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El alumbrado público en la Córdoba califal

En la película Lawrence de Arabia, hay un momento en que el príncipe interpretado por Alec Guinness le dice a T. E. Lawrence:

“verá, teniente, cuando Londres todavía era una aldea, la ciudad árabe de Córdoba tenía dos millas de alumbrado público”

Como sucede con este tipo de afirmaciones, hay un núcleo de verdad detrás de las coloridas e insultantes capas exteriores. Esta frase puede recordar al espectador de cine familiarizado con la historia británica una famosa anécdota, con los británicos en el extremo receptor, pero procedente de un judío británico. Se cuenta que Daniel O’Connell, un diputado católico irlandés, atacó a Benjamín Disraeli por ser judío, a lo que el gran Benjamín respondió: «Sí, soy judío, y mientras los antepasados de su señoría eran brutales salvajes en una isla dejada de la mano de Dios, los míos eran sacerdotes en el templo de Salomón».

La historia que se transmite en la película tiene mucho del mismo espíritu, pero también transmite la sensación de un paraíso perdido, con la pérdida de Al Andalus todavía resonando en la cultura árabe. Y, por supuesto, los detalles que puede tener ese jeque son de naturaleza muy vaga, pero podemos darle algún sentido. La comparación se da entre Córdoba y Londres, en un momento en el que Córdoba era poderosa y Londres ciertamente no. La impresionante ciudad que se encuentra a orillas del río Guadalquivir alcanzó su punto álgido de poder, cultura y refinamiento, en los tiempos del Califato de Córdoba, que es el periodo comprendido entre el año 929 y el año 1013 cuando el Califato se disuelve definitivamente.

(foto: depositphotos.com)
(foto: depositphotos.com)

La ciudad de Londres, en ese período de 100 años, tenía una población de unas 12.000 personas, que es bastante respetable para un pueblo, incluso podemos llamarlo ciudad, más aún para la época de la que se trata. Sin embargo, esa cantidad palidece en comparación con las más de 200.000 personas que habitaban Córdoba por aquel entonces.

Las fuentes en árabe tienden a tomar al pie de la letra a los cronistas del pasado cuando afirman que Córdoba tenía una población de alrededor de un millón de personas, pero se trata de una exageración desmesurada que no está respaldada por las pruebas arqueológicas que sugieren cifras de alrededor de un cuarto de millón. Córdoba era prodigiosamente rica, era una ciudad que habría dejado boquiabierto a cualquier visitante por su gran tamaño, el número de mezquitas, casas de baños e incluso la presencia de algunas bibliotecas muy bien dotadas.

(foto: depositphotos.com)
Medina Azahara (foto: depositphotos.com)

La mezquita mayor era muy grande, e incluso fue duplicada en tamaño por el hayib Almanzor en tiempos del califa Hisham II, y es lo que hoy se puede ver referido como «la mezquita de Córdoba» o «la mezquita-catedral de Córdoba».

Pero estoy divagando, porque me asombra la Córdoba califal como al que más. Al Maqqari, un famoso historiador del siglo XVI, tiene una descripción muy viva de la Córdoba califal, aunque no de primera mano. El propio Maqqari confiesa que la información está tomada de Ibn al Jattib y de un autor anónimo del siglo XII, y con eso tendremos que conformarnos. La descripción que ofrece al-Maqqari es nada menos que abracadabrante y posiblemente demasiado halagadora. Veamos cómo empieza:

Córdoba es la capital de Al Andalus, y la residencia de los Califas. Es una ciudad grande y populosa, habitada por árabes de las familias más nobles y principales del país, que se distinguen por la elegancia de sus modales, la superioridad de sus mentes e ingenio, y la opulencia y el gusto exquisito que muestran en sus comidas, bebidas, vestidos y caballos.

Allí encontrará uno médicos que destacan en toda clase de conocimientos, poetas dotados de todo talento, señores distinguidos por sus virtudes […].

Al-Maqqari sienta primero las bases de una descripción en la que empieza a destacar la calidad humana de la ciudad, la clase de gente que encontrará uno allí, pues resulta que la riqueza atrae el talento, algo cierto en la antigua Roma, en la Córdoba califal y en la actualidad. La descripción de la ciudad se excede en afirmaciones difíciles de creer, como que Córdoba tiene 13.870 mezquitas y 3.911 baños. También está el asunto del alumbrado público, que se menciona relativamente de pasada, como si fuera algo perfectamente ordinario. Hubo grandes obras públicas en la Córdoba califal, pero no olvidemos que estamos en la época de las velas y las lámparas de aceite.

cordoba grabados
Mosque of Cordoba exterior wall old view, Spain. Created by Gustave Dore, published on Le Tour Du Monde, Paris, 1867

El hayib Almanzor en una de sus muchas campañas tuvo un éxito asombroso, y saqueó la ciudad de Santiago de Compostela, lugar de peregrinación, y por tanto de riqueza. Resulta que tomó las campanas y las puertas de la iglesia como trofeo de guerra, las hizo fundir y las convirtió en lámparas. Esto es lo que nos cuenta Al-Maqqari:

[Al Mansur] se aventuró incluso en los puertos de montaña de Galicia, y en 997 [ponemos fecha cristiana para mejor comprensión, NDT] demolió la magnífica iglesia de Santiago, un santuario frecuentado por peregrinos de toda la Europa cristiana.

Tras esta hazaña, su entrada triunfal en Córdoba fue señalada por una multitud de cautivos cristianos que llevaban a hombros las puertas de la iglesia, que fueron incorporadas a la Mezquita Mayor, junto con las campanas de la iglesia que fueron convertidas en candiles para los edificios de la ciudad.

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Candil de bronce de época califal. Museo Arqueológico y Etnológico de Córdoba.

Estos candiles o lámparas de aceite se utilizaban en el exterior de los edificios, haciendo que la ciudad fuera más habitable y estuviera más animada por la noche, y para el interior de la Gran Mezquita encargó enormes candelabros que podían albergar más de 1.000 velas cada uno. También había un gran almacén en la mezquita que contenía las lámparas para los candelabros, todas doradas y pulidas, ya que eso crearía aún más iluminación. Esos candiles fueron fundidos en el siglo XIII por orden del rey Fernando III de Castilla cuando conquistó Córdoba y convertidos en campanas para la catedral de Santiago. Como hemos visto, se equivocó, ya que las campanas se habían convertido en lámparas para el alumbrado público, no en los candelabros de la mezquita.

La afirmación del jeque en la película puede que peque un poco de exagerada, pero como ocurre con estas cosas, siempre tiene un núcleo de verdad. 

Fuente
 Biblioteca de Imágenes: Depositphotos.com

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