
La Batalla de Santiago de Cuba, librada el 3 de julio de 1898, terminó con la destrucción de la escuadra española que intentaba romper el bloqueo estadounidense. Los buques salieron de la bahía uno tras otro, a plena luz del día. Fuera los esperaba una fuerza de cruceros y acorazados que convirtió la fuga en una persecución junto a la costa.
Entre aquellos barcos estaban los destructores Furor y Plutón. A bordo del primero viajaba Fernando Villaamil, jefe de la escuadrilla. Su último combate permite acercarse al desastre de 1898 desde una cubierta concreta, entre calderas inutilizadas, artilleros caídos y una orden de abandono que llegó cuando apenas quedaba tiempo.
Por qué Cervera salió de Santiago de Cuba
La escuadra del almirante Pascual Cervera llevaba semanas bloqueada. Permanecer dentro del puerto protegía temporalmente los barcos, pero los inmovilizaba mientras la guerra avanzaba también por tierra. Los combates de comienzos de julio alrededor de Santiago, entre ellos la defensa de El Caney por Vara de Rey y sus hombres, formaban parte de esa presión sobre la ciudad.
La orden de salir puso a Cervera ante un problema inmediato: la estrecha entrada de la bahía obligaba a pasar sucesivamente y no permitía desplegar toda la escuadra frente al enemigo. Cada buque debía atravesar ese cuello de botella antes de intentar alejarse hacia el oeste.

El desequilibrio no se explica únicamente por la maniobra. La preparación de los barcos, el mantenimiento, las municiones y el adiestramiento pesaban también en sus posibilidades. El estudio de Santiago José Acosta Ortega sobre la pérdida de la escuadra sitúa esos problemas logísticos y financieros en el centro de la explicación del desastre.

Los barcos de la Batalla de Santiago de Cuba
La fuerza española que salió aquella mañana estaba formada por cuatro cruceros y dos destructores. Encabezó la salida el Infanta María Teresa, seguido por el Vizcaya, el Cristóbal Colón y el Almirante Oquendo. Detrás aparecieron el Furor y el Plutón.
El Infanta María Teresa, buque insignia de Cervera, intentó atraer parte del fuego enemigo mientras los demás buscaban una oportunidad de escapar. Pero los impactos y los incendios castigaron rápidamente a los cruceros. Las fotografías de sus restos conservan una imagen mucho menos solemne que las estampas de la batalla: cascos abrasados, abiertos y abandonados junto a la costa.

El Furor y el Plutón frente al Gloucester
Los destructores eran buques ligeros, rápidos y mucho más vulnerables al fuego de artillería que un gran crucero. El Furor, construido en Gran Bretaña, había sido fotografiado durante sus pruebas de mar apenas dos años antes. En Santiago esa velocidad de diseño no bastó para librarlo de los proyectiles.

En su persecución intervino el USS Gloucester, mandado por Richard Wainwright. Era el antiguo yate Corsair, convertido en buque de guerra y equipado con artillería ligera. Su eficacia en el combate procedió del empleo de esos cañones contra barcos que habían quedado expuestos y estaban recibiendo daños.
El Plutón acabó contra la costa. En el Furor, los impactos alcanzaron la maquinaria y sus sistemas de gobierno. Las averías se acumularon hasta hacer imposible mantener la navegación y el combate.
Fernando Villaamil y el último combate del Furor
El comandante del destructor era Diego Carlier; Villaamil viajaba a bordo como jefe de la escuadrilla. El relato de Manuel E. Baturone describe una sucesión devastadora: daños en la popa, calderas destruidas y un proyectil que alcanzó el puente, hirió a Carlier y acabó con la vida de Villaamil.

Se dio la orden de abandonar el buque, pero el Furor terminó hundiéndose después de una explosión. Para los hombres que lograron salir de aquella cubierta, el combate dejó paso a otra lucha: sobrevivir en el agua, heridos y entre los restos del barco.

Los rescates y el cautiverio forman también parte de esta historia. Mientras Villaamil quedó entre los muertos de la batalla, otros marinos fueron recogidos y trasladados a Estados Unidos. El destino del almirante Cervera y sus hombres después de la derrota permite seguir lo ocurrido cuando cesaron los disparos.
La llave de la caja fuerte que sobrevivió al Furor
Hay una pieza que conduce esta historia lejos de los grandes cañones: la llave de la caja fuerte del Furor, conservada en el Museo Naval de San Fernando. Su cartela recuerda el nombre del destructor y su hundimiento en Santiago de Cuba.

Una llave así pertenecía a la administración cotidiana del barco: custodia, cuentas y documentación. Verla fuera del buque invita a preguntarse quién la llevaba consigo durante el abandono. Identificar a esa persona exigiría seguir su procedencia documental; la pieza, por sí sola, no permite ponerle un nombre.
¿Qué guardaba aquella caja fuerte? La pregunta conserva la curiosidad que despiertan los objetos pequeños cuando sobreviven a una catástrofe. Bajo el agua quedaron las estructuras de una máquina de guerra; en una vitrina permanece el instrumento con el que alguien abría uno de sus compartimentos.
Qué supuso la derrota naval de 1898
La batalla terminó con la pérdida de los seis buques españoles que habían salido de Santiago. Fue un golpe decisivo en la guerra contra Estados Unidos y convirtió el nombre de Cervera en uno de los símbolos del desastre de 1898.
Los pecios conservan otra dimensión de aquel día: la historia material de los barcos y sus tripulaciones. Entre una fotografía del Oquendo destruido y la llave del Furor cabe el contraste entero de la batalla: la escala de una derrota naval y las huellas individuales de quienes estuvieron dentro de ella.
Fuentes y bibliografía
- Manuel E. Baturone Santiago, «Los marinos isleños del 98 (Una contribución al sacrificio)», Cuadernos Monográficos del Instituto de Historia y Cultura Naval, n.º 31.
- Santiago José Acosta Ortega, «Causas de la pérdida de la Escuadra en Santiago de Cuba», Cuadernos Monográficos del Instituto de Historia y Cultura Naval, n.º 91, 2026, pp. 135-154.
- Naval History and Heritage Command, «Gloucester I», Dictionary of American Naval Fighting Ships.
- Archivo y documentación de Almirante Cervera, referencia de la versión original del artículo y procedencia declarada de la fotografía de la llave del Furor.
- José Müller y Tejeiro, Combates y capitulación de Santiago de Cuba, Madrid, 1898. Croquis digitalizado por la British Library.
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