Los dos supervivientes de la batalla de Las Termópilas

En un pequeño paso de apenas unos 20 metros de anchura, aguardaban parapetados y armados 1.400 griegos, entre ellos había 300 hombres procedentes de Esparta, hombres que desde la cuna se habían preparado para ese momento, para morir en batalla, pues para ellos era un honor. Enfrente tenían al ejército persa, el ejército más numeroso del momento. Esto sucedía en el verano de 480 a. C.

Fotograma de la película “300”

La venganza persa

En el siglo V a. C. el rey Persa Jerjes I, quería terminar lo que su padre Darío I no pudo terminar al ser derrotado en la batalla de Maratón (490 a. C), batalla que dio el nombre a una disciplina olímpica, ya que un soldado llamado Filipides corrió 42 Km y 195 metros desde la llanura de Maratón a Atenas para dar la noticia de la victoria.

Jerjes tomó nota de la derrota de su padre y preparó un ejército de procedencia multinacional. Las cifras de efectivos rondan entre 240.000 y el millón, ya que los investigadores no se ponen de acuerdo en las cifras. Este ejército cuando estuvo listo se puso en marcha para invadir y someter bajo su yugo al mundo griego. Avanzaron por Macedonia y pronto amenazaban a todo el mundo heleno.

Yelmo espartano (Fuente: Guioteca)

Los griegos se preparan

A los griegos les costó ponerse de acuerdo porque siempre estaban batallando entre ellos hasta que determinaron que los persas eran un enemigo común y amenazaban la existencia del mundo heleno. Atenas y Esparta ofrecieron la totalidad de sus ejércitos, otras polis griegas como Tebas, ofrecían lo que podían, así que en total se reunió un ejército de 7.000 hombres que combatirían bajo el mando del rey espartano de la guerra, Leónidas I. Este ejército sería insuficiente para contener al enorme ejército persa, un ejército en el que también había griegos, sobre todo mercenarios. El mundo griego necesitaba ganar tiempo para preparar una buena defensa y organizarse, ante esto, Leónidas buscó contener a los persas en un estrecho pasillo entre unos acantilados y el mar llamado el paso de las Termopilas; allí llegaron en el verano de 480 a. C unas semanas antes de que llegasen los persas.

En este paso los espartanos se atrincheraron para aguantar todo tipo de acometidas persas, su misión era aguantar y contener a los persas costase lo que costase. Leónidas protegió el perímetro e incluso su retaguardia, como un camino por el que podrían quedar expuestos y que los persas ignoraban de su existencia.

Mapa en el que se puede ver la localización de la batalla de Las Termópilas, la de Salamina, la de Platea y los movimientos persas y griegos en la península helena (Fuente: Wikimedia)

Comienza la batalla

Jerjes, al ver que los griegos no se retiraban, ordenó un ataque que fue brillantemente rechazado. Acometida tras acometida y perdiendo en el campo de batalla gran cantidad de efectivos, Jerjes no daba con la “tecla” para quitarse de en medio a esos pocos griegos que incomodaban su avance. Por fortuna para el rey persa, sus exploradores contactaron con un soldado griego que “vendió” a sus compatriotas y les comunicó a los persas de la existencia de un camino por el que podrían tomar a los griegos por la retaguardia. Leónidas conoció de esa traición y organizo la defensa, así que escogió a 300 espartanos que dejasen descendencia en Esparta, 400 tebanos y 700 tespianos, lo que sumaba una fuerza de 1.400 griegos para contener a los persas.

Jerjes ofreció la rendición pero Leónidas lo rechazó, prefería morir con honor que rendirse. Al día siguiente los griegos tomaron la iniciativa y atacaron a los persas, Leónidas fue de los primeros en caer y poco a poco los griegos sucumbieron ante la superioridad numérica persa.

Tras la batalla, Jerjes le preguntó a Demarato, su general griego y antiguo rey de Esparta: -“Dime, ¿hay más como estos?” A lo que este le respondió: –“Otros 8.000 al menos”.

Monumento conmemorativo a la batalla de Las Termópilas (Fuente: Wikimedia)

¿Destrucción total del ejército griego?

En esta batalla no todos los soldados griegos murieron, hubo dos supervientes que fueron olvidados por la historia y en mayor medida por Esparta, ya que en Esparta era una deshonra no morir en batalla. Uno de ellos fue Pantites, que se encontraba en Tesalia en misión diplomática en el momento del encontronazo final de las Termópilas, aunque su vida no duró mucho, se colgó a su regreso a Esparta motivado por la deshonra que lo invadía. Otro superviviente fue Aristodemo, el motivo de su no muerte en batalla fue porque al igual que Éurito, otro combatiente, sufrían de una inflamación grave de los ojos que les impedía estar en las mejores condiciones para combatir. Éurito a pesar de esto, quería combatir y morir como un valiente, finalmente ordenó a su ilota (miembro del grupo social más bajo de la sociedad espartana) que lo condujera al campo de batalla. Aristodemo por lo contrario, aprovechó que fue enviado a alguna misión junto a otro soldado, para “escaquearse” y rechazar entrar en combate, cosa que no hizo el otro soldado y murió valientemente en la batalla.

A su vuelta a Esparta, Aristodemo sufrió el desprecio de la sociedad espartana e incluso le privaban de ofrecer sacrificios a los dioses; Aristodemo fue públicamente calificado como “el miedoso”. Aristodemo quería reparar ese error y pedía una oportunidad, y esa oportunidad se le presentó en la batalla de Platea en el año 479 a. C. Se colocó en primera línea para aumentar sus probabilidades de morir en combate, rompió la formación (un crimen en la disciplina espartana) en el momento del choque contra los persas y consiguió lo que quería: morir en combate, luchando magníficamente pero mostrando falta de disciplina y exponiendo a sus compañeros al romper la formación cerrada y sincronizada que tenían las formaciones espartanas. Para los espartanos, Aristodemo luchó de manera ostentosa sólo con el fin de que lo mataran para expiar su vergüenza.

Caminante, ve a Esparta y di a los espartanos que aquí yacemos por obedecer sus leyes. (Simónides)

 

Bibliografía:

  • “Termópilas” de Paul Cartledge
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Antonio José Pérez Sánchez

Empresario y exmilitar. Mi pasión es la Historia, ya desde pequeño mis primeras lecturas eran sobre personajes y acontecimientos históricos, y hoy sigo con esa sed infinita de conocimientos históricos. Amante de la Historia, del deporte y del Real Betis Balompié. Devorador insaciable de libros.

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