El 4 de mayo de 1493, el Papa Alejandro VI publicó su famosa Doctrina del Descubrimiento, la Bula Menor Inter Caetera, que esencialmente otorgó a España el derecho exclusivo de toda la tierra descubierta el año anterior, y la que quedase por descubrir.

 


Los inicios del siglo XVI vieron a España colonizar el Caribe y Sudamérica, así como grandes exploraciones en la costa norteamericana.

Los más famosos exploradores norteamericanos fueron Juan Ponce de León, Lucas Vázquez Ayllón y Hernando de Soto, famoso por establecer la ciudad de San Agustín, colonizar el territorio de La Florida y explorar gran parte del sureste de los actuales Estados Unidos. Pero no fueron los únicos.

 

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De Soto contemplando por primera vez el Mississippi (William H. Powell )

En abril de 1566, Pedro Menéndez de Avilés, que había expulsado a los hugonotes de La Florida, reclamó el asentamiento de Santa Elena (en la actual Isla de Parris, Carolina del Sur) como capital de La Florida.

 

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El capitán Juan Pardo llegó a América del Norte el 15 de julio con 250 hombres para reforzar el asentamiento de Pedro Menéndez.

Ya en Santa Elena, Menéndez, ordenó partir a Pardo con 125 hombres para encontrar un camino a México -suena fácil así escrito- a fin de llegar a las minas de plata en Zacetecas. Debido a los conocimientos geográficos limitados de los españoles en América del Norte, supusieron que los Apalaches y las Montañas Rocosas eran iguales. Así que el 1 de diciembre, Pardo y sus hombres abandonaron la seguridad de Santa Elena y salieron hacia lo desconocido, “con dos cojones”.

 

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El escriba de la expedición era Juan de la Bandera, fue quien nos ha legado la narración de esta proeza.

Cuenta como caminaron por rutas y senderos durante 1 mes, bordeando los ríos Wateree y Catawba hacia el norte. La razón era que querían encontrar un sendero que había dejado indicado en algunos escritos Hernando de Soto, y que partía del final del valle del Catawba.

 

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Juan Pardo dialogando con los indígenas

Durante esa larga travesía se iban deteniendo en los poblados y aldeas que encontraban al pie de los senderos (de mayoría Creek o Cherokee). Los expedicionarios intercambiaba bienes con los nativos americanos, como herramientas de metal y joyas, y les iba informando que ahora eran súbditos del Rey de España (imaginaos las caras de los nativos).

 

En enero de 1567, Pardo y sus hombres llegaron a un pueblo llamado Joara (o Xuala), a orillas del río Catawba, cerca de lo que hoy es Hickory. Aunque la localización de Joara, según las últimas evidencias arqueológicas demuestran que estaba un poco más hacia el oeste, cerca de Morganton.

 

 

Se cree que Joara era el pueblo más grande y más poderoso en el oeste de Carolina del Norte. Era el que controlaba los caminos comerciales entre las montañas y las llanuras. Aunque era un poblado relativamente reciente, no tenía más de 150 años.

 

 

Fue en este lugar donde Pardo decidió construir un fuerte que llamó San Juan (los historiadores norteamericanos lo conocen como Fort San Juan). Este sería el primer asentamiento europeo moderno en el interior de Norte América, ya que otras expediciones españolas que habían penetrado en el subcontinente solían instalarse en refugios provisionales o aldeas nativas.

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Pardo dejó a 30 hombres al cargo de San Juan y regresó a Santa Elena para informar de sus avances.

En San Juan quedó al cargo un teniente llamado Moyano, el cual organizó expediciones alrededor de su nueva posición (todas ellas sin aprobación de sus superiores), en busca de piedras preciosas y oro, o eso creían que iban a encontrar. Fue durante estas exploraciones no aprobadas cuando los españoles viajaron al este de Tennessee y al suroeste de Virginia, incomodando a las tribus de las montañas.

fig11-220_1Sabemos esto porque cuando Pardo regresó al Fuerte San Juan en marzo de 1567, se enteró de que la mayoría de sus hombres estaban siendo retenidos cautivos por otros nativos americanos en las montañas.

La tarea de crear un camino a México de repente se hizo más difícil para los españoles.

 

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Pardo permaneció en San Juan durante seis meses a fin de entablar relaciones amistosas con las tribus de las montañas y recuperar a los rehenes. Se reunió con, al menos, 30 jefes locales.

Algunos tratados incluían el ataque conjunto a enemigos de esas tribus, así que, indígenas americanos y españoles combatieron juntos en las tierras altas de Tennesse y Virginia contra enemigos de sus recién aliados.

 

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Pardo ordenó la construcción de 5 fortalezas, algo más pequeñas que San Juan, a fin de controlar los caminos que iban descubriendo y establecer la presencia española a lo largo de su región interior colonial.

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En noviembre de 1567, Pardo volvió a salir del Fuerte San Juan hacia Santa Elena. Esta vez dejó a 120 hombres, repartidos entre los cinco fuertes -y San Juan- dejándolos al cargo de Alberto Escudero de Villamar, con instrucciones precisas de continuar entablando relaciones diplomáticas con los nativos. Sería la última vez que Pardo vería a sus hombres.

En mayo de 1568 llegó la noticia a Santa Elena de que todos los fuertes habían sido saqueados y quemados por los nativos, y todos sus hombres asesinados.

 

 

 


¿Qué pasó?

Según las excavaciones en las zonas de los fuertes, se ha descubierto que los españoles comían ciervos y platos preparados con carne de oso. Al parecer, el oso, era una carne que los nativos de Joara reservaban para ofrecer a sus invitados más ilustres o para ocasiones ceremoniales.

La gran cantidad de oso provisto a la guarnición en sus primeros meses sugiere que los hombres de Pardo fueron tratados como huéspedes o invitados, creyendo los nativos que su estancia era simplemente eso, una visita. Cuando los nativos comprobaron que no se marchaban, el suministro de oso se hizo más infrecuente, demostrando el agotamiento de la “acogida”.

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Fuerte San Juan cayó en las brumas de la historia, hasta que los arqueólogos del Colegio Warren Wilson, las Universidades de Oklahoma y Tulane se unieron para excavar en los sitios de Joara y las fortalezas españolas, ahora conocidas como “Yacimiento Berry”

Berry sigue siendo un activo sitio arqueológico que continúa proporcionando artefactos y pistas en las vidas de las personas involucradas en este sitio histórico, el primer asentamiento europeo en el interior de Norteamérica.

 

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