Cuando los carlistas conquistaron el África española

Tras meses sin recibir novedades de la plaza de Melilla, el capitán general Juan Palarea y Blanes envió un buque en misión de observación para saber qué ocurría allí.

Las novedades llegaron a mediados de enero de 1839: ¡Melilla está bajo mando carlista!

recorte de prensa de la época

La sublevación y control de Melilla, por parte de los carlistas, ocurrió en la noche del 20 al 21 de diciembre de 1838. Aunque en ese año ya había ocurrido, el 15 de noviembre, una proclamación de D. Carlos como rey de España por parte de la guarnición y presos del peñón de Alhucemas.

¿Por qué sucedió esto?

Pues fácil, las fortalezas africanas no eran sino enormes presidios. El lugar favorito del gobierno para enviar a los criminales más incómodos, pero sobre todo a los presos políticos, muchos con condena de exilio de la península.

Melilla hacia 1849

Con lo que, en aquella época, se llegó a juntar una importante cantidad de carlistas en los presidios africanos. Concretamente en Alhucemas fueron 280 hombres que, armados y pertrechados con lo poco que pudieron encontrar en la guarnición, se hicieron con dos barcos para tratar de llegar a las costas de Castellón o Cataluña con el fin de unirse a las filas del general Cabrera. Los barcos que capturaron fueron los correos “Virgen del Carmen” y “Santa Ana”.

Compañías de Marina Carlistas (1833-1840)

Pero los barcos, por motivos que se desconocen, no pusieron rumbo a la península sino que siguieron en la costa africana. El “Santa Ana” encalló en Argelia, zona de control francés, y el otro entró en el puerto de Mazalquivir. Del “Virgen del Carmen” se dice que lograron llegar a Orán: 78 militares, 25 presos políticos y 88 presos comunes que se habían unido a los sublevados.

El barco encallado fue rápidamente desarmado, y el material devuelto a España, aunque la mayoría de carlistas lograron llegar a Argel, en donde había ya una especie de infraestructura para españoles exiliados (que ya funcionaba desde las persecuciones a los liberales con Fernando VII) que reconducía a los fugitivos de nuevo al norte de España e incluso recogía a desertores cristinos que querían ingresar en las filas contrarias.

Puerto de Argel hacia 1899

En Argel existía también una amplia red de espionaje propiamente carlista que sobornaba a las autoridades francesas para obtener información de España e hiciera la vista gorda ante la amplia presencia de éstos, y sus operaciones, en la ciudad africana.

Las infraestructuras carlistas allí eran tan fuertes debido a que en la Legión Extranjera francesa existía ya un nutrido número de combatientes españoles, la mayoría ingresaban para robar armamento y reintegrarse en las filas carlistas. Los carlistas premiaban a los desertores con 10 pesetas si traían un arma, 5 si venían sin ella y al que traía su caballo recibía le daban 50 pesetas.

Hay que mencionar que esta Legión estaba combatiendo contra los carlistas por mediación de un acuerdo entre el gobierno francés y el español.

Legion francesa en la Primera Guerra Carlista

En Melilla había más de 100 partidarios de Don Carlos confinados; organizaron facilmente la sublevación y toma de la plaza junto a varios sargentos del Regimiento de Infantería del Rey. Decidieron, al contrario que sus compañeros de Alhucemas, renunciaron al escape a la península, ya que, por la situación estratégica en la que se encontraban sería más interesante conservar la posición para organizar ataques desde allí. Además de que si abandonaban la ciudad podría caer en manos enemigas en cuestión de días.

No hacía mucho que habían llegado las noticias de la expedición del general carlista Gómez Damas al “pueblo” de Melilla, que atravesó de norte a sur la península tratando de reunir hombres que se unieran a la causa de Don Carlos. Aunque la empresa resultó infructuosa, terminando en diciembre de 1836. Y estaba reciente la llamada “Expedición Real” en la cual estuvieron a punto de conquistar Madrid, que tampoco resultó del todo exitosa.

Se supone que Melilla podría ser un apoyo logístico clave para organizar otura incursión desde el norte y combinarla con una apoyada desde allí, subiendo desde el sur.

La “Expedición Real” ante Madrid

La sublevación de Melilla, según la crónica de Gregorio Álvarez, fue un levantamiento tranquilo. Patria y religión eran las divisas así que la defensa de la plaza continuó contra los mismos enemigos, franceses e ingleses básicamente, y bajo los mismos intereses. Según se dijo entonces: “La legitimidad del Trono y el Altar, no puede hacer que peligre España”.

El cabecilla de la sublevación fue el sargento Vicente Colomer, el cual mantenía contactos con la Junta Carlista de Castilla la Nueva. Sería el presidente de esta junta el que le exigiría seguridad para los que no se unieran a la sublevación y el respeto de sus vidas. Así como que Melilla se mantuviera custodiada para España.

Trinchera carlista. José Cusachs y Cusachs

Se organizó la plaza con los carlistas que estaban presos y los soldados del Regimiento de Infantería del Rey; no se liberó a ningún preso más. El oficial carlista Clemente del Pino fue nombrado adjunto de Colomer, que ahora ostentaba el título de Gobernador Militar de la plaza.

El propio Palarea, desde Málaga, solicitó apoyo francés e inglés para que interceptaran estos buques. Incluso, según cuenta Fernández Gaytan, llegó a pedir a Mulley Abderramán que asaltase Melilla. Aunque ningún enemigo consiguió (o no quiso) atacarla.

Las sublevaciones en el norte de África, y las malas gestiones, llevaron al cese de Palarea como capitán general.

Juan Palarea cuando era coronel

Al mismo tiempo que se nombraba como sucesor de Palarea al general Antonio María Álvarez de Tomás, el gobierno central armó una flota a disposición de éste, por Real Orden del 10 de febrero de 1839, para efectuar un bloqueo sobre Melilla. La flota la componían los bergantines María Cristina, Soberano e Isabel II, la goleta Minerva, la goleta Veloz y los faluchos Neptuno y Proserpina, a los que se agregaron el brick inglés Wasp y el bergantín francés Volage.

El nuevo capitán general emitió un comunicado a la Junta Carlista de Melilla en el que los instaba a devolver la soberanía a la reina, cerrando el comunicado con:

Importa mucho, y es urgente, que concluya la rebeldía de Melilla

 

La rendición tardó, ya que la Junta de Melilla emitió alguna que otra exigencia para deponer las armas, entre ellas el poderse llevar algo de armamento y el de autorizar el desembarco de tropas cristinas si le garantizaban que si algún enemigo común atacaba todos combatirían como españoles olvidando sus diferencias. El general no estaba conforme con estas exigencias, considerándolas abusivas, y emitió otra misiva denegando muchas de estas propuestas.

Recorte sobre el comunicado

En marzo se preparó una expedición para desembarcar y apoderarse de Melilla, pero los carlistas no permitieron la operación. Había que volver a negociar, esta vez las exigencias de la Junta de Melilla incluían la evacuación de Orán de algunos carlistas.

Cabe decir que la mayoría de novedades y propaganda que llegaban a los presidios del norte de África salía de Orán, en donde existía una junta carlista que, seguida de cerca por el vicecónsul, tuvo además una participación activa en las sublevaciones de las plazas norteafricanas, incluso en algunas sublevaciones andaluzas, tanto entonces como más tarde.

Alrededor del día 25 de marzo los carlistas capitularon y fueron embarcados en un convoy rumbo a Málaga. El nuevo convenio era sencillo, a los que quisieran acogerse al indulto serían liberados allí mismo y a los que querían seguir combatiendo en el bando carlista se les condujo al puerto de Plentzia, más conocido como “La Gallarda”, controlado por su facción.

En resumen, al gobierno de S.M. no le importaba perder la soberanía de la más importante plaza africana con tal de deshacerse de tan incómodo enemigo. En cambio, los carlistas, la mayor preocupación que tenían era la de mantener España tal y como estaba, sin que esta guerra civil pudiera dañar su integridad.


Recortes de la época sobre los sucesos:

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Fuentes:

Miguel Ángel Ferreiro

Militar de carrera, Historiador del Arte (UNED) e investigador. Entre África y Europa, como el Mediterráneo.

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