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Masada, el mayor suicidio colectivo de la historia

Masada, la fortaleza inexpugnable

El asedio de Masada, el mayor suicidio colectivo de la historia, fue el punto y final de la revuelta judía llevada a cabo entre el año 66-73 d.C. por el grupo más extremo del judaísmo zelote, conocidos como los sicari. La revuelta sería prácticamente sofocada por el emperador Vespasiano, pero quedó Masada, en las alturas, como punto inexpugnable de ese alzamiento. El general Lucio Flavio Silva tenía la misión de acabar con ese último reducto produciéndose así uno de los asedios más complicados y sorprendentes de la historia.

Vista aérea de Masada
Recreación de la fortaleza de Masada. Obra de Jean-Claude Golvin

El inicio de la Gran revuelta judía

Nos debemos remontar al año 66 d.C., los sicari (traducido del latín como hombres daga) eran asesinos que tenían como objetivo acabar con el control romano de Jerusalén.

Se encargaban de matar a todas aquellas personas judías a favor del control del Imperio romano y luego desparecían, camuflándose entre la multitud. Su misión era que el miedo de ser asesinado hiciese que nadie simpatizase con la potencia invasora. Flavio Josefo en su obra “La guerra de los judíos” se refiere a los sicari del siguiente modo:

Los sicari trataron a los judíos que se habían sometido a los romanos como enemigos y saquearon todas sus propiedades. En una aldea hebrea masacraron a 700 personas donde la mayoría eran mujeres y niños

La conquista y destrucción del Templo de Jerusalén

Este mismo autor relata que los sicari, ayudados por varios zelotes, capturaron una antigua fortaleza en Masada y desde ahí avanzaron entrando a Jerusalén derrotando a las tropas del gobernador Agripa II. Los sicari procedieron a cometer varios actos atroces entre los judíos para forzar a la población a luchar contra los romanos y evitar una negociación de paz. Declarando de este modo una guerra total al Imperio.

Eleazar ben Yair, líder de los sicari, se proclamó rey Mesías y líder de la rebelión. Los demás zelotes, contrarios a su proclamación, acabaron con él junto a varios de sus seguidores. Los sobrevivientes huyeron a Masada dejando de lado Jerusalén, que sería tomada en agosto del año 70 d.C. por los romanos, dándose una masacre en la ciudad, en ese mismo año sería destruido el Templo de Jerusalén por segunda vez en la historia.

La parte que aun resistía hizo de la montaña su lugar de residencia, hacia el año 71 d.C. cientos de hombres, mujeres y niños vivían en Masada. Crearon diferentes armas, huertos, almacenes donde guardar la comida y depósitos donde almacenar agua… la fortaleza estaba preparada en caso de ser asediada. Tres años después de la caída de Jerusalén, el Imperio romano de la mano de Flavio Silva, comandante de la X legión, marchó contra la fortaleza con 15.000 soldado y miles de prisioneros judíos.

El asedio de Masada

El general distribuyó a sus hombres en 8 campamentos alrededor de la fortaleza. Se erigió una muralla que la rodeaba para impedir cualquier huida. Fue construida exclusivamente por los legionarios al ser una labor de vital importancia para el éxito del asedio, Silva sólo empleó soldados de confianza para su elaboración.

Ninguno de esos actos sirvió para aislar y desabastecer a los sicari que se mantenían firmes dentro de Masada al tener dentro todo aquello que necesitaban. Flavio tras un largo tiempo de asedio entendió que debía tomar la fortaleza por la fuerza.

Los romanos emplearon catapultas y otras armas de asedio castigando Masada desde un promontorio cercano. Para subir a la cima construyeron una rampa de madera y barro de 200 metros de largo, siendo una de las construcciones de asedio más esplendidas de la historia. Una vez concluidos los arietes, se dispusieron a romper la muralla. En el año 73 d.C. cuando el muro defensivo empezó a ser superado por los atacantes, la situación se tornó desesperada.

Los romanos apoyándose en su superioridad númerica consiguieron crear una brecha en la muralla (que se mantiene a día de hoy) pero los judíos se apresuraron a bloquearla construyendo un segundo muro.  Sila, ante dicha situación, decidió cambiar de estrategia, intentaría atacar con fuego incendiando las estructuras defensivas de las fortaleza. Era una decisión arriesgada ya que los vientos del desierto podrían ayudar a la propagación del fuego a favor o en contra.

La toma de Masada

Una vez iniciado el ataque mediante fuego, el viento empezó a soplar en favor de los romanos, los judíos vieron el suceso como un castigo de Dios por sus pecados. La legión aprovechó la situación y el desánimo de los judíos para asaltar la muralla.

Una vez que los romanos lograron entrar en el complejo de Masada se encontraron casi 1.000 cuerpos sin vida en el suelo agrupados por familias. Únicamente sobrevivieron dos mujeres y cinco niños que se habían escondido en una cisterna. Las mujeres contaron a los romanos que, para no cometer un suicidio (pecado en la religión judía), diez sicari se encargaron de asesinar a los demás habitantes, esos diez fueron asesinados por uno de ellos y este último sería el encargado se asumir el pecado incendiar el palacio y suicidarse dentro de él. La finalidad era que cuando llegasen los romanos sólo se encontrasen los cuerpos de los fallecidos. Flavio Josefo relata sobre los romanos:

Cuando allí se toparon con el montón de muertos, no se alegraron, como suele ocurrir con los enemigos, sino que se llenaron de admiración por la valentía de su resolución y por el firme menosprecio de la muerte que tanta gente había demostrado con sus obras.

Tras el paso de los siglos y diversos estudios, a día de hoy este suceso sigue trayendo diferentes debates y discusiones sobre la veracidad de los actos que pasaron a la historia como el mayor suicidio colectivo de la historia. Desde mi punto de vista el suceso sería cierto ya que diversas investigaciones arqueológicas han respaldado la gran mayoría de los relatos de Flavio Josefo, pero nunca podremos saber la verdad al 100%.

Fuente
Díaz, M. (2016), Masada, un mito fundacional de la memoria colectiva israelí. Un ejemplo de usos políticos del pasado, Revista historia autónoma, 8.Shinar, M. (1972). Masada. Congreso judio latinoamericano.

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