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El encuentro entre Miguel de Cervantes y Juan de Austria tras la batalla de Lepanto

Ocurrió el 8 de octubre de 1571

La victoria de la Liga Santa en Lepanto detuvo en seco el avance musulmán en el Mediterráneo y provocó que los turcos sufriesen enormes pérdidas en la batalla.

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Batalla de Lepanto, por Antonio Brugada, Museo Marítimo de Barcelona.

La flota de la Liga Santa

La coalición formada por la Monarquía Hispánica, la República de Venecia, los Estados Pontificios, la República de Génova, el Ducado de Saboya y la Orden de Malta había reunido para esta ocasión, bajo el mando de Juan de Austria, una flota de 206 galeras, 11 galeazas y 102 fragatas.

En septiembre de 1571 se dividió para batir a la flota turca en tres escuadras, además de otras dos de descubierta y de reserva. La armada cristiana marchó al encuentro de la armada turca. Juan de Austria escribió:

Considerando que la dicha armada —la turca—, aunque sea superior en fuerzas a esta de la Liga —son palabras del hermano del Rey— según los avisos que se tienen, no lo es de cualidad de navíos ni de gente, y confiando en Dios nuestro Señor, cuya es esta causa, que nos ha de ayudar, se ha tomado resolución de irla a buscar. Y así me parto esta noche, a Él placiendo, la vuelta de Corfú y de allí iré donde entendiere que está

El 26 de septiembre la flota llegaba a Corfú y allí se recibieron noticias de que la armada turca estaba cerca, se había refugiado en el segurísimo golfo de Lepanto. La flota cristiana se dirigió hacia Cefalonia y hasta allí llegó el 5 de octubre.

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Vista panorámica de Nafpaktos (Naupacto), escenario de la batalla de Lepanto.

Miguel de Cervantes en la batalla de Lepanto

Miguel de Cervantes era un soldado de la flota comandada por Juan de Austria, contaba con 24 años. Se sentía orgulloso de luchar por una causa tenía por Santa. Estaba encuadrado en la compañía de Diego de Urbina y combatió junto a sus compañeros a bordo de la galera Marquesa, mandada por Francisco Sancto Pietro y perteneciente a la escuadra de Álvaro de Bazán.

En la galera Marquesa se le asignó su puesto en la tercera escuadra que formaba el ala izquierda de la batalla. Cuando llegó el día del enfrentamiento con los turcos, Cervantes se encontraba, por desgracia para él, enfermo de calenturas. El soldado Gabriel de Castañeda, un montañés del valle de Carriedo dejó este testimonio sobre su estado:

Que sabe… e vio que al tiempo y saçón que se reconoció el armada del Turco por nuestra armada española, el dicho Miguel de Cervantes estaba malo de calentura que, pues estaba malo, no pelease y se retirase e baxase debaxo de cubierta de la dicha galera, porque no estaba para pelear…

A pesar de que sus compañeros y su capitán intentaran persuadirle de entrar en combate, no hizo caso y dijo:

He servido siempre muy bien á S. M., y así ahora no seré ménos, aunque esté enfermo y con calentura. Más vale pelear en servicio de Dios y de S. M., y morir por ellos, que bajarme so cubierta.

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Miguel de Cervantes, por Agusto Ferrer-Dalmau.

Ante ese empecinamiento, desistieron de convencerlo, y el alcalaíno, aunque enfermo, quiso escoger el sitio de más peligro, junto al esquife con doce soldados.

El 7 de octubre el combate era inminente, las flotas estaban listas para la victoria o la muerte. Juan de Austria, en los prolegomenos del enfrentamiento, arengó a sus hombres entusiasmándolos ante la gran ocasión en la que se encontraban.

El combate comenzó y la sangre empezó a derramarse. Desorden, gritos, lamentos, el estruendo de las armas de fuego, el olor a muerte… en esa batalla naval no habría piedad por ningún bando. Cuando la galera en la que se Marquesa y la turca se encontraron y la cristiana abordó a la musulmana, se desató un combate tenaz y sangriento.

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Batalla de Lepanto, 7 de Octubre de 1571. Cervantes peleando sobre la Galera Marquesa, Fondo Antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla.

Los cristianos saltaron a la nave turca, y como no, Miguel de Cervantes se encontraba entre ellos, luchando con gran coraje y valor. Arriesgó tanto su vida que estuvo a punto de perderla, recibiendo tres disparos de arcabuz, dos en el pecho y otro en la mano izquierda, que le quedó dañada o “mancada” (de ahí lo de Manco de Lepanto) —afortunadamente le quedó la derecha y con ella hizo maravillas, como bien sabemos. A pesar de estas heridas, siguió combatiendo viendo morir a sus compañeros, hasta el punto de que la galera estuvo a punto de caer bajo las armas de los turcos, pero la experiencia y la grandeza militar de Álvaro de Bazán, que acudió en su socorro, salvó la situación y decidió la lucha.

La flota cristina se hizo con la victoria con un coste de diez naves capturadas por el enemigo de las cuales nueve fueron posteriormente recuperadas, 8.000 muertos (2.000 de ellos españoles) y 21.000 heridos. Los turcos perdieron 200 galeras y a 30.000 hombres.

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Batalla de Lepanto 1571. Galera «La Real», por José Ferre Clauzel.

El encuentro entre Miguel de Cervantes y Juan de Austria

Terminada la batalla, la flota cristina se retiró al puerto de Petela, con la finalidad de reparar a sus navíos, curar a los heridos y ponerse a resguardo de la furia del mar. Miguel de Cervantes, tras sufrir de calenturas en los momentos previos a la batalla y de recibir tres arcabuzazos, se encontraba en muy mal estado de salud.

En la mañana del 8 de octubre, Juan de Austria, el generalísimo de la Liga, visitó —lo hizo con frecuencia— a los heridos, dirigiéndolas frases de consuelo, de ánimo y de afecto sincero. Pero hubo a un soldado al que le dedicó grandes alabanzas, y este no era ni más ni menos que a Miguel de Cervantes, quien había combatido heroicamente. Juan de Austria sabía de esto, ya que los compañeros de Cervantes lo alababan por su entrega en combate, y esto había llegado a oídos del comandante de la flota cristiana.

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Miguel de Cervantes y don Juan de Austria, por Eduardo Cano de la Peña, Museo del Prado.

La gratitud de Juan de Austria

Juan de Austria le guardó mucha estima a Cervantes y, desde la batalla de Lepanto, le acrecentó cuatro ducados sobre su paga por haberse portado de forma tan heroica en batalla.

Una vez recuperado de sus heridas, desde noviembre de 1573 hasta septiembre del año de 1575, Cervantes estuvo dedicado a las guerras de Italia, pero debido a sus padecimientos, sus heridas y las súplicas de su familia, pidió permiso para volver a España y la licencia para retirarse del servicio militar.

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Juan de Austria, por Juan Pantoja de la Cruz.

Obtuvo dos cartas de recomendación para Felipe II, una de ellas fue de Juan de Austria y del duque de Sessa, ambos enalteciendo su heroísmo y su patriotismo. Con veintiocho años, el 20 de septiembre de 1575 embarcó junto a su hermano Rodrigo en Nápoles, en la galera Sol, que iba a España, pero el día 26 la galera fue apresada por los piratas argelinos, no sin antes haber presentado combate. Aunque esa aventura fue otra historia.

Fuentes:

Manuel Fernández Álvarez. Cervantes visto por un historiador

Ramón León Maínez (1876). Vida de Miguel de Cervantes Saavedra

Martín Fernández Navarrete (1819). Miguel de Cervantes Saavedra

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Antonio José Pérez Sánchez

Empresario y exmilitar. Mi pasión es la Historia, ya desde pequeño mis primeras lecturas eran sobre personajes y acontecimientos históricos, y hoy sigo con esa sed infinita de conocimientos históricos. Amante de la Historia, del deporte y del Real Betis Balompié. Devorador insaciable de libros.

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