
Un molar de elefante puede conservar algo más que la edad de su propietario. Su superficie, su estructura interna y su composición permiten acercarse al paisaje en el que se alimentaba. En el norte del actual Israel, un estudio de restos de hace unos 700.000 años está ayudando a reconstruir el entorno que compartían grandes animales y grupos humanos.
La investigación, presentada en octubre de 2026 y publicada en Quaternary Science Reviews, analiza materiales del yacimiento North Bridge Acheulian, junto al complejo de Gesher Benot Ya’aqov. El protagonista es Palaeoloxodon antiquus, el elefante de colmillos rectos. Sus restos aparecieron asociados a herramientas achelenses en una región situada en los corredores entre África y Eurasia.
Un elefante junto a herramientas de piedra
El equipo dirigido en este trabajo por Hannah Farrell estudió un gran molar y fragmentos de defensas. La identificación corresponde a un elefante de colmillos rectos, no a un mamut. Son animales distintos, aunque ambos formen parte de la imagen popular de la megafauna prehistórica.
El molar procede de un depósito que también contenía bifaces y hendedores de basalto. Esas herramientas pertenecen a la tradición achelense: piezas trabajadas para obtener filos resistentes, utilizadas en una amplia variedad de tareas. Su presencia sitúa la actividad humana dentro del mismo paisaje que ocupaban los elefantes.

La asociación es relevante, pero por sí sola no demuestra que los habitantes del lugar cazaran al ejemplar estudiado. Para reconstruir un episodio de captura o aprovechamiento hacen falta señales específicas. El trabajo se concentra especialmente en la alimentación del animal y las condiciones ambientales.
Qué guarda un molar de hace 700.000 años
El desgaste de los dientes permite observar qué clase de alimentos procesaba un animal. Los investigadores combinaron el estudio del microdesgaste dental con análisis de isótopos de carbono y oxígeno del esmalte. Cada técnica aborda una parte distinta de la relación entre dieta, agua y ambiente.
El examen mediante microtomografía permitió estudiar también la estructura del molar sin depender únicamente de su superficie. El modelo tridimensional ayuda a identificar la pieza y a documentar detalles que resultarían difíciles de observar directamente en un resto mineralizado.

Los resultados apuntan a una alimentación mixta con un componente importante de ramoneo: consumo de vegetación de bosques y riberas, junto a otros recursos. El animal no recorría necesariamente una llanura uniforme cubierta solo de hierba.
Agua, arbolado y espacios abiertos
El polen aporta otra perspectiva del mismo entorno. El estudio recoge señales de árboles mediterráneos, vegetación de espacios abiertos y plantas relacionadas con ambientes húmedos. La combinación describe un mosaico de hábitats en el que podían encontrarse alimentos distintos a distancias relativamente próximas.
El agua era una pieza fundamental. Riberas, humedales y áreas arboladas podían mantener recursos para grandes herbívoros y para las poblaciones humanas. En un territorio de tránsito, esas condiciones ayudan a explicar por qué algunos corredores resultaban más favorables que otros.

Los investigadores no convierten este molar en la prueba del recorrido de un grupo humano concreto. Lo que aporta es información ambiental sobre una región situada entre continentes. Para estudiar las dispersiones hay que combinar esa información con otros yacimientos, cronologías y conjuntos arqueológicos.
Los humanos también necesitaban reconocer los recursos
La presencia de herramientas de basalto recuerda que el paisaje ofrecía materias primas además de alimento. Elegir una roca, transportarla y trabajarla formaba parte de la adaptación al territorio. Otra investigación sobre la selección de basalto por homininos en esta región permite ampliar esa cuestión, en un contexto cronológico distinto.
Conviene mantener separadas las fechas del conjunto. North Bridge Acheulian se estudia aquí con una antigüedad aproximada de 700.000 años; no debe confundirse automáticamente con todas las fases del cercano complejo de Gesher Benot Ya’aqov. Tampoco se trata de poblaciones de Homo sapiens como las actuales.

Un paisaje compartido, no una ruta demostrada
Los restos de defensas, el molar y las herramientas se conocen por la excavación. La novedad de 2026 es el análisis conjunto de esas evidencias, no el descubrimiento de un elefante entero ni de una nueva salida de África.
El estudio permite imaginar con mayor fundamento aquel entorno: agua accesible, arbolado, áreas abiertas y animales de gran tamaño. También grupos humanos capaces de trabajar piedra y aprovechar los recursos del lugar. Entender el paisaje que compartían ayuda a explicar su presencia en un corredor decisivo para la prehistoria, aunque todavía no podamos reconstruir cada encuentro entre ellos.
Fuentes y bibliografía
- Farrell, H.; Sharon, G.; Jin, M.; Langgut, D.; Makarewicz, C. A.; Marom, N. (2026): Elephant dental remains from the Acheulian site at North Bridge Acheulian–Gesher Benot Ya’aqov: hominin behavior and environmental implications, Quaternary Science Reviews, 392, 110277.
- EurekAlert, comunicación institucional de la investigación: presentación de los resultados y materiales gráficos, 7 de octubre de 2026.
- Universidad de Haifa: registro académico del artículo.
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