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Isabel de Farnesio, una mujer de armas tomar

La segunda esposa de Felipe V, una amante de la caza

Isabel fue una buena amazona y una espléndida cazadora, muy arriesgada y con gran puntería. La pareja real eran unos cazadores apasionados y valientes, además de unos excelentes jinetes. El duque de Saint-Simon define a la soberana, como una mujer arriesgada y con una gran puntería.

reina, Isabel de Farnesio, caza
Andrés de Ginés Aguirre, Cacería del jabalí, 1800, Museo Nacional del Prado, Madrid.

La parmesana y la caza

Una actividad fundamental para Felipe V e Isabel de Farnesio era la caza, fue practicada por ambos con entusiasmo desde su enlace nupcial en 1714. Así, la soberana se había aficionado a esta actividad, aunque había sido practicada por ella en Parma. Además, el rey alababa a su esposa como una excelente tiradora.

Durante el año 1715, tuvieron lugar numerosas jornadas de caza de los reyes entre los Reales Sitios de El Pardo, Zarzuela y Valsaín. El monarca admiraba a Isabel cazando constantemente. A medida que transcurría los años, la caza se convirtió en una actividad esencial para Felipe, con el objetivo de distraerlo. La reina, siempre preocupada por su marido, le animaba a cazar, montar a caballo y salir al campo. Ella disfrutaba de esta actividad, por esta consecuencia nos encontramos una gran variedad de referencias a trajes de caza y campo en la documentación de palacio, incluso a veces se pierde el número de vestidos que tenía Isabel.

La gran mayoría de cacerías se realizaban en Segovia y Aranjuez, eran sitios alejados del bullicio de la capital y destinados a la distracción de los monarcas. Todas estas observaciones se pueden relacionar con las imágenes de Diana cazadora, tantas veces representada en La Granja de San Ildefonso, y que podría ser un homenaje a la reina Isabel, que tanto amaba salir de caza por los hermosos bosques del lugar.

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René Carlier y Étienne Boutelou, Los baños de Diana, jardines de la Granja de San Ildefondo, Segovia. Fotografía: Patrimonio Nacional.

Un guardarropa dedicado a las cacerías

Isabel disfrutaba de la actividad cinegética tanto como su marido, esta afición queda patente en parte de su Real Guardarropa. En las cuentas relativas al año 1715, se especifica la llegada de dos vestidos de caza realizados en paño para la reina, aunque eso no fue todo, en ese mismo año el zapatero de cámara Miguel Pérez, detalla en su cuenta la confección de zapatos de campo y de caza.

Los encargos de vestidos de caza desde París seguían creciendo, ejemplo de ello es: «quinze baras de carmesí plateado doble de aguas para forro de casaca», además en las salidas de cacería era indispensable una casaca, con lo cual se detallan diversas referencias a casacas de color carmesí en las cuales varían si son de seda fina o tafetán.

En la documentación se describe un vestido de caza para S.M., el cual está confeccionado mediante: «siete baras de paño de Inglaterra de dos baras de ancho para casaca y basquiña», continua con dieciséis varas de carmesí de aguas de Génova para forro de casaca y basquiña, se cuenta cuatro varas de tafetán doble blanco de Valencia para forro y faltriqueras. Seguidamente, en las cuentas de 1717 y 1720 se requiere paño de Segovia para la creación de vestidos de caza y campo, se explica de esta manera: «Recados de un vestido de S.M de paño de Segovia oscuro para caza de lobos […], con 15 varas de olandilla y bocací para entretelas». Sin embargo, los zapatos de montería o de campo eran los más pedidos por los monarcas, así se especifica: «botines de cinturones para la Reyna, de color oro» y «recados de otros dos pares de botines de S.M. […]».

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A. Trouvain, Charlotte Elisabeth de Baviera, Duquesa de Orleans, 1694. Biblioteca Nacional de Francia, París.

La jornada de cacería dedicada al futuro de Carlos III

Una de las primeras jornadas de Isabel siendo reina de España fue en Aranjuez, el 16 de marzo, tres meses después de dar a luz a su primer hijo Carlos. Durante esos días, la reina solicitaba practicar su actividad de ocio favorita, la caza, y contó con un gran despliegue de oficiales de manos durante este viaje. A través de la documentación consultada, conocemos el gasto de los coches que transportaban el guardarropa de los reyes en esta jornada, la cifra es de 1.224 ducados.

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Jean Ranc, Carlos III, niño, 1724, Museo Nacional del Prado, Madrid.

El grabado de Matías Irala y Diego de Cosa

Es muy revelador el grabado de Matías Irala y Diego de Cosa inmortalizándola en 1715. Una masculinizada imagen de Isabel que no era en absoluto novedosa, pues la misma Isabel la había promovido desde su realización. La obra reelabora los modelos retratísticos femeninos de la iconografía aúlica europea, para ofrecer una efigie de la reina Farnesio cargada de significativas connotaciones políticas.

Según Vázquez Gestal, Isabel se muestra no sólo como un componente y cazador varonil, sino que además se apropia del símbolo regio por excelencia, la corona, para certificar sin ninguna duda su condición pública de soberana. Para reforzar todavía más este último aspecto, su marido y rey la apoya a través de un retrato, el cual asemeja ser el reflejo perfecto con el que figurar las dos caras de la majestad. Con actitud firme, Isabel parece insinuar sus propósitos de asumir sin ningún titubeo cualquier tarea política que se le encomiende.

Isabel de Farnesio fue una hábil cazadora, hecho que recogen en cartas, grabados y en la información archivística consultada, en la cual se observan numerosos encargos de vestidos y zapatos de caza. La realización de distintas jornadas de montería de la pareja real y la utilización del lenguaje alegórico de la soberana en el grabado de Irala, mostraba su fuerte «espíritu varonil».

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Matías de Irala y Diego de Cosa, La reina de España Doña Isabel de Farnesio 1715, Biblioteca Nacional de España, Madrid.

Análisis de la obra

Personificada como amante de la caza, la naturaleza, la música y las artes, actividades todas ellas no sólo nobles sino propias de los reyes. Se representa en traje de caza, el arcabuz en mano y varias reses muertas a sus pies, además en un segundo plano se muestra una imagen indefinida de la reina cazando con su séquito. En esta obra se enseña las aficiones y virtudes de la nueva reina, como eran: la música, la lectura y la pintura. Incluso ella misma llegaría a pintar un retrato de su esposo, el cual se encuentra en las habitaciones de la reina en el Real Sitio de San Ildefonso.

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Matías de Irala y Diego de Cosa, Detalle: La reina de España Doña Isabel de Farnesio 1715, Biblioteca Nacional de España, Madrid.

Posiblemente, el retrato estuviera basado en una pintura italiana realizada en Parma en 1714 durante el tiempo que transcurrió entre el compromiso y la magnífica ceremonia nupcial celebraba en la catedral de Parma con la ausencia del novio, tal y como demuestran las pinturas del palacio real de Caserta ejecutadas por Ilario Spolvori.

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Ilario Mercanti, Besamanos de las comunidades de Parma y Pienza, Palacio de Caserta, Parma.

Fuentes

Antúnez López, S., El cruce entre moda y poder. La última Farnesio (1714-1746), Sevilla, Universo de Letras, 2019. 

Antúnez López, S., “Los mercaderes textiles de Isabel de Farnesio (1714-1746)” en Revista Eviterna, n.º 5, marzo, 2019, pp. 1-14. 

Documentación del Archivo General de Palacio en la sección reinados, Felipe V. 

Pérez Samper, M.ª., Isabel de Farnesio, Barcelona, Plaza Janés, 2003. 

Tormo, E., “En el centenario de Felipe V: el afianzador de la capitalidad de Madrid” en Boletín de la Real Academia de la Historia, n.º 121 (1947), pp. 51-152.

Vázquez, P., Una nueva majestad, Felipe V, Isabel de Farnesio y la identidad de la monarquía (1700-1729), Madrid, Marcial Pons, 2013. 

Etiquetas

Sandra Antúnez López

Historiadora del Arte por la Universidad Complutense de Madrid. Sus principales líneas de investigación se centran en la Historia de la Moda y de los tejidos.

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