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La corriente que afirmaba que Napoleón era un Mesías

La "leyenda napoleónica"

La conocida como “Leyenda Napoleónica” nació para celebrar y glorificar las acciones que Napoleón Bonaparte había realizado en vida y convertirlas en una especie de religión.

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Ossian recibiendo en el Valhalla a los generales de la República muertos por la Patria (1802). Anne-Louis Girodet de Roussy

Napoleón, una vida de leyenda…

Desde sus orígenes en las filas del ejército en Italia pasando por los comienzos de su carrera política hasta tomar el poder tras el golpe de estado del 18 de Brumairo, Napoleón fue trazando su propio rumbo, agitado y excepcional, en la Historia y en la memoria de sus contemporáneos.

Su ascenso meteórico, sus glorias por Francia y sus conquistas europeas sumado a la escala sin precedentes de sus últimas derrotas, así como sus exilios —con huida incluida— han hecho de esta gran figura de la Historia de Francia y Europa, según pasan los siglos, un hombre de leyenda. 

La “leyenda napoleónica” es tal que algunos le dan al Emperador un carácter mesiánico, que este último, por supuesto, nunca reclamó. El historiador Elie Faure, en su obra “Napoleón”, lo comparaba con un profeta de los tiempos modernos y no pocos escritores, no solamente franceses, de mediados y finales del siglo XIX estuvieron obsesionados con Bonaparte hasta un extremo delirante, como Gerard de Nerval (que firmaba a veces como Gerard Napoleón creyéndose familiar lejano del emperador por la parte de José Bonaparte) o el filósofo polaco Andrzej Towiański que aseguraba que su espíritu había entrado en él cuando las cenizas del Emperador fueron llevadas de Santa Elena a Les Invalides.

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V. Adam. Apoteosis de Napoleón

“Era un espíritu que no podía contener”, aseguraban los amigos de Towiański que creían a pies juntillas (al menos en torno a 1840) que su amigo era el “recipiente” que había elegido el espíritu del corso.

Pero no solamente fue un movimiento póstumo. Es sabido que durante la guerra en España no eran pocos los que trataban de convencer a los demás de que combatir contra Napoleón era un error, ya que: «Napoleón es el verdadero Mesías, el redentor de los pueblos, el amigo de la especie humana…». Así mismo, se dice que hubo una corriente entre los judíos europeos que veían en él un Mesías enviado por Dios.

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Napoleon I en su trono imprerial (1806) por Jean-Auguste-Dominique Ingres [detalle]

Luego, por otro lado, no se puede obviar la inmensa maquinaria de propaganda que actuó a favor de su régimen. Más que de su régimen, de él mismo y su figura creando una iconografía que dejó bastante mella. Víctor Hugo, nacido en los tiempos de las Guerras del Imperio y que había criticado duramente su figura, cayó en la cuenta de que descubrió que Francia con Napoleón había sido la cabeza del mundo por lo que ensalzó en textos como su “Prefacio de Cromwell” su figura con una pizca de mesianismo europeo.

… y una muerte de leyenda.

La vida de este personaje es, sin duda, una de las más grandes aventuras humanas, militares y políticas de la historia. Su muerte, por ejemplo, sigue siendo un misterio y propicia la invención de rumores, que rozan la falacia histórica, que ciertamente han dado lugar a una gran parte de esta leyenda.

El 5 de mayo de 1821, la versión oficial decía que Napoleón había muerto de cáncer de estómago. Sin embargo, durante algún tiempo, otra versión que defendía la tesis del envenenamiento por arsénico, afirmaba que se habría encontrado en el cabello de Napoleón restos de este mortal químico. Según se decía, este arsénico se le fue inoculando junto a la comida que le daban al emperador. Pero para otros, el arsénico era uno de los productos que se usaba para el aseo del cabello (como remedio anti caída, según estas tesis), o se usaba al estilo de un detergente para limpiar las cubas de vino. Otros, los más soñadores, aseveraban que el Emperador había escapado de la isla de Santa Elena.

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Napoléon sortant de son tombeau D’après Horace Vernet © Malmaison, musées nationaux Malmaison et de Bois-Préau

Su vida, la propaganda, su misteriosa muerte y el romanticismo europeo elevaron el mito a lo más alto, forjando esta “légende napoléonienne” que a punto estuvo de fundar una nueva religión teniendo como Mesías a Napoleón Bonaparte.

San Napoleón

El único resquicio que pudo quedar de esa cuasi-religión es San Napoleón, un santo cristiano al que cambiaron el nombre para que se pudiese sincretizar con el Emperador. Su nombre original era Neopolus que, según cuentan fue derivando al italiano Napoleone y de ahí al fácil paso del nombre con el que se conoce. Curiosamente se le considera patrón de los soldados y, aunque existía iconografía medieval del santo original, poco a poco lo fueron modelando hasta guardar “cierto parecido” con Bonaparte.

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Estampita de San Napoleón

San Napoleón se le solía representar en combate, con la cabeza aureolada. Se llegó a establecer por decreto imperial su fiesta, luego sería anulada (en 1814) y restaurada una vez más por Napoleón III. En 1870 desaparecía como fiesta nacional del calendario francés.

Fuentes:

Bénichou, Paul (2018) La escuela del desencanto

Laurent , François (1881) Estudios sobre la historia de la humanidad, Volumen 15

Cristóbal Cuevas García, Enrique Baena (1991) Cuentos y leyendas andaluces, Volumen 2

Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, director de este proyecto e Historiador del Arte (UNED) . Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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