En septiembre de 1937, Bargas sacó en procesión a un Cristo que ya no existía. La talla antigua había desaparecido el año anterior, arrastrada por la violencia de la Guerra Civil, y los vecinos tuvieron que sustituirla por algo tan frágil como obstinado: una fotografía enmarcada, adornada con flores y llevada por las mismas calles que había recorrido la imagen perdida. Volvieron a hacerlo en 1938. Mientras España se deshacía alrededor, aquel retrato bastó para conservar el lugar vacío.
La escena, reconstruida por la Hermandad del Santísimo Cristo de la Sala a partir de documentación local y reseñas de prensa, contiene casi toda la historia del Cristo de la Sala de Bargas. Hay una aparición legendaria en la ventana de un hospital, una cofradía documentada en el siglo XVI, un Crucificado cuyo origen ya se ignoraba en 1733 y un grupo de mujeres que reunió dinero en plena guerra para encargar la talla actual.
El Cristo de la Sala de Bargas antes de llamarse así
Para encontrar el primer suelo firme hay que apartarse de la leyenda y entrar en los documentos.
Las Relaciones Topográficas ordenadas por Felipe II mencionan en 1576 a la Cofradía de la Vera Cruz de Bargas y una capilla que todavía no estaba terminada. Aquella hermandad atendía a pobres y enfermos, organizaba cultos durante la Cuaresma y la Semana Santa y administraba un hospital o asilo situado junto a la iglesia parroquial de San Esteban Protomártir.
El conjunto debió de ocupar la manzana delimitada hoy por la Barriada del Santo y las calles Olías, Ángel Delgado y Luna. Un acta capitular de 1660 relaciona la casa con la cofradía.
Más tarde, las Descripciones del cardenal Lorenzana, fechadas en 1786, hablan de una capilla contigua a la parroquia en la que se veneraba al Cristo de la Sangre, conocido ya popularmente como Cristo de la Sala.

El nombre puede tener un origen bastante material: la capilla habría ocupado la antigua sala capitular, es decir, la habitación donde se reunían los responsables de la Vera Cruz. El hospital explica también la otra acepción que la memoria local conservó. Una sala era, sencillamente, una de sus estancias. De ese espacio concreto nació la historia que Bargas lleva siglos contando.
La leyenda de la ventana
La tradición local sostiene que la imagen apareció en una habitación del hospital, junto a una ventana, sin que nadie supiera quién la había llevado hasta allí. Algunas versiones colocan al Crucificado directamente en el vano. El hecho se interpretó como milagroso y la capilla terminó levantándose alrededor de aquel punto: todavía hoy, el altar encuadra la llamada ventana de la aparición.

No conocemos un documento contemporáneo que permita convertir esa aparición en un hecho histórico. Lo que sí está documentado es que la tradición era antigua y había arraigado con fuerza. Los libros de la cofradía recogieron gracias atribuidas al Cristo y, ya a finales del siglo XVII, aparece también la advocación de Cristo de las Misericordias.
La leyenda creció en torno a una institución real, con enfermos, limosnas, cuentas, reuniones y una imagen cuya procedencia se había olvidado.
En 1733 la propia cofradía confesó esa falta de memoria. Al establecer formalmente la fiesta, describió la talla como una obra cuyo origen ya se había perdido:
tan antigua que no se encuentra tradición de su origen.
De una fiesta de septiembre al final de la cosecha
El acta capitular del 28 de marzo de 1733 dispuso que la procesión se celebrase cada 29 de septiembre. La fecha quedó ligada a la fiesta de la Cruz y a las obligaciones de una población agrícola. Con el tiempo, la salida se trasladó al tercer domingo de septiembre, cuando las labores de recolección habían terminado y el pueblo podía detenerse sin dejar el campo a medias.

La Vera Cruz desapareció en el siglo XIX y la actual Hermandad del Santísimo Cristo de la Sala heredó la devoción.
También heredó el vínculo con la ermita, un edificio pequeño y sin ostentación: una nave con cabecera, cajones de tapial entre verdugadas de ladrillo, puerta adintelada y una espadaña de un solo ojo. Está muy cerca de San Esteban, pero el corto trayecto entre ambos templos forma parte esencial de la fiesta. La imagen sale de su ermita para ser trasladada a la parroquia y después recorrer Bargas.
La talla original antes de 1936
Durante mucho tiempo, la talla perdida quedó reducida a una descripción: obra anónima, antigua y de escaso refinamiento artístico, según las crónicas locales recogidas por la Hermandad.
Las fotografías (las pocas que quedan) permiten describir la talla:
El cuerpo aparece rígido y frontal, con los brazos casi horizontales y un paño de pureza muy ceñido. La cruz y la carroza estaban cubiertas de flores, luces y emblemas, de modo que el Crucificado surgía en medio de una arquitectura efímera.

La imagen que se conserva de 1924 es especialmente valiosa: fue tomada doce años antes de la pérdida. Ese mismo año, el Diario Castellano Gráfico dedicó una página a «Las fiestas de Bargas» y reprodujo la cruz, la talla y la carroza.
1936: lo documentado y lo que sigue sin saberse
La talla desapareció en 1936, durante los primeros meses de la Guerra Civil.
Una investigación de Juan Ramón Rodríguez Téllez publicada por la Hermandad en 2016, basada en documentación local y en la memoria redactada después de la guerra por el párroco Abundio Celís, sitúa el comienzo del despojo el 22 de julio: aquel día las milicias se apoderaron de la llave de la iglesia. La misma reconstrucción fecha el 12 de agosto la llegada a Bargas de vehículos de la FAI y la orden de quemar altares, imágenes y ornamentos de la parroquia.
El expolio alcanzó también la ermita y la casa parroquial. La desaparición del Cristo de la Sala se inscribe en una pérdida más amplia de patrimonio religioso durante el siglo XX, visible también en la historia de la imaginería procesional de Toledo.

Tras su robo y destrucción, la cronología publicada por la Hermandad cita una noticia de El Día, página 3, sobre las fiestas del 19 de septiembre de 1937: La procesión se celebró con un cuadro que contenía una fotografía del Cristo desaparecido, adornada con flores por las mujeres del pueblo.
Bargas se encontraba, además, en un lugar difícil. La proximidad de Toledo y de la carretera de Madrid convirtió su término en espacio de paso, retaguardia y frente. El avance sobre Toledo en septiembre de 1936, el asedio del Alcázar y las operaciones posteriores dejaron la comarca sometida a movimientos de tropas, requisas y desplazamientos. El propio Archivo Municipal de Bargas advierte de las pérdidas documentales causadas por la guerra y de la posición estratégica de la localidad.

Las mujeres que reunieron 14.345 pesetas
La reconstrucción empezó antes de que acabara la guerra.
El párroco Abundio Celís Cuesta impulsó el encargo, pero el dinero salió en buena medida de una comisión de mujeres: Petra Morales, Sagrario Gutiérrez, Mercedes Fernández-Santos, Esperanza Téllez, María Revilla, Dolores Arnáez, Paula Paz, Manuela Ontalba y Luciana de la Fuente recorrieron el pueblo y organizaron una suscripción popular. Reunieron 14.345 pesetas para la nueva talla y para obras en la ermita y la parroquia.
La imagen costó 8.000 pesetas. El escultor elegido fue Eulogio Valladolid, un imaginero de Burgos que trabajó en madera de enebro. El contrato se firmó el 20 de junio de 1938, mientras el conflicto continuaba. La nueva imagen llegó desde Burgos y fue colocada y bendecida el 26 de febrero de 1939, varias semanas antes del final oficial de la contienda.

Aquella fecha corrige una idea frecuente: el Cristo actual no fue un encargo tardío de posguerra. Nació durante la propia guerra, pagado por una comunidad que todavía no sabía cómo acabaría todo. En noviembre de 1938 se había renovado también la junta de la Hermandad. Cuando llegó septiembre de 1939, la nueva talla salió por primera vez en procesión sobre una carroza provisional montada sobre un chasis de desecho.
La obra de Valladolid es un Crucificado de enebro policromado dispuesto sobre una cruz ornamentada. A sus pies, dos pequeños ángeles forman parte del conjunto procesional.
En 2016, una restauración profesional limpió la policromía, selló grietas y fisuras, recuperó la unidad cromática y el brillo metálico de la cruz y reintegró pérdidas en la talla y la policromía de los ángeles. La intervención permitió leer de nuevo la anatomía y el modelado sin borrar las huellas materiales acumuladas desde 1939.

Cómo es la procesión del Cristo de la Sala
La procesión nocturna sigue celebrándose el tercer domingo de septiembre y fue declarada Fiesta de Interés Turístico Regional en 2003.
El casco histórico cambia de ritmo.
La comitiva se ordena ante San Esteban; abren paso las llamadas Puertas Gallegas, marchan los estandartes y las bandas, y la carroza queda flanqueada por dos filas de mujeres y hombres que llevan velas.

Las bargueñas aportan una de las imágenes más reconocibles de la fiesta. El pañuelo blanco de seda, las arracadas, los aderezos, la falda y, sobre todo, los mantones de Manila convierten las calles en un inventario textil transmitido dentro de las familias. La indumentaria forma parte de la promesa y de la representación pública del pueblo, del mismo modo que las velas, el silencio de algunos tramos y los fuegos artificiales al regreso.

En esa mezcla de rito, ropa heredada y ocupación del espacio hay una continuidad que también puede verse en otras devociones toledanas, como la historia y leyenda del Cristo de la Vega. Cada una posee su relato; ambas muestran cómo una imagen acaba convirtiéndose en archivo emocional de una comunidad.
El misterio que permanece en la sala
El mayor misterio del Cristo de la Sala no necesita una solución sobrenatural. No sabemos quién hizo la talla primitiva, cuándo llegó a Bargas ni qué ocurrió exactamente con ella en 1936.
Tampoco podemos fechar el momento en que el relato de la aparición se unió a la ventana del hospital. Son preguntas distintas, y mezclarlas produciría una historia más vistosa, pero menos cierta.
Lo que sí puede reconstruirse es la cadena de decisiones que impidió que aquella ausencia se volviera definitiva: una cofradía que cuidaba enfermos, un acta que fijó la fiesta en 1733, unas mujeres que vistieron una fotografía con flores y otras que reunieron peseta a peseta el precio de una nueva escultura.
En la ermita, el altar continúa enmarcando la ventana de la leyenda. Frente a ella está un Cristo de 1939. Entre ambos queda el lugar de la imagen perdida.


Fuentes y bibliografía
- Ayuntamiento de Bargas, «Ermita del Santísimo Cristo de la Sala».
- Ayuntamiento de Bargas, Archivo de la Imagen: Fiestas Religiosas / La Procesión.
- Juan Ramón Rodríguez Téllez, «Historia de una Imagen», programa de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Sala, 2014, pp. 25-26.
- Juan Ramón Rodríguez Téllez, «En busca del patrimonio bargueño perdido», programa de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Sala, 2016, pp. 30-32.
- Hermandad del Santísimo Cristo de la Sala, programa de 2012, p. 6: reproducción de Diario Castellano Gráfico, n.º 9, 1924.
- José María del Salado Rodríguez de la Pica, Bargas. Apuntes para la historia, 1085-1958, Ayuntamiento de Bargas, especialmente pp. 110 y 215-217.
- La Cerca, «La Diputación de Toledo colabora en la restauración de la imagen del Cristo de la Sala de Bargas», 14 de febrero de 2016.
Galería fotográfica
El Archivo de la Imagen de Bargas conserva una secuencia excepcional: la salida de la talla original en 1922 y, desde 1946, la incorporación del Cristo de Eulogio Valladolid a la misma geografía festiva. Las fotografías muestran también las carrozas, la indumentaria bargueña, los estandartes y la forma en que cada generación ocupó las calles alrededor de la imagen.





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