¿Por qué Hernando de Soto fue lastrado al fondo del río Mississippi?

El cadáver del adelantado castellano fue enviado al fondo del río Misisipi… pero en su testamento dejó escrito que quería ser enterrado en Jerez de los Caballeros, lugar para el que legó una importante fortuna a fin de la construcción de una capilla. ¿Por qué no cumplieron su último deseo?

El cadáver de Hernando de Soto es arrojado al Mississippi, de 1887. Rafael Monleón y Torres

¿Quién fue Hernando de Soto?

Hernando de Soto fue un conquistador español, nacido alrededor del año 1500, seguramente en la localidad de Barcarrota (Badajoz). Con apenas 16 años partió hacia el nuevo continente, participando en 1522 en la expedición que descubrió la costa de Nicaragua, comandada por Gil González de Ávila; como él mismo decía, sus posesiones eran su espada y un escudo.

Hernando De Soto

Tras otras importantes expediciones —como en la que acompañó a Francisco Pizarro, siendo capitán en su empresa en Perú, en la que entabló amistad con el capturado Atahualpa (1532)— fue nombrado en 1538, gobernador de la isla de Cuba, pero parece que le gusta más la acción y en 1539, parte hacia la conquista de la Florida.

En Cuba, en su año como gobernador, de Soto vendió gran parte de sus bienes e invirtió esas ganancias en equipar la expedición a la desconocida Florida. Llegó a la costa occidental de la actual Bradenton y nombró al lugar Espíritu Santo.

La Florida.

La expedición continuará a lo largo de los Apalaches, entre batallas ganadas y derrotas. Cruzaron, lo que hoy conocemos como Georgia, Carolina del Sur, Carolina del Norte y Tennessee. Descubrieron grandes poblados pasándolas de largo, sin atacar ninguna. Según se cuenta, por ausencia de oro en las mismas, algo que hizo que la expedición continuase en busca de ese metal precioso.

Fueron asediados en la ciudad de Mauvila en la que perdieron varios hombres y equipamiento. Incluso siguieron siendo atacados cuando consiguieron abandonar la ciudad por una especie de guerrillas indígenas, con las consiguientes bajas y desmoralización de sus hombres. Todos soñaban con volver a sus barcos y regresar a Cuba, menos Hernando.

Siguieron hacia el norte. Quiso de Soto reclutar indígenas entre los hombres de la tribu de los Chickasawen, exigió a esa comunidad la entrega forzosa de doscientos hombres para servir de porteadores. Obviamente, se negaron y atacaron a los españoles durante la noche. Fue en aquellos días (8 de mayo de 1541) cuando Hernando de Soto y sus hombres -unos 400- fueron los primeros europeos en contemplar el caudaloso río Misisipi.

Cruzaron el río y exploraron el oeste, por las actuales Arkansas, Oklahoma, y Texas. Las bajas ya no les permitían avanzar como antes, faltaban guías, porteadores y la tarea se hacía muy penosa.

De Soto, un dios inmortal

Llegaron los españoles (1541) a las orillas del río Caddo, en donde contactaron con una tribu indígena —conocida como los Kadahodacho o con su abreviatura Caddo— a la que llamaron Tula, y a la que consideraron, según la documentación del inca Garcilaso, como la que disponía de “los guerreros más expertos y peligrosos que jamás hubiesen hallado”. Tuvieron un choque violento con una de estas tribus, cerca de Caddo Gap, Arkansas. Este evento está marcado por un monumento que se encuentra en esa pequeña ciudad de la actualidad.

Al contingente de los españoles se iban sumando indígenas de los diferentes pueblos por los que pasaban, incluso Caddo. Muchos de ellos consideraban que Hernando de Soto era inmortal y tenía grandes poderes, incluso que era el mismísimo Dios del Sol.

Muerte de Hernando de Soto

De Soto cayó enfermo de fiebres, seguramente de malaria. El Inca Garcilaso cuenta en sus crónicas que:

(…)sintió una calenturilla que el primer día se mostró lenta y al tercero rigurosa. Y el gobernador, viendo el excesivo crecimiento de ella, entendió que su mal era la muerte, y así se apercibió de ella.

En la orilla occidental del Misisipi, en Guachoya (hoy Lake City) muere Hernando de Soto el 21 de mayo de 1542.

Para que los indios que los acompañaban no pudieran verle muerto, sus hombres lo ocultaron y acordaron enterrarlo de noche, en una sepultura cerca del río. Esa misma noche, para que los nativos del poblado en el que estaban acampados no sospecharan, dieron una animada fiesta; mientras tanto, un pequeño grupo se separó de la celebración y enterró a de Soto en uno de los agujeros que los indígenas utilizaban para extraer barro, muy cerca de la orilla del río.

Inundaron el hoyo, pero no contentos y sospechando de que los indios pudieran dar con el cadáver, a la noche siguiente, lo sacaron y salieron con disimulo atando su cuerpo al trozo de una encina con tablas clavadas —dice el Inca Garcilaso que parecía un arca. También se cuenta que fue arrojado con mantas lastradas con arena.

El cadáver se envió al fondo del río para que nadie descubriera la mortalidad de Hernando de Soto y, asimismo, protegerse de una posible rebelión de los indígenas y linchamiento del cadáver.

Quedó Luis de Moscoso de Alvarado a cargo de su ejército. Emprendió, en 1539, una expedición de más de 6.000 kilómetros por lo que hoy son diez estados norteamericanos sin hallar los tesoros soñados y con sangrientos conflictos con los nativos. Unos 300 o 350 supervivientes comandados por Moscoso lograron regresar a la Ciudad de México en 1543.

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Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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