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Cómo un soldado del Ejército Rojo derribó un bombardero alemán con una honda

La hazaña de Grigory Zhidovsky

En el Parte de Campaña del 29 de agosto de 1941 decía: El soldado del Ejército Rojo Grigory Zhidovsky ha derribado un bombardero Stuka Ju-87 con una de sus granadas RGD-33 en pleno vuelo. ¿Cómo diablos pudo alcanzar un avión en pleno vuelo con una granada?

Stuka derribado
Stuka derribado

A finales de agosto de 1941, las tropas del XXII Ejército del General de División Vasily A. Yushkevich, tuvieron que abandonar la ciudad de Torópets (entonces oblast de Kalinin) que había sido ocupada por la Wehrmacht. Cruzaron el río Toropa, con la esperanza de organizar una nueva línea defensiva sobre él. La Luftwaffe, acantonada en Dokudovo —30 km al oeste de la ciudad de Borisov—, consciente de la maniobra, organizó un bombardeo táctico contra sus columnas, puentes y carreteras para evitarlo.

Los bombarderos Ju-87R, en formación de anillo, cayeron en picado uno por uno contra los rusos. La situación era dantesca. Bombas, ruido de ametralladoras, explosiones y esas sirenas que los Stuka tenían ubicadas en los carenados del chasis y que les hacían “aullar” de forma siniestra. Por suerte, no eran muy precisos bombardeando y no generaron grandes estragos en las primeras pasadas.

Stuka derribado
Escuadrilla de Stukas (Budesarchiv)

El 62 Cuerpo de Fusileros soviético se colocó sobre una colina, y con sus ametralladoras comenzaron a hacer fuego contra los aparatos. La respuesta fue una pasada baja de los Ju-87R que los envió al fondo de una zanja, en donde se refugiaron. Terminada la pasada, a lo lejos, pudieron ver cómo viraban los aviones para caer de nuevo sobre ellos. Los iban a bombardear, seguro, estaban perdidos.

Pero un soldado de origen judío llamado Grigory, que nunca había entrado en combate, salió de aquella improvisada trinchera, se puso en pie y esperó la vuelta de los Stuka. Sacó su fusil SVT y apuntó al cielo.

Stuka derribado
Soldado soviético haciendo fuego con su SVT

Grigory Zhidovsky era un hombre delgado, de unos 40 años, con gafas y que siempre había estado destinado en las jefaturas. Aunque había solicitado en numerosas ocasiones ser trasladado al primera línea, nunca le permitieron entrar en combate. El motivo: sabía alemán. Era mucho más útil enseñando el idioma del enemigo a sus compatriotas que en el frente; además, antes de la guerra había sido profesor y sus primeros destinos habían sido como traductor para refugiados judíos alemanes.

Cuando los Stuka estaban a punto de pasar sobre su cabeza; disparó. Las balas de SVT no causaron ningún daño al avión, ni siquiera un rasguño. De repente soltaron las bombas sobre un puente cercano y todo saltó por los aires. Nuestro soldado siguió en pie mirando la explosión. Mientras el humo lo envolvía y las llamas lo iluminaban recordó las historias de su pueblo… las recientes y las pasadas, las que su abuelo le contó; una de estas antiguas historias fue su inspiración.

Sacó una granada RGD-33 de su cinturón y desenganchó la correa de su rifle semiautomático, lo puso en el suelo, y recordando la leyenda de David y Goliat, colocó la granada sobre la correa a modo de honda. Los aviones volvían a virar a lo lejos.

Stuka derribado
Granada RGD33

Se acercaban otra vez. El tiempo parecía ir más despacio, el morro del primer Junker estaba cada vez más cerca, se trataba del avión del condecorado Anton Kyle, un joven aunque experimentado piloto de la Lufwaffe que, curiosamente, era el jefe del escuadrón de bombarderos. Volaban muy bajo. Armó la granada y giró con fuerza su “honda”.

No tenía mucho tiempo. El Stuka estaba a segundos de estar encima, era el momento… y lanzó.

Soldado ruso lanzando una granada

La RGD explotó al paso del aparato de Kyle y la detonación le arrancó un ala. El Ju-87R comenzó a girar frenéticamente mientras las piezas del fuselaje caían tras él. Volaba tan bajo que aunque el piloto hubiera tenido tiempo de usar el paracaídas, no habría tenido suficiente altura como para salvar su vida. El avión se estrelló. Grigory Zhidovsky había derribado un bombardero usando una “honda”.

El derribo de Anton Kyle, además, provocó la dispersión de todo el escuadrón de bombarderos logrando una imprevista victoria sobre la aviación alemana.

Junker derribado en territorio Soviético

Tras este exitoso incidente, Zhydovsky esperaba que lo transfirieran inmediatamente a una unidad de combate, al menos eso declaró al periódico de su División, en dónde se cuenta esta anécdota. Pero sus mandos no estaban tan convencidos y se le denegó el traslado.

Uno de los ejemplares del diario “Bandera de Combate” publicado por la 174 División (parte del 62 Cuerpo de Fusileros.)

Grigory Zhidovsky desapareció junto a otros oficiales del Ejército Rojo en octubre de 1941. Su hijo, Victor Zhidovsky, llegaría al rango de teniente al finalizar la guerra.

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2GM anécdota Ejército Rojo honda

Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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