano quienes habían participado y continuaban vivos.
De la Torre cita una investigación publicada en el BMJ. En 2002, Mark R. Nelson comparó la supervivencia de personas registradas en los escritos de Howard Carter: un grupo había estado presente en determinadas aperturas y otro no. La muestra era pequeña y tenía limitaciones documentales, pero el estudio no encontró una asociación significativa entre aquella exposición y una muerte más temprana.
El ejemplo muestra qué cambia al comparar el relato con un conjunto de datos. Para examinar una supuesta anomalía hay que contar también los casos que no encajan en ella y elegir con qué compararla. Es una precaución aplicable a una gráfica comercial tanto como a una noticia arqueológica. Los sellos que protegían las estancias de Tutankamón pertenecen a la evidencia material de aquel enterramiento; la maldición pertenece a la historia de cómo se contó su apertura.
Newton, la bolsa y la presión de los demás
En la parte dedicada a las inversiones, la conferencia vuelve a Newton y la burbuja de 1720. El episodio resulta incómodo precisamente por su protagonista: alguien capaz de razonar con una precisión extraordinaria también puede equivocarse al valorar una inversión y comprometer una gran parte de su patrimonio.
El investigador Andrew Odlyzko ha reconstruido aquellas operaciones mediante documentación financiera. Sus trabajos respaldan la secuencia de una venta con beneficios seguida de nuevas compras y pérdidas importantes. También precisan el desenlace: Newton conservó una fortuna considerable. La documentación permite describir su error sin convertirlo en una ruina completa.
De la Torre utiliza el caso para hablar de la presión de un entorno entusiasmado. Ver prosperar a otros vuelve difícil mantener una decisión prudente. Odlyzko señala que las motivaciones exactas de Newton no están documentadas directamente; lo que sí puede seguirse es cómo fue aumentando su exposición a la compañía. El contraste entre esos movimientos y su primera retirada da fuerza al ejemplo.
Los archivos, los templarios y el análisis económico
La relación entre sus dos profesiones aparece con claridad cuando De la Torre recuerda su investigación sobre las finanzas del Temple. Describe el procedimiento de una tesis: revisar lo que otros han escrito sobre un asunto, identificar las preguntas pendientes y volver después a la documentación de época. Un relato repetido durante años puede orientar la búsqueda, pero no sustituye a los documentos.
Su interpretación vincula la persecución de los templarios con los problemas monetarios de la Francia de Felipe IV. En la charla le interesa también el camino seguido para formularla: estudiar registros y decisiones concretas en lugar de acomodarlos desde el principio a una explicación recibida. Es el método que afirma haber trasladado a su análisis de la economía española durante la crisis de 2012.
Aparece entonces una idea que atraviesa buena parte del vídeo: prolongar una tendencia no equivale a explicar el futuro. El conferenciante repasa pronósticos sobre economías destinadas a imponerse a todas las demás y el peligro de proyectar mecánicamente sus crecimientos. Para entender un cambio hay que examinar qué sostenía la situación anterior y si esas condiciones siguen presentes.
Qué aporta la historia en tiempos de inteligencia artificial
La última parte se ocupa de la inteligencia artificial y la formación del criterio. De la Torre compara la inquietud actual con la provocada por otras transformaciones tecnológicas y defiende una mirada optimista sobre la capacidad de crear nuevas ocupaciones. En el coloquio introduce una distinción útil para entender su argumento: automatizar algunas tareas de una profesión no supone necesariamente eliminar toda esa profesión.
Esa confianza convive con una preocupación por el aprendizaje. Si una herramienta resuelve siempre el trabajo antes de que intentemos comprenderlo, podemos obtener un resultado sin haber aprendido a construirlo. Por eso reivindica la lectura de textos difíciles, el esfuerzo de relacionar sus partes y la capacidad de formular nuevas preguntas. Son prácticas habituales al trabajar con fuentes históricas.
Entre las propuestas que comenta está utilizar la tecnología para que acompañe el razonamiento con preguntas. La referencia es el método socrático: ayudar a avanzar sin entregar inmediatamente una conclusión. De la Torre sitúa ahí una tarea para las humanidades, presentes en una conversación tecnológica que afecta a la manera en que se estudia y se decide.
La historia de una empresa también puede perderse
Una de las preguntas del público devuelve la discusión a un lugar cercano: las empresas que apenas conocen su propia historia. En su respuesta, De la Torre propone facilitar que las personas con más experiencia expliquen a las nuevas incorporaciones qué decisiones funcionaron, cuáles fracasaron y bajo qué circunstancias se tomaron.
Esa memoria necesita algo más que una relación de aniversarios. Puede conservar las razones de un error, las dudas que hubo antes de una decisión y los datos que entonces faltaban. Cuando esas personas se marchan sin haberlo contado, desaparece también una parte de la experiencia que podría necesitar quien ocupe después su lugar.
Descubre más desde El Reto Histórico
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

